DEUDA Y FINANZAS, HACIA OTRO PLAN DE GOBIERNO
17 de febrero de 1988
La dinámica de la evaluación de la economía mexicana impone hoy retos muy
grandes para quienes aspiran a gobernar a nuestro país. A través de las campañas
electorales se han podido ir distinguiendo las principales líneas de acción en
las que se basaría el programa de gobierno de cada uno de los candidatos a la
presidencia de la República y ello también aclarado el panorama de las opciones
en el rumbo a seguir. De esta manera podemos afirmar que existen solo dos claras
opciones: el cambio de la estrategia en la política económica o la continuación
con pequeñas variantes de la aplicada hasta la fecha. Esta última está
representada por el candidato del partido en el poder y sus declaraciones en los
diferentes lugares en los que se ha presentado lo confirman sin ningún afán de
ocultamiento. Destacan así dos elementos muy importantes en su discurso, que
bien se pueden considerar como elementos de un futuro programa de gobierno
inscritos al mismo tiempo dentro de un futuro esquema de la política económica
muy similar a la diseñada por el actual gobierno. El primero se refiere a la
intención de “sanear” las finanzas públicas como medio para resolver los
problemas inmediatos de la economía a través de la suspensión de subsidios,
transferencias y apoyos a empresas públicas, así como la venta y liquidación de
aquellas que se consideran no prioritarias o que se encuentran con números
rojos. Es importante aquí, señalar la importancia de la empresa paraestatal
dentro de la economía mixta en nuestro país para comprender porque pueden
resultar contraproducentes estas medidas en su contra. En México el Estado
interviene en la economía en la medida que esto le permite controlar y alterar
las leyes económicas en beneficio de la producción y el consumo a favor del bien
común. Esto le permite redistribuir el ingreso y la riqueza que se encuentra
fuertemente concentradas y beneficiar a un número mayor de personas del
crecimiento de la economía. Con el fin de corregir desequilibrios en el abasto y
la producción y en los precios de comercialización de los productos básicos esta
intervención ha ido creciendo día a día. El Estado se ha ido convirtiendo en
propietario de una gran cantidad de empresas en muchas ocasiones salvándolas de
la quiebra para mantenerlas funcionando tal como fue el caso de los ingenios
azucareros y de otras muchas empresas. La lógica en que se basan estas empresas
para su funcionamiento no gira alrededor de la obtención de una ganancia sino de
un apoyo a la producción, por ello es que una gran cantidad de ellas no obtiene
ganancias sin por ello dejar de ser altamente productivas. Lo irónico del caso
es que muchos representantes de grupos empresariales muy fuertes exigen la venta
de estas empresas que durante muchos años les han permitido mantener altas
utilidades gracias a los subsidios y transferencias de que han sido objeto.
Reprivatizar la economía en aras de un saneamiento de las finanzas significa no
solo debilitar la rectoría del Estado de la economía sino también restarle
posibilidades a este para reemprender el crecimiento económico y para
redistribuir la riqueza.
El otro elemento de referencia es la aceptación formal de continuar con el pago
de la deuda sin hacer planteamientos cercanos a los de una moratoria temporal o
una reducción en los pagos del servicio de esta. Es sin duda muy riesgoso
mantener al país en esta posición. La economía se encuentra muy debilitada y
urge una pronta reactivación económica, renunciar a está con el fin de continuar
con la disciplina en el pago de la deuda es un acto de gobierno con un serio y
seguro riesgo de un alto costo social. Ya está comprobado que una economía que
paga puntualmente no puede crecer y que si habremos de cumplir con nuestros
compromisos es necesario crecer. Aunque el dilema no se reduce a crecer para
pagar. El gobierno de la República tiene compromiso con el pueblo de México de
brindarle las condiciones necesarias para obtener un mejoramiento constante en
el nivel de bienestar de la población y obtener un desarrollo constante en el
país. Estos postulados deben encontrarse antes que el cumplimiento de otros
compromisos. Por ello es antes que crecer para pagar tenemos que crecer para
mantenernos vigentes como nación, como seres humanos que aspiran a la superación
y el progreso. Continuar con el pago de la deuda externa y ampliar los niveles
de la interna significa exponer a nuestro país al mantenimiento de la recesión
económica y por tanto la renunciación al desarrollo y el mejoramiento de las
condiciones de vida material de nuestro pueblo, de nosotros mismos. La otra
opción en la encrucijada, en la coyuntura es el cambio.