EL ’85 UN AÑO MAS DE CRISIS
1985
Un nuevo año brilla en el horizonte económico de nuestro país, sin embargo, no
parece ser un año diferente a los que hemos vivido últimamente. La crisis no
cede y por el contrario parece agravarse. A nivel mundial, los precios del
petróleo están a punto de desplomarse y por lo pronto ya ocasionaron que el
nivel de producción petrolera de nuestro país disminuyera a razón de 100 000
barriles diarios, lo que ocasionará necesariamente que las divisas dejen de
fluir hacia el interior de nuestra economía y esto amenaza a su vez el frágil
equilibrio en el que se encuentra sostenido el pago de la deuda externa; hecho
por demás peligroso ya que obligaría al gobierno a adoptar medidas aún más
dolorosas que las que toma actualmente. Por otra parte, a nivel interno, la
inflación sigue sin ceder. Se habla de una disminución relativa, de un
crecimiento de los precios cada vez más pequeño, sin embargo, por menor que sea
la realidad, sigue deteriorando los niveles de ingreso de la mayoría de la
población e incrementando con ello la inconformidad social y política. A su vez,
amenaza también la estabilidad monetaria ya que está provocando que nuestra
moneda valga menos, cada vez más, en relación con el dólar, prueba de ello es el
incremento en el monto del deslizamiento de la paridad monetaria de 13 a 17
centavos diarios.
El gobierno hace esfuerzos desesperados porque la situación “no se le escape de
las manos”, sin embargo, no logra dar con el mecanismo que a corto plazo detenga
la crisis estructural que tanto nos perjudica. Y es que cada vez se nota más
cómo las decisiones del gobierno en materia económica están favoreciendo a un
sector privilegiado de nuestra economía en detrimento de las grandes mayorías
que soportan todo el peso de la crisis al ver sus salarios desvalorizados en una
grave afrenta monetarista que en su afán de equilibrar la demanda y la oferta de
bienes y servicios, y ante la imposibilidad de expandir la oferta, deprime la
demanda a través de la contención salarial, para, con ello, detener la carrera
alcista de los precios. Los mexicanos somos, sin embargo, más que una ecuación
neoclásica y no nos tragamos la falacia que se esconde tras la decisión del
gobierno de vender buena parte de sus empresas (que al pertenecerle nos
pertenecen a todos), al sector privado tras la excusa de que con ello se quita
una carga financiera al gobierno, lo cual nos beneficiará el incremento del
gasto público. La verdad es que esta reprivatización de la economía obedece a
los claros intereses económicos de los grandes empresarios a los cuales defiende
y ampara un gobierno que obstruye el bien común, y por ello es peligrosa y
atentatoria contra el grueso de la población pues desata un mecanismo que
revierte la tendencia hacia una mejor distribución de la riqueza, y en su caso,
permite la mayor concentración de ésta. O acaso cree usted que ¿un ciudadano
común y corriente será beneficiado con esta medida?. Quién si no los grandes
empresarios que concentran en sus manos el poder económico tendrán la capacidad
para comprar dichas empresas. Esta, no es una medida democrática, aunque en el
fondo lo parezca; es más bien una medida que posibilitará un mayor monopolio del
poder económico. Y esto es aún más cierto si pensamos que muchos de los
compradores podrán ser empresarios extranjeros quienes, además, han incrementado
su flujo de capitales a nuestro país y de quienes sabemos, no han traído hasta
el momento mas que serias complicaciones y distorsiones a nuestro proceso de
desarrollo.
El año de 1985 no pinta nada bien en pocas palabras. Y se refleja claramente en
los aumentos de precios de varios artículos básicos autorizados apenas en
diciembre del año pasado, en los aumentos en las cuotas de las carreteras
nacionales, lo que repercutirá próximamente en un aumento generalizado en casi
todos los artículos de consumo. Ante ello un paupérrimo 30% de aumento a salario
mínimo que no compensa la caída del valor que el dinero sufrió en 1984 y que no
compensará la que tendrá en 1985 aunque se diga que la inflación será de sólo
30%, porque además la descompensación ha sido acumulativa.
Nuestro gobierno anda mal y de malas, aunque trate de maquillar la situación con
retoques de confianza y alentadora esperanza. El ’85 viene difícil, la crisis no
cede, tal vez sea porque las medidas para solucionarlas no han sido las más
adecuadas, están muy lejos de ser viables con el gobierno actual. Con todo ello,
el desear un feliz año nuevo más que un deseo se ha vuelto una ironía. La
historia dirá la última palabra.