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LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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Introducción.

El mundo está en constante cambio, sobretodo en los últimos años, observándose un aumento rápido de las actividades económicas entre los individuos y las organizaciones de diferentes países. Se vive un período de transformación global radical bajo la consigna de dos términos: lograr el establecimiento de un mercado global libre y el imperio de un sistema democrático, es decir, la mercadización y la democratización.

El análisis crítico demuestra que no puede haber procesos de democratización sin que previamente existan transformaciones socialistas. Con respecto al mercado global, su concepción involucra la producción integrada globalmente, la especialización de mercados laborales independientes, la privatización de los activos del Estado y la inextricable conexión de la tecnología más allá de las fronteras convencionales nacionales. De hecho, la transformación de las organizaciones tiene similitud con la transformación de los Estados nacionales.

Los estudios sobre la globalización requieren de un marco teórico sobre el que diversas áreas de estudio se reconcilien. Los fenómenos de la globalización están siendo estudiados desde diversos enfoques, tales como una época histórica, ideología, proceso, teoría, paradigma, etc., cada uno con diferentes significados. Pero lo que aquí interesa es estudiar la relación existente entre los procesos de gobernabilidad, los procesos de globalización y el desempeño económico, variables que se afectan entre sí debido a la complejidad mutua de sus relaciones. Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo (2001) sostienen que existe una relación entre globalización que afecta la gobernabilidad y el desempeño económico.

De acuerdo a estos autores, las conexiones entre el desempeño económico nacional que implica los niveles de ingreso per cápita y las tasas de crecimiento del producto interno bruto están estrechamente relacionados con la dotación natural de recursos y los niveles de productividad. A través del comercio, los flujos de capital y la migración, la globalización influencia la dotación de recursos disponibles en una economía y a través de las transferencias de tecnología internacionales se afecta su productividad.

Igualmente, las estructuras de producción y la dotación de recursos afecta el comercio con el resto del mundo. La buena gobernabilidad incrementa la calidad de su capital social, mientras que este evolucionan en formas democráticas de gobernabilidad y pueden invertir más recursos para construir instituciones que promuevan el desarrollo. Finalmente, se cuestiona como la globalización y la gobernabilidad interactúan para afectar el desempeño económico nacional.

El mercado considerado como un instrumento más eficiente de asignación de recursos, es la piedra angular de las teorías de los procesos de globalización. Sin embargo, ni el mercado ni el Estado son mecanismos perfectos para la asignación de recursos y ambos presentan fallas. Los procesos de globalización que se desarrollan actualmente profundizan el economicismo, por el cual las políticas económicas nacionales se van diluyendo en beneficio de una política económica internacional. Este fenómeno de la globalización constituye una inmensa ruptura económica, política, social y cultural, hasta cierto grado, inevitable. Esta inevitabilidad es dependiente de los movimientos sociales de resistencia y que realmente mantienen objetivos democráticos.

Sin embargo, el mercado no es un instrumento estratégico. Los procesos de globalización tienen como elementos comunes una reducción sustancial en los costos de transacción en las operaciones y en la emergencia de intercambios de los agentes de las diferentes naciones. En un sistema democrático, los intercambios entre los agentes económicos son costosos e inciertos, sobre todo si no se cuentan con buenos arreglos institucionales. Una fe ideológica en el poder de los mercados para resolver las disputas sobre la asignación de recursos, conduce a negar la legitimidad del gobierno para involucrarse en la redistribución de la riqueza al pobre, lo que se convierte en irresponsabilidad gubernamental. Es en este sentido que se puede decir que al mercado gobierna y el gobierno administra, considerando que ambos presentan fallas como mecanismos para la asignación de los recursos.

Cualquier análisis sobre la globalización, necesariamente implica estudiar la naturaleza de las relaciones entre el sistema capitalista y la democracia, es decir, de una globalización económica y su relación con una globalización política. En el sistema imperial capitalista las empresas transnacionales combinadas con los Estados imperialistas dominan los mercados nacionales en donde los Estados pierden el control. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

El punto central de la globalización es su compatibilidad con la democracia y sus consecuencias económicas, políticas y sociales. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.

La globalización es una etapa expansiva del sistema capitalista, con diferentes manifestaciones a periodos anteriores en los procesos evolutivos del capitalismo. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado. Los proponentes de la globalización son las naciones más desarrolladas y fuertes, las mismas que más se están beneficiando desproporcionadamente de los procesos. Estas mismas naciones son, la mayor parte de ellas, democracias que tratan de conseguir una mayor justicia social.

Todavía más, en vez de que la comunidad global completa se beneficie de los procesos de globalización, quienes más se benefician son ciertos grupos minoritarios que toman ventaja con la economía de mercado a favor de sus propios intereses para mantener un control sobre los recursos del planeta. Lo preocupante es que los procesos de globalización sólo benefician los intereses particularistas de algunas naciones en contra de una internacionalización orientada a intereses más universalistas. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Para estos grupos minoritarios con intereses hegemónicos, la participación democrática de las mayorías pobres constituye una carga pesada difícil de tolerar. En sí, los procesos de globalización solo privilegian a pocas naciones, y más específicamente a pocos agentes económicos quienes aprovechan los ámbitos en que avanzan estos procesos.

La globalización económica o apertura económica está relacionada con las prácticas de una economía capitalista basada en la liberalización del mercado mientras que la globalización política está referida a la práctica de los valores democráticos.

Visto desde la perspectiva global y a través de los lentes conceptuales de la integración contemporánea en la economía capitalista global, se ha reforzado, sino acentuado esta extrema desigualdad, así como las relaciones injustas de subordinación y dominación que mantiene y complementa esta desigualdad. La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo. La apertura económica ha sido posible a través del desarrollo del Estado de Bienestar y a través de los organismos supranacionales que regulan el comercio y las finanzas internacionales. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

El modelo de Estado de Bienestar llevado a escala global o mundial es un proyecto que alienta el rescate de lo mejor de la sociedad humana en contra de declarar su desaparición para maximizar los intereses bursátiles de los grandes conglomerados corporativos transnacionales. El logro del bienestar es el fin último de la organización de cualquier sistema humano La globalización económica se refiere a la intensificación de las actividades económicas entre los individuos que viven en diferentes países del mundo.

La globalización pierde el interés en la conquista territorial del Estado-nación como en los tiempos coloniales, para concentrarse en el dominio de los mercados y las riquezas. La globalización ha acelerado los procesos de desteritorialización del estado para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales geopolíticas y geoeconómicas. Así el término globalización ha desplazado al uso del término colonialismo, a pesar de que la herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI.

El debilitamiento del grado de territorialidad, sobre todo en materia de actividades económicas, es uno de los signos que caracterizan a la globalización Los procesos de globalización pueden ser vistos, en este sentido, como mecanismos de dominación que mantienen marginadas a naciones menos desarrolladas y que por lo tanto promueven un desarrollo muy desigual en el mundo.

Los mecanismos de dominación explican las relaciones de dependencia de unos países menos desarrollados a otros más desarrollados. Las elites transnacionales exportan un conjunto de valores que son consistentes con el liberalismo y el capitalismo estadounidense, a pesar de que se dan algunas contradicciones entre el funcionamiento del capitalismo y el liberalismo utópico. Las elites gobernantes de los países menos desarrollados generalmente han servido de intermediarias entre el poder externo dominante y la población local. Por lo tanto, las elites nacionales y locales de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos.

La globalización es un proyecto de las elites capitalistas que se apoyan en las agencias internacionales y en los Estado-nación para liberalizar una economía que es vista más en términos internacionales que nacionales. Por lo tanto, los mismos capitalistas rivalizan por lograr mayores beneficios de los procesos de globalización de los mercados. Las naciones que reciben mayores beneficios de la globalización son aquellas que han rechazado los postulados del “Consenso de Washington” para establecer su propio ritmo de crecimiento económico. Los procesos de globalización son vistos por las elites y los poderes dominantes como sus privilegios propios, y es en este sentido que constituyen un instrumento poderoso de homogeneización, destrucción y dominio.

Los gobiernos de los Estado-nación son controlados por elites corporativas y tecnócratas que establecen las agendas locales en materia económica, política y social. No obstante, los gobiernos de las naciones que son proponentes de la globalización y que más se han beneficiado de estos procesos, tratan de redistribuir la riqueza para obtener una mayor igualdad social, incluso si es necesario imponer a la fuerza el valor contrario de preservar las libertades individuales. Pero, la globalización económica está limitando y reduciendo el poder y las funciones de los gobiernos locales y por lo tanto, la capacidad de las mayorías para formular e implementar sus políticas públicas. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. Los gobiernos locales tienen un papel importante como agentes del desarrollo económico.

La democracia no está interesada en la participación popular para el establecimiento de la agenda de desarrollo económico, político y social, sino más bien en buscar la legitimación del proyecto económico puesto en boga por los políticos. Esta situación ha dado lugar a la degradación de sistemas democráticos, tipificados como democracias delegativas, las cuales se han implantado en muchos países, comparado con los ya establecidos en las democracias europeas.

El estudio de la relación entre democracia y desarrollo económico ha sido uno de los aspectos más debatidos en la segunda mitad del siglo pasado. Para muchos analistas la democracia es la verdadera condición del desarrollo. Por un lado quienes realizaron estudios cuantitativos transversales-nacionales que tendían a coincidir con la ecuación optimista de Lipset (1979) que establecía que a mayor desarrollo económico de los pueblos, más oportunidades para la democracia, y por otro quienes realizaron estudios histórico-comparativos. Convendría llamar a este tipo de democracia, la democracia económica, porque acepta que la democracia es uno de los requerimientos absolutos del desarrollo, es decir, se acepta el supuesto de que la democracia se logran solamente cuando el desarrollo soluciona los problemas materiales de la sociedad. Así, el concepto tradicional de democracia se ajusta a las condiciones de desarrollo del sistema capitalista.

Diamond (1992) reformula la ecuación optimista estableciendo que cuando mejor le va a la gente de un país, en promedio, mayores son las oportunidades de que favorezcan, encuentren y mantengan un sistema democrático. Las conclusiones de los analistas sobre la relación entre desarrollo económico y democracia son divergentes (Altman, 2001b).

Esto a pesar de que se conciba a la democracia como el sistema de gobernabilidad más conveniente para la resolución de conflictos y diferencias entre los diferentes actores económicos, políticos y sociales en un marco que privilegia la libertad individual. Los defensores del modelo económico neoliberal sostienen que si se eliminan las restricciones impuestas políticamente al desarrollo y se mejoran la rendición de cuentas y la trasparencia en la administración pública, los actores económicos tendrán libertad y mejores oportunidades para buscar retornos económicos. Los procesos de globalización afectan el funcionamiento del Estado, el cual es sometido a una reforma de la administración pública. Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica.

No obstante, conviene presentar las diferencias sistemáticas entre los modos de resolución de conflictos internacionales y transnacionales. Según Keohane y Nye (2000), la diferencia esencial entre la resolución de conflictos internacionales y transnacionales es que la resolución de conflictos internacionales accede a los procesos de adjudicación está limitado a los Estados, mientras que en la resolución de conflictos transnacionales, las partes que no son del Estado pueden presentar sus casos y abrir expedientes. Por ejemplo, la tendencia en los conflictos bélicos apunta a que estos se desarrollan más entre los diferentes grupos corporativos que entre los mismos Estados-nación.

En otras palabras, para usar la terminología académica tan en boga, el ascenso de la teleología de la democracia del libre mercado (Chua, 1998), que yo le llamaría la democracia económica, redefine el concepto de desarrollo de los pueblos, en los términos de una competencia por medio de la cual los individuos se controlan unos a otros. En un sistema imperialista, la competencia es estimulada por los mismos Estados imperialistas rivales. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”.

Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. En sentido se puede decir que en un proceso de civilización, los individuos aprenden a vivir en sociedad, a dirimir sus conflictos, independientemente de si se trata de un sistema capitalista o uno socialista. De acuerdo al análisis de Bivo (1946), “ser un demócrata significa, primeramente, no tener miedo: no tener miedo de aquellos que tienen diferentes opiniones, hablan diferentes lenguas o pertenecen a diferentes razas”.

La competencia y no la colaboración o cooperación, es la regla universal del mercado. La competencia entre individuos, organizaciones, regiones y naciones es el concepto central de la doctrina neoliberal. Desde la década de los sesenta, la competencia se intensifica debido a la intensificación de las relaciones a niveles inter industriales e internacionales. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

La competencia es el motor exclusivo y único que hace andar al mercado en los procesos de globalización, y la convierte en la fuerza del desarrollo de los pueblos, pero sus efectos son negativos en términos de destrucción del tejido social, la falta de solidaridad para resolver los problemas comunes a la colectividad. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar). Esto hace pensar que para contrarrestar los efectos de los procesos de globalización económica actual, es necesario también globalizar la solidaridad.

La competencia o colaboración como mecanismos sociales sirven a diversos fines en cualquier sociedad. Argumenta Manheim (1951), que en la fase capitalista de un individualismo rudo y competencia como un principio estructural poderoso de organización social. En este sentido, por proteger los derechos individuales por sobre los colectivos, el sistema capitalista muestra una tendencia latente hacia el autoritarismo. Esto clarifica la pregunta de si la competencia capitalista, básica en la estructura social, necesita mantenerse como una presumible fuerza motivadora.

Se puede eliminar la competencia como un principio de organización de la estructura social y reemplazarla por la planeación sin eliminar las competencias como mecanismo social para servir a fines deseables. La dirección de una economía planificada responde adecuadamente a las necesidades de la población, la cual se refuerza mediante mecanismos democráticos. No obstante los mecanismos macroeconómicos de planeación centralizada y la agregación contable ha sido reemplazada por mecanismos microeconómicos de liberalización, desregulación y privatización.

El término desarrollo puede conceptualizarse como los procesos de transición de los pueblos hacia economías industriales, capitalistas y modernas, así como la obtención de mejores niveles de calidad de vida humana y bienestar material, considerado como la satisfacción de un conjunto de necesidades, deseos y temores. Elevar los niveles de calidad de vida de la población, lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, requiere de mecanismos institucionales de gobernabilidad que se orienten a la asignación de recursos y bienes sociales.

La mejora de las condiciones de la calidad de vida de los individuos queda determinada solamente por el crecimiento económico, medido en términos cuantitativos del producto interno bruto (PIB) per cápita y consumo real promedio. Estos procesos de transición están caracterizados por la emergencia de sistemas democráticos (Karl, 1990; Karl and Schhmitter, 1991) en forma de transacción o por colapso del régimen, hasta alcanzar su consolidación. La democracia es en este sentido un régimen político.

La relación entre el mercado y la democracia, que denominamos la democracia económica, se acrecienta a medida que avanzan los procesos de globalización capitalista y que por lo tanto, alientan un mercado y una democracia global que presenta problemas si se le conciben de la misma forma que al nivel de mercado y democracia en el Estado nacional. Es en este sentido la afirmación de Soros de que los mercados votan todos los días y tienen sentido del Estado.

Mientras que la idea de una “democracia cosmopolita” resulta una mera utopía y la mercadización global ya es más una realidad, aunque la desigualdad entre los Estados nacionales es muy profunda que prácticamente hace imposible un avance conjunto. La supuesta teoría de la convergencia de la democracia y los mercados porque ambos se engendran recíprocamente, es falsa en la realidad, un dogma que no es demostrable en política y en los diversos modos de gobierno. Aceptar el enfoque del conflicto más que la convergencia entre la democracia y el mercado es más cercano a aceptar la realidad. La nula o poca convergencia entre el mercado y la democracia permite concluir que el desarrollo económico por medio de los mercados difícilmente es compatible con grados avanzados de democracia.

En lugar de la convergencia entre la democracia y el mercado, lo que resulta es una supeditación de la democracia al mercado, lo que debilita la legitimidad de los mecanismos democráticos, los cuales son reemplazados por consensos de grupos con intereses específicos. Si se acepta el enfoque del conflicto más que el de la convergencia entre el mercado y la democracia, es posible tener un acercamiento a la realidad de los hechos. Las formas de gobierno promovidos por el mercado y la democracia serían el resultado de las opciones políticas racionales.

La democracia se iguala al mercado y se fundamenta en la “razón” que privilegia la propiedad privada, es por tanto una democracia basada en calificaciones de propiedad privada que queda reservada a ciudadanos que además son empresarios. Frente a la concepción socialista moderna que ve un problema en la propiedad privada y prefiere una propiedad colectiva, Aristóteles consideraba, en efecto, que solamente lo que el individuo tenía como propio es aquello de que me se ocupa con más esmero. Aristóteles pensaría que estaba en la esencia humana el ocuparse más de lo propio que de lo común

Aristóteles no solo se preocupa por la defensa de la propiedad privada, sino la promoción, al mismo tiempo, de un uso en común. En esto difiere Aristóteles radicalmente de lo que se advierte en el capitalismo de mercado, con su mano oculta que todo lo arregla y sus sociedades anónimas. Pues lo que sucede en la sociedad moderna capitalista es que cada uno se ocupa de lo suyo también en el uso y se desentiende del prójimo. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado.

La filautía no debe ser enemiga de la filía. Aristóteles plantea (Libro II cap 5) la dos formas de economía agraria: en unos pueblos la propiedad de la tierra es individual, pero la cultivan y consumen comunitariamente y otros poseen y cultivan juntos y reparten el producto para uso individual (como hacen algunos pueblos bárbaros, dice). ?O es mejor que tanto la propiedad como el uso sean en común? se pregunta el filósofo. Cuando tenemos demasiadas cosas en común nos peleamos más, dice.

Son más profundas las desigualdades entre las naciones que la desigualdad dentro de las naciones, aunque sea cuestionada la correlación existente entre el impacto que la globalización tiene en la desigualdad mundial. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Los dos componentes de esta desigualdad mundial son la desigualdad entre el promedio de ingreso de las naciones y la desigualdad dentro de las naciones. La desigualdad entre las naciones se centra en los determinantes de los ingresos per capita, mientras que la desigualdad dentro de las naciones se centra en los determinantes de factores de precios y su relación con el tamaño de la distribución del ingreso. Existe una relación entre los ingresos per capita y los flujos de capital.

Sin embargo, la conclusión sugiere que las diferencias de ingreso se están estrechando entre las naciones que han entrado en los procesos de globalización del mercado de bienes y otros factores, más que ampliarse (Lindert and Williamson, 2001). A pesar de ello, reportan el caso de los países latinoamericanos (Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay) y el caso de cuatro gigantes asiáticos (China, India, Indonesia y Rusia) que registraron altos crecimientos en las diferencias de los ingresos después deque sus economías se liberalizaron. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados.

Para el caso latinoamericano, la explicación que dan es su contexto histórico, mientras que para el caso asiático, mencionan que la apertura comercial y a las inversiones extranjeras fue incompleta. Cualquier intento serio para explicar las desigualdades y las formas de ubicuidad de la injusticia que caracteriza a las sociedades Latinoamericanas inevitablemente conduce un examen crítico de las relaciones de explotación de producción y distribución capitalista que predomina en la región.

En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. Junto con las elites locales y los capitalistas transnacionales han promovido mayores cambios estructurales en las economías latinoamericanas a fin de facilitar la creciente integración de la región en la economía global capitalista. La complejidad de la realidad social de Latino América contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad.

Por lo tanto, argumentan, el incremento en la desigualdad parece basarse en la exclusión de una gran parte de la población de los beneficios de la globalización. La exclusión se manifiesta en comportamientos económicos y sociales negativos. El temor de que la globalización esté ampliando las brechas entre los pobres y los ricos es resultado de la creencia de que los inversionistas de los países ricos están rapando todas las utilidades de las inversiones internacionales de los países pobres. Así, un pequeño número de naciones desarrolladas o elites privilegiadas se enajenan en la abundancia de bienes de lujo, mientras que la inmensa mayoría de países carecen de los recursos básicos para proveer a su población de satisfactores esenciales para su subsistencia. Las sociedades nacionales se separan en ricos y pobres.

Además, se concluye que los ingresos mundiales todavía serán desiguales bajo una integración global completa, como lo son actualmente en cualquier economía nacionalmente integrada, pero serán menos desiguales en una economía mundial integrada que en una segmentada. El comercio y las actividades económicas aceleran la integración y la interdependencia de los individuos, los grupos y las comunidades. Los procesos de globalización acrecientan los niveles de interdependencia entre los Estados y son en parte producto de acuerdos entre los Estados. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

Sin embargo, se dan grandes disfuncionalidades entre las lógicas del mercado y la democracia, y más concretamente entre la lógica de las finanzas y la lógica democrática. Las disfuncionalidades del mercado limitan el uso efectivo de las asignaciones y los derechos sobre los recursos a un gran número de personas, lo que incrementa los niveles de pobreza. El despliegue de las finanzas en el ámbito global se caracteriza por sus niveles de cobertura e intensidad a tal punto que vulneran las políticas económicas de los Estados-nación.

De hecho, el problema con la democracia global no es un problema de falta de gobernabilidad, como resultado del debilitamiento del papel del Estado por los procesos de globalización económica, sino por la desigualdad que está creando entre los diferentes países y entre la población al interior de cada Estado, es pues una democracia de carácter económico. La democracia global concibe a los intereses privados económicos como los beneficiarios directos de la sociedad

La creciente desigualdad es una de las características estructurales de los procesos de globalización. Feenstra and Hanson (1999) estiman el porcentaje de incremento de la desigualdad debido a la competencia comercial, incluido el outsourcing, entre un 15 y un 33 por ciento. Por lo tanto, la cultura de desigualdad (Calderón, 2000) emergente se vincula a una concepción neoliberal que apela al mercado como el único, natural y eficaz distribuidor de las oportunidades de desarrollo.

La doctrina neoliberal incluye los puntos de la regla del mercado, la reducción del gasto público, desregulación, privatización de empresas públicas, cambio de percepciones de bienes públicos y comunitarios al individualismo y responsabilidad individual, libre comercio en bienes y servicios. Libre circulación de capital e inversiones. La mercadización se refiere al establecimiento de una economía de libre mercado, bajo la regla del libre mercado que protege la libertad de movimientos de capital, bienes y servicios, la liberación económica, la privatización y contractualización de la actividad económica, liberalización financiera y de inversiones y eliminación de controles de precios.

Esta retórica del mercado libre ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y asimilada y repetida por los de la izquierda. La derecha ha aprovechado las circunstancias para promover activamente las funciones del Estado orientados por una política económica que benefician a la expansión de las grandes corporaciones transnacionales, la cual es precedida por una expansión militar y política de los Estados imperialistas. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Los análisis de los movimientos del capital debe considerar los movimientos mismos del capital, los procesos de acumulación, así como los principales centros de ubicación, organización y decisión. Los movimientos de capital de los Estados imperiales a los mercados emergentes se orientan a desestabilizar muchas de las veces los regímenes nacionalistas.

La democratización se refiere a las reformas políticas que introducen mecanismos esenciales para una mayor competencia electoral, modernización de partidos políticos y creación de nuevas instancias de representación ciudadana y una participación más abierta de la sociedad civil, así como una distribución más equitativa de la riqueza y un mejor equilibrio del ejercicio del poder en la comunidad. El capital social fortalece las relaciones y capacidades de la sociedad civil. El capital social es una forma de reducir los costos de transacción mediante el involucramiento de las relaciones económicas en las relaciones sociales. La sociedad local y regional es uno de los actores sociales que promueven el desarrollo en forma equitativa y equilibrada. Por lo tanto, es claro que para que exista una democratización de la sociedad, es necesario que exista primeramente una transformación socialista.

El debilitamiento de los partidos políticos está condicionado por los arreglos institucionales que delimitan los mecanismos, procedimientos y actores involucrados en los procesos de decisiones políticas. De acuerdo con Ayala (2001), el arreglo institucional es el conjunto de reglas que permite, a través de la negociación política, que los actores realicen sus intercambios económicos y políticos. Los arreglos institucionales acotan el oportunismo pero incentivan a los políticos para actuar con responsabilidad porque se obligan a hacer revelaciones de las restricciones y de los costos de las ofertas electorales que reciben.

El arreglo institucional facilita la coordinación de acciones y decisiones que permiten a los diferentes grupos sociales y agentes económicos recibir beneficios del desarrollo a través de las diferentes instituciones. La apertura creciente y la integración internacional de los mercados afecta tiene un impacto en las instituciones nacionales. Los arreglos institucionales y las negociaciones de los diferentes agentes económicos establecen las instituciones para asegurar sus beneficios, mediante la formación de diferentes configuraciones que facilitan las relaciones de complementariedad y de coordinación entre las instituciones, así como también la emergencia de nuevas formas de auto-coordinación.

Sin duda, que en el futuro aparecerán otras instituciones que suplan en sus funciones a los partidos políticos, pero que servirán de plataforma a los políticos para que medien entre las demandas de la ciudadanía global y los que formulan e implementan las políticas públicas en las organizaciones internacionales. Los partidos políticos son un medio de representación que afectan la gobernabilidad, y por lo tanto el sistema democrático, de tal forma que una buena representación promueve la gobernabilidad democrática, aunque no siempre lo que es bueno para la democracia es bueno para la gobernabilidad (Coppedge, 2000).

La preocupación por el estudio de la gobernabilidad democrática deriva de un interés por desarrollar las sociedades mediante la solución de sus problemas políticos y sociales, la estructuración de marcos de referencia político-institucionales que fundamenten los procesos de toma de decisiones y proporcionen las herramientas de operabilidad para los actores políticos estratégicos. Se tienen que considerar los factores contextuales como variables que intervienen, las cuales engrandecen o disminuyen el rango de alternativas que los actores políticos piensan están disponibles para las situaciones de la toma de decisiones.

Los actores políticos, económicos y sociales estratégicos se apoyan en las estructuras del poder para ejercer influencia sobre las decisiones que favorezcan sus propios intereses, así como dar forma a nuevas configuraciones de clase. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Ramos (2001) concluye que la red de poder democrático se activa en un proceso cíclico que fluctúa entre la mercantlización y la estatalización, la adhesión y la apatía, la participación y la inhibición”. Son los actores políticos estratégicos verdaderos operadores políticos que usando las estructuras institucionales existentes articulan intereses, agendas y recursos de actores sociales y agentes económicos en los procesos de toma de decisiones y formulación e implantación de políticas y estrategias.

Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva. Tanto los actores políticos, económicos y sociales estratégicos ejercen influencia a través de las estructuras del poder. En esta forma, se filtran a través de las percepciones del medio ambiente de los actores políticos.

Cualquier análisis del sistema global tiene que considerar el desarrollo del Estado democrático, por lo tanto, no solo por las instituciones democráticas existentes, sino también por un conjunto de valores y prácticas sociales más amplias. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado.

De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder. Por sí mismas, las instituciones democráticas no garantizan el éxito de la aplicación de las políticas públicas. Las políticas públicas se formulan en las instituciones del Estado en el poder legislativo, los programas del poder ejecutivo y las resoluciones judiciales, mientras la sociedad civil desarrolla sus mecanismos como los foros donde participan los ciudadanos para establecer sus demandas y validar sus actuaciones políticas.

Un Estado deja de ser democrático cuando tiene que sostenerse por la fuerza o mediante la supresión de los derechos democráticos. De acuerdo con Santa-Ana Godoy (2000), los diferentes impactos tecnológicos y económicos de los procesos de globalización y mundialización han provocado desequilibrios en las instituciones políticas de los Estados-Nación. Precisamente, los orígenes de la democracia están en el fortalecimiento de instituciones políticas de representación , la defensa de los derechos humanos, la existencia de fuentes de opinión, y la protección de los derechos humanos y colectivos de de los ciudadanos (Ortega Ortíz, 2001)

Los procesos de globalización conllevan cambios tecnológicos acelerados en las telecomunicaciones, la microelectrónica, biogenética, etc. Estos desequilibrios se manifiestan en la urgencia del tiempo que demandan las organizaciones en su toma de decisiones frente a la lentitud del aparato político burocrático del Estado. Además, este aparato carece de tecnología de punta que responda a los desafíos de las organizaciones globalizadas y los impactos de los medios de comunicación alteran y posibilitan las expresiones de la participación ciudadana. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas. Los procesos de globalización son en parte el resultado de la rapidez de los medios de comunicación que permiten la interdependencia entre los diferentes agentes y actores. Son los mismos medios de comunicación que satanizan al Estado.

Sin embargo, con referencia a una democracia global que vaya más allá del Estado nación, Held (1995) argumenta la construcción de una “democracia cosmopolita” con base en un complejo de instituciones organizadas bajo formas nuevas de gobernabilidad global cuya finalidad sea resolver problemas globales como la de los flujos económicos. Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. ¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma.

La democracia global avanza bajo la concepción de que los intereses económicos privados son los beneficiarios de la sociedad. De hecho es la sociedad local y regional uno de los actores sociales para la promoción de un desarrollo más justo y equitativo. Esta democracia cosmopolita es también una democracia económica. Para que los flujos de capital en los mercados internacionales sean efectivos y transparentes, tienen que ser propiciados por instituciones que propicien la facilitación de la gobernabilidad global. Los Estados nacionales todavía desempeñan un rol importante en la promoción y conquista de los mercados internacionales y en la protección de los mercados internos.

La regla principal del juego en los mercados internacionales es la competitividad en el nuevo ambiente de la globalización. Por definición, la competitividad se encuentra inextricablemente ligada a los procesos de globalización. Para Porter (1991), la competitividad, las empresas tienen que competir en un entorno formado por cuatro atributos que estimulan o limitan la creación de ventajas competitivas. Estos atributos son la disponibilidad de los factores de producción, la demanda interna, la estructura y estrategia de la rivalidad de las empresas y los sectores conexos.

La concepción cosmopolita de un gobierno democrático concibe al ciudadano como persona dentro del Estado, pero, además, capaz de mediar entre una diversidad de tradiciones nacionales, comunidades políticas y estilos de vida alternativos” Es precisamente la diversidad una de las características de los tiempo actuales, y su reconocimiento es una contribución a la riqueza de las sociedades contemporáneas. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. En los principios de la diversidad se acepta el ejercicio de la democracia que no admite excepciones.

El planteamiento de una democracia global acepta la existencia de limitaciones y déficit democráticos a niveles nacionales y locales, lo que dado lugar a la degradación de los sistemas democráticos, lo que se ha tipificado como una democracia delegativa o democracia limitada. La concepción de la democracia global imprime los beneficios de la sociedad a favor de los grandes intereses económicos privados. El concepto de democracia tradicional ha sido abandonado para reelaborar uno nuevo que apoye y mantenga el sistema capitalista.

La falta de políticos intermediarios es parte del déficit democrático de las instituciones locales, nacionales e internacionales. Las instituciones locales tienen el reto de intervenir con sus funciones en las actividades económicas. Consubstancial a los procesos democráticos es la homogeneidad de los pueblos, pero la realidad mundial es otra muy distinta. Los Estados nacionales presentan diferencias profundas en sus niveles de desarrollo económico y social, en niveles de riqueza y sus valores, etc., como para que tengan las mismas consideraciones con respecto al sistema democrático.

No obstante, la teoría de Rustow (1970), ningún nivel de desarrollo económico es prerrequisito para el establecimiento de instituciones democráticas sino más bien el sentimiento y compromiso de unidad nacional entre los diferentes estamentos sociales pero más significativamente, la disposición entre las elites para pactar acuerdos de transición. Las estructuras económicas y sociales de las sociedades duálicas estamentarias se sustentan en principios morales, religiosos y jurídicos para justificar las diferencias y desigualdades entre los diferentes estamentos.

Lipset (1979) ha dicho que cuando mejor le va a un país en términos económicos, mayores son las oportunidades de mantener gobiernos democráticos. Las deficiencias de los procesos democráticos en el ámbito nacional son evidentes y de acuerdo a ciertos analistas, pueden ser subsanados mediante la creación de instituciones democráticas a mayor escala y conectándolas a las formas locales de participación. Consecuente con esta línea de análisis, no existe un determinado nivel de desarrollo económico que sea determinante de la democracia (Przeworski y Limongi (1997).

Los problemas en la realidad, son que estas instituciones supranacionales no ejercitan la democracia necesariamente aunque si la exigen a los Estados-nación, a los que vulneran su soberanía política. El concepto de soberanía del Estado se está volviendo obsoleto ante los avances de las instituciones transnacionales en una economía globalizada. No obstante, es importante establecer las denuncias a esta economía global. El poder y la soberanía de los Estados-nación se contrae y se transfiere a instancias supranacionales y locales.

La nueva soberanía global está al cuidado de los intereses hegemónicos., cuyas aspiraciones globalifílicas tienen pretensiones totalitaristas. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Castro (1989) pronosticó que “La aceptación del principio de intervención universal por una sola potencia, es el fin de la independencia y la soberanía en el mundo” Este supuesto del derecho de intervención se justifica por la defensa de la democracia, por razones humanitarias y en nombre de los derechos de los pueblos. La soberanía sufre un proceso de reformulación que los Estados no pueden decidir aisladamente, sino desde perspectivas comunes a todas las naciones. Por lo mismo, hay un interés creciente por encontrar otras formas de gobernabilidad, tales como otros arreglos de federalismo, para dar acomodo a la pluralidad nacional o multinacionalidad.

Los sistemas económicos están en constante transformación, al igual que los sistemas políticos basados en los Estado-nación se están disolviendo aceleradamente, y en muchos de los casos, están generando al interior de la sociedad, conflictos, caos y contradicciones con serias rupturas intra nacionales e internacionales. Los establecimientos institucionales de los sistemas políticos democráticos se explican por factores tales como el tamaño, demografía, desarrollo socio-económico, homogeneidad cultural, herencia colonial o el lugar del país en el sistema económico y político internacional. Los sistemas políticos que no evolucionan están impedidos de hacerlo, entre otros motivos, por las crisis y cambios en las estructuras económicas, o porque su soberanía se limita al supeditarse al diktat de otro Estado u organización transnacional.

Los sistemas políticos de baja institucionalidad se caracteriza “por la falta de jerarquía y de separación nítida entre la arena constitucional y la de la acción colectiva”, así como por “la falta de una arena central (y centralizante)de mediación de conflictos, separada de otras, en la cual los actores políticos puedan realizar intercambios de forma rutinaria”, tercero, “por la ausencia de reglas de carácter inter-temporal que rigen intercambios entre actores en el proceso de formulación de la ley, que trascienda las mayorías temporales”, cuarto “por la falta de actores institucionales con capacidad de veto que sean legítimos y ampliamente respetados, entre ellos un poder judicial independiente que acate la regla de res iudicata”; quinto, por “agencias públicas que carecen de contornos claros y que por lo tanto no pueden defenderse fácilmente frente a transgresiones de otras” (O’Donnell, 1998)”; sexto, “por discresionalidad generalizada en la aplicación, interpretación y alcance de la ley contraviniendo el espíritu del Estado de derecho, esto es una sociedad de reglas estables y derechos aplicados con imparcialidad a todos los ciudadanos” (Feldman, 2001:9-11).

La economía se propone como tarea el entendimiento de los fenómenos mediante la construcción de modelos que formalizan la realidad económica. El hecho de que la economía sea una fuente recurrente de conflictos sociales, corresponde a la política resolver las tensiones que resulten. La política tiene la capacidad para consensuar cualquier conflicto que se suscite porque su racionalidad, entendida como la forma de gobernar una nación, garantiza el ordenamiento de los intereses privados de la sociedad civil

Las transformaciones de la tecnología de la información y de la economía mundial cuestionan los marcos de referencia teórico-metodológicos de las ciencias sociales y económicas para dar surgimiento a una "nueva economía global". Así por ejemplo, las explicaciones en las ciencias sociales y políticas son hechas alrededor de mecanismos, como los costos de transacción, más que de teorías generales. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos.

Las posibilidades innovadoras de una tecnología de la información que abarató los sistemas de comunicación y que reforzó la generación de transacciones virtuales que incidieron en el auge de una nueva economía, vinieron a reforzar la idea de que las fuerzas del mercado globalizador traería beneficios para todos. La tecnología de la información representa una fuente de inestabilidad económica y crisis financieras. La nueva tecnología de la información se encuentra supeditada y subordinada a los intereses expansionistas del imperialismo mercantilista contemporáneo.

Tanto la tecnología como la globalización se encuentran inextricablemente ligadas a campetitividad, aunque Petras (2001c) demuestra que la productividad fue mayor antes de la “edad de la información” que durante esta. La economía mundial se está globalizando rápidamente en los últimos dos siglos, integrándose en una economía global. Ésta puede existir por sobre los Estados-nación, a los que se encuentra, además, íntimamente interconectada en una compleja interrelación y por los que existe, debido a las políticas que persigue y las formas institucionales que adopta.

Una economía global es diferente a una economía mundial, es una economía con la capacidad para trabajar como una unidad en tiempo real en una escala planetaria. Ha sido después de la última parte del Siglo XX que la economía mundial fue capaz de convertirse en una economía global, sobre la base de una nueva infraestructura proveída por las tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) y las tecnologías de la comunicación emergentes. Estas tecnologías han dado forma a lo que se denomina la sociedad de la información y son las principales fuentes del aumento de la productividad porque aceleran los procesos de innovación tecnológica, la flexibilidad organizacional de los sistemas de producción y el aprovechamiento de las economías de escala. Es importante relacionar los procesos de globalización económica con la sociedad de la información, aunque se trata de dos fenómenos diferentes.

La economía global, argumenta Soros (1998) “no se caracteriza sólo por el libre tránsito de mercancías y servicios sino, sobre todo, por el libre tránsito de ideas y de capital…pero la globalización de los mercados financieros ha cambiado hasta ser irreconocible…así que para hablar de la economía global sería más apropiado hablar del sistema capitalista global”. De hecho, las naciones que tienen los mercados financieros reglamentados son los que han alcanzado mejores tasas de crecimiento. Los proponentes del desarrollo financiero están en lo correcto cuando restringen sus conclusiones a las economías de mercado desarrolladas. Los procesos de globalización obedecen a imperativos del sistema capitalista que requieren expandirse para operar en mercados cada vez más amplios, de tal forma que no solo garanticen su propia reproducción, sino también su crecimiento.

Investigaciones recientes (Dollar and Kraay, 2000) han encontrado una correlación positiva entre el libre comercio y el crecimiento económico, a pesar de que se puede criticar que las reformas han ido más allá de los cambios en la participación en la economía global, de tal forma que no se puede aislar el efecto independiente del libre comercio. Sin embargo, el crecimiento económico no ha ocurrido igualmente para todos, debido a las diferentes condiciones sociales, políticas, culturales, etc., determinantes y a otros factores como las presiones de la población sobre los recursos escasos.

Los componentes de esta economía global son los flujos comerciales, de información y de capitales. Los flujos de capitales se orientan hacia donde existen recursos naturales abundantes, poblaciones jóvenes y abundancia de capital humano, en lo que se conoce como la paradoja de Lucas (Lucas, 1990).

Por lo tanto, esta “nueva economía global” con características multi civilizacionales ya presenta serias disfunciones causadas en parte por los grandes volúmenes de capitales volátiles que remolinean a su alrededor, lo cual provoca crisis financieras en los países en desarrollo que son los más vulnerables debido a que se presenta una sobreproducción global en la economía real. La estrategia de reproducción del sistema capitalista es dual en donde los actores hacen y no hacen sucesiva e interrumpidamente algo (Barel, 1989).

Al respecto, Ramos (2001) concluye que las respuestas adaptativas de los actores sociales atrapados en las redes de poder, consisten en apostar por estrategias dobles que permiten construir contraintuitivas identidades paradójicas, con lo cual los actores logran reproducir las redes, consolidarse y “enjaularse” e “incapacitándose para romper la lógica perversa que la anima”. Los Estados imperialistas desempeñan un papel importante en la gestión de las crisis financieras y económicas de los Estados menos desarrollados y de aquellas empresas transnacionales que entran en problemas financieros.

Algunos analistas defensores de los procesos de globalización económica sostenían que la nueva economía sustentada en la revolución científico-tecnológica, “ya no estaba sometida a crisis cíclicas “ (Petras, 2001c). Apreciaciones que la realidad ha demostrado ser falsas, porque la coincidencia de las crisis estructurales y cíclicas han derivado en recesiones económicas. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Algunos analistas afirman que las crisis financieras actuales solo reflejan la crisis del neoliberalismo y que por lo tanto, su final ya se puede anunciar. Las crisis financieras son tan viejas como los mercados financieros. No obstante, desde la Segunda Guerra Mundial, la economía global es más inestable que nunca antes. A partir de esta guerra, los procesos de integración han pasado por dos etapas.

La primera inicia con los acuerdos de Bretton Woods para regular los flujos internacionales de capitales y establecer las tasas de cambio. La ideología del liberalismo fue el fundamento para la creación de las instituciones de Bretton Woods. Estos cambios estructurales y los intereses mutuos de estas alianzas son puestas en ideología neoliberal, la cual tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

Estas instituciones internacionales surgieron bajo la forma del modelo de clubes con miembros que representan los intereses de las naciones más avanzadas, para gobernar ciertas áreas económicas, políticas y sociales a escala global. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Los siguientes 25 años al término de la Segunda Guerra Mundial fue una época de crecimiento sostenido (1945-1970) que dio lugar a dos décadas de restos económicos, políticos y sociales dentro de una economía política cambiante.

Entre 1940 y 1970 se impulsan programas de desarrollo nacional orientados a eliminar las desigualdades económicas y sociales, aunque se benefician más las clases medias urbanas que las pobres rurales. El incremento de la agricultura en Latinoamérica en el sistema económico capitalista global ha beneficiado solamente una minoría privilegiada de la población rural mientras que el campesinado ha sido excluido de los beneficios.

En la segunda etapa más identificada con la globalización, la expansión financiera se propagó y se profundizó con la crisis de las instituciones del sistema monetario internacional y los acuerdos de Breton Woods. La expansión del capitalismo se efectuó a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso.

En cada nueva fase de expansión del capitalismo, las grandes corporaciones transnacionales han requerido del apoyo de los Estados imperiales para repartirse los mercados internacionales. Previa a la expansión de las corporaciones transnacionales en los mercados internacionales se requiere la expansión militar y política de los Estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Por lo tanto, en las últimas tres décadas, desde la crisis económica mundial de 1972-73, que se pueden identificar como el período de intensificación de los procesos de globalización, coinciden con períodos de crisis generalizadas del capitalismo, un capitalismo que ha sido bautizado como capitalismo tardío o neocapitalismo.

De hecho, los problemas contemporáneos de la globalización, la expansión del capitalismo tardío o postmoderno han agravado los más crónicos problemas como en el caso de la región latinoamericana. En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas.

El capitalismo de mercado considerado como sistema económico se define como “la propiedad privada de los medios de producción y el sistema de precios como mecanismo para la asignación de la producción y distribución de los recursos”, de acuerdo a Villareal (2000).Así, al final del siglo pasado se alcanzó un volumen del comercio comparativamente similar al alcanzado en los inicios del mismo siglo, si se considera con relación al tamaño de la economía global, pero con una diferente configuración de los flujos comerciales. Esta configuración ahora consiste en flujos de manufacturas que son manejados por las grandes empresas multinacionales y orientadas hacia los países más desarrollados.

Atendiendo a los análisis de los ciclos económicos de larga duración, la tendencia es descendente y depresiva, cuyos efectos se manifiestan en un crecimiento estructural lento, incremento de las tasas de desempleo y de las desigualdades, descenso de los niveles de vida, etc. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. Una desigualdad en los niveles de vida entre los diferentes Estados-nación y dentro de cada de ellos, domina el esquema de la economía global, al no poderse recobrar los niveles de igualdad alcanzados en las primeras etapas de los procesos de globalización.

Se considera que la liberalización comercial trae más beneficios a las economías de los países del tercer mundo que a las economías de los países industrializados y que los efectos son mayores cuando se integran a la economía mundial. Los países altamente industrializados compiten entre sí en los mercados globales donde tienen que gestionar sus propios asuntos. El imperativo de los países industrializados de promover el desarrollo industrial para un crecimiento económico ha debilitado la sustentabilidad. La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos culturales de la sociedad. Maximizar los beneficios y minimizar el impacto de los eventos negativos se ha convertido en un asunto colectivo. Los beneficios son mayores entre los países de altos ingresos, como los de la OCDE que entre los países pobres.

En general, los defensores de la globalización, como Lindert y Williamson (2001) argumentan que la globalización favorece a todos los participantes, especialmente aquellos quienes se encuentran en industrialización y penaliza con el rezago a aquellos que deciden no participar, al grado de considerar las barreras comerciales como malas para aquellos países en desarrollo. Los países que liberalizan los factores domésticos del mercado, los mercados domésticos de mercancías y se establecen los derechos de propiedad. Este tipo de políticas incrementa los ingresos, concluyen.

Las últimas dos décadas han sido un periodo de turbulencias y complejidades en el ambiente económico, político, social, tecnológico y cultural, dando origen a cambios transformacionales a niveles de escala local, nacional, regional y global. Las transformaciones económicas locales y regionales, por ejemplo están involucradas con las transformaciones en la misma estructura económica regional, en los cambios de las políticas económicas nacionales y los procesos de globalización económica.

Este proceso de globalización denominado por Held (2000) como el “período contemporáneo” también produce profundos cambios económicos, políticos y sociales con implicaciones directas en las interconexiones nacionales, regionales y globales mediante una nueva configuración del Estado-nación. Los cambios se efectúan en los sistemas y modos de producción, en los modos de hacer política y practicar la religión, en fin en todos los aspectos de la vida. Todos estos cambios implican transformaciones como la transnacionalización de programas de defensa y seguridad, de regulación del medio ambiente, telecomunicaciones, etc.

La velocidad del cambio es el signo que distingue esta fase de la historia del comercio de las épocas anteriores y lo que hace difícil que los pueblos globalizados se adapten. La globalización representa una configuración coyuntural de varios procesos históricos. Las crisis financieras que han resultado de los cambios acelerados de una globalización corporativa, ha sido defendida por los que están en favor de estos procesos. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Se argumenta que se deben a las prácticas anacrónicas en los mercados domésticos que requieren más cambios profundos en la liberalización de los mercados, cuando es precisamente esta liberalización una de las causas de los estragos económicos que han causado a algunas economías.

Los proponentes de la liberalización comercial están motivados por una agenda de ganancias rápidas, diferente a la agenda nacional que desea equidad y uso sustentable de los recursos que garanticen un incremento en la calidad de vida de sus ciudadanos, la cual se sacrifica en nombre del progreso. La elevación de los niveles de calidad de vida y lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías, es viable con la instrumentación de mecanismos institucionales que promuevan la gobernabilidad mediante una asignación equitativa de los recursos y bienes sociales. El modelo de desarrollo supedita la mejora de las condiciones de la calidad de vida de los individuos al crecimiento económico. Este crecimiento económico está más referido a la medición cuantitativa del producto interno bruto (PIB) per cápita y al consumo real promedio.

Las decisiones en torno al uso de los recursos se toman a corto plazo siempre en beneficio de pocos en lugar de a largo plazo y en beneficio de todos. En materia comercial, por ejemplo, los países en desarrollo establecen sus propias agendas para las negociaciones comerciales por lo que demandan mayor acceso a las exportaciones que son más sensitivas para los países ricos. Por lo tanto, las agendas de los países más avanzados pueden ser totalmente diferentes a las agendas de los países más avanzados.

Es necesario administrar el avance de la liberalización de las economías que tienden a la formación de las economías globales. Avalar o simplemente forzar la apertura de las barreras del mercado y dejar que éste haga su trabajo por sí sólo, es abandonar a las gentes que están en situaciones y posiciones de desventaja para que el mercado determine sus destinos. La globalización implícitamente presenta la alternativa en la que la política liberal sea reemplazada por las barreras al comercio y a la migración. La política liberal es un término diferente a economía liberal. La política liberal se relaciona con los temas sociales, mientras que la economía liberal se relaciona con la liberalización de los mercados y la liberalización de las finanzas. La política liberal representa la orientación progresista y flexible del manejo de la política social.

La vulnerabilidad a las crisis bancarias y monetarias se incrementa con la liberalización financiera externa e interna. La liberalización externa permite la entrada indiscriminada de capitales entrar a la economía emergente, los que en un ambiente de liberalización financiera interno, se destina a proyectos productivos o especulativos. Se calcula que el 98% de aproximadamente $1.500 billones de dólares que se mueven diariamente son flujos especulativos y sólo el 2% son transacciones de bienes y servicios. La relación existente entre la vulnerabilidad de un país a los mercados internacionales, con respecto al tamaño de la base de impuestos del programa social es positivo, no negativo, por lo que los países con una mayor vulnerabilidad a los cambos del mercado global tienen tasa impositivas mayores, más gasto social y más amplias redes de seguridad (Rodrik, 1997)

Esto da una idea del inminente peligro que representan los flujos especulativos para las economías más débiles. Los altos niveles de especulación de los flujos financieros debilitan las estructuras del sistema económico y vulneran las estrategias económicas mismas de los poderes económicos hegemónicos. Obviamente, la liberalización financiera no tiene que conducir inevitablemente a la crisis, pero si aumenta las posibilidades de una crisis, la que puede ser disminuida por las políticas gubernamentales. Las crisis monetarias se caracterizan por una disminución de las reservas de divisas o cambios extranjeros y por una elevación de las tasas de interés a corto plazo, ya sea por sí mismas o en combinación con una devaluación.

La escala global de estos cambios connota la naturaleza multidimensional del fenómeno, pero también lo holístico, la actividad integrada, la búsqueda de las relaciones en los elementos de los sistemas complejos. La complejidad y causalidad entre las relaciones de las variables, mercados globales, instituciones, gobernabilidad, y el desempeño económico, son difíciles de determinar. Los efectos de la globalización en la gobernabilidad y en el desarrollo económico toman en cuenta factores múltiples.

Todo sistema tienen objetivos determinados por las necesidades, deseos e intereses de los subsistemas que a su vez requieren de la transformación de insumos, organización y medios de trabajo. Expresiones de la teoría general de los sistemas que sirven de marco conceptual y teórico de la gobernabilidad, se encuentran en desarrollos de las teorías generales de precios y de la producción o procesos de transformación que vinculan los insumos a los productos mediante la participación de tecnologías, administración y organizaciones. El carácter multidimensional se expresa en diversas formas y trayectorias.

Ni la teoría de las relaciones internacionales, ni tampoco la teoría de la democracia alcanza a establecer un marco de referencia que sustente la conceptualización como la práctica del desarrollo democrático de los pueblos y sus relaciones con el capitalismo moderno o neocapitalismo, bajo un contexto global, a pesar de su potencial latente de autoritarismo. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

El Estado-nación sigue siendo el principal protagonista y actor de las relaciones internacionales y sigue siendo el principal sujeto que ocupa un espacio que da contenido a la nación con sus propias instituciones e instrumentos para organizar el sistema económico, político, social, jurídico, etc. El espacio nacional se delimita en términos territoriales de bloques en serie definidos por las fronteras físicas y geográficas en donde ocurren fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estas características también delimitan los espacios soberanos en función de las unidades de espacios nacionales.

En este espacio nacional se desarrollan los fenómenos geopolíticos, los cuales al avanzar hacia niveles superiores adquieren relevancia los fenómenos geoeconómicos. El desarrollo democrático supone que la democracia es verdaderamente la condición del desarrollo. Este contexto global delimita la estructura del sistema global en el cual las instituciones realizan interacciones, incluyendo al mismo Estado nacional, a partir de un sistema internacional. La estructura espacial de las unidades geográficas delimitadas por territorios físicos y geográficos delimitan las formas de interacciones entre las diversas entidades.

Friedman (1999) considera a la globalización no como una mera tendencia sino como un sistema internacional que da forma a la política doméstica y a las relaciones exteriores de cualquier país y que involucra la integración inexorable de los mercados, Estados-nación y tecnologías, lo que permite a los individuos, corporaciones y Estados-nación llegar más lejos en el mundo, rápido, profundo y barato, de tal forma que produce reacciones violentas en aquellos que son brutalizados o quienes se rezagan.

La idea detrás del capitalismo de libre mercado que deja a las fuerzas del mercado gobernar, de tal forma que a medida que más se abre la economía al libre comercio y a la competencia, la economía se vuelve más eficiente. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras. La globalización significa que los países del mundo adoptan el capitalismo de libre mercado, el cual tiene sus propias reglas para la apertura, la desregulación y la privatización de la economía. La retórica del libre mercado ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y repetida y asimilada por los de la izquierda. La derecha ha aprovechado las circunstancias para promover en el beneficio de las grandes empresas transnacionales las funciones del Estado orientadas por una política económica.

No obstante, el libre comercio en el Estado imperial se basa más en criterios políticos que económicos, los cuales se instrumentaban mediante prácticas selectivas que permiten a las corporaciones transnacionales practicar el fundamentalismo del mercado en los países menos desarrollados. En el sistema imperialista, las empresas transnacionales combinados con los Estado imperialistas dominan los mercados nacionales en donde el Estado pierde su poder, y se reparten los mercados internacionales ampliando sus capacidades de influencia y poder.

Petras (2001d) argumenta que el Estado todavía sigue jugando un papel profundo y extendido en la conquista de mercados exteriores y en la protección de los mercados locales. De hecho, argumenta que el Estado-nación en sus diferentes formas, ya sea imperial o neo-colonial, “ha multiplicado y expandido su actividad, lejos de ser un anacronismo, el estado se ha convertido en un elemento central en la economía mundial y en el seno de los estados-nación”, aunque sus actividades y funciones varían de acuerdo a “su carácter de clase”.

Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. El cuadro general es uno de un muy pequeño grupo de dueños de la tierra quienes poseen grandes extensiones de tierra.

La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. El Estado imperialista “es particularmente activo en lo que respecta a la concentración del poder en el interior de la nación y en su proyección exterior con la ayuda de una gran variedad de instituciones, circunstancias económicas y políticas y mediante el establecimiento de vastas esferas de influencia y dominio” (Petras, 2001d)

Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. El poder del Estado imperialista se extiende a las instituciones financieras internacionales, mediante apoyos financieros, nombramiento de sus líderes y asignación de funciones y tareas que benefician a las empresas transnacionales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

La expansión política, económica y militar ha dado lugar a un nuevo orden mundial dominado por un Estado imperial cuya centralidad se evidencia en áreas fundamentales de “actividad político-económica, cultural y económica que refuerzan la posición de los poderes imperialistas, particularmente los de USA”, según Petras (2001d). Esta expansión militar y política siempre precede a la expansión de las corporaciones transnacionales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En este nuevo orden económico mundial adquieren relevancia las estrategias de desarrollo centradas en la eliminación de la política social y en la descentralización de funciones.

Efectivamente, los procesos de descentralización impulsados por el sistema capitalista son inherentes a su propio desarrollo en las circunstancias actuales de trasnacionalización de la economía y los mercados en donde el Estado nación, que una vez fue funcional para su expansionismo, ahora es el principal estorbo. López Vadalladares (2001) argumenta que el proceso de descentralización responde a una “propuesta de reforma impulsada por organismos multilaterales y fue respaldada con argumentos formales, tales como el logro de la eficiencia, la participación ciudadana, la prevención, la corrupción, entre otros; su ejecución se hace posible en la medida en que las condiciones del contexto político, económico y social lo permiten y, presionan en su favor.” Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica.

La expansión del capitalismo se realizó a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Por lo tanto, la estructura actual del sistema internacional se entiende a partir de la evolución de las características de sistema internacional capitalista.

Como un mecanismo económico, el capitalismo puede ser adoptado como un instrumento democratizador que posibilita legitimar un gobierno. En la sociedad moderna hay un conflicto latente entre capitalismo y política. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado.

La política exige por lo menos un uso comunitario sometido a reglas que se regulan por leyes, desde el impuesto obligatorio a las reglas de tráfico, pasando por la reglamentación de la construcción, el comercio etc. El capitalismo como ideología adoptada por el liberalismo político, posibilita una interpretación económica y política del individuo y la sociedad mediante la fundamentación de una ideología empresarial. No obstante que existen algunas contradicciones fuertes entre el liberalismo utópico y el funcionamiento del capitalismo.

La diferencia entre socialdemocracia y liberalismo es que éste quiere la menor intervención política posible (dejando a la regulación del mercado la tarea de poner orden) y la socialdemocracia tiende a regular la mayor cantidad posible de aspectos de la vida humana. En este tira y afloja estamos entre unos regímenes y otros y entre unos períodos históricos y otros. Un liberalismo absoluto en el que el Estado solamente se ocupe del ejército y la policía no es hoy ya sostenible. La sociedad moderna es demasiado complicada para carecer de reglas de juego. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. Por otra parte estamos viendo desaparecer la regulación colectiva de muchas funciones que hasta no hace mucho considerábamos comunes: las compañías telefónicas, el correo, los ferrocarrilles, etc.

Toda ideología permite la generalización en los ambientes complejos en los que operan y de los que no tienen un conocimiento completo, sino incierto, en esta era del conocimiento. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado.

Esta ideología empresarial está basada en motivaciones que alientan la persistencia en el trabajo, la vida austera, la lucha por el avance material, la rendición de cuentas del individuo hacia sí mismo, hábitos de autorregulación y dirección personal, etc., propias de la ética protestante del trabajo descritas por Weber. Mientras que el liberalismo político abre la puerta a la rivalidad y competencia política entre los partidos para la obtención de recursos financieros mediante métodos no muy legítimos.

Al ritmo que progresa los procesos de globalización, las fuerzas liberales tienden a concentrase en las organizaciones multinacionales. La globalización es también considerada como una ideología que tiene por objeto liberar a las economías en un mundo dominado por las organizaciones transnacionales, las cuales incursionan las áreas de competencia que antes eran exclusivas del Estado-nación. Normalmente se piensa que la democracia es local y que a los individuos de una localidad les corresponde tomar decisiones, es decir, la democracia mantiene las decisiones en el ámbito puramente local. Esto es, la democracia es un proceso activo.

La teoría de la democracia interceptada con el enfoque de la economía política internacional comparativa para analizar el fenómeno de la globalización, tal como lo conceptúan las agencias internacionales, como el Banco Mundial, tiene muchas limitaciones. La principal es que ofrece un marco de referencia opuesto, de acuerdo al análisis de Birchfield, (1999) quien examina la globalización económica neoliberal desde la perspectiva de la teoría de la democracia y, además, critica la ideología del mercado para deslegitimar el pensamiento político como un punto de partida para la acción democrática.

La nueva economía política se enfoca al crecimiento económico prioritariamente y a la calidad de la gobernabilidad democrática. La ideología neoliberal que fundamenta la economía capitalista impulsa los procesos de globalización. La promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra

Otros analistas critican que la democracia haya triunfado en los Estados-nación que han dejado de tomar decisiones en asuntos que son importantes para ellos. Las decisiones en materias de políticas públicas se han transferido del ámbito público de los Estados nacionales al ámbito privado internacional de los organismos internacionales que representan a los grandes intereses transnacionales y que transgreden las fronteras de los estados-nación. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas.

Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales controlan los comportamientos locales mediante la aceptación o rechazo de las acciones de los actores y definen la ideología dominante en principios de libre mercado y competitividad, los cuales introducen aparentemente como resultado del interés colectivo de la ciudadanía. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula. Esta corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales apoyados por los estados imperiales, para aumentar su influencia y poder.

Para promover la expansión territorial en la globalidad de las grandes corporaciones transnacionales estadounidenses y europeas, el poder financiero hegemónico a través del Estado imperial ataca las limitaciones políticas y culturales de los Estados-nación que representen ser obstáculos a su objetivo. En cada nueva fase de expansión de las grandes corporaciones transnacionales se ha requerido del apoyo de los Estados imperiales, los cuales efectúan primero la expansión militar y política. Así, los procesos de globalización aceleran los procesos de desterritorialización del Estado nacional para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales de unidades territoriales geopolíticas y geoeconómicas.

Las estrategias de crecimiento internacional de las corporaciones se orientan a la creación de verdaderas corporaciones globales mediante la adquisición de empresas nacionales y locales en todos los países del mundo para expandir sus objetivos corporativos. Las corporaciones globales constituyen grupos de empresas transnacionales y multinacionales cuya localización no está delimitada a una nación en específico, sino que puede estar en todos los Estados-nación donde hay apertura comercial, pero generalmente sus centros corporativos donde se toman las decisiones más importantes se localizan en los Estados imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) con los cuales actúan en sinergia. De acuerdo a Petras (2001d), la movilidad se basa en “decisiones estratégicas tomadas por la dirección en los cuarteles generales de los centros imperiales. Estas decisiones dependen de las condiciones políticas y económicas creadas por el Estado imperialista y sus representantes de las IFIs. La movilidad esta supeditada a las relaciones entre estados.”

Petras (2001c) afirma que “el alcance de las corporaciones globales”, se estimula por la guerra de clases contra los trabajadores más que por la revolución tecnocientífica, así como por la reducción o eliminación de la asistencia social. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Cuando las corporaciones se expanden en la globalidad, sus niveles de competitividad ya no se circunscriben a un solo país o región, y se constituyen en lo que se denomina competitividad de clase mundial. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Para convertirse en corporaciones globales, estas estrategias de crecimiento internacional tienen varios propósitos, entre los más importantes se encuentran la adquisición y aprovisionamiento de importantes recursos a precios bajos en los países menos desarrollados, con el fin de ganar la competencia de precios de productos en los mercados internacionales. Estas corporaciones compiten entre sí en cualquier lugar, para lograr su globalización mediante la integración de todas sus actividades y operaciones y para afianzar su presencia en todos los mercados.

Las repercusiones de las fuerzas de la competitividad global y del cambio tecnológico se presentan en los niveles del Estado-nación, de las empresas y de los individuos. En el modelo de Veliyath y Zahra (2000), los conceptos que definen la competitividad en el Estado-nación son la soberanía, la cultura, los valores sociales, el desarrollo humano y los estándares de vida. Al nivel de empresa, los conceptos definitorios de competitividad son la jerarquía, la arquitectura estructural, las capacidades, las competencias, los recursos y las estrategias. Al nivel individual son los estándares de vida, el bienestar funcional, el crecimiento personal, el incremento del capital humano, la libertad personal y la seguridad física. Así, la competitividad se encuentra inextricablemente ligada a la tecnología y a los procesos de globalización.

El discurso neoliberal es fuerte y difícil de combatir. Los procesos de globalización neoliberal fragmentan y debilitan a los actores políticos y sociales, los mecanismos de representación de la ciudadanía y diluyen las identidades colectivas. Los procesos de la individualización enfatizan la presencia del individuo por sobre lo colectivo, escindiendo en forma nominalista entre el individuo y la sociedad, mediante el debilitamiento de los referentes materiales y simbólicos de las identidades colectivas. Estas identidades siempre encuentran los vehículos de expresión en las diferentes unidades espaciales territoriales en unidades locales, regionales, nacionales e internacionales. La fragmentación de las identidades culturales, étnicas, religiosas, políticas, etc., provoca profundos conflictos entre las sociedades.

Por otro lado, la teorización holística de la economía política internacional es una forma contestataria de la creciente globalización neoliberal y a la correlativa representación democrática. La multi dimensionalidad de la globalización está estrechamente vinculada con la idea de conectividad compleja como una condición del mundo moderno (Tomlinson, 1999) Por conectividad compleja el autor entiende que la globalización se refiere a la red de interconexiones e interdependencias que rápida y densamente se desarrollan y que caracterizan la vida social moderna. El pensamiento social burgués separa los dominios económico y político de la vida social (Amín, 2001) mediante la adopción de diferentes principios específicos.

Conectividad significa que la geografía y el tiempo no son una limitación para las personas que interactúan, participan y se involucran en actividades globalmente. Así, la geografía económica y política del espacio nacional están cediendo su lugar a la geografía política y económica en los ámbitos espaciales regionales o globales. La conectividad se refiere al hecho de que en la actualidad, las comunidades, grupos e individuos en todo el mundo comparten un conjunto común de expectativas y principios (Ali, 2001). En la era de la globalización, la interdependencia se manifiesta en la ocurrencia de eventos que tienen lugar en un lugar determinado tienen un impacto inmediato y directo en otras partes del mundo.

Sería ingenuo pensar que la magnitud de las transformaciones de los procesos de globalización no afectan e implican redefiniciones sociales. Estas redefiniciones de las estructuras sociales ha hecho que las partes no sean indiferentes al mensaje de la globalización. Las representaciones colectivas de la realidad de los individuos inciden en los anhelos de cambio. Al cambiar el orden de la vida social debido a los impactos de la globalización en las diferenciaciones en las estructuras sociales, también se modifican las estructuras culturales y sociales.

Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. De hecho, la globalización es vista aquí como un conjunto de estructuras y procesos económicos, sociales y políticos que derivan de un carácter cambiante de los bienes y activos que comprenden la base de la economía política internacional, y más particularmente la diferenciación estructural creciente de estos bienes y activos (Lawrence, 1996).

Las conexiones existen en un número diferente de modalidades que varían desde las relaciones socio-institucionales que proliferan entre los individuos y las colectividades en todo el mundo, hasta la idea de un flujo creciente de bienes, información, gente y prácticas a través de las fronteras nacionales, por cierto, cada vez más frágiles y disminuidas. El concepto económico territorial de fronteras nacionales está dejando paso a la internacionalización del comercio, donde ya no es fácil determinar el origen de la mercancía. La frontera de la comunicación es quizá la que más ha sido modificada por los procesos de globalización. Incluyen las modalidades más concretas de conexión proveída por los desarrollos tecnológicos tales como el sistema internacional de transporte aéreo rápido y la más literalmente “sin cables” sistema de comunicaciones electrónicas.

La economía encuentra límites para explicar, describir y predecir los cambios que los procesos de globalización están motivando. Para analizar los diferentes niveles tales como por ejemplo, el individuo, la sociedad, el Estado, el mercado, la región, lo internacional, etc., debe considerarse toda la complejidad estructural y holística del sistema global. Las instituciones locales, nacionales, regionales y mundiales ponen en marcha complejos sistemas regulatorios de políticas y procesos de toma de decisiones. Hay escasas evidencias de que la región consiste de “sociedades postmodernas” o que se está moviendo a una era postmoderna.

Las instituciones locales tienen como reto asumir funciones para intervenir en las actividades económicas. Para comprender el sistema global es también necesario analizar las implicaciones de los factores históricos del sistema del sistema internacional capitalista y la desigualdad de sus efectos en los Estados-nación. Los procesos de globalización representan una configuración coyuntural de varios procesos históricos. La principal tarea de las ciencias sociales y econonómico- administrativas sobre los análisis de la globalización con base en modelos que enfaticen los enfoques transdisciplinarios y plurales (Robertson, 1990)

La conceptualización de la globalización dentro del campo específico de las ciencias económicas, como un fenómeno del mercado capitalista es una tendencia unidimensional muy fuerte, si bien se manifiesta como un fenómeno multidimensional que comprende procesos complejos. Las dos metatendencias, el cambio tecnológico fundamental y el ethos de la apertura, transforman el mundo en una civilización de civilizaciones. En términos generales, el fenómeno de la globalización es inevitable y se puede estar en favor o en contra, pero finalmente lo importante es decidir como confrontarlo o rechazarlo.

Esta aseveración es bastante discutible, si en realidad es la globalización un proceso inevitable y que además escapa al control de los agentes económicos, y actores sociales y políticos. No obstante, El estado considerado como un importante actor social sigue jugando un papel importante en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo equitativo y equilibrado entre las diferentes regiones y localidades. La acción gubernamental tiene bajo su protección la producción de este crecimiento económico y es una de sus principales preocupaciones.

La tendencia a ver los procesos de globalización como oportunidades para los negocios van de acuerdo con este enfoque, como por ejemplo en el análisis de Ohmae (1995a) quien llega a argumentar que “los Estados-nación tradicionales se están convirtiendo en naturales, incluso imposibles, [como] unidades de negocios en la economía global.”. Algunos de sus críticos, como Hirst and Thompson (1996) retan las ideas conectadas con la transnacionalización de la economía y la redundancia del Estado-nación.

Argumentan que una crítica a la dimensión económica es fatal también para otros aspectos, ya que sin la noción de una economía globalizada muchas de las otras consecuencias que se aducen en los campos de la cultura y la política cesan de sostenerse o dejan de ser menos amenazantes. Una economía global se apoya en la idea de una economía sin naciones Estado bajo el influjo de una ideología de libre mercado, exagera la autonomía del capital con respecto a Estado.

Aceptadas las dificultades para abordar metodológicamente la globalización como un fenómeno unidimensional, tenemos que reconocer que debe ser analizada en los “términos de procesos simultáneos y complejamente relacionados en aspectos de economía, política, cultura, tecnología y otras áreas, que involucran todo tipo de contradicciones, resistencias y fuerzas que se oponen unas a otras en una misma dinámica”, siguiendo a Tomplinson, (1999) La globalización es definida completamente como un fenómeno por el Banco Mundial.

Lo que aquí se propone es una crítica a la hegemonía de la globalización neoliberal con su correlativa democratización que ha servido de fundamento a quienes resisten y se oponen a su avance y profundización por considerar que tiene de su parte todas las relaciones de fuerzas que orientan las decisiones económicas de quienes dominan el mundo. Todo proceso de democratización de la sociedad, para ser real, tiene que realizar primeramente una transformación socialista. El proyecto de la globalización que propone un mundo único, con un mercado homogéneo, es altamente discutible por las dificultades que presenta su posible existencia, sobretodo bajo la hegemonía del capitalismo con su potencial latente de autoritarismo.

Esta hegemonía global del capitalismo neoliberal o neocapitalismo, se expresa en el poderío militar de los Estados Unidos y en la expansión de las grandes corporaciones transnacionales que atacan todas las posibles coacciones sociopolíticas. A la expansión de las corporaciones transnacionales precede la expansión militar y política. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales, se requería de la participación del Estado imperial.

Las grandes corporaciones transnacionales se reparten el mundo con el apoyo de los Estados imperialistas aumentando su poder e influencia. El Estado imperial siempre actúa en sinergia con las grandes corporaciones multinacionales. Estados Unidos usa en forma irrestricta el poder militar para imponer su hegemonía en el mundo. El imperio mercantilista estadounidense confronta una doble realidad. Por un lado se expande y por la otra confronta una crisis económica. Concentra y centraliza el capital, además.

Petras (2001c) argumenta que “el crecimiento y la conquista de mercados extranjeros es hoy en día el producto de empresas gigantes ligados a poderosos estados euro-americanos y que puede, en el mejor caso, ser considerado como parte de un proceso de construcción de un imperio, en vez de algo que parezca globalización”. Por lo mismo, es más exacto hablar de imperialismo que de globalización, o más propiamente de un neoimperialismo.

Siguiendo a Petras (2001d), el imperialismo “toma muchas formas pero persigue objetivos similares: la conquista de los mercados del tercer mundo, la penetración en economías competidoras y la protección de los mercados domésticos.” Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Sin embargo, este imperialismo neoliberal está siendo reemplazado por el neo-mercantilismo o imperialismo mercantilista. El imperio se ha expandido más en los últimos años (Petras, 2001b) subordinando a sus aliados, imponiendo regímenes clientes en el Tercer Mundo, extendiendo y profundizando “el control imperial contra los desafíos populares”. En el sistema imperial, las empresas transnacionales de los Estados imperialistas dominan los mercados y los Estados nacionales.

La concentración del poder mundial, siguiendo a Petras, se orienta más a la formación de un “imperio mundial” integrado por las grandes corporaciones multinacionales mundiales que operan en sinergia con Estados imperialistas, que a la concepción de globalización. Es más propio hablar de imperialismo que de globalización cuando la propiedad y dirección de estas corporaciones son estadounidenses. No obstante, este nuevo imperialismo calificado de neoliberal, siempre fue un mito ya que los Estados imperiales no han adoptado todos los principios del libre mercado, sino que en vez de una apertura completa de sus mercados, esta ha sido selectiva.

Actualmente el imperio confronta un período de crisis y para la consolidación de su dominio frente a la competencia de la Unión Europea y Japón, ha lanzado la tercera guerra fría. La tríada que controlan y mantienen los poderes internacionales, luchan entre si por encontrar un equilibrio mediante el incremento de medidas proteccionistas hacia el interior de su bloque económico regional. Así que la crisis actual se manifiesta en la recesión económica, el colapso de la especulación financiera y una intensificación de la competencia. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Esta expansión de las corporaciones transnacionales va en sentido contrario a la vieja tendencia de una corporación controlada desde un territorio base, siempre en un Estado imperialista con el que operan en sinergia. En cada fase de la expansión de las grandes corporaciones transnacionales se requiere el apoyo del Estado-nación. La expansión de las corporaciones transnacionales requieren de la expansión militar y política previa de los Estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Las grandes corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales para aumentar su dominio e influencia. La retórica del poder militar hegemónico en el mundo, justifica las intervenciones militares en los demás países del mundo por “razones humanitarias”, para imponer la democracia como sistema de gobernabilidad global o en nombre de los derechos de los pueblos.

La implantación de una gobernabilidad global entraña grandes peligros para la humanidad. Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. Si nuevos problemas ocurren o nuevos actores políticos entran al juego, la adaptación es preferida sistemáticamente a la reforma, lo que significa que no nuevos puntos de veto son institucionalizados, lo cual cambiará considerablemente la posición del sistema político en el continuo mayoritario-negociación.

¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”. La adaptación al cambio involucra costos de transacción más bajos y mejores resultados que la reforma. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma La reforma solamente será llevada si los costos políticos de mantener los arreglos institucionales actuales son más altos que los esperados costos de transacción del cambio (Kaiser, 1997).

Con el deterioro del liderazgo económico de los Estados Unidos, a pesar de que conserva la hegemonía militar, están surgiendo otras potencias que rivalizan y organizan bloques comerciales con otros países para participar con ventajas en los mercados mundiales, y los vuelven altamente competitivos. Para mantener su hegemonía, los Estados Unidos llevan a cabo una estrategia sistemática de demostración del poder militar, mientras que se muestra defensor de la democracia, la paz universal, el progreso material y los derechos de los pueblos.

Los procesos de democratización implican el balance del ejercicio del poder de las diferentes fuerzas económicas, políticas y sociales. Estas fuerzas no conspiran clandestinamente para el control y dominio del mundo, sino por lo contrario, gracias a los procesos de globalización se manifiestan abiertamente, y se mueven a su antojo bajo la consigna totalitaria de todo el poder a los mercados.

Las olas masivas de democratización desde la mitad de los setentas ha causado en los institucionalistas clásicos que se preocupen por dos temas de importancia considerable para la constitución y construcción y el entendimiento de las precondiciones de la estabilidad democrática, el debate sobre las ventajas y desventajas de los sistemas parlamentarios y presidenciales y cómo mezclar sus características institucionales. los efectos disfuncionales en las instituciones de los tipos puros. Resulta claro que para que los procesos de democratización de la sociedad avancen, es necesario que exista una transformación socialista. No obstante, bajo la consigna de globalización, el capitalismo imperialista estadounidense asegura el dominio mundial y, además, puede justificar intervenciones militares para derrocar aquellos regímenes que no obedecen a las consignas.

Hasta ahora poco se ha estudiado desde un enfoque transdisciplinario y holístico el sistema político en general y el papel del gobierno en la sociedad industrial en lo particular. Y menos todavía se han analizado rigurosamente, desde una perspectiva metodológica plural, los arreglos y estructuras organizacionales y las interacciones entre los diferentes agentes económicos que operan en el sistema económico. Los agentes económicos actúan en forma colectiva en el mercado. La economía está relacionada con la conducta de los agentes económicos, ya sean empresas o individuos, oferentes o consumidores, etc. Cualquier sistema económico, ya sea local, nacional o mundial, es una compleja red de intercambios y agentes. La economía conceptualiza a los individuos como Homo economicus , es decir, como calculadores fríos, sin apego a las emociones, de los máximos beneficios. Se espera que el Homo economicus siempre elija que es óptimo.

La combinación ordenada de las fuerzas del mercado, tales como la competencia y el arbitraje, junto con la evolución, son el motor del desarrollo. Si todos los posibles intercambios se presentan en un momento determinado el sistema se vuelve caótico. La irracionalidad de las acciones genera la oportunidad del arbitraje para alguien más. No se puede confiar totalmente en los mercados para hacer racionales a los agentes económicos. La gobernabilidad del sistema es representada por diseños de estructuras de relaciones entre agentes y principales, en las cuales el principal estipula un contrato generalizado con todos los subordinados (agentes) en el que decide que tanto poder de control les delega así como las compensaciones y recompensas por el buen ejercicio de este poder de control. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder.

La amplia gama de relaciones contractuales en los fenómenos organizacionales se comprenden mejor desde la perspectiva de la estructura de governance. El concepto de governance y el de gobernabilidad son interdependientes y operacionalizables en las estructuras institucionales de los diferentes sistemas económicos, sociales y políticos, aunque se refieren a distintos fenómenos sociopolíticos. Las estructuras de governance tienen efectos sobre la gobernabilidad (Cerrillo, 2001)

Los procesos de globalización transforman las configuraciones de organización, agencia e identidad, en las fronteras de las disciplinas económico-administrativas. Estas transformaciones se centran en preocupaciones como el etnocentrismo de las teorías administrativas internacionales en una complicidad con las teorías administrativas y organizacionales occidentales y con las organizaciones transnacionales cuyas prácticas y políticas afectan la vida de miles de millones de seres humanos y transgreden las funciones tradicionales del Estado nacional.

Los cambios organizacionales de las corporaciones globales más importantes se orientan al diseño de estructuras más flexibles, reducción de los costos de transacción, flexibilidad en los sistemas de producción, intensificación de las innovaciones tecnológicas mediante fuertes inversiones en investigación y desarrollo, formación de capital intelectual, humano, relacional, reputacional, etc., entre otros, los cuales son una base para alcanzar la competitividad en la globalización. Los acuerdos de inversión multilaterales entre diferentes Estados, se realizan con la participación de las grandes empresas multinacionales. De acuerdo al análisis que hace Petras (2001c), el 88 por ciento de los gastos totales en investigación y desarrollo son hechos en el país “madre”, y sólo un 12 por ciento en las subsidiarias que tienen una participación mayoritaria en el extranjero.

Estas corporaciones globales se localizan cerca de los mercados y cerca de donde se encuentran sus insumos, a efectos de reducir los costos tanto de aprovisionamiento como de acceso a los mercados nacionales y locales. No obstante, las corporaciones globales siguen manteniendo fuertes lazos con el Estado-nación en donde tuvo su origen, en donde se ubican sus estructuras corporativas y centraliza sus procesos de decisiones. Así, las grandes corporaciones transnacionales operan en sinergia con los Estados imperiales. Las corporaciones transnacionales se reparten los mercados mundiales con el apoyo de los Estados imperiales para aumentar su dominio y poder. Mediante el desarrollo de capital intelectual, las organizaciones adquieren, cultivan, desarrollan y aprovechan las capacidades cerebrales de los miembros o trabajadores.

Petras (2001c) concluye que la corporación global es un mito y argumenta que la expansión y el control por las corporaciones multinacionales globales “no cambian su carácter permanente como relacionadas a naciones-estados; ni sus operaciones internacionales han transformado su carácter de construcción de un imperio centralizado.” La expansión de las corporaciones transnacionales requieren de la expansión militar y política de los Estados imperiales.

Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales se requería el apoyo de los estados imperiales. Estas grandes corporaciones que se expanden globalmente por un lado mientras que por el otro, concentran y centralizan el capital y los beneficios que obtienen de sus operaciones, siempre en sinergia con los Estados imperiales.

No obstante las transnacionales no se sienten responsables cuando sus prácticas y políticas afectan negativamente a las sociedades, porque su carácter supranacional les permite tener libertad para buscar posicionamientos en el mercado global, por encima de reglamentaciones y de fronteras, sin que exista Estado nacional o institución internacional que regule sus actividades. Las instituciones internacionales de desarrollo basadas en el conocimiento, oficialmente toman la posición de poseer la verdad en materia de principios del desarrollo, hasta convertirlo en un dogma, obstaculizando y descalificando la existencia de otros puntos de vista alternativos.

Estas instituciones internacionales carecen del elemento que hace posible la democracia y que facilita la rendición de cuentas. Si una organización internacional de desarrollo basada en el conocimiento promueve reformas o cambios institucionales, debería de aceptar compartir las fuentes del conocimiento con otros actores, cosa que no sucede en el modelo de desarrollo impulsado por el neoliberalismo. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Puede ser verdad que los cambios institucionales usualmente ocurren como las reacciones de personas con visión estrecha a lo que perciben como más o menos un rango estrecho de necesidades. Así, los procesos de globalización desarrollan y fortalecen a los nuevos poderes supranacionales.

Las empresas transnacionales producen y comercian a través del globo buscando la ventaja económica con apoyo en una administración multinacional sobre una base nacional. Lo hacen mediante la insistencia en la eliminación de las regulaciones de los Estados nacionales a fin de establecer relaciones de poder de los Estados imperiales sobre ellos. Las prácticas administrativas y organizacionales están orientadas a cambiar la cultura para reorientar las instituciones en un enfoque “hacia fuera”. Una nueva cultura de la administración viene a dominar el medio ambiente de las corporaciones globales que alcanzan niveles altos de expansión mediante el empleo de estructuras multidimensionales que les permite alcanzar ventajas competitivas sobre sus principales rivales.

El éxito de esta estrategia depende la participación de los diferentes actores que preparan los cambios desde las instituciones del Estado para trasladar el poder fuera de las organizaciones mismas y dar forma a nuevas configuraciones de clase. Giddens (1984) y Clegg (1990) sostienen que las reformas son modificadas por los actores y la dinámica del “agency”. El poder se traslada para quedar en organizaciones que no son democráticas, en las instituciones supranacionales y en las empresas transnacionales. La adaptación al cambio involucra costos de transacción más bajos y mejores resultados que la reforma. Si nuevos problemas ocurren o nuevos actores políticos entran al juego, la adaptación es preferida sistemáticamente a la reforma, lo que significa que no nuevos puntos de veto son institucionalizados, lo cual cambiará considerablemente la posición del sistema político en el continuo mayoritario-negociación.

La globalización puede ser estudiada como fenómeno, teoría, ideología, proceso y como política. El estudio de la globalización como fenómeno es una función del nivel de desarrollo tecnológico, principalmente en las telecomunicaciones y la informática que permiten aumentar los flujos de todo tipo de interacciones entre los seres humanos de cualquier parte del mundo, sin importar las fronteras. La cultura informática se ha intensificado y expandido incrementando exponencialmente el número de contactos y relaciones sin importar tiempo ni espacio.

La globalización es un fenómeno que transforma en tiempo y espacio las interrelaciones de los individuos y conglomerados humanos interconectados para la realización de actividades que generan valor agregado mediante sistemas productivos más eficientes. Tiempo y espacio se vuelven conceptos más abstractos. Las relaciones espaciales se han alterado y no equivalen a territorio y por tanto a autoridad política. El concepto de espacio evolucionó de una concepción territorial a una concepción más dinámica y abierta.

El aceleramiento de los procesos de globalización han traído consigo cambios profundos mediante la desterritorialización del estado nacional para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales de territorialización geopolítica y geoeconómica. Arellanes Jiménez caracteriza este nuevo espacio como un “concepto dinámico, abierto, cambiante, flexible y multilineal s histórico que se va aplicando a diversas circunstancias, coyunturas, cambios, actores, sujetos y relaciones.”

La globalización trata de una creciente interacción de los mercados con signos de conflicto y cooperación entre los Estados y las empresas (Sánchez Albavera, 1995) Las agencias internacionales, como el Banco Mundial conceptualizan la globalización como un fenómeno. La globalización tratada como un fenómeno pone un especial énfasis en las relaciones económicas que se realizan entre agentes económicos de distintas naciones.

La globalización como teoría surge con los trabajos de Adam Smith, un filósofo moralista que contradice los principios de la teoría mercantilista de la política económica que establece que un Estado progrese económicamente debe restringir sus importaciones y promover las exportaciones, argumentando que la competencia y la especialización de las actividades económicas son los elementos clave. La competencia y la especialización se incrementa cuando se lleva a cabo el comercio entre países con sistemas de economía abierta.

La competencia o “mano libre” de las fuerzas del mercado emplea los mejores recursos para ser usados más eficientemente, lo cual involucra la especialización o división del trabajo. Así, los procesos de globalización propician una nueva división internacional del trabajo, en el cual éste se delimita geográficamente, mientras que el capital no encientra fronteras. En esta nueva división, el trabajo se localiza, es decir, se vuelve local, mientras que el capital se globaliza.

La especialización y la competitividad son efectos del libre comercio en las economías nacionales que tienden a ser positivos si se persiguen políticas progresivas de prácticas de los principios democráticos y de libertad. Existen bastantes evidencias de que las naciones del tercer mundo que se abren al comercio internacional, estimulan su crecimiento, a pesar de que pueden experimentar crecimiento negativo y grandes desajustes durante períodos cortos. A su vez, la competencia y la especialización son los elementos clave para alcanzar la prosperidad económica de una sociedad abierta aunque se fundamente en la satisfacción del egoísmo humano.

Como mecanismo de motivación, la competencia es promovida por el sistema imperialista, y más concretamente por los Estados imperialistas rivales bajo el argumento que la naturaleza humana así sometida empuja al progreso de la humanidad.. El egoísmo individual es el origen del progreso económico que tiene por condición la apertura política de la sociedad. Por este mismo individualismo es que la tendencia del sistema capitalista es hacia el autoritarismo, ya que exacerba los derechos individuales por sobre los colectivos.

La teoría desarrollada por Smith conecta la naturaleza humana con las políticas públicas cuando sostiene que los individuos son egoístas por naturaleza motivados para perseguir aquéllas actividades económicas que sirven a su mejor interés. Los economistas enfatizan las acciones de auto interés de los agentes económicos, se guían por su propio interés para lograr el máximo de beneficios. La naturaleza egoísta del ser humano lo motiva a un deseo creciente y continuo de consumo de bienes y servicios que el sistema capitalista se encarga de alentar.

Por otro lado, los trabajos de David Ricardo sobre las ventajas comparativas y su interpretación moderna en el modelo Heckscher-Ohlin de comercio internacional, establece que las diferencias en las ventajas comparativas en la producción de diferentes mercancías se deben a las diferentes dotaciones de factores. Los países que cuentan con más mano de obra, deben especializarse en la producción y exportación de productos y servicios que empleen mano de obra. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. Como conclusión, los procesos de la globalización benefician a los países con economías abiertas.

McGrew (1990) sostiene que la globalización constituye una multiplicidad de ligamientos y conexiones que trascienden a los Estados-nación, y por implicación a las sociedades, lo cual forma el sistema mundo moderno. Define el proceso a través del cual los eventos, decisiones y actividades en una parte del mundo puede tener una consecuencia significativa para los individuos y las comunidades en partes bastante distantes del mundo. Una de las características de la globalización es que más que desarrollarse un nuevo proceso, se han intensificado e interconectado viejos procesos. Lo que hay es una profundización de los procesos, más que un cambio cualitativo en la estructura global de la economía.

Como proceso, la globalización pretende cancelar todo proyecto ideológico que no sea el proyecto centrado en la economía, el mercado, las finanzas y la competitividad, como un pensamiento único. Pero en realidad, este pensamiento único no existe, más bien el mundo tiende a fragmentarse más que a unificarse.

Por lo tanto, en este sentido profundiza las teorías mercantilistas y se erige en lo que Chomsky (2001) denomina un “mercantilismo de las corporaciones”, en donde las decisiones sobre las relaciones económicas, sociales y políticas son realizadas por las organizaciones privadas, transnacionales, sin que exista ningún tipo de mecanismo social que establezca equilibrios y controles.

Para Petras (2001c), este sistema corresponde a un imperialismo neo-mercantilista cuyo contenido es definido por “el comercio dirigido por el estado, combinando la protección de los mercados internos y la intervención agresiva para asegurarse ventajas monopolistas en el mercado externo y beneficios para las inversiones”. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

En este sistema imperial, las empresas transnacionales dominan los mercados y los Estados nacionales. Este nuevo mercantilismo monopoliza la mayor parte de las regiones comerciales. Bajo la forma de imperialismo mercantilista, el Estado imperial toma decisiones unilaterales para maximizar las ventajas comerciales, aplica el proteccionismo y la intervención estatal internamente para favorecer los intereses empresariales, pero externamente defiende los monopolios mediante la exclusión de competidores y las leyes del libre mercado en todo su imperio.

El liberalismo tiene como centro la doctrina del mercantilismo envuelta en la fina retórica de la democracia. De hecho, el Estado nacional pierde su capacidad de regulación social y su poder institucional para mantener un equilibrio entre los diferentes agentes económicos y actores sociales y políticos. No obstante, el Estado sigue siendo un actor social importante en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo en forma equitativa y equilibrada. Al respecto, Camdesus (1996) ha dicho que “Hay que humanizar los mecanismos de globalización haciendo que maduren todos sus gérmenes de crecimiento y solidaridad, manteniendo a raya las fuerzas del marginamiento.”

Las altas ganancias de las corporaciones son producto de los altos rendimientos de la tecnología. Quienes se benefician de estas utilidades son los accionistas y la elite tecnócrata. Es muy cuestionable la posición de Ali (2001) que sostiene que la globalización significa la habilidad de una corporación para conducir negocios entre las fronteras en un mercado abierto, y la maximización de los beneficios organizacionales, sin que se inflijan daños sociales o violaciones a los derechos de las personas de otras culturas. De hecho, a las corporaciones no se les obliga a que se ajusten a los requerimientos de sustentabilidad, y si en todo caso se hiciera, se generan tensiones para cambiar las reglas del juego en las que operan.

Este imperativo de competitividad conduce, según las palabras de Gorz (1998), “irresistiblemente a la globalización de la economía y al divorcio entre los intereses del capital y del Estado-nación”. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La doctrina económica neoliberal y monetaria se convirtió en el nuevo pensamiento único en que se apoya la economía global y que se consolida con el apoyo de una política económica del Estado, y por lo tanto, como una orientación estratégica, se define la política de Estado. Pero el concepto de economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales al exagerar la autonomía de los capitales bajo el influjo de la ideología del libre mercado.

Lo más importante de una política de Estado es su capacidad de funcionar como un sistema de información que explicita las estructuras del poder mismo y que por lo mismo está sujeto a presiones y manipulaciones de los diferentes agentes económicos. En teoría política, uno de los conceptos de Estado involucra el ejercicio del poder a través de instituciones políticas que garantizan la gobernabilidad, independientemente de que esta sea democrática, dentro del territorio en el que ejercita este poder.

Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Ramos (2001) concluye que la red de poder democrático se activa en un proceso cíclico que fluctúa entre la mercantlización y la estatalización, la adhesión y la apatía, la participación y la inhibición”. Sin embargo, la profundización y amplitud de cobertura de los procesos financieros vulneran las políticas macroeconómicas de los estados-nación.

Los procesos de globalización se acompañan de una impresionante destrucción de las instituciones. El proyecto político neoliberal en implementación es el de una destrucción metódica de las colectividades (Bourdeau, 1998), que tiene como finalidad crear las condiciones bajo las cuales la doctrina económica puede realizarse y funcionar. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación.

Las dos grandes tendencias de este proyecto utópico neoliberal, agrega Bourdeau, son la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal del neoliberalismo. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar). Este proceso de colectivización puede ser si las sospechas iniciales son eliminadas.

Para otros analistas, las crisis financieras sólo reflejan el colapso del neoliberalismo y son los síntomas de un crecimiento desacelerado, más que sus causas. Quizás por esta razón, los estados imperialistas se aprestan a desempeñar el papel de gestores de crisis financieras y económicas de Estados menos desarrollados y de empresas transnacionales con graves problemas financieros. En primer término al Estado, que es el depositario de todos los valores universales asociados con la idea de esfera pública. De ahí a la imposición en las altas esferas de la economía, el Estado y en las corporaciones de la moralidad basada en un Darwinismo social que rinde culto al ganador e instituye una lucha de todo contra todo y establece en cinismo como la norma de conducta y de la acción.

La globalización como política aplica la teoría del comercio internacional, en cualquiera de sus versiones como la mercantilista o la de laissez-faire, para la formulación e implementación de políticas públicas que claman tener como finalidad elevar el bienestar de la sociedad. El principal vehículo para el crecimiento y expansión del comercio internacional son