CAPITULO II. MARCO REFERENCIAL: La teoría del contacto
En el año 1954 el psicólogo estadounidense Gordon Allport publica su obra “La
Naturaleza del Prejuicio“, quizás una de las más completas y eruditas sobre el
tema; en ella el autor aporta una recopilación de diferentes investigaciones e
indaga sobre las posibles causas que condicionan el prejuicio en la sociedad.
¿Cómo define el problema el autor?
Para Allport, el prejuicio es “una actitud hostil o prevenida hacia una
persona que pertenece a un grupo, simplemente porque pertenece a ese grupo,
suponiéndose por lo tanto que posee las cualidades objetables atribuidas al
grupo”. (Allport, 1977:22). El hombre tiene una tendencia al prejuicio, y el
motivo principal es el ahorro mental. La realidad es tan compleja para el
individuo que debe organizarla cognitivamente en forma estructurada y por lo
tanto tiende a agrupar los conceptos en forma general. (ibid: 43) El prejuicio
comienza cuando el tipo de categorización basado en el estereotipo es
irracional, emocional e injustificado y por otro lado excesivamente
generalizado.
Sin embargo, el autor es sumamente cauto al respecto y aclara “he aquí
precisamente el criterio que nos ayudará a distinguir entre el error común de
juicio y el prejuicio. Si una persona es capaz de rectificar sus juicios
erróneos a la luz de nuevos datos, no alienta prejuicios. Los prejuicios se
hacen prejuicios solamente cuando no son reversibles bajo la acción de
conocimientos nuevos”. (ibid: 24). Los prejuicios se entienden como tales en el
momento en que se afianzan a pesar de las evidencias que lo contradicen y se
justifican generalizando irracionalmente un aspecto constitutivo de la
percepción del otro.
Así como hay prejuicios de amor también los hay de odio y muchas veces estos
últimos son producto de la conversión de los primeros. Puede entonces definirse
dos tipo generales de prejuicio: el prejuicio positivo (amor), y el prejuicio
negativo (odio). El prejuicio positivo sigue la misma dinámica y tiene los
mismos componentes que el negativo. Parte de un sesgo perceptivo basado en un
estereotipo cognitivo previo, un componente “afectivo” que nos llevan a
idealizar al otro, y finalmente un componente actitudinal que manifiesta ese
estereotipo en forma generalizada.
En muchos casos es precisamente porque se estima cierta particularidad de
nuestro grupo que se odia a aquellos que no concuerdan con esa categoría,
“cuando una persona defiende un valor categórico propio puede hacerlo a expensas
de los intereses o de la seguridad de otras personas. Si eso ocurre, se hace
visible su prejuicio de “odio”, aunque no nos demos cuenta de que brota de un
prejuicio de amor equivalente que yace debajo de aquel”. (Allport, 1977:42). La
hostilidad hacia el otro se sustenta en el amor por lo nuestro.
Para los psicólogos y sociólogos que abordaron el prejuicio desde el prisma
de la tesis de contacto, el fenómeno iba a adquirir indefectiblemente un
carácter negativo. Si bien, no descartaban que la capacidad de prejuzgar era
innata en el individuo, veían en el prejuicio una forma de relación social
totalmente corrosiva y patológica para las sociedades modernas.