INTRODUCCIÓN
Leer un texto es platicar con el que lo escribió; es sentarse con un amigo ante
una taza de café, y empezar a escucharse, interpelarse y construir juntos un
nuevo pensamiento. Desde esta consideración, todo libro que no se lee, es una
invitación a dialogar que no se aceptó, y por ello, ese texto perdió su razón de
ser. Y ¿para qué sirve una obra que no se lee? En ese caso, tal vez ni merezca
el nombre de libro: quizá sólo sean un montón de hojas llenas de letras a las
que unió una grapa.
Lo que realiza al libro como tal, es ser leído; porque su misión fundamental de
transmisión de ideas, sólo la realiza cuando alguien lo lee; mientras que nadie
se decide a abrirlo, es un trabajo a medio concluir. Un libro es por esencia
diálogo o no es libro. Por ello, una obra que no se lee, es como dos amigos que
no se llegaron a juntar a platicar. Desde esa óptica, te agradezco que estés
aquí presente, pues entre los dos logramos la realización plena de estos
escritos.
Dos amigos cuando platican, pueden o no coincidir, pero eso no es lo primordial;
lo importante es que se dieron una oportunidad de intercambiar opiniones,
disfrutaron sus mutuas personalidades, y al final de la plática; a más que ambos
alimentaron su espíritu con la presencia del otro y con sus ideas; generaron
pensamiento nuevo que previamente no existía en sus mentes, y que los ha
enriquecido, y por ello, terminaron con una estatura mayor como personas: que es
el resultado general de una buena charla y de una mejor lectura.
Te sugiero que no leas esto de un tirón. Lo que se muestra aquí son ideas, y
ellas no son fáciles de digerir. El máximo ideal sería un tema por día y en
aquellos que está seriados, sólo una parte por vez. Pero de ser posible, si no
te enfada, sería mucho mejor que leyeras un tema en una ocasión y lo releyeras
al día siguiente. Pero bueno, esa es mi opinión y falta la tuya; a fin de
cuentas, con la decisión que te parezca más conveniente, daremos forma a nuestro
diálogo.
Pues adelante, sólo sigue que abordemos el primer tema.