MODERNIZACION ¿PARA QUÉ?
1989
En los últimos años ha quedado de manifiesto que una de las razones de la crisis
nacional, es el atraso tecnológico que sufre el país, por lo que ha sido
necesario aplicar una política de modernización. Tal política se ha convertido
en lema y objetivo del actual régimen. Por este motivo se ha venido promoviendo
la tan mencionada reconversión industrial, es decir, la reestructuración de la
planta industrial, así como también la modificación de las estructuras
comerciales, llámese liberación comercial y promoción de las exportaciones e
introducción de inversión extranjera. De la misma forma se comienza a
implementar la llamada modernización financiera para convertir a los bancos en
organismos financieros más competitivos, pero también para permitir el ingreso
al país de bancos extranjeros. Dos cuestiones contradictorias entre sí saltan a
la vista. Primero, es cierto que el país sufre de un fuerte atraso en ciencia y
tecnología. Los productos industriales no son competitivos en el exterior e
incluso por no tener tecnología propia vivimos dependiendo de otros países en
cuestión tecnológica. De aquí que parezca evidente que la solución al problema
es dar una mayor facilidad para obtener dicha tecnología y por otro lado
permitir el ingreso de inversionistas extranjeros que traen consigo la
tecnología muy avanzada y necesaria en el país. La llamada modernización
industrial llegaría así sin ninguna dificultad e impulsaría al país a un potente
desarrollo. Pero por el otro lado también es cierto que la materialización de
estos hechos acarrea consigo graves consecuencias para la economía en su
conjunto. Durante años hemos sido testigos de los resultados de la operación de
empresas transnacionales en nuestro país, y de la lenta y silenciosa
desnacionalización de nuestra economía. Persistir significa apostar contra la
soberanía nacional. Claro, siempre y cuando no exista una regulación oficial
para limitar y conducir la actuación de estas empresas y para ubicarlas en las
áreas donde puedan realmente contribuir al desarrollo del país. La inversión
extranjera no es en sí misma nociva, sino que de los resultados que de ella se
obtienen dependen de cómo está regulado su funcionamiento.
En el mismo sentido, una apertura indiscriminada a los productos importados
además de producir una feroz competencia contra las mercancías nacionales que
provoca quiebra de muchas empresas, genera una fuerte fuga de divisas que es
posible evitar ya que muchos artículos no es necesario importarlos y por otro
lado no existe un proyecto nacional de desarrollo tecnológico que a la larga
permita generar nuestra propia tecnología sustituyendo la importada. Es verdad
que el proteccionismo de más de cuarenta años generó un fuerte atraso
tecnológico, pero también es cierto que una radical apertura provoca un
desmantelamiento industrial de empresas en crecimiento.
Al mismo tiempo, dentro del esquema de modernización se encuentra la
reprivatización de la economía, tras la que subyace la idea de que toda
actividad regida por el gobierno es improductiva e ineficiente, por ello se
busca entregar a la iniciativa privada lo que ahora es del estado y a través de
éste la nación misma. Es cierto que en muchas áreas de la economía las empresas
estatales han resultado un verdadero fracaso desde el punto de vista de su
productividad. Esto se debe a dos factores. Uno su excesiva dependencia de los
subsidios y recursos estatales y dos a su carácter monopolista.