EL DESARROLLO DEL SUBDESARROLLO
1988
Un tema central de la discusión teórica de los últimos años, han sido las formas
que ha adquirido el desarrollo de los países latinoamericanos o para decirlo más
propiamente: su subdesarrollo. Existe la creencia de que la situación en la que
se encuentran nuestros países es una etapa más en su camino hacia un estado de
desarrollo que se alcanzará y que será igual al que viven ahora los países
industrializados o desarrollados, por eso el término de “países en vías de
desarrollo” para países como el nuestro. Pero es falso, nuestro país no se
encamina hacia esa meta, desgraciadamente. Sujeto a una fuerte dependencia
económica que condiciona su desarrollo, México vive un proceso de deterioro de
su economía, a la vez que presencia un proceso de crecimiento, estancamiento y
crisis recurrentes, producto de una estructura económica, que se ha creado a
partir de la dependencia de la que hablamos.
Por tanto el desarrollo y el subdesarrollo no se pueden explicar en términos de
dualidad, sino como dos elementos de un mismo fenómeno, interconectados, que se
nutren uno a otro.
Durante muchos años, pero sobre todo a partir de fines del siglo pasado,
presenciamos la existencia de una explotación económica de los países más
avanzados sobre los más atrasados como el nuestro. Gracias a esta explotación y
dominio económico que adquiere múltiples formas, los países desarrollados han
podido obtener dicho status, a la vez que ese mismo dominio ha provocado un
empobrecimiento cada vez mayor de los países dependientes.
Actualmente la dependencia adquiere formas sutiles y veladas. Sin embargo, la
trasferencia de riqueza en nuestro país el extranjero no deja de ser tan
importante como en la Colonia. La deuda externa, la inversión extranjera
directa, la transferencia de tecnología y el intercambio desigual de mercancías
han sido los mecanismos a través de los cuales ha sido posible dicho
enriquecimiento. Basta con observar los montos de divisas que por concepto de
pagos de intereses por deuda envía al exterior, cada año, hecho que lo
imposibilita para impulsar su desarrollo interno. Basta con ver los volúmenes de
inversión extranjera y los jugosos negocios que se logran en nuestro país, a
través de todo su dislocamiento en los patrones de producción y consumo. Basta
observar la transferencia de tecnología obsoleta de los países desarrollados
hacía el nuestro, que le impiden crear una planta productiva, eficiente y
competitiva en el exterior a la vez que convierte a nuestro país en un momento
más en el proceso de producción del capital de otros países y por tanto lo
supedita a las decisiones y rumbos que allá se tomen. Basta ver el cada vez
mayor deterioro de los precios de los principales productos que aquí se generan.
Basta ver, pues, nuestra propia realidad y analizar, también que fuerzas
internas posibilitan que la dependencia económica, poco a poco, el subdesarrollo
no es gratuito.