Las diferencias de “clase”
Aquellos que apuntan a las diferencias de clase como motivo central de su
rechazo a ciertos turistas son detallados en el siguiente apartado:
Es el caso, sin ir más lejos, de Mara quien con 36 años trabaja en una
rentadora de autos de nivel internacional. Si bien cursó estudios universitarios
en Veterinaria, no llegó a concluirlos. En relación al trato con los turistas,
según sus comentarios entre el 80 y 90% son extranjeros provenientes de Estados
Unidos, México y Brasil. Como positivo de su trabajo señala a la posibilidad que
éste le da, de tratar con turistas de diferentes culturas, aprender de ellas y
desprenderse de los prejuicios que existen en torno a ciertas nacionalidades.
Mas allá, de la imagen negativa que puedan tener los estadounidenses, resalta su
simpatía y buen trato con ellos, como también con los británicos (a pesar del
conflicto de Malvinas). Sin embargo, una vez avanzada la entrevista, Mara apunta
a los mexicanos como un grupo conflictivo. “hay que separar”, afirma Mara, “lo
que son los mexicanos de clase alta, los cuales se comportan correctamente, todo
bien, son educados y correctos, además no tienen problemas ya que han alquilado
seguido en todo el mundo y están ya acostumbrados. Pero por otro lado, están los
de clase baja a los cuales hay que estarles arriba, te preguntan todo, no
quieren gastar mucho, son indecisos, quieren que les dediques todo el tiempo a
ellos ... estas cosas hace que si pudiera no los trataría”. Por último, la
entrevistada advierte no haber tenido nunca un conflicto con ninguno de sus
clientes. Mara no ha tenido compañeros de otra nacionalidad trabajando con ella.
El otro testimonios, nos lleva a Juan Carlos, quien trabaja como maletero en
un conocido hotel de cuatro estrellas. Si bien no tiene una opinión formada
sobre los turistas chilenos, esto se debe a que no trata mucho con ellos. En
definitiva, con los grupos que más contacto tiene es con ecuatorianos,
colombianos, y brasileros. Sobre estos últimos tiene una particular simpatía,
resalta el hecho de que el brasileros “nunca dice que no” y la “belleza de sus
mujeres”. A lo largo de su carrera ha tenido la oportunidad de entablar una
relación con turistas de nacionalidad brasilera y viajar a ese país de
vacaciones. Su contralor, los turistas ecuatorianos (sin embargo) parecen
despertar un profundo rechazo. Por un lado, el entrevistado considera que los
turistas ecuatorianos son insistentes, y en algunas ocasiones lo tratan mal. En
su discurso queda en evidencia una “clasificación racista por diferencia
étnica”.
En palabras de Juan Carlos:
“Los ecuatorianos son muy pesados, además se aprovechan y te tratan mal.
Parece que fueras un negro esclavo y ellos fueran lords de York. Son un asco, si
pudiera evitarlos los evitaría, esto es un trabajo no un régimen de esclavitud.
Mi trabajo es llevar las maletas no someterme a todos su caprichos”. En este
punto, y en concordancia con el resto de los entrevistados, Juan Carlos no puede
precisar haber tenido un conflicto con algún turista de nacionalidad
ecuatoriana.
En relación a los chilenos, el entrevistado dice no tratar con ellos con
demasiada continuidad, pero escuchar comentarios negativos en el ambiente;
cuando se le pregunta sobre los motivos arguye “tengo dos respuestas, una es que
son iguales a los ecuatorianos y se creen guauu cuando no son nada. Un bolita
vale más que ellos. La otra es que no tuvieron o no tienen mucho entonces cuando
por el cambio pueden viajar a un país alquilar una habitación de cuatro
estrellas se comen cualquiera y piensan que pueden basurearte. Escucha, ¿Qué
dice el dicho popular?, no hay peor cosa que un negro con plata, no porque sea
racista, sino porque el negro al ser sometido toda su vida cuando se destapa y
tiene plata somete a los demás”.