.03 La exposición de las posiciones de partida.
La presentación de las posiciones de partida tiene tres elementos clave, para
actuar con eficacia: dar una impresión de seguridad, ser firme y crear un clima
de entendimiento.
Según estudios hechos al respecto, la primera impresión sobre una persona se
construye en un 50% por lo que se ve (apariencia, postura, expresión, gestos),
en un 40% por lo que se escucha (tono de voz, acento, timbre, velocidad,
claridad) y solamente un 10% por las palabras que emplea. Más adelante en la
relación interpersonal, esas proporciones varían, pero las nuevas percepciones
quedan muchas veces fuertemente condicionadas por la primera impresión.
La firmeza se diferencia claramente de la agresividad, por un lado, y de la
pasividad, por otro. La agresividad puede dar un fruto en el momento, hacer
valer mucho la propia posición, pero sus consecuencias a mediano y largo plazo
son indeseables: mala impresión, antagonismo, negativas a futuras
negociaciones, agresividad reactiva por parte de los demás. La pasividad otorga
un aire amable y conciliador, la controversia puede terminar pronto, pero el
negociador pasivo puede ceder más de lo que debería, y predisponer a los demás a
abusar de él en el futuro.
La firmeza consiste en mantener la defensa de los propios derechos pero
respetando los de los demás. Su objetivo es conseguir lo que se propone pero a
través de una solución que también sea válida para los demás. Un comportamiento
firme tiene en cuenta las posiciones de todos y expresa la propia con sencillez
y claridad. Mantiene un tono de voz reposado, interroga, no hace comentarios
desafiantes o que incomoden a los demás.
El clima de entendimiento se crea a base de una buena comunicación inicial. No
es fácil sistematizar ésto como una técnica, porque la mayoría de las maneras de
lograrlo son intuitivas, como "hacer el espejo" de los gestos, ademanes y modo
de pronunciación del otro (lo cual también entraña algunos riesgos) y más que
nada, pensando mucho la manera de ser muy claro en los mensajes, no solo desde
nuestras propias pautas culturales sino, también y sobretodo, desde las de la
otra parte, tal como hayamos logrado percibirlas.