GRECIA
El cáñamo se usaba en los ritos dionisíacos y en las liturgias de Eleulasis para
revelar a los iniciados los arcanos del mito de Deméter. Los sacerdotes, que
llevaban el nombre de eumólpidas (cantores de melodías benignas), se decían
hijos de la luna para hacer de mediadores entre la tierra y el cielo.
La Odisea narra la llegada de Telémaco a Esparta a la corte de Menelao. Durante
el banquete ofrecido en su honor, Telémaco evoca el destino de su padre Ulises y
todos los comensales cayeron en una profunda melancolía. Entonces, Helena ordena
a los criados que echen nepenthés en las copas y la sonrisa vuelve a los labios
de todos los que estaban allí. Este nepenthés se ha identificado con una bebida
cannábica. Era una decocción de cáñamo con vino y mirra -vino resinado- para
animar las reuniones privadas.
Diodoro Sículo, historiador de la época de Cesar, escribe que las mujeres de
Tebas preparaban mediante cáñamo una pócima que tenía el mismo efecto que el
nepente de Homero.
Dioscórides, (del 20 al 60 d. C.) médico griego residente en Roma, autor de la
primera farmacopea basada en plantas medicinales, habla del cáñamo y de las
visiones y alucinaciones placenteras que provoca, y dice que los indios ya
comían sus hojas. Tanto como afrodisíaco como para estimular el apetito.