Teoría de la Estructural Social
Desde un punto de vista estructural, el prejuicio o la discriminación son
mecanismos sociales que ayudan al sistema a reproducir sus pautas culturales y
económicas. Así Wallerstein (1991) sostiene que el prejuicio no es solamente el
rechazo al otro diferente, sino que debe ser entendido dentro de la práctica de
la “economía-mundo”. Es a través del prejuicio que la sociedad alcanza la
eficiencia económica al menor esfuerzo y costo posible. (en Margulis y Urresti,
1999:229-232).
Sin embargo, la relación directa entre capitalismo y prejuicio o
discriminación puede ser en cierta forma un problema. Si bien, la discriminación
puede tener relación con la política y con la economía, no es un producto
exclusivo del desarrollo capitalista.
Según Robert Miles, por un lado, el racismo y la discriminación deben ser
consideradas “ideologías” ajenas e independientes de las prácticas capitalistas
y sus modos de producción; por el otro, como un fenómeno “contradictorio” donde
lo que es funcional para un grupo (aquel que discrimina) es proporcionalmente
disfuncional para el otro (aquel que es discriminado). En este punto, la
efectividad del estudio del problema no radica en la abstracción teórica sino en
el análisis histórico de las dinámicas y las relaciones de producción entre los
grupos involucrados. (Miles, 1999:100)
Otros autores tienen la certeza que no se puede estudiar el prejuicio sin
analizar el orden social y las relaciones de poder entre los grupos
involucrados. Aquellos ubicados en una posición de privilegio dentro de la
estructura social intentarán a través de la infravaloración y la discriminación
perpetuar y conservar esos privilegios. Asimismo, el grupo discriminado asumirá
su rol y contribuirá a la reproducción del orden social. Aunque no en forma
explicita, cuando un grupo discrimina a otro lo que subyace es el miedo a la
pérdida de su posición y estatus. (Clark, 1968) (De Francisco, 1997:72-75)
(Essed, 2001b:495) (Brascombe y Schmitt, 2002).