RECESION E INFLACION: UN BALANCE DEL PACTO
1988
A dos meses del diseño del Pacto de Solidaridad, comienzan a observarse los
resultados de éste, los cuales denotan un fracaso parcial en el combate a la
inflación y por otro lado, la agudización de la recesión de nuestra economía,
mecanismo a través del cual, precisamente, se pretende reducir el incremento de
los precios. En enero pasado, la inflación llegó al 15.5%, la cual, además de
ser la más alta inflación mensual desde 1925, hace la inflación anualizada (de
enero de 1987 a enero de 1988), a un nivel sin precedente de 176.9%. Porcentaje,
éste, grave no sólo en cuantía, sino porque es superior en tres puntos
porcentuales a la inflación estimada por la Secretaría de Hacienda para dicho
mes. Grave es también que el mes de febrero parece ir en la misma dirección, ya
que según parece la llamada “realineación en los precios” aún no termina y uno
se pregunta, ¿Hasta cuándo encontrarán su nivel de equilibrio y se
estabilizarán? Si tan sólo la semana pasada los productos básicos volvieron a
mostrar serios incrementos desde un 18 hasta un 49% en pastas para sopa,
galletas, jabones para lavar y de tocador, con lo que los precios de la canasta
básica siguen siendo los que muestran mayor encarecimiento que otros bienes
considerados no indispensables. Tan es así que, según una investigación del
Congreso del Trabajo, el precio de la canasta básica rebasó a principios de este
mes en un 11% el salario mínimo. Y lo más grave, sin embargo, es que la economía
sigue contrayéndose alarmantemente, lo cual era ya de esperarse, pues como se ha
explicado en otras ocasiones, la contracción de la economía es el mecanismo a
través del cual el gobierno pretende reducir el crecimiento de los precios. Sólo
aquellos, cuya ignorancia en teoría económica les impide ver el fundamento
teórico del Pacto, se resisten a entender que éste puede provocar una mayor
recesión (o ¿dónde están sus datos, sus cifras que demuestran lo que afirman?.
Hablar es muy fácil). Son estos los que con sus conceptos confusos y carentes de
fundamento científico (la Economía es una ciencia), confunden a la población más
de lo que ya está. En la medida que sus interpretaciones presentan serios
problemas teóricos y una imposibilidad práctica de sustentación. O acaso podemos
llamar mini-recesión a una caída del 50% del mercado interno en lo que va de
este año y a una baja del 6.6% en la actividad industrial tan sólo en el pasado
mes de enero, en las que industrias como la de construcción se contrajeron un
19%, las manufacturas 4.8% y la minería 4.1% según datos de la Comisión de
Nacional de Salarios Mínimos y la Wharton Econometrics, respectivamente. Y todo
esto gracias al Pacto. ¿Cómo pensar que en este esquema el gobierno logre
eliminar la recesión antes del día de las elecciones, si el crecimiento
económico de un país se basa fundamentalmente (no exclusivamente) en la
expansión del mercado interno, y éste, como ya vimos, se encuentra seriamente
deprimido. Haciendo alarde de una pereza mental evidente, algunos analistas
pretenden olvidar lo que en la economía mexicana han logrado cinco años
consecutivos de una política económica que se ha enfocado a combatir la
inflación a través de la contracción de la demanda, misma política económica que
se reinstrumenta y se profundiza para dar lugar a lo que hoy conocemos como
Pacto de Solidaridad. Porque efectivamente, las medidas de política económica
que sustenta el Pacto son las mismas que han sustentado toda estrategia del
gobierno desde 1982, las cuales se basan en una economía de corte neoliberal
monetarista, fundamentada en los principios que rigen la teoría económica
neoclásica que considera el fenómeno inflacionario como un producto de
desequilibrios presupuestales y de obstaculización del libre juego de las
fuerzas de mercado. Así, el argumento teórico ha sido que las circunstancias en
la que se ha desenvuelto nuestra economía han producido un excesivo crecimiento
de la demanda agregada, que al presionar por encima de la capacidad de respuesta
del aparato productivo han encadenado un proceso continuo y sostenido de
incremento en los precios. La lógica misma de esta interpretación conduce a
afirmar que para disminuir el ritmo de crecimiento de los precios es necesario
borrar todo exceso de demanda.