La razón de Estado.
Esta doctrina reconoce tres momentos en su elaboración: el primero la vincula
con el nombre de Nicolás Maquiavelo; el segundo con los autores italianos que la
desarrollaron en los siglos XVI y XVII; y el tercero, con la escuela alemana del
"Estado-potencia" en los siglos XIX y XX.
En síntesis, esta doctrina afirma que todo Estado tiene tiene una tendencia
orgánica, natural, a buscar contínuamente el acrecentamiento de la propia
potencia, aún apelando a la violencia y violando la moral y el derecho.
En lo interno, el Estado supera la anarquía social imponiendo su indiscutida
superioridad sobre el territorio y su población respecto de toda otra autoridad.
En lo externo no puede hacer lo mismo. En un contexto de anarquía y pluralidad
de estados, su única opción es adoptar una política de potencia, buscando
siempre acrecentar el propio poder y disminuir el ajeno, por medio de diversas
conductas, que van desde la guerra hasta las alianzas.
La doctrina de la razón de Estado conoció su último auge durante la primera
mitad del siglo XX (primera y segunda guerras mundiales). Conoció un eclipse
durante el período de la guerra fría, donde se usaba preferentemente un criterio
de discriminación ideológica, para resurgir luego, desde la década de los 60,
ante la política de potencia de los EE.UU. y sus aliados y la evidente crisis
del internacionalismo socialista.
Hoy día no es considerada el factor central ni el factor eterno de las
relaciones internacionales, pero sí como una realidad a tener en cuenta, sólo
superable por la estructuración de una federación mundial de estados.