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LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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El nuevo modelo global emergente.

Los fenómenos de globalización económica han tenido un proceso evolutivo que dura varios siglos y han existido inherentes a los procesos de internacionalización económica que a su vez son el resultado de procesos de acumulación de capital. Los países del denominado Tercer Mundo que fueron colonias de las potencias europeas por varios siglos, experimentaron el fenómeno de la globalización política. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. La revolución Industrial en el siglo XIX y la revolución tecnológica del siglo XX son factores importantes que contribuyeron al crecimiento acelerado de las mega corporaciones transnacionales que pugnan por penetrar en las economías nacionales, aún en las más cerradas, y por posicionarse en los mercados mundiales.

La también denominada tercera revolución científico tecnológica ha sido vista como una causa que impulsa los procesos de globalización porque facilita los flujos de capital en una economía global, la que ha sido llamada como Nueva Economía. El mismo concepto de economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales y exagera los alcances y el papel de la autonomía del capital bajo el influjo de una ideología de libre mercado.

El impacto de la Nueva economía sobre el crecimiento económico se exageró, ya que con la reciente crisis queda demostrado que no resuelve los problemas del sistema capitalista, sino que se vuelve más vulnerable a los movimientos especulativos del capital. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados.

Esta revolución científico tecnológica fue impulsada por los avances en la tecnología de la información, la biotecnología y en las fibras ópticas. La revolución tecnológica se le consideró como la revolución en la revolución. La revolución tecnológica informacional trae consigo aparejados cambios más profundos que la revolución industrial y la causa de las revoluciones en lo social, económico, político, cultural, etc.

Para Petras (2001c), esta revolución ha sido un mito, no ha existido como una forma de medida empírica de aumento de la productividad, atrajo cuantiosas inversiones que desvió de usos más productivos hacia un sector económico con altos niveles de especulación financiera y vulnerabilidad que terminó en una burbuja financiera reventada. No obstante, Petras sostiene que “las mediciones básicas de una revolución tecnológica son los que los autores llaman la ‘productividad de factores múltiples,’ el aumento de producción por unidad de todas las producciones…las innovaciones de principios y mediados del siglo 20 fueron fuentes mucho más significativas de mejoras de la productividad en toda la economía, que los sistemas electrónicos de información computarizada de fines del siglo.”

Hoy, el mundo asiste a la tercera gran revolución capitalista apoyada por una expansión imperialista, la revolución de la globalización económica, la cual es cuestionada por quienes promueven la revolución democrática y la transformación de las formas de apropiación capitalista de la plusvalía por otras más colectivas. Bajo el imperialismo, las corporaciones transnacionales tienen acceso a los recursos baratos bajo la protección de las naciones más desarrolladas que justifican sus intervenciones en países menos avanzados en nombre de razones humanitarias, la democracia, etc.

Siguiendo a Petras (2001d), el imperialismo “toma muchas formas pero persigue objetivos similares: la conquista de los mercados del tercer mundo, la penetración en economías competidoras y la protección de los mercados domésticos.” Las otras dos olas expansivas del capitalismo inherente al imperialismo, tuvieron lugar después de la conquista de América y con la revolución industrial (Amin, 2001). En la primera fase se desarrolla el sistema mercantilista y se oponen las fuerzas de liberación que desafían la lógica de la producción.

La segunda fase de la expansión del imperialismo capitalista se inicia con la revolución industrial, la cual profundiza la polarización que ha aumentado la desigualdad y provoca confrontaciones entre los poderes imperialistas, surgen las revoluciones socialistas en la periferia y las revoluciones de liberación nacional.

El crecimiento de la economía capitalista está unido a la expansión imperialista. En la tercera fase expansiva del imperialismo globalizador, sus objetivos siguen siendo el control de los mercados mundiales y la explotación de los recursos de los países menos avanzados. En esta fase, la globalización económica equivale a la expansión del capitalismo imperialista de los mercados mundiales. Visto desde la perspectiva global y a través de los lentes conceptuales de la integración contemporánea en la economía capitalista global, se ha reforzado, sino acentuado esta extrema desigualdad así como las relaciones injustas de subordinación y dominación que mantiene y complementa esta desigualdad. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero.

La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo. La globalización de los mercados da forma al espacio de la política que da forma a las transformaciones sociales. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta.

Las mil empresas más beneficiadas y triunfadoras de la globalización concentran activos que superan en un 42 por ciento al producto interno bruto mundial calculado por el Banco Mundial en 28 billones 736 mil 978 millones de dólares. Las 100 muy grandes empresas transnacionales controlan el 70% del comercio mundial. No obstante, hay que dejar claro que no existe una relación significativa entre el crecimiento del comercio mundial y el producto bruto mundial. Sin embargo, hay quienes sostienen que la relación entre las tasas de crecimiento entre el producto interno bruto y la apertura comercial están estrechamente vinculadas dando como resultado de sus análisis que a mayor apertura del país en términos comerciales, mayor es el crecimiento y más rápido, a pesar de que reconocen la complejidad del problema (Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo, 2001).

El volumen de la economía financiera es 50 veces superior a la economía real. El valor de mercado de las mil empresas más beneficiadas es de 23 billones 942 mil 986 millones de dólares, cifra que equivale a 11.8 veces el producto interno bruto de todos los países latinoamericanos. El valor de mercado de la General Electric de 520 mil 250 millones de dólares es equivalente al producto interno bruto de México. Cualquiera de las 23 multinacionales más poderosas tienen ventas superiores a lo que México exporta.

De este selecto grupo de mil empresas 484 son de Estados Unidos, con más relevancia las compañías que forman parte de la llamada “nueva economía”. Es decir, que pertenecen a los sectores de la tecnología y las telecomunicaciones (Business Week del 10 de julio del 2000) Sin embargo, la nueva economía prolonga el ciclo económico de la vieja economía y demuestra que la productividad, según el análisis de Petras (2001c) fue mayor antes de la “edad de la información” que durante esta.

Así, frente a una rápida emergencia de la nueva economía y un consecuente colapso, vuelven a surgir las empresas de la vieja economía. Las principales generadoras de tecnología son las grandes corporaciones transnacionales, y por lo mismo, son las que mayor uso tienen para sus propios beneficios. La Nueva economía no trasciende la crisis capitalista, sino que por lo contrario, se vuelve “más vulnerable y dispone de menos recursos en qué apoyarse ya que buena parte de sus movimientos de capital dependen de expectativas especulativas de beneficios altos continuados (Petras, 2001d). El control de los movimientos de capitales por parte de los Estados imperialistas hacia las economías emergentes, tratan de orientarse hacia la desestabilización de regímenes nacionalistas.

Los grandes grupos financieros y de telecomunicaciones concentran el poder e imponen decisiones políticas a través de las agencias multinacionales, dando lugar a la formación de nuevas configuraciones de clase. La expansión de las transnacionales representa una tendencia estructural del capitalismo globalizador en la era de la revolución tecnológica y la consolidación de la “nueva economía” con 10 compañías del sector de las telecomunicaciones de las 25 primeras que encabezan la lista. El enfoque estructuralista de la modernización acepta los costos sociales como exigencias de la implementación del modelo y apuestan a la gobermabilidad que acota la subjetividad. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales se requiere el apoyo de los Estados imperiales. La propiedad y el control de las corporaciones transnacionales se concentra altamente en pocos Estados imperiales. Para mantener la confidencia en estos mercados globales, las corporaciones se ajustan cada vez más a las exigencias de los mercados. Cómo consecuencia de estos sucesos, se aceleraron los procesos de globalización.

Los procesos de internacionalización económica y de la información llevan ya varias décadas y han sobrepasado los niveles de integración económica logrados antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ya desde el siglo XVI se despliega un proceso de transnacionalización comercial progresiva y una mundialización de la economía y el mercado capitalista global, cuyas relaciones han generado profundas desigualdades.

El desarrollo histórico de los procesos de globalización representa una configuración coyuntural de varios procesos históricos. Este desarrollo histórico se divide en cuatro épocas. La época de la pre-industrialización que comprende los años anteriores a 1820, constituyó una época previa a la globalización en la que los flujos de los factores económicos fueron leves y el comercio distante se realizó en monopolios que manejaban productos clasificados como de ostentación. En esta época, Saint Simon es considerado uno de los precursores al hacer referencia a un internacionalismo utópico.

La segunda época comprende desde 1820, durante el resto del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, fue un período expansivo del comercio mundial y se considera que la verdadera globalización se realiza. Los trabajos de Marx (1971-1976) y Engels describen y registran los rasgos característicos de los mecanismos de coloniaje en que se dan estos procesos promotores de intercambios desiguales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

La tercera época que abarca el período comprendido entre las dos guerras mundiales, está caracterizado por inestabilidad de la economía mundial en la que los procesos de globalización sufren un retroceso para convertirse en economías autárquicas. En este período los precursores fueron Weber y Durkheim que tratan sobre el cambio social en la estructura global. Los funcionalistas de la década de los treinta en el siglo pasado sostienen que el principio de la elección racional fundamenta la internacionalización de los mercados y la democracia.

En economía tienen mucha influencia los trabajos de Keynes que promueven el desmantelamiento de los procesos de globalización mediante una política económica que alienta la intervención estatal en todas las áreas de la producción, distribución y consumo. Keynes sugirió que la regulación e intervenciones del gobierno es necesaria para promover una mayor equidad en el desarrollo. Se imponen barreras a los flujos del comercio internacional que restringen las relaciones de intercambio entre las naciones.

La cuarta época de la globalización comprende toda la segunda parte del siglo XX y al igual que la segunda etapa, se caracterizan por la expansión de los procesos de globalización. Entonces como ahora, los procesos de globalización son similares cualitativamente aunque con algunas diferencias cuantitativas (Aguirre Rojas, 2000) en las formas de producción, distribución, comercio y consumo.

Los movimientos de liberación nacional después de la Segunda Guerra Mundial terminan con un sistema de colonialismo. Sin embargo, al herencia colonia marcó las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Estos movimientos unieron a comunidades étnicas y religiosas en contra del capitalismo como un enemigo común. Los países que ganaron su independencia de las potencias europeas, entraron en los procesos de globalización económica. Así, la globalización económica sustituye al viejo sistema colonialista de las potencias europeas para la acumulación capitalista. Los procesos de la economía global son más inestables que nunca antes. A partir de esta guerra, los procesos de integración han pasado por dos etapas.

La primera inicia con los acuerdos de Bretton Woods para regular los flujos internacionales de capitales y establecer las tasas de cambio. La ideología del liberalismo fue el fundamento para la creación de las instituciones de Bretton Woods, para la prevención de problemas temporales de falta de equilibrio de la balanza de pagos y para la resolución de conflictos futuros de las naciones mediante préstamos para la reconstrucción y el desarrollo. En la segunda etapa más identificada con la globalización, la expansión financiera se propagó y se profundizó con la crisis de las instituciones del sistema monetario internacional y los acuerdos de Breton Woods.

La instrumentación de los planes para la reconstrucción económica durante el periodo de de la segunda guerra mundial, sienta las bases institucionales para la internacionalización de la economía y para la convergencia de las economías, las prácticas de los negocios y los estilos de vida. El período comprendido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el colapso del socialismo soviético, se caracteriza por proyectos de desarrollo, uno más orientado por una extensión de sociedad de mercado y el otro con una orientación idealista para el establecimiento de una sociedad justa, igualitaria y rica. Es la sociedad local y regional el actor social que adquiere relevancia para la promoción del crecimiento económico y el desarrollo más justo y equilibrado entre las diferentes regiones.

El proyecto desarrollista que emerge estabilizó la economía capitalista, sobre la base de una organización liberal y principios mercantilistas que sirven como fundamento al Estado-nación. La relación entre el Estado-nación y su ambiente internacional fue transformada radicalmente con la creación de un sistema político supranacional en el cual los Estados-nación son miembros y socios de nuevas agencias e instituciones internacionales creadas para establecer la gobernabilidad de un nuevo sistema económico, político y social mundial.

El diseño de este nuevo sistema sobre la base de una motivación de servicio que se exprese a través de la cooperación, debe implicar no solamente la satisfacción de los intereses actuales sino también la preservación de los recursos naturales para la satisfacción de los intereses futuros, con base en decisiones a largo plazo que beneficien a muchos en vez de decisiones a corto plazo y que beneficien solo a unos cuantos. Los manipuladores pueden tener la expectativa de que otros cooperan, dándose el problema del “gorrón”, pero las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes.

Se estableció un orden internacional más densamente integrado y gobernado que transformó las agendas políticas y cambió las prácticas de gobernabilidad de los Estados-nación miembros. El actual orden internacional existente es modificado por los conflictos de poder entre los Estados y los diversos intereses hegemónicos entre los grupos económicos, contrariamente a la tesis sostenida por Hungtington (1993) que sostiene que la fuente fundamental de conflicto no es ni ideológica, ni económica, afirmando y concluyendo que las grandes divisiones entre la humanidad y la fuente dominante del conflicto serán culturales.

Los conflictos bélicos ahora se presentan más entre los diferentes grupos con intereses específicos en un ambiente de globalizadad, más que entre Estados-nación. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Sin embargo, los Estados-nación se mantendrán como los actores más poderosos en el mundo, pero los principales conflictos de la política global ocurrirán entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones.

Sin embargo, las estructuras de la propiedad corporativa permanecen, hasta cierto punto, diferentes por sus formas de concentración y la influencia laboral. La movilidad internacional del trabajo calificado cambia el conjunto de restricciones bajo las cuales se formulan las políticas nacionales. El proceso de institucionalización de la economía ha sido acelerado a partir de la constitución del Grupo de los Siete (G-7), el cual ha asumido funciones de un gobierno económico global direccionado la globalización económica manifestada en la eliminación de las restricciones al comercio y a las finanzas.

Las economías capitalistas avanzadas se desarrollaron durante las siguientes dos décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, en simbiosis con los sistemas políticos democráticos que tienen una alta capacidad para la regulación efectiva y compensaciones de un Estado de Bienestar, basado en una economía de servicios complejos y fragmentados, porque toma como propia la obligación para proveer los servicios asistenciales a toda la población.

Si bien el Estado de Bienestar pudo dar respuesta a satisfacción de las necesidades sociales y asistenciales, por otro lado, dio origen a la formación de entidades colectivas que funcionaron mediante la corporativización de los ciudadanos. Quienes critican al modelo de Estado Benefactor, lo hacen porque se oponen a la política social orientada a solucionar los problemas del bienestar de la colectividad y porque dan prioridad a una política económica que privilegia la economía basada en el libre mercado. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Lo colectivo tiene como complemento necesario la autonomía personal y lo individual, de tal forma que al mismo tiempo que se reconocen derechos y obligaciones, también se parte de la comunidad. El vínculo social de lo colectivo persiste en proyectos comunes a pesar de que la visión de la colectividad sea débil.

La formación de sujetos colectivos que no operaban en forma autónoma e independiente, sino de una manera clientelista, para lograr el control político y social de la ciudadanía, fue la forma en que el Estado de Bienestar mantuvo su legitimidad. Las políticas económico-sociales favorecieron la igualdad económica mediante sistemas de prestaciones sociales otorgadas, subvencionadas y administradas por el Estado central. Este modelo de Estado de bienestar otorgaba seguros a las garantías sociales que “cubrían los principales ‘riesgos’ de la existencia, (enfermedad, desocupación, jubilación, invalidez, etcétera)” (Rosanvallón, 1996)

En los inicios de la década de los setenta se crea una Comisión Trilateral con Estados Unidos, Europa y Japón, como una organización estratégica en la cual se diseña un modelo global que favorece a los capitales corporativos, en sustitución del modelo de economía internacional de la posguerra. Durante la segunda mitad de los setenta se transfiere el mando del Estado al mercado mediante programas de desregulación que en realidad otorgan la regulación al mercado.

La implantación del modelo de la globalización desde estos años se da como un proceso fluido para los países miembros de esta Comisión. Se utiliza como estrategia para involucrar a los países menos desarrollados el aliento de la deuda externa mediante créditos blandos etiquetados como “ayuda económica”que posteriormente se convierten en mecanismos de presión cuando las tasas de interés aumentan y los países deudores no pueden cubrir su deuda. Esquemas de créditos de bajos intereses en condiciones favorables, por ejemplo, diseñados para servir al más necesitado, casi invariablemente fallan en alcanzar a la población meta. Petras (2001d) argumenta que los Estados imperialistas como Estados Unidos, Europa y Japón, a través de las instituciones financieras internacionales presionan a los países receptores de préstamos en el tercer mundo para reducir y eliminar barreras comerciales y privatizar empresas del Estado, lo que permite a las empresas transnacionales penetrar en los mercados y comprar empresas locales.

Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.

Además, este tipo de ayuda se otorga únicamente a aquellos países que solamente cumplen con la condición de la democratización. Este tipo de ayuda económica no hace otra cosa que perpetuar las relaciones de dependencia y de subsistencia bajo la hegemonía del capital transnacional, el cual se concentra en ciertas empresas y sectores de la economía y en regiones determinadas que arrastran a otras de menor desarrollo en detrimento de su crecimiento económico.

La estrategia funcionó perfectamente para tomar como rehenes a los países que se resistían a aceptar los alcances del nuevo modelo global de desarrollo. A pesar de que el alivio de la deuda es hecho en nombre de los países pobres, éstos empeoran si los recursos no son aplicados correctamente en función de programas que estén dirigidos a lograr el crecimiento económico como un fin en sí mismo. Este programa debe dar credibilidad a la política económica implementada. Como resultado, a pesar de que las clases altas y sus agentes de gobierno, incurren en la carga de grandes deudas en los setenta y en los ochenta, las clases bajas han estado soportando la carga del pago de la deuda durante los noventa. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas.

Para revertir este proceso, se requiere reducir el peso de servicio de la deuda externa de los países endeudados. Easterly (2000b) analiza un conjunto de modelos teóricos que predicen que los países con preferencias no cambiantes de ahorros a largo plazo, responden al alivio de la deuda con una mezcla en el gasto de sus activos y con nuevos préstamos. También predice que una alta tasa de descuento el gobierno escoge políticas pobres e impone preferencias intertemporales en la economía. Cada vez avanzan las propuestas que tienden a reducir y condonar la deuda de los países pobres que supera el billón (millón de millones) de dólares, las cuales se ven minadas por el incremento en el precio de los energéticos.

Otras interpretaciones históricas (Reich, 1998) sobre el desarrollo de los procesos de globalización lo fechan al final, más que a la mitad, de la década de los setenta y los inicios de los ochenta, y señalan los eventos concurrentes tales como el impacto acumulado de la segunda crisis petrolera, una declinación sustancial en el producto interno bruto, el aumento en las tasas de inflación, el episodio traumático de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Irán, el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra, de Reagan en Estados Unidos y Kohl en Alemania. Sin embargo, la promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra. Los antecedente se encuentran en la ideología neoliberal, la cual tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

La ideología del neoliberalismo fue empujada por todo el globo condenando toda acción pública que provenga del Estado-nación, transfiriendo la propiedad de los bienes públicos a los privados y empleando las intervenciones militares para la defensa de sus intereses. Sin embargo, la promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra. La formación de alianzas militares entre los Estados imperialistas y otros Estados con fuertes aparatos militares, promueven la expansión de las corporaciones transnacionales en los mercados internacionales. Durante esta segunda mitad de la década de los setenta se transfiere el poder del Estado al mercado mediante programas de desregulación que en realidad otorgan la regulación a los mercados.

Hasta la década de los ochenta, la liberalización del comercio internacional sobre la base multilateral fue el éxito de la época de la posguerra, y ciertamente contribuyó a mejorar el crecimiento económico de la economía internacional. En la fase actual de desarrollo de la economía internacional, las funciones del Estado juegan un papel fundamental. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras. El comercio mundial creció a una tasa de más del doble del producto bruto mundial. Dio lugar a un medio ambiente altamente permisivo para la política económica incluyendo a los países en vías de desarrollo que había elegido una política comercial de economía cerrada (Krueger, 1999)

A mediados de la década de los ochenta, los arreglos comerciales preferenciales se empezaron a extender al mismo tiempo que la liberalización comercial multilateral. Sin embargo, la década de los ochenta ha sido denominada la década perdida para los países en desarrollo, con excepción de los países de sudeste asiático, los países ricos se hicieron más ricos y los países pobres se hicieron más pobres. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. Así las sociedades nacionales se polarizan entre aquellas pocas que concentran los principales beneficios y permanecen enajenadas en la abundancia de satisfactores de lujo y aquellas naciones que carecen de los recursos suficientes esenciales para satisfacer sus necesidades más básicas o elementales. Durante esta década, los países menos desarrollados tuvieron poco, nada o negativo crecimiento económico y una caída en los ingresos y en la producción de capital.

El orden estructural bipolar que prevaleció desde la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída del Muro de Berlín es sustituido por el fenómeno de la globalización, cuyo centro principal de decisiones políticas y económicas tiende a ubicarse en Washington, las cuales se imponen mediante el denominado “Consenso de Washington”. La caída del muro de Berlín y las desiluciones que causó las políticas económicas nacionalistas en númerosos Estados-nación, se creyó que esto representaba el triunfo de la democracia liberal en todo el mundo. El colapso del comunismo legitimó a la democracia como el sistema político más viable.

Los Estados-nación son sometidos a presiones para avanzar en sus transiciones a sistemas con elecciones multipartidistas y a pesar de que contaran con instituciones democráticas, el sistema político es ampliado para dar cabida a nuevos valores y prácticas económico-sociales. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado. De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder.

Estos desarrollos han dado origen a una paradoja: mucho se ha criticado que la democracia ha llegado a los Estados-nación cuando precisamente tienen más restricciones para una toma de decisiones efectiva en los asuntos que le son propios. Es por esto que se dice que para que el desempeño del Estado sea mejor, se requiere que su gobierno esté acotado por restricciones institucionales.

Hay que diferenciar entre la tendencia actual basada en un proyecto de libre mercado a escala mundial, planteamiento que difiere de la economía internacional abierta. En la fase actual del desarrollo de la economía internacional, las funciones del Estado juegan un papel primordial. Los crecientes niveles de internacionalización de comercio e inversiones entre las distintas naciones han sido una tendencia previa a la globalización. Los acuerdos de inversión multilateral entre los diferentes Estados, cuentan siempre con la participación de las grandes empresas transnacionales. Este proyecto de libre mercado global es la propuesta de Estados Unidos que alcanza economías nacionales que antes eran protegidas, para beneficiar a sus empresas transnacionales y multinacionales.

La política exterior rapaz de los Estados Unidos saquea las riquezas en el extranjero “aprovechando programas corruptos de privatización, sobretodo en los países ex comunistas, en América Latina y Asia, la riqueza del Imperio”, basada “más en el poder político y la promoción mediática que en cálculos racionales de mercados” (Petras, 2001b). El Acuerdo de Libre Comercio de América tiene como propósito privilegiar a las grandes corporaciones transnacionales de Estados Unidos que operan en Latinoamérica, al mismo tiempo que restringe el acceso de las empresas latinoamericanas a los mercados de Estados Unidos.

Así, afirma Petras (2001c), la reciprocidad es fórmula para las adquisiciones de Estados Unidos y la bancarrota de las empresas latinoamericanas. La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta.

Estas empresas transnacionales y multinacionales, principalmente de origen estadounidense, han demostrado un interés en un reducido sector selectivo de bienes y servicios que les garantizan retornos rápidos sobre la inversión. Originalmente la ciudadanía de muchas empresas transnacionales y multinacionales era estadounidense, pero en la actualidad, en pleno auge de los procesos de globalización, se han convertido en organizaciones supranacionales y sin una patria específica, es decir, se han convertido en apátridas.

La revolución tecnológica contribuyó a profundizar y acelerar los procesos de globalización en las últimas décadas del siglo XX con la aparición de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales que actúan sobre la base de un interés nacional, y no las corporaciones sin Estado o stateless corporations. Las elites económicas de los poderes imperiales operan a través de las grandes corporaciones transnacionales, mediante nuevas formas de configuración de clase.

La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966). En el sistema imperialista, las corporaciones transnacionales de los Estados imperialistas con quienes operan en sinergia, dominan los mercados y los Estados nacionales. Por lo tanto, las elites nacionales y locales de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado.

La globalización, es por lo tanto, un proceso reciente mediante el cual las economías con base nacional se disuelven para integrarse en un mercado mundial donde se efectúan flujos comerciales y financieros dominadas por la libre acción de las fuerzas del mercado que escapan a las regulaciones de los Estados-nación y de las agencias multilaterales internacionales. La intensificación de los flujos comerciales, financieros y tecnológicos es otro de los rasgos característicos de los procesos de globalización. Sin embargo, la realidad es muy limitada con respecto al avance del libre flujo comercial y de inversiones.

La internacionalización de la economía es compatible con la existencia de los gobiernos nacionales y con las agencias internacionales. Sin embargo, la globalización económica requerirá de nuevas formas de gobernabilidad supranacional o gobernabilidad global. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta.

Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. ¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”.Ostry (citada por Kehohane y Nye, 2000: 22) llama “gobernabilidad híbrida” a la forma de gobernabilidad que involucra redes de gobiernos, organizaciones multilaterales, grupos no gubernamentales, etc., las cuales están involucradas en los procesos de formulación e implementación de políticas globales.

Esta nueva forma de gobernabilidad suplementa a otras formas de gobernabilidad. Una orientación hacia la gobernabilidad se centra en estas circunstancias diferentes y en las maneras en que cada una de las formas de gobernabilidad puede ser más exitosa que otra. Redes de organizaciones internacionales, sub-unidades de gobiernos, redes transnacionales y transgubernamentales, organizaciones no gubernamentales, asociaciones de profesionales y empresariales, sindicatos de trabajadores, etc., todos tienen un papel importante en las nuevas formas de gobernabilidad que desempeñan en conjunción con las autoridades nacionales y las organizaciones intergubernamentales. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta

El nuevo orden transgubernamental constituye una densa red de relaciones menos apremiante que el liberalismo internacional. Un acercamiento a la gobernabilidad se traduce del macronivel de sectores a un mesonivel de programas y a un micronivel de un oficial tomando decisiones de qué debe hacer. (Larmour,1997). La base política de las organizaciones intergubernamentales y de los regímenes internacionales es tan débil que puede declinar la cooperación internacional.

La expansión financiera del capitalismo que toma como base las crisis periódicas, aceleró los procesos de movilidad, concentración y rentabilidad financiera y cuestionó las políticas monetarias de las instituciones nacionales, derivando en una reestructuración de los sistemas productivos a escala global. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado. En pocas palabras, ha creado tensiones en todas las áreas de la actividad humana. Las empresas se convierten en las aliadas de las corporaciones transnacionales en las relaciones simbióticas que mantienen con los Estados-nación.

Sin embargo, ya no son las corporaciones norteamericanas las únicas ganadoras en el tablero de la globalización como producto de las contradicciones del desarrollo del neocapitalismo, de las tensiones que genera en todas las áreas de la actividad humana, y de los efectos laterales de los mercados globales. Estas grandes corporaciones norteamericanas aumentan su dependencia de las filiales en el extranjero para captar sus ganancias, mediante estrategias de exportación, por lo que son las principales interesadas en impulsar la adopción de los principios del libre mercado y de la economía neoliberal. Las corporaciones globales se motivan con el establecimiento de filiales en todos los rincones del mundo en donde aplican las reglas de origen de “contenido local” para satisfacer los requerimientos del libre comercio y de sus principales clientes.

De las 500 corporaciones más importantes del mundo, el 46% son de los Estados Unidos y en menos de una década han incrementado sus ganancias de un 36 a un 43%, y once de las 13 casas financieras mayores del mundo son controladas por inversores de Estados Unidos, según datos de Petras (2001a). En la economía mundial dominan las empresas euroestadounidenses. El 79% de las 500 mayores multinacionales se ubican en Estados Unidos o Europa. Si se incluye a las corporaciones japonesas el porcentaje aumenta a 91% (Petras, 2001c). Los acuerdos internacionales que se perciben como negativos para la captación de utilidades de las transnacionales y multinacionales estadounidenses son rechazados, buscando siempre una justificación con “fines humanitarios”.

Washington toma una posición unilateral mediante la imposición del denominado “Consenso de Washington”, presionando agresivamente para “obtener más ventajas para las corporaciones estadounidenses, aunque sea al precio de alienar a aliados estratégicos y al público en el país” /Petras, 2001). No obstante, una investigación de Abboushi (2001), concluye que las estrategias de crecimiento internacional de las corporaciones estadounidenses han sido hasta ahora robustas y parece que continuará en el futuro.

Mientras que el control de capital se concentra en pocos países de Europa y los Estados Unidos, el resto del mundo se sume en una crisis financiera que da motivos para que los analistas anticipen el fin del neoliberalismo. La prosperidad de la economía estadounidense se basó en la especulación financiera alimentada, dice Petras (2001b) por “...expectativas falsas basadas en propaganda de mercado, desconectada de la economía real. Junto con una política exterior rapaz que saqueaba riquezas en el extranjero aprovechando programas corruptos de privatización, sobretodo en los países ex comunistas, en América Latina y Asia, la riqueza del Imperio, estaba basada más en el poder político y la promoción mediática que en cálculos racionales de mercados.”

Otros analistas sostienen que el derrumbe del liberalismo se presentó con el fin del comunismo en su versión marxista leninista, esto es, en 1989. Por lo tanto, el periodo que comprende el liberalismo como ideología global va de sus inicios en 1789 a su derrumbe en 1989, es decir, doscientos años como doctrina e ideología de centro, que sirvió de pilar al sistema mundial moderno. La ideología neoliberal tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

Cada vez más, el ritmo de la globalización económica se acelera, al grado que se convierte en una fuerza difícilmente gobernable y sin que necesariamente ofrezca soluciones más constructivas a los problemas mundiales. El principal cuestionamiento sobre la globalización económica es cómo encontrar formas de mantener los efectos adversos de la globalización.

La evolución del capitalismo transnacional, o neocapitalismo, ha resultado en la globalización económica, la cual en los términos de Márquez Ayala (2001), se sustenta en cuatro pilares: el ideológico que exalta el mercado, la marca es el neoliberalismo, la base teórica es el monetarismo y su slogan es “la esperanza del acceso colectivo a la aldea global de la prosperidad y el bienestar”. Tanto los promotores como los detractores de los procesos de globalización afirman ser los representantes de los intereses mayoritarios de la ciudadanía silenciosa la que sin aceptar la realidad reacciona con estoicismo. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas.

Los defensores del capitalismo globalizado sostienen que si las condiciones de la ley y el orden se mantienen, el bienestar económico de la sociedad se elevará, porque es más consistente con la naturaleza humana, argumentan. No obstante, el capitalismo globalizador es por naturaleza polarizador del desarrollo de los pueblos, mientras que es amenazado por un bajo crecimiento económico.

La globalización de las relaciones económicas y sociales son el resultado natural de la revolución tecnológica y su tendencia es a unir al mundo por encima de los vínculos institucionales. En el aspecto social, la globalización económica ha dado motivo a discusiones sobre sus efectos negativos en la igualdad y la justicia social, planteando verdaderos dilemas a los filósofos moralistas para reconciliar las realidades del orden emergente con las demandas morales de la sociedad. Tampoco se han encontrado fórmulas que posibiliten la reconciliación de las realidades históricas. La iniquidad y pobreza es el resultado de la injusticia social, consecuencia a su vez de un sistema de valores que privilegia la distribución inequitativa de los recursos, la obtención de utilidad, ganancias y beneficios, y la ausencia de solidaridad y cooperación. Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma.

La globalización no ha sobrevivido de la crisis moral que marca el final del milenio. Por lo tanto, la crisis moral necesariamente implica cierta restricción ética similar a cuando la tierra en que está enraizada una planta es pobre y carece de elementos para desarrollarse. Esto implica recibir una ética administrativa empujada por una crisis moral y repensar el profesionalismo en tal forma que la administración esté a tono con el cambio económico y social y las demandas cambiantes de una población desorientada algunas veces en este período de la globalidad, y por lo tanto en una transición simultáneamente económica, política, social y cultural en la mayor parte de los países del mundo. La administración actúa como un juez que asegura el cumplimiento con los valores que forman la ética administrativa y que dan sustancia al servicio público.

Los procesos de globalización económica y comercial son impulsados por los acuerdos entre los Estados y por el crecimiento de las empresas multinacionales. En sí, los procesos de globalización económica desafían el orden económico, político y social y arrebatan el control de los mercados a los Estados-nación, en el supuesto de que los mercados se autorregulan. Pero la autorregulación del mercado a resultado un mito según Polanyi (1957) porque requiere de una acción política deliberada para su implantación. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política.

Polanyi argumenta que el movimiento hacia el mercado libre o autorregulado se constituye más allá de en un simple accesorio de la vida económica, porque dirige por sí mismo la producción y distribución de los bienes, mientras que en los sistemas económicos anteriores, el sistema social absorbía el mercado. El mercado como subsistema es parte de un sistema mayor. El funcionamiento de los mecanismos del mercado, así visto como un subsistema, necesita ser regulado en forma diferente a los actuales términos impuestos por los intereses hegemónicos.

Los procesos de globalización se presentan como redes de integración geoeconómica y geopolítica del capital en varias vertientes como la económica, cultural, social, y en menor grado en la política etc., pero es la vertiente comercial el criterio más dominante. Las redes financieras se han desarrollado más que otras, a tal grado comparativo que el intercambio comercial de bienes y servicios sólo representa una ínfima parte de los movimientos de capitales. Estos movimientos de capitales que buscan maximizar sus utilidades, son incontrolables, más que otros procesos de la globalización económica, vuelven vulnerable a la economía y las destruyen. No obstante, el control de los movimientos de capitales por los Estados imperiales hacia las economías emergentes se orientan a desestabilizar los regímenes nacionalistas. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

El ciclo económico con sus irracionalidades del sistema capitalista no perdona a la nueva economía que empuja a las industrias de la tecnología de la información. Para limitar los alcances de la irracionalidad e incertidumbre de los movimientos de capitales, se requiere de una red de voluntades e intervenciones políticas. Estas redes aumentan las interrelaciones entre los diferentes actores y agentes gracias a la innovación de la tecnología informática, los que por otra parte tienden a desintegrar mecanismos de control y cohesión social.

Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante, la cual se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad. Está claro que la integración económica no siempre viene aparejada con la integración social, la cual queda condicionada a la capacidad de acceso que tienen los individuos al mercado como consumidores.

Estos procesos se vinculan multisecularmente a los despliegues polarizantes del capitalismo mundial. Son compatibles con la lógica del imperialismo para la dominación y apropiación de los excedentes (Saxe-Fernández, 1999). La transferencia de estos excedentes se garantiza mediante el diseño e implementación de políticas en conjunto con las estructuras del poder global.

Rosenau (1995) afirma que la globalización no es lo mismo que globalismo, el cual apunta a las aspiraciones por un estado final de asuntos donde los valores son compartidos y pertinentes para toda la población mundial, su medio ambiente, sus roles como ciudadanos, consumidores o productores con un interés en la acción colectiva designada para solucionar problemas comunes. Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación.

El pobre confrontó al rico con un problema de acción colectiva: cómo crear arreglos colectivos para controlar los efectos externos de la pobreza, al mismo tiempo que prevenir que otro ricos obtengan ganancias de sus acciones sin contribuir (De Swaan Abram, 1997). Tampoco es universalismo, valores que abraza toda la humanidad, hipotéticamente o realmente”. Saxe Fernández (2000) denomina el globalismo pop a la ideología conservadora que es un “discurso determinista, a este discurso fácil, que se pone de moda, que es por otra parte, una oferta que siguen muchos públicos: académicos y políticos...”

Mientras que el conservadurismo institucional y las propuestas dependentistas institucionales nos conducen a esperar que la evolución de los sistema políticos democráticos exhiben diferentes patrones, la propuesta de aprendizaje institucional apunta a la convergencia. Así, la política conservadora se orienta por un manejo retrógrada de la política social.

Kaiser (1997) sentencia que la hipótesis del conservadurismo institucional sostiene que las reformas constitucionales en las democracias son relativamente poco comunes, no debido a factores institucionales sino al cálculo de los actores políticos, solamente cuando una gran crisis ocurre, ya sea por un abrupto cambio de factores contextuales o a través de un deterioro dramático de la satisfacción de la política pública, es una ventana de oportunidad abierta para la persecución de planes de reformas. La investigación en la ingeniería constitucional ha tomado nota de los efectos de difusión, tales como la globalización de las comunicaciones que enriquece las bases cognitivas de las cuales escoger.

Mucho antes de que el término globalización, propuesto en 1983 por Theodore Levitt para designar una convergencia de los mercados del mundo, y para referirnos a un objeto que es evasivo e inmanejable, fuera una palabra de moda para significar las conexiones económicas, el mundo ya estaba interrelacionado económica y políticamente. Sólo que ahora el fenómeno se aparece como un verdadero “paradigma montado sobre varias falacias, mitos o slogans” que conduce a la democracia, al bienestar y al progreso de la humanidad. Una propuesta democrática global que no se ajusta a las situaciones locales y viceversa y que “se asimila cada vez más a la defensa de los derechos del hombre y de la propiedad y no a la construcción y al desarrollo de un espacio público” (Laïdi, 2000)

El término globalización es empleado actualmente para hacer referencia a cualquier cosa que puede ser desde la expansión del comercio internacional y empresas que cambian sus puestos de trabajo a cualquier parte del mundo, al igual que a los organismos multilaterales que fijan las reglas para el establecimiento de una economía global. Esta economía global hace referencia a una economía sin Estados nación en donde la autonomía del capital se exagera bajo el influjo de la ideología del libre mercado. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

En sí, mientras el capital se globaliza, el trabajo se vuelve más local, y mientras el trabajo tiende a delimitarse dentro de fronteras territoriales, el capital no encuentra obstáculos geográficos. El concepto de globalización es ambiguo y sólo trata de expresar las evidencias empíricas. El concepto de globalización comenzó a emplearse con fines académicos a mediados de los años ochenta. En todo caso este concepto de globalización debe revisarse desde sus fundamentos, los contenidos y como procesos que caracterizan al desarrollo del capitalismo mundial y sociedades contemporáneas (Aguirre Rojas, 2000)

Los europeos prefieren hablar de “mundialización” en vez de “globalización” para describir el mismo fenómeno. Para Held (2000) la globalización connota la ampliación e identificación de las relaciones sociales, económicas y políticas a través de regiones y continentes, además de que operan en múltiples escalas temporales. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. La globalización trata de la interdependencia y de la imbricación cada vez más estrecha de las economías de numerosos países.

La globalización resulta intensificar las interacciones y la interdependencia internacional Sobre todo el sector financiero, ya que la libertad de circulación de capitales, de flujos financieros, es total y hace que este sector domine muy ampliamente a la esfera económica (Ramonea, 2000) De la Madrid (1996) destaca las tendencias actuales de la globalización en la económica, la mundialización de los fenómenos políticos y la mundialización de la sociedad. Estas tendencias son fenómenos macro por lo que se les denomina también mega tendencias que describen las principales características que determinan la globalización.

El fenómeno conocido como la globalización se refiere a la proliferación del comercio global, los flujos de inversiones y las conexiones de comunicación en un mundo de rápida transformación tecnológica (Stein, 1999) De acuerdo con Cohen (1995), la “globalización es un término que da cuenta de una doble realidad: de un lado la internacionalización de bienes, servicios y factores de producción; de otro, el surgimiento de empresas industriales capaces de concebir su desarrollo en escala mundial y formular para ello estrategias globales de producción, comercilialización y gestión.”

La globalización como proceso, según Wettstein (2000), sostiene la “interacción – y eventualmente interdependencia- que se produce entre las distintas unidades constitutivas del nuevo sistema mundial (bloques de poder, empresas transnacionales, organismos financieros multilaterales, aparatos del Estado, sociedades nacionales, consumidores en sentido amplio), las cuales dan lugar a nuevas formas de configuración de clase. Para Vilas (1997) “la globalización es un proceso de desarrollo desigual en sus diferentes niveles o dimensiones. En su etapa actual se encuentra mucho más desarrollada en materia financiera que en materia de producción o de comercio”. La globalización como un proceso da forma a estrategias dentro de una visión que permite determinar otras alternativas en los modos de producción, estructuras de clases y arreglos políticos.

El concepto de globalización está estrechamente vinculado a la idea de un mundo sin fronteras ni barreras de ningún tipo, en donde las fronteras económicas, políticas, sociales y culturales rebasan a las fronteras nacionales. Ohmae (1995b) sostienen que los administradores del sector privado y los formuladores de políticas están descubriendo que no tiene sentido en un mundo sin fronteras hablar de que los países tienen entidades económicas discretas. Sus variaciones internas son tan grandes y sus conexiones externas son extensivas como para hacer generalizaciones que puedan servir de guías.

La globalización es un conjunto de creencias que promueven un sentido de conectividad, interdependencia e integración en la comunidad mundial. Las transformaciones a que da lugar los procesos de globalización se caracterizan en problemas de fronteras, los cuales cuestionan los intereses soberanos del los Estado-nación y los intereses regionales, internacionales y globales. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales

Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La forma en que la globalización organiza la producción, distribución y consumo remueve los factores que condicionan la geografía y las fronteras, haciéndolas menos relevantes. La geografía económica y política del ámbito espacial estatal está cediendo su lugar a una geografía económica y política en los ámbitos regionales y globales. La apertura de las fronteras ha permitido que la tecnología y el conocimiento fluyan alrededor del mundo teniendo como principal motor el incremento de la productividad. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países.

No obstante, Petras (2001c) sostiene que la baja productividad lograda en los últimos años, mediante el influjo de la denominada tercera revolución científico-tecnológica, hace que esta sea solo un mito. La economía global está acelerando los cambios en lo que lo más valioso es el conocimiento que sustituye al trabajo como fuente de identidad de los pueblos. La identidad se expresa en intereses que son comunes a través de diferentes instancias nacionales e internacionales. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La economía del futuro es la economía del conocimiento en una sociedad del conocimiento. La economía basada en el conocimiento, la tecnología es el disparador que facilita la creación de satisfactores con alto valor agregado. No obstante, los diferenciales en los procesos de globalización económica e identidad cultural de los pueblos profundizan las fracturas sociales.

Existe similitud de transformación basada en el conocimiento entre los procesos d e desarrollo económico y la transformación institucional, en los países del tercer mundo (Ellerman, 1999). La globalización traerá cambios fundamentales en la base del conocimiento y en y en las capacidades de las instituciones existentes y por lo tanto, establece el escenario para la innovación y la toma de riesgos (Veliyath y Zahra, 2000). ”. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.”

Los Estados nación como bastiones de la sociedad industrial no pueden asimilar y manejar los retos que plantea la sociedad del conocimiento. La globalización, de acuerdo a Amoore (1997) abarca “un amplio rango de aspectos materiales y no materiales de la producción, distribución, administración, finanzas, tecnologías de información y comunicaciones y acumulación del capital”.

Los defensores de los procesos de globalización económica sostienen que la productividad se incrementa cuando los países producen aquellos bienes y servicios en los que tienen ventaja comparativa. Las fuerzas motivo asociadas con la acumulación de riqueza que enfatizan el sistema capitalista orienta los costos de capital individual y las empresas privadas capitalistas para expandir sus actividades acumulativas y eliminar todas las barreras geográficas culturales y políticas que obstruyen su paso a la acumulación de riqueza.

Por globalización se denomina el conjunto de características que predominan en las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales a escala internacional. La globalización implica, según Held (1991), que las actividades económicas, políticas y sociales tienen un alcance mundial y la intensificación de los niveles de interacción entre los Estados y las sociedades que integran la sociedad internacional. En este sentido, la globalización denota el acercamiento y la profundización de las relaciones e instituciones a través del espacio y tiempo, en tal forma que las actividades diarias son influidas por sucesos en la otra parte del globo. Tiempo y espacio se vuelven conceptos más abstractos por aquélla circulación de objetos y sujetos que la economía marxista y postmarxista describen (Arellanes Jiménez, 2001). Así mismo, las prácticas y decisiones de los grupos locales o comunidades tienen efectos globales (Held, 1995) Las denominadas “cybercommunities” son grupos de acción colectiva transnacionales formadas por grupos de acción local para frenar los efectos de la globalización. El dilema de la acción colectiva característicamente emerge en un nivel transaccional cuando los agentes son independientes, están conscientes de su interdependencia y no existen agencias que puedan coordinar las acciones de los agentes involucrados.

Estos efectos positivos o adversos de la globalización, de acuerdo a Luna (2000), son la sustitución de los intercambios internos por los externos, la aparición de transacciones que no son bloqueadas por prohibiciones explícitas de normas sociales y el dilema que se crea por el rango de nuevas oportunidades que se incrementan debido a la globalización. Sin embargo, estas oportunidades no están disponibles en igualdad de condiciones para todos los individuos, porque en el mejor de los casos, esta disponibilidad para los individuos permanece constante.

El desplazamiento de los intercambios internos por los externos, puede ser posible de asimilar a tal grado que el intercambio interno no representa la única alternativa para el agente. La ausencia de efectos y el incremento del retrazo, es nada más que el resultado de la carencia de alternativas. La complejidad de las relaciones entre lo local y lo global es enfatizada por contribuciones a la teoría de la globalización, como por ejemplo, Robertson (1995) ha acuñado el término “glocalización” que se asocia a la globalización de los fenómenos pero al mismo tiempo a la localización de relaciones económicas y políticas derivadas de los gobiernos nacionales a los gobiernos locales. Para otros analistas como Ruigrok and van Tulder (1995), la glocalización se refiere al intento de las compañías para llegar a ser aceptado como un “ciudadano local” en un diferente bloque comercial mientras que se transfiere el poco control sobre un área estratégica. La glocalización es antes que todo una estrategia política y de localización de negocios.

La glocalización se asocia con la globalización y se discute si existe complementariedad o tensión. En la era de la globalización, la separación de lo local, nacional, regional y mundial se torna compleja, mientras que los procesos económicos entre estos diferentes niveles son monitoreados por organismos internacionales. Para insertarse en los procesos de globalización, y además contrarrestar la fuerza de su influjo, es necesario que se diseñe e implemente una política local integral de desarrollo que sea inclusiva de las lógicas de los intereses del gobierno, mercado y sociedad locales. Tarapuez y Chamorro (2001) define la política local para el fortalecimiento empresarial como “la organización de los esfuerzos y las acciones de los agentes sociales para el logro de un objetivo amplio y genérico: el desarrollo, competitividad, promoción y fortalecimiento de las MIPYMES”, (micro, pequeñas y medianas empresas).

Las transformaciones económicas regionales y locales están determinadas por los cambios en las estructuras económicas mismas, en las políticas macroeconómicas nacionales y en los procesos de globalización. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. La intensificación de estos aspectos se debe a las nuevas dimensiones tecnológicas, organizativas, administrativas y legales que sirven de interconexión. Así, las empresas glocalizadas tienen como estrategia la replicación de productos en las diferentes regiones y generan una concentración geográfica de la división del trabajo entre las empresas. A estas empresas que buscan replicarse a niveles locales se les denomina empresas multinacionales.

La tesis que fundamenta estos cambios es la interdependencia económica, política, social y cultural entre los Estado-nación. Los procesos de integración económica que comprenden el libre movimiento de bienes y servicios, trabajo y capital, generan procesos de competencia regulatoria (Pollack, 1997) entre los diferentes sistemas nacionales de regulación. En otras palabras, la competencia está pasando por una redefinición. Sin embargo, mientras que los rendimientos al capital están al alza, los rendimientos al trabajo están a la baja. Así, los procesos de globalización modifican la comprensión de la naturaleza del trabajo, y mientras que este se hace más local, el capital se globaliza.

En estos tiempos se vivencia la información en tiempo real. Si bien el trabajo y el capital han sido los factores que reconoce la economía neoclásica por los últimos dos siglos, la información y el conocimiento están surgiendo como factores importantes de la economía tecno globalizada. Esto da lugar a lo que se conoce como las sociedades del conocimiento (Escorcia, 2000) capaces de agregar valor o no a los intercambios económicos, dejando de manifiesto que el capital ya no es el factor determinante en los procesos económicos. Estos a su vez, de alguna manera están derivando en una nueva división internacional del trabajo que margina del acceso a los beneficios de la revolución tecnológica a muchos trabajadores que pasan a engrosar las filas de un ejército de reserva industrial. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Grandes masas de trabajadores sin habilidades se vuelven obsoletos debido a los grandes cambios tecnológicos que obligan a las empresas a requerir trabajadores con más habilidades.

La economía global se caracteriza por una compleja y creciente división internacional del trabajo que crea interdependencias extendidas y cuyas conexiones remotas en las cadenas de producción resultan ser cruciales porque tienen que sostenerse entre actores que ni siquiera se conocen. A menos que se regulen estas cadenas de relaciones creadas por la división internacional del trabajo, los efectos esperados en las economías nacionales y locales pueden ser más desproporcionados que el desorden inicial, debido a que el factor trabajo tiende a localizarse mientras que el capital se globaliza. La gobernabilidad económica debe involucrar la correspondiente gobernabilidad de la división internacional del trabajo.

El Estado no es propiamente hablando, el beneficiario de la gobernabilidad de la nueva división del trabajo, pero es un pivote en el logro de ella debido a que es territorial y la conexión entre los diferentes niveles. Otorga poder a los gobiernos regionales y a las agencias quasi-gubernamentales, participa en los cuerpos de gobierno internacional y puede hacerlos rendir cuentas a las poblaciones nacionales. La autoridad del Estado se mueve hacia arriba hacia las agencias gubernamentales internacionales y hacia abajo, hacia las estructuras de gobierno local, cuya autonomía se encuentra limitada y es relativa, por lo que siempre está en conflicto con los demás niveles de gobierno. Desafortunadamente, el gobierno local no asume su papel como agente del desarrollo en las decisiones relacionadas con la sociedad.

La estructura espacial de las diferentes unidades geográficas está delimitada territorialmente por las fronteras físicas y geográficas que definen los tipos de interrelaciones entre las diferentes entidades geográficas. El Estado tiene atributos que otras agencias no tienen y esto los hace indispensables en el orden institucional requerido para la nueva división internacional del trabajo entre los poderes gobernantes. Hirst, (2000) argumenta que en todos estos arreglos que son balances de las ventajas y limitaciones, el Estado ha ganado más de lo que ha perdido en la capacidad de la gobernabilidad.

La teoría de la ventaja comparativa muestra los beneficios de la división internacional del trabajo. Sólo que ahora, resulta difícil demostrarlo por una teoría del equilibrio que es estática. Mientras que las capacidades están al alza, el trabajo no calificado se encuentra a la baja. Pero también el capital está mejor posicionado debido a su movilidad que el trabajo que se encuentra siempre a la baja. El capital no encuentra fronteras mientras que el trabajo se encuentra delimitado geográficamente. Mientras que el capital tiende más a globalizarse, el trabajo tiende más a ser local. Estos sistemas son ajustados a los procesos de internacionalización del capital a efecto de hacerlos más atractivos a los inversionistas y productores.

De hecho los organismos transnacionales como la UNCTAD considera que las inversiones privadas son la clave para el progreso de las naciones menos desarrolladas, al considerar que el desarrollo es un tema multifuncional y complejo, en el que el sector privado es el actor principal. Además, precisan que al invertir en naciones pobres, las compañías extranjeras un rol vital para superar la trampa de la riqueza (AFP y DPA, 2001)

Mientras que la integración económica se profundiza globalmente, se reducen las capacidades nacionales para regular y para exigir el pago de impuestos al capital móvil y a las empresas (Scharpf, 1997). En otras palabras, los procesos de integración económica internacional erosionan las funciones de un Estado de Bienestar extendido debido a las dificultades para sostener un gran sector público encargado de administrar un sistema de seguridad. No obstante, el modelo del Estado de Bienestar llevado a escala global o mundial representa un proyecto que alienta el rescate de lo mejor de la sociedad humana, en contra de maximizar los intereses de los grandes grupos corporativos transnacionales.

Estos procesos de globalización de las actividades económicas tienen serias implicaciones para la organización política y económica de los Estado-nación, el mercado, las empresas, las instituciones sociales, etc. Las instituciones sociales, económicas y políticas determinan las decisiones y procesos de los sistemas sociales. De hecho, se puede argumentar que lo que se está globalizando es una relación económico social que privatiza los medios de producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Si bien sus impactos desencadenan y se apoyan mutuamente con los avances tecnológicos y científicos propiciados por el acceso a las telecomunicaciones, éstos han sido distintos para los diferentes países. A los cambios científicos y tecnológicos suceden y corresponden los cambios económicos y políticos.

La globalización impone cambios que replantean la ideología y el ejercicio del poder político y económico de las sociedades contemporáneas. En parte, estos cambios conllevan a la aparición del Estado como aparato ideológico de un mercado mediático. Se crean y se ejercitan nuevas formas de poder que debilitan las fuentes de legitimidad de la autoridad, responsabilidad y rendición de cuentas. Esta nueva conceptualización de las fuentes de poder debilita la noción territorial como uno de los elementos indispensables del Estado.

El caso más conocido es el planteamiento de la “sociedad abierta” que hace Soros (1998) como un modo para describir “los aspectos positivos de la democracia” como el más alto nivel de la libertad que coincide con la justicia social y que está caracterizada por “el dominio de la ley, el respeto a las opiniones minoritarias, la división de poderes y una economía de mercado”. Esta economía del mercado se fundamenta en las actividades de producción y consumo, cuya dirección obviamente producen una respuesta a las necesidades.

Una sociedad global abierta se mantiene siempre dispuesta al cambio y al mejoramiento, aunque no deja de ser un mero mito. No obstante, está naciendo una sociedad civil globalizada que se ha manifestado en movimientos antiglobalizadores con cierto éxito relativo, como en el caso de la campaña para la prohibición de minas personales y el movimiento Jubileo para la condonación de la deuda externa de los países más pobres.

Por lo tanto, la sociedad capitalista global no es más una mera construcción de carácter ideológico. Esta sociedad capitalista orientada por las estructuras del mercado tiene contradicciones que requieren la intervención política centrada en el Estado para regular las relaciones sociales, las que a su vez demandan de mecanismos de intercambio y mercantilización, generando así procesos simbióticos entre el mercado y el Estado. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales.

La propuesta de una democratización de la economía de mercado constituye por sí misma un modelo alternativo que implica necesariamente una transformación socialista. El principio organizador de una sociedad global requiere el rechazo al modelo de una sociedad de mercado. Por supuesto que todos estos cambios replantean la relación entre el hombre y la naturaleza, las relaciones de interacción entre los pueblos y Estados-nación dando lugar a la concepción de un nuevo federalismo.

En los dos últimos decenios del siglo pasado (Siglo XX) los procesos de globalización se extendieron y se profundizaron debido a una serie de factores, entre otros: La revolución tecnológica con su impetuoso desarrollo de la telemática y las comunicaciones y la rápida innovación de la base científica y tecnológica. Una economía abierta alienta la innovación con las ideas frescas que proceden de otras partes del mundo. Pero la innovación no ha sido empleada para satisfacer las necesidades inmediatas de todas las personas de este mundo, para aliviar sus niveles crónicos de pobreza, sino más bien para incrementar el crecimiento y la riqueza de quienes más tienen.

Sin embargo, es la interdependencia económica entre todos los Estados-nación el factor distintivo de la globalización, la cual se manifiesta con la intensificación de la internacionalización de las actividades de producción, manufactura y distribución de las organizaciones empresariales, creando un gran mercado mundial. Las estrategias de desarrollo empresarial tienden a orientar la producción hacia los sectores que tienen ventajas competitivas y un mayor valor agregado para insertar eficazmente la economía local y regional en los flujos de los mercados internacionales.

Casi todos los mercados de productos y servicios financieros están interconectados en casi todos los países del mundo y aquéllas organizaciones que se integran estratégicamente a escala transnacional o multinacional y que son capaces de movilizar sus recursos financieros, tecnológicos y de información con mayor rapidez alrededor del mundo, son las que obtienen los beneficios de la globalización. Los beneficios que han obtenido algunas de las naciones del mundo que se han involucrado en los procesos de globalización por sí mismas, se han distribuido en forma equitativa. Las naciones que han logrado mejores beneficios de los procesos de globalización son las que han rechazado los postulados del Consenso de Washington y establecieron sus propios ritmos de crecimiento económico.

Sin embargo otras naciones no lo han logrado, sobretodo aquellas que han tenido la asesoría de las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

Las relaciones estratégicas entre los diferentes agentes económicos y los mercados son una de las características dominantes de la globalización económica. La posesión de información es vista como un insumo importante de poder. Las empresas transnacionales y multinacionales adquieren poder de información económica en detrimento de los Estados-nación, convirtiéndose en entidades de tomadores de decisiones finales.

Por lo tanto, de las actividades no solamente comerciales y financieras, altamente especulativas, lo que ha dado lugar a la formación de mercado financiero global y facilita la transferencia de inversiones extranjeras en los mercados y servicios nacionales. Los mercados financieros son los procesos más dinámicos de la globalización y se manifiesta en una mayor volatilidad del sistema financiero global y las crisis económicas. Los altos niveles de volatilidad de los sectores económicos especulativos afectan a los otros sectores y socavan los cimientos del sistema económico hegemónico. Es difícil de controlar la volatilidad delos mercados financieros por las naciones pequeñas en desarrollo. En las palabras de Vilas (1997) “... vivimos en medio de una marcada volatilidad, agravada por el carácter de corto plazo que predomina en las corrientes de la inversión financiera (lo que resulta en) una dramática vulnerabilidad de la economía de los juegos financieros de la globalización”.

Las inversiones financieras que tienen como característica principal la volatilidad, se incrementan en mayor volumen que las inversiones productivas, lo que hace más vulnerables a las economías. Al parecer nadie controla los mercados globales de capitales en un mercado financiero que es grande, complejo e interdependiente como para ser controlado por algún actor específico. Sucede exactamente al revés, los mercados financieros dictan las normas tanto a empresas como a los Estados nacionales. Sin embargo, las naciones que han alcanzado niveles más altos de desarrollo económico son aquellas que mantienen sus mercados financieros regulados.

La crisis económica capitalista es aprovechada por sus beneficiarios, los empresarios transnacionales para concentrar las decisiones y el poder. In general, la clase trabajadora y otros elementos de la clase baja, los campesinos, los estratos bajos de la clase media, los participantes pobres en el sector informal, etc., han sido forzados a pagar los costos de la crisis económica de los ochenta y el proceso global de reestructuración capitalista que está teniendo lugar desde los setentas.

Los Estados imperialistas desempeñan una importante función en la gestión de las crisis financieras y económicas de los Estados menos desarrollados que tienen problemas de pago de deuda externa, devaluación de su moneda, etc., así como a las empresas transnacionales que confrontan problemas financieros y económicos. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Las monedas nacionales se han devaluado y pegado al patrón del dólar estadounidense, y el crecimiento de las exportaciones, principalmente de las exportaciones no tradicionales, tales como las frutas, las legumbres, as flores y algunos bienes manufacturados, han sido promovidos a expensas de la baja en la producción de alimentos para el consumo doméstico.

Esta crisis del capitalismo global se presenta más en su valor de uso que en su valor de cambio. Las grandes corporaciones trasnacionales que tienen sus matrices en los países desarrollados, son las que obtienen los beneficios de las crisis financieras en los países menos desarrollados mediante la operación de sus filiales. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Los flujos especulativos financieros vulneran las políticas macroeconómicas nacionales y acarrea crisis de sectores económicos completos.

Los altos niveles de especulación económica determinan la vulnerabilidad del sistema económico. Basta que una institución nacional tenga ciertas dificultades financieras para arrastrar después de sí a amplios sectores y para rebasar las fronteras, convirtiendo al fenómeno en regional. Pero el final de la crisis económica significa la recuperación de los beneficiarios del capitalismo y una seria disminución del nivel de vida y de beneficios sociales de las clases populares trabajadoras. El futuro de los trabajadores es muy incierto. La crisis del objeto del capitalismo se presenta más en el dominio de su valor de uso que en el dominio del valor de cambio.

No obstante, los Estados nacionales tienen el poder para controlar los problemas que presentan los mercados financieros internacionales mediante políticas prudentes y el uso efectivo de sus propios recursos. Esto lo puede lograr de tal forma que le permitan establecer reglas sobre los tipos de intercambio, y desarrollar las estructuras de gobernabilidad interna de las instituciones con funciones específicas para ejecutar las políticas necesarias para regular los flujos financieros altamente especulativos provenientes del exterior, los cuales vulneran los cimientos de las economías nacionales.

Además, es necesaria la cooperación entre las diferentes autoridades nacionales para controlar las peores formas de especulación financiera. La regulación del sistema financiero internacional es una necesidad urgente para controlar los efectos perniciosos de los flujos financieros especulativos. Así, los altos niveles de especulación de los flujos de capitales globales influencian las estrategias económicas y ataca la estabilidad de todo el sistema económico global. Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva.

Bajo un análisis multicausal, Giddens (1990) reconoce como factores de la globalización, el sistema económico capitalista, el sistema interestatal, el complejo militar y los procesos de industrialización. Otros analistas enfatizan que el incremento en la productividad y las inversiones en tecnología son los principales factores que generan la revolución tecnológica, la cual está creando la economía global y que suplanta a las economías locales. No obstante, Petras (2001c) argumenta lo contrario al concluir que solamente el 0.3%, solo una tercera parte del aumento de la productividad durante el período de 1995 a 1999, puede ser atribuido a la revolución de la información. Así, las tecnologías de la información no son las fuerzas dominantes del nuevo orden económico mundial

Las utilidades en las inversiones internacionales y la tecnología no pueden ser tan grandes como para explicar las desigualdades globales que se están creando. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica, como es la situación en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. Las economías contemporáneas de Latinoamérica se han convertido en partes integral del nuevo sistema económico global que es dominado no por naciones Estados, sino por grandes corporaciones transnacionales que constituyen los principales actores globales en este sistema.

La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población latinoamericana mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso.

Para Castells (1996) los factores fundamentales de los procesos de globalización son el desarrollo de las tecnologías de información, los cambios en la productividad del capital y las nuevas condiciones laborales que afectan de manera desigual a la población. La creciente movilidad internacional de los trabajos calificados cambia el conjunto de restricciones bajo las cuales se formulan las políticas nacionales.

En la era de la tecnología, la especialización comercial de las naciones depende significativamente del conocimiento industrial. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Los constantes cambios tecnológicos a escala global mejoran los niveles de productividad y con ello desplazan a los trabajadores, quienes pasan a formar parte del ejército de desempleados, no solamente en los países avanzados, sino también en los países en desarrollo y los menos desarrollados. El modelo capitalista de acumulación flexible que resulta de los avances tecnológicos, excluye de los beneficios del desarrollo hasta su completa marginalización, a los trabajadores menos competentes en el uso de las nuevas tecnologías.

La superioridad en conocimiento tecnológico de las naciones no sólo se mantiene sino que se acelera con la concurrencia de los cerebros que se fugan de los países menos desarrollados. Bajo el enfoque de la ventaja comparativa de las naciones se concluye que en la medida en que la economía global permanece abierta, las naciones tienden a especializarse en ciertas actividades dentro de la cadena de producción global y a promover competencias en sus empresas e instituciones públicas que favorecen estas actividades. Así, las naciones menos desarrolladas se convierten en receptores de tecnología y se especializan en productos que requieren niveles inferiores de conocimiento intelectual y tecnológico.

Otros factores importantes en la profundización de los procesos de globalización son: La regulación de los mercados y los diversos organismos económicos multilaterales. El incremento del intercambio comercial de bienes y servicios entre las diferentes naciones y la formación de bloques comerciales: La expansión del poder financiero de las corporaciones multinacionales y transnacionales por todo el mundo, libre de controles y con poderes de decisión no sujeto a nadie.

Estas corporaciones buscan expandir sus inversiones y sus propias exportaciones en el extranjero. La expansión de las corporaciones transnacionales es precedida por la expansión militar y política de los estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales. Los acuerdos multilaterales de inversiones entre los diferentes Estados nación con la participación activa de las grandes corporaciones transnacionales. Las empresas transnacionales, organizaciones internacionales y los Estados más avanzados concentran las estructuras de decisión y estrategia en materia de inversiones, desarrollo, ganancias, flujos de capital, etc.

Las grandes corporaciones financieras y de medios de comunicación concentran el poder e imponen sus decisiones. Las organizaciones internacionales tienden a ser dominadas por pequeñas redes de profesionales que modifican las reglas informales y las prácticas. Los gobiernos nacionales se han convertido en meros subcontratistas de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales. Todas estas organizaciones prevalecen sobre los sindicatos de trabajadores que defienden el proteccionismo. El futuro de los trabajadores es muy incierto.

Las transnacionales y multinacionales buscan las reducciones de las regulaciones en los países que penetran, para poder operar en “manga ancha”, lo que contribuye a aumentar aún más la dependencia de los países pobres. Así los procesos de globalización perpetúan las relaciones de dependencia entre los pueblos menos desarrollados y los de más alto desarrollo capitalista. Los pueblos más desarrollados concentran los beneficios y permanecen enajenados en una abundancia de bienes suntuarios mientras que la inmensa mayoría de naciones solo disponen de los recursos esenciales para satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia, y muchos de ellos ni siquiera eso.

Es decir, la globalización está profundizando las relaciones de dependencia y desarrollo entre los pueblos del mundo mediante procesos que son de saqueo, rapiña y devastación de recursos naturales, humanos y financieros. Al respecto, González Casanova (1997) ha dicho que “la actual globalización mantiene y reformula las estructuras de la dependencia de origen colonial y las no menos sólidas del imperialismo de fines del siglo XX, y del capitalismo central y periférico que se estructuró entre 1930 y 1980”.

La herencia colonial marcó las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales de los pueblos colonizados. De lo anterior concluye que el discurso de la globalidad se está usando para una reconversión de la dependencia. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. El cuadro general es uno de un muy pequeño grupo de dueños de la tierra quienes poseen grandes extensiones de tierra.

El incremento de las deudas internacionales y los apuntalamientos políticos de las relaciones intergubernamentales entre los países poderosos, como los casos de Estados Unidos-Japón y Francia-Alemania, son dos importantes factores que aceleraron los cambios. Este tipo de relaciones transgubernamentales que forman verdaderas “redes de gobiernos” tiende a resolver problemas de gobernabilidad global. Sin embargo, estas redes son secretivas, no son tan abiertas a un número mayor de participantes, lo que las hace una especie de redes de grupos elites.

Uno de los principales problemas para el ejercicio de la gobernabilidad es la necesidad de encontrar aliados que asegure la aprobación de las iniciativas por las mayorías. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. Slaughter (2000) argumenta que la legitimidad de estas redes gubernamentales deriva de su propio desempeño y de su proceso, ya que operan a través de procesos de persuasión más que en las decisiones de autoridades. Estas redes gubernamentales pueden otorgar más poder a los gobiernos democráticos y sus políticos mediante la cooperación entre ellos, en vez de dejar las decisiones al mercado.

Igualmente, la caída estrepitosa del socialismo soviético y de los países de Europa del Este, de los que curiosamente, Gorvachov ha sostenido que su esencia era la competencia en el sentido Hegeliano-Marxista. El sistema socialista no estaba preparado para competir con los procesos de destrucción creativa del capitalismo financiero global que promete la prosperidad para todos. Pero a su vez tiene que criticarse activamente al capitalismo financiero. El proyecto del socialismo estatal fue incapaz de competir con el capital financiero globalizado.

Por lo tanto, el socialismo real entró en un período de decadencia total, en una crisis sin retorno. Frente a los excesos del capitalismo, es necesario encontrar explicaciones y enseñanzas de esta caída a efecto de redefinir las nuevas formas de organización. Si bien hay que aceptar que el socialismo no fracasó del todo porque llevó a cabo importantes contribuciones al desarrollo de los pueblos que lo experimentaron, más, sin embargo, no pudo resistir los ataques ideológicos del capitalismo globalizador. La crisis del objeto del capitalismo cae más en el dominio del valor de uso más que en el valor de cambio.

El incremento de los niveles de hambre, marginación, pobreza, crimen e inseguridad pública, falta de alimentos, de trabajo y de techo, etc., entre otros, han sido los factores disparadores de los cambios acelerados que podemos observar en los fenómenos económicos, sociales, políticos, culturales, etc. Estos efectos evidencian el fracaso del principio en que descansa el fenómeno de la globalización, de que a una mayor apertura de los mercados, se elevan los niveles de ingreso per cápita y, por consiguiente, la pobreza se reduce.

Existe un consentimiento generalizado basado en estudios empíricos de que a una mayor apertura del comercio del comercio internacional corresponde efectos positivos en el ingreso per cápita de las naciones. Acemoglu y Ventura (2000) estimaron la distribución del ingreso mundial con relación a los términos de los efectos de intercambio y concluyeron que cuando un país acumula más rápido que otros, experimenta un decrecimiento en los términos de los efectos de intercambio. La fuerza estimada de los términos de los efectos de intercambio es aproximadamente del orden correcto de la magnitud que cuenta para las diferencias de los países, en niveles de ingreso y en velocidad de la convergencia condicional. No obstante, las naciones con altos ingresos per cápita no necesariamente son desarrolladas y no todo avance en el desarrollo es sustentable.

Sin embargo, una sexta parte de la población mundial produce 78 por ciento de los bienes y servicios y recibe el 78 por ciento del ingreso mundial. Esto equivale a un promedio de 70 dólares por día. Mientras que tres quintas partes de la población mundial, que vive en los 61 países más pobres, recibe sólo el 6 por ciento del ingreso mundial, que equivale a menos de dos dólares por día, según datos del Banco Mundial (2000) Una tercera parte de la humanidad está mal alimentada y sufre de anemia y más del 20% de los niños no ingieren alimentos con las proteínas y las calorías suficientes. De los 4 500 millones de personas de los países menos desarrollados, más de una tercera parte no tienen acceso al agua potable. Esta distribución tan inequitativa del ingreso mundial es moralmente injustificable. Incluso, si el quintil más pobre de la población mundial tiene más riqueza que hace una generación, la brecha entre este y el quintil más rico se ha incrementado, de tal manera que la habilidad del quintil más pobre para influir la política global, ha disminuido

La pobreza es un fenómeno social que se origina de vivir en sociedad. El fenómeno de la pobreza se manifiesta en forma diferente en aquellas sociedades donde es transitorio a aquellas otras en las que los pobres quedan atrapados bajo fallas de acumulación debido a circunstancias estructurales. La pobreza es considerada como un fenómeno multidimensional y complejo que resulta de desequilibrios estructurales profundos y arraigados en todos los ámbitos de la existencia humana, como son el Estado, la economía, la sociedad, la cultura y el medio ambiente, de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1996).

La pobreza tiene su origen en gran parte en instituciones que son disfuncionales, y más específicamente, en el mercado. El significado de pobreza es “la negación de las oportunidades y las opciones más fundamentales del desarrollo humano como son: vivir una vida larga, sana y creativa y disfrutar de un nivel decente de vida, libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás” (PNUD, 1997a). Los conceptos de desarrollo humano sustentable y buen gobierno son conceptos inextricablemente inseparables.

Se considera que este desarrollo es un proceso que enriquece la libertad de los individuos en la búsqueda de sus valores propios. Lebret (1942) define el desarrollo como “las series de transiciones, para una población dada y para todos los grupos de población comprendidos, desde un patrón menos humano a otro más humano de la existencia, al ritmo más rápido posible, al más bajo costo posible, mientras se toman en cuenta todos los lazos de solidaridad que existen (deben de existir) entre estas poblaciones y los grupos poblacionales.”

Para Tarapuez Chamorro (2001) el desarrollo se refiere a “cambios inducidos en forma consciente e intencional, a través de políticas que en forma deliberada son impulsadas por diferentes agentes del desarrollo, de lo cual se infiere que el desarrollo es un proceso colectivo y dinámico que no se realiza en forma aislada...”. Las representaciones colectivas de la realidad de los individuos inciden en los anhelos de cambio. Al cambiar el orden de la vida social debido a los impactos de la globalización en las diferenciaciones en las estructuras sociales, también se modifican las estructuras culturales y sociales. En el centro de las preocupaciones por el desarrollo humano está la naturaleza del sistema que entrega resultados económicos, sociales y del medio ambiente (Bebbington, 2000), este último en degradación constante.

Más de la cuarta parte de la población mundial vive en pobreza extrema, hecho que está siendo confirmado por los burócratas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial del Comercio. 1 300 millones de los 6 mil millones de habitantes viven en la pobreza extrema, con menos de dos dólares diarios. Los gobiernos han condenado los males sociales, incluyendo la pobreza, debido a la falta de recursos financieros para implementar programas de desarrollo, pero esta condena ha cambiado hacia la economía global que favorece los países industrializados.

El imperativo de los países industrializados para un mayor crecimiento económico mediante la promoción de las actividades industriales, debilita la sustentabilidad del desarrollo a largo plazo. La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos culturales de la sociedad. El crecimiento económico siempre se ha producido mediante la promoción de los gobiernos. No obstante, siguiendo a Grubb et al. (1993) el cuestionamiento permanece, si se supone que el punto final del desarrollo sea radicalmente diferente al actual patrón de uso intensivo de recursos de los países industrializados, cómo es que se supone que estos países deben desarrollar este nuevo Estado?. Las demandas que los diferentes agentes económicos y actores políticos y sociales formulan en forma incluyente al Estado, sobrecargan sus estructuras y procesos y lo convierten en un Estado ineficiente.

De 1990 a 1998, el número absoluto de personas viviendo con menos de dos dólares diarios se incrementó de 2.7 miles de millones a 2.8 miles de millones. Según datos del Banco Mundial (2000), el número de personas en extrema pobreza que viven con un ingreso menor a un dólar por día era de mil 200 millones al finalizar 1998. Desde 1995, de acuerdo a informes de las Naciones Unidas, el número de personas que viven en pobreza absoluta ha crecido de mil millones a mil doscientos millones, mientras que la población ha crecido en 400 millones en el mismo lapso de tiempo. Queda claro que los procesos de globalización profundizan las diferencias de ingresos y riqueza y no podrá sacar de la miseria a millones de pobres en el mundo.

En otras palabras, la globalización del capitalismo también globaliza la miseria, aunque tenga como pretensión la reducción del nivel y severidad de la pobreza tomando ventaja de este fenómeno. Queda claro que no es tanto la cantidad de recursos la que determina el nivel de pobreza en un país sino que usos se hacen de los recursos. La pobreza presenta varias dimensiones, desde los que siempre tienen hambre, hasta la carencia de oportunidades para el desarrollo y la falta de acceso a obras de infraestructura básica (alumbrado, agua potable, etc.), pasando por aspectos psicológicos como la impotencia, humillación, dependencia, etc. Se estima que 40 millones de personas mueren de hambre cada año.

La pobreza no se sufre voluntariamente sino que a los individuos se les limita en la obtención de mejores niveles de vida cuando el sistema les niega sus derechos y libertades, tal como es la situación en muchos países. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma. En estos tiempos, ser pobre es conocer el desprecio de otros y el propio desprecio internalizado.

Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). Este desdén propio y falta de poder ampliamente enfatizado por la comunicación global que niega estos valores indígenas tradicionales que una vez fueron la base del uso sustentable de los recursos, que consideran ciertos lugares especiales sagrados y para la comunidad.

Probablemente ningún otro sector de la población de Latinoamérica más desigualdades e injusticias que las gentes indígenas de la región. Durante los últimos cinco siglos, las gentes indígenas de Latinoamérica han sufrido casi todas las indignidades y abusos imaginables. Desde la conquista europea de la región, la sociedad latinoamericana se ha basado en la maximización de la explotación laboral entre las líneas étnicas y el trajo diferencial de los grupos étnicos tanto por el capital como el Estado han creado una compleja estructura de ethnoclases. Relaciones paternalistas, autoritarias y clientelistas de subordinación entre las elites locales y las masas a los niveles nacionales y subnacionales han ido de la mano con la subordinación de las sociedades latinoamericanas a las elites externas coloniales y neocoloniales interesadas en la explotación de los recursos naturales, trabajo y capital de estas sociedades.

Las gentes indígenas tienen generalmente ocupado el más bajo nivel de esta estructura de extrema desigualdad económica y social y hasta muy recientemente han estado excluidos o marginados del proceso de la política (Harris, 1997) Los indígenas están conscientes de su papel y han empezado a organizarse, a reconstruir su identidad y a plantear reivindicaciones culturales. Sin embargo, a pesar de las condiciones económicas, sociales, etc., hay posición y resistencia al mantenimiento de la estructura de ethnoclases existente de un creciente número de organizaciones, incluyendo los nuevos movimientos sociales organizados.

La libertad es la ausencia de restricciones y coerciones humanas que limitan el ejercicio de su elección racional así como también la dotación de medios y poderes para realizar estas decisiones. Tanto las elecciones de los agentes como su posible comportamiento son inciertos. La libertad es un elemento central del desarrollo que se revela por visiones internas, las cuales, según Amartya Sen, desde el punto de vista de los desvalidos de la sociedad nos ayuda a comprender la verdadera índole del desarrollo. El ejercicio de la libertad individual se fundamenta en una correcta toma de decisiones, la cual tiene como soporte las posibilidades de acceso a las fuentes del conocimiento. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países.

El concepto de desarrollo es un concepto más amplio que el de crecimiento, aunque no es del todo aceptable un concepto puramente economicista sino involucra el desarrollo humano y social, así como una adecuada acción política. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política. El desarrollo humano y social son el resultado de variables determinadas por las instituciones que condicionan las interacciones sociales. Para Tarapuez Chamorro (2001), el desarrollo se refiere a “cambios inducidos en forma consciente e intencional, a través de políticas que en forma deliberada son impulsadas por diferentes agentes del desarrollo”, así, el desarrollo es un proceso colectivo y dinámico que no se realiza en forma aislada y en el cual también influyen los cambios generados desde y hacia el interior de la región”.

Además, el concepto de desarrollo es un concepto ambiguo que se usa en forma descriptiva o normativa y puede hacer referencia a los medios o fines del cambio social, como visión de mejores condiciones de vida o como proceso para lograr la modernidad de las sociedades, la cual implica su desarrollo democrático en consideración que la democracia es verdaderamente el requisito del desarrollo. El concepto tradicional de la democracia ha sido abandonado para elaborar nuevamente un concepto de democracia que apoya y mantiene el sistema capitalista.

La modernidad establece al estado-nación como una forma de gobernabilidad para asegurar espacio a la vocación histórica de la nación. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

El espacio nacional se encuentra delimitado territorialmente por fronteras geográficas y físicas que definen la ocurrencias de fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estas características también delimitan los espacios soberanos en función de las unidades de los espacios nacionales. No obstante, Hungtington (1993) plantea que la modernización provocaba inestabilidad, por lo que llegó a sostener que antes de tener gobiernos democráticos era necesario gobiernos que centralizaran el poder para llevar a cabo los procesos de modernización.

Los procesos de modernización generan aprendizajes rápidos y traen consigo un incremento en las demandas de bienes y servicios e inflación de las expectativas para satisfacer las necesidades y deseos, lo cual no siempre desarrolla la infraestructura y capacidad para lograrlo. Es en el espacio del Estado-nación donde ocurre la geopolítica y al avanzar hacia niveles espaciales internacionales y global adquiere relevancia la geoeconomía. Es a partir de la existencia del ámbito espacial nacional que tienen ocurrencia los procesos de globalización.

Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales promueven el espacio del mercado por sobre el espacio nacional, al cual cubren y supeditan. De esta forma, las corporaciones transnacionales promueven la extensión de la geopolítica y la geoeconomía del espacio al espacio internacional y global

Por lo tanto se puede decir que el concepto de desarrollo es multidimensional porque implica todos los componentes del bienestar humano, tales como los económicos, sociales, políticos, culturales, espirituales y del medio ambiente. Goulet (2000) enumera como dimensiones del desarrollo las siguientes: el componente económico, el ingrediente social, la dimensión política, elemento cultural, y el paradigma de vida completa.

No obstante, Amrtya Sen (1999) concluye que la hipótesis de que no existe una clara relación entre el crecimiento económico y la democracia, en ninguna dirección se mantiene extremadamente plausible. El desarrollo integral implica una estrecha relación entre el acceso a los recursos económicos necesarios para la adquisición de capacidades humanas que permitan la realización de las personas, de acuerdo con los trabajos de Amartya Sen.

El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas reporta que las instituciones de gobernabilidad, responsables y que rinden cuentas constituyen el eslabón perdido entre los esfuerzos contra la pobreza y la reducción de la pobreza, incluyendo cuando los países buscan implementar políticas nacionales y dirigen sus intervenciones en favor de los pobres, la falta de gobernabilidad nulifica su impacto. Precisamente, las instituciones de gobernabilidad surgen como resultado de las disparidades en el potencial para la creación de valor. Deneulin (1999) argumenta que mediante la corrección de la asignación de recursos en los mercados, o ya sea mediante la introducción de un impuesto solidaria internacional, una organización internacional puede eliminar las trampas de la pobreza.

Es moralmente aceptable que los pobres del mundo tengan el derecho a buscar mejores condiciones de calidad de vida, que en las condiciones del sistema globalizador de la economía y la política actuales son muy difíciles de lograr ya que se sacrifican en nombre del progreso futuro. De hecho, el logro de la calidad de vida en el actual modelo de desarrollo orientado por la globalización económica, se supedita al crecimiento económico. Lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, así como mejorar los niveles de calidad de vida de la sociedad, es factible con la instrumentación de mecanismos de gobernabilidad que promuevan una asignación equitativa de los recursos y bienes sociales.

El pobre necesita volver a ganar sus capacidades productivas. De acuerdo con Amartya Sen, las capacidades son “un nivel de éxito funcional, intermedio entre recursos y bienestar” (Gómez y Loyola, 1999) La estrategia contra los efectos perniciosos de la globalización económica es la movilización y reactivación de las capacidades y competencias productivas de los pobres, con el objetivo de que eleven sus niveles de mejoramiento de calidad de vida sacrificada en nombre de un progreso incierto. El pobre en las sociedades pobres con una economía estancada o decreciente, constituyen un problema de proporciones no manejables, pero no que se imponga por sí mismo con mucha urgencia para la comunidad de las naciones, excepto como una tragedia humana que ruega por una solución de humanitarismo.

Sin embargo, mientras que en la economía y los mercados la tendencia es hacia la globalización, las demandas sociales y políticas presentan una tendencia hacia su fractura, tal como puede apreciarse con la fragmentación y el debilitamiento del rol de los Estado-nación. La fragmentación del Estado en regiones y localidades es una fuerza encontrada con los procesos de globalización e interdependencia que genera tensiones y dan por resultado un fenómeno que Torrijos (2001) ha denominado como dispersión internacional.

Si los procesos económicos y sociales tienen como tendencia la globalización, entonces el Estado-nación pasan a ser entidades de decisión únicamente. Es decir, al intensificarse los procesos de globalización, entonces se disminuyen las capacidades y competencias de los Estados-nación. De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales. Así, se pone en entredicho el precio a pagar por la cohesión de los países que resulta en la fragmentación de las sociedades que los forman. La tendencia del mundo, más que a unificarse tienden a fragmentarse.

Esta fragmentación de los valores culturales, étnicos, religiosos, etc., siempre termina en profundos conflictos sociales. Así, se pone en entredicho el precio a pagar por la cohesión de los países que resulta en la fragmentación de las sociedades que los forman. Esto hace suponer que difícilmente se conseguirá un gobierno mundial genuino con una política también mundial, echando por tierra la tesis del Estado Homogéneo Universal insinuada por Fukuyama (1990) como una asociación política supranacional, como la característica del mundo posthistórico en el que no existen conflictos, antagonismos ni crisis. Sin embargo, la realidad muestra que la tendencia en los conflictos apunta a efectuarse más entre grupos con ciertos intereses específicos dentro del ambiente global más que entre los Estados-nación mismos.

No obstante, se puede argumentar que la estrategia para el establecimiento de un gobierno mundial consiste en fraccionar todas las fuerzas que son hostiles al proyecto. Esto sería resultado de la aceptación del modo de vida occidental, aunque parece que Fukuyama ignoró que precisamente las crisis es una característica del mundo accidental. No obstante, el mundo más que a unificarse tiende a fragmentarse.

Esto se debe en parte a la gran alianza de los grandes centros de poder que controlan la economía y la política global, como el Grupo de los Siete (G-7), el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, meros instrumentos de los países ricos para profundizar los procesos de globalización. Los gobiernos de los Estados nacionales se someten a la dictadura en materia de política económica, cuyas consignas y lineamientos se diseñan por estos grandes centros de poder mundial. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. La ideo de un Estado Homogéneo Universal de deja de ser una mera utopía en el supuesto de que todos los seres humanos tengan las mismas expectativas y sin que existan heterogeneidad ni antagonismos de intereses.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron constituidos en 1944 en Bretton Woods como federaciones para servir a los intereses comunes de sus miembros los Estados nacionales y no a los ciudadanos globalizados, corporaciones u organizaciones no gubernamentales. No obstante, junto con su nuevo aliado, la Organización Mundial del Comercio (OMC), estas instituciones han modificado sus propósitos originales para ponerse al servicio, no de los Estados nacionales miembros sino de una abstracción ideológica, “la economía global”.

La economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales en la que la autonomía del capital se exagera bajo el influjo de una ideología de libre mercado. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible. La OMC es ejemplo de las instituciones internacionales que tiene cierta autoridad y normas precisas para exigir su cumplimiento a los Estados Nación afiliados. Su posición centrada en el comercio es fuerte en relación con otros regímenes internacionales.

La orientación de la OMC a la liberalización del comercio internacional, considerada como algo beneficioso para los pueblos del mundo, la hace presentarse con una dosis mayor de legitimidad que otras instituciones internacionales. Desde una perspectiva democrática, Keohane and Nye (2000) sostienen que su diseño como una institución internacional es casi ideal, su burocracia internacional es débil y la organización responde a los gobiernos electos. Hay la percepción de que la OMC, más que ser una burocracia cerrada, está abierta a la participación.

Las organizaciones internacionales actúan bajo un modelo de club de régimen comercial organizaciones multilaterales de acuerdo a Keohane and Nye, 2000), el cual se está debilitando por la acción de varias fuerzas, entre las que destacan la creciente influencia que tienen las normas democráticas en más países y que intentan implementar a niveles internacionales. El modelo del club que adoptaron las organizaciones internacionales está siendo atacado, aunque si bien no es descartado, sin embargo, requiere de ciertas modificaciones.

Estas organizaciones deciden por consenso y no por mayoría de los votos, con autonomía limitada y responden a los intereses de los Estados-nación con más influencia. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. La autonomía es una condición de los pueblos para el ejercicio de su soberanía e independencia política. La autonomía se fundamenta en el ejercicio que hace la ciudadanía para evaluar y juzgar las acciones de sus gobiernos y sus responsabilidades para una correcta toma de decisiones en el ámbito de sus competencias ante la comunidad. . De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales. Estas competencias de los diferentes niveles de gobierno del Estado nación deben ser delimitadas entre las que son exclusivas y las que son concurrentes.

Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Las prácticas de los clubes entran en conflicto con las demandas de una mayor transparencia y rendición de cuentas de las sociedades democráticas. Resulta obvio que en el futuro las organizaciones internacionales necesitan un mayor balance entre la transparencia y participación y un equilibrio entre el liderazgo público y las comunidades.

Los críticos enfatizan la participación directa y la rendición de cuentas, la falta de transparencia en los procesos, existencia de barreras para la participación de grupos interesados, así como ausencia de políticos con conexiones en las organizaciones y en sus respectivos grupos. Lo que se ha perdido es la actividad legítima de los políticos con amplias bases en una sociedad democrática, que hablen directamente a los electores y que tengan responsabilidad para rendir cuentas de sus acciones. Las sanciones son el corolario usual de la responsabilidad

La rendición de cuentas es la fuente de la credibilidad de los pronunciamientos de las políticas. La transparencia es importante para la rendición de cuentas, aunque no sea total o instantánea. El problema reside en cómo lograr la transparencia y la rendición de cuentas al mismo tiempo que se logre una mayor cooperación e integración internacional. La creciente integración internacional induce una mayor competencia de productos en el mercado, lo que implica que llegue a ser más costoso mantener los sistemas de bienestar financiados con fondos públicos. Por lo tanto, la rendición de cuentas es un fenómeno multidimensional que considera tanto la rendición de cuentas electoral como la no electoral. Una de las dimensiones de la rendición de cuentas que reporta a los líderes electos a través de la cadena de delegación.

La ausencia de transparencia en las sesiones de negociación de los delegados, quienes a pesar de ser instruidos y responden a oficiales electos en las democracias, actúan en lo privado en clubes que se forman alrededor de los temas, intereses e instituciones. Este tipo de organizaciones internacionales carece de los elementos fundamentales que hacen posible la democracia y con ello la rendición de cuentas. Por lo tanto, la falta de transparencia y las restricciones en la participación afectan adversamente la legitimidad pública de las instituciones internacionales.

Las instituciones fallan porque no representan los arreglos institucionales y las negociaciones establecidas a largo plazo entre los diferentes actores económicos y porque no se ajustan a las condiciones de desarrollo local integral adaptándose el modelo global propuesto por los organismos multilaterales. El diseño e implantación de planes y programas de desarrollo económico local debe tomar en consideración la pluralidad e inclusión de los intereses de diferentes agentes económicos y actores políticos para lograr los compromisos y coordinar eficazmente los esfuerzos.

La propuesta de aprendizaje institucional (Kaiser, 1997) sostiene que los actores políticos que quieren cambiar aspectos de sus sistema son influidos por un grado considerable ya sea por el sistema político al cual están cultural o geográficamente más próximos, o cuando hay un acuerdo para un cambio fundamental por modelos que son considerados ser historias de éxito excepcional. Se tienen que considerar los factores contextuales como variables que intervienen, las cuales engrandecen o disminuyen el rango de alternativas que los actores políticos piensan están disponibles para las situaciones de la toma de decisiones.

No obstante, el desarrollo local debe pivotar sobre un compromiso de la comunidad bajo la concepción de un espacio de interacciones solidarias y activas que sustituye al concepto tradicional de espacio físico delimitado territorialmente. Para Tarapuez Chamorro (2001), el desarrollo económico local es un proceso que reactiva la economía y dinamiza la sociedad local, para aprovechar eficientemente los recursos endógenos existentes a efecto de estimular el crecimiento económico, crear empleo y mejorar la calidad de vida. Para que este proceso de desarrollo económico local sea eficaz requiere de una estructura institucional capaz de diseñar e implantar programas de formación de capital humano y social, para mejorar los niveles de productividad.

Sin transparencia los medios de rendición de cuentas son carentes de legitimidad aunque la transparencia no implica gobernabilidad a través de las elecciones. La mejora en la transparencia y en la rendición de cuentas así como la eliminación de las restricciones políticas impuestas al desarrollo, dará más libertad a los actores económicos para lograr resultados económicos. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes.

Uno de los directivos de la OMC ha dicho que lo que se está escribiendo es la constitución de una economía global y no las reglas de interacción entre economías nacionales separadas. Por otro lado, Petras (2001a) señala con claridad que los únicos países en posición de determinar las reglas son aquellos que controlan las organizaciones de comercio mundiales y las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

Las instituciones financieras internacionales son instituciones que desempeñan funciones y actividades que les han encomendado los Estados imperiales de cuyo poder deriva. Aquellos que están en la cima establecen las reglas para aquellos otros que están debajo”, y concluye: “La aplicación desigual de las reglas comerciales es resultado de la naturaleza imperialista de la estructura y de la economía mundial”. En los últimos dos siglos, la economía mundial se ha vuelto más desigual, ampliando la brecha de los ingresos entre las naciones y dentro de las mismas naciones.

Sin embargo, la globalización ha incrementado la desigualdad entre las naciones pero sus efectos en la desigualdad dentro de las naciones no es muy claro. Lo que es claro es que los procesos de globalización enfrentan una tensión por la desigualdad de las diferentes naciones de acceso a los mercados internacionales que no pueden resolver fácilmente a pesar de que ha mitigado la desigualdad entre algunas naciones. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Las que ganaron más de los procesos de globalización son aquellas que modificaron sus políticas para insertarse, que aquellas que no lo hicieron, de acuerdo a Lindert y Williamson, (2001). Los efectos de la globalización en la desigualdad dentro de las naciones, ha resultado en las dos formas, positiva y negativa.

La revolución tecnológica de la información y la telemática, transforma las formas de acceso, distribución y consumo de la información y comunicación, generando una nueva economía, La revolución tecnológica está transformando los procesos de producción que involucran nuevos modos de producción industrial y comercial y están modificando profundamente los conceptos del valor, lo que repercute así mismo en una desvalorización del trabajo. La revolución tecnológica de la información modifica los mercados laborales y convierte a la educación en un jugoso mercado. Lo que se está presenciado es un cambio radical del capitalismo industrial a una concepción postindustrial de las relaciones económicas. Tanto las relaciones inter económicas, como las inter estatales y las inter regionales son cuestiones inherentes a los procesos de globalización del capital.

La nueva sociedad postindustrial, sociedad de la información, sociedades del conocimiento o también llamada “sociedad digital”, surgida de la sociedad industrial está terciarizando la econom