SOLIDARIDAD: MODERNIZACIÓN DE LA POBREZA
1991
Dispuesto a llevar a cabo una de las transformaciones más profundas de los
últimos tiempos, el gobierno mexicano se embarcó a bordo de el neoliberalismo
para convertir a México en un país “moderno”. Y si bien es cierto que dicha
“transformación modernizadora” es necesaria, también es cierto que la vía
escogida por el actual gobierno no es la única para lograr este fin. Es decir,
que la violenta apertura económica y la indiscriminada reducción del Estado no
son los únicos medios (y quien sabe si tampoco el más rápido o efectivo) para
acceder al “primer mundo” antes que acabe el siglo XX.
El costo social de este proyecto modernizador es alto y seguirá siéndolo. Que su
implementación implica un gran sacrificio para la población en términos del
deterioro del bienestar social, es algo que no discute el gobierno. Desde el
principio lo ha aceptado como un costo implícito e inevitable. Pareciera que
para el neoliberalismo, crecimiento económico y justicia social son conceptos
antagónicos. Es decir, que en este contexto no habrá desarrollo en nuestro país
(en el sentido más amplio del término) en los próximos años. Una vez más se
sacrifican las expectativas de las grandes masas bajo el argumento, ya gastado,
de que “para repartir, primero hay que producir “. No es posible que haya
desarrollo porque éste supone (como apunta González Casanova en La Democracia en
México) una respuesta política a la moral igualitaria de los pueblos. Moral que
es el trasfondo de toda ética social desde el siglo XVIII. La moral del
neoliberalismo está lejos de responder a las circunstancias. Ella es más
superficial, más pragmática, más real. Sin embargo no deja de causarle
conflictos de conciencia, por ello y porque a fin de cuentas es un proyecto de
“hombres civilizados” , ha creado un gran programa de promoción social: “El
Programa Nacional de Solidaridad” (PRONASOL). La caridad convertida en proyecto
social. El hombre moderno, el gobierno moderno, no pueden olvidar la ayuda a los
pobres como lo señalan las buenas costumbres cristianas. Y así, de un sólo golpe
acaba con el rubor que le causa el cargo de conciencia cuando mira a los ojos a
los millones de mexicanos, víctimas de la “modernización”. Así, con el mismo
golpe, recupera las conciencias perdidas en afanes revolucionarios y las
convierte en votos a favor, y les da algo en que creer, ahora que el discurso
revolucionario murió por la Patria. Y con el mismo golpe (dígame usted si esto
no es eficiencia de la que pregonan los “modernizadores”) resuelve un problema
financiero, ya que las obligadas obras públicas resultan como más baratas con la
participación social. Y si bien no es reprochable dicha participación social
(que tampoco se promueve como afán democratizador), uno podría preguntarse: ¿qué
no tiene derecho la sociedad a que el Estado realice esas obras por si mismo y
preste los servicios públicos eficientemente, toda vez que la sociedad ya ha
dado su contribución con el pago de impuestos? O ¿de dónde supone usted que
salen los recursos que maneja PRONASOL?, ¿con qué cree que se pagan los recursos
materiales y humanos con que trabaja el Estado en “beneficio” de la sociedad”?
Seguramente no del bolsillo de los gobernantes. Si la burocracia ha de servir
sólo para organizar a la sociedad, dejan mejor que la sociedad se organice sola.
Ya ha demostrado que sabe cómo hacerlo. Y no es una propuesta anarquista. Por el
contrario, es un llamado al Estado para que cumpla su compromiso social. Sin
embargo a veces es difícil reparar en los hechos mencionados. El pueblo
mexicano, hambriento y engañado, quiere mejorar, quiere creer en algo ahora que
nuestros intelectuales “modernizantes” han proclamado el fin de las utopías. Y
no hay mejor promesa, hasta hoy, que las más publicitadas de todas: produce,
eficiéntate y consumirás más, vivirás mejor y serás feliz. Y cómo no va a ser
verdad, si lo dice el Presidente de la República y hasta Miss Universo lo
repite.
Si el “Canal de las estrellas”, con toda su “sapiencia” nos lo enseña. Y cómo no
va a ser verdad, si no hay otra alternativa. Porque el pueblo ya está harto de
una revolución que nunca le hizo justicia y hoy prefiere la modernización que le
permitirá sobrevivir en lugar de seguir muriendo.