2. Una revelación sobre la existencia de Dios.
Entre las influencias más tempranas e importantes que marcaron la vida de
Wittgenstein, encontramos la doctrina del Verbo de Dios, o el Logos del IV
Evangelio según San Juan, y los principios filosóficos helénicos y cristianos de
San Agustín, y después de ser profesor de Universidad en Inglaterra y de
convertirse por voluntad propia en maestro de una escuela austríaca, la vida le
llevará a ser jardinero en un Convento, y a desprenderse de su herencia entre
sus hermanos. No obstante, volverá a Cambridge a petición de la Universidad,
para impartir clases de filosofía hasta que sobreviene la IIª G.M. en la que
participará como camillero en un hospital londinense. Finalmente, tras un corto
periodo de tiempo abandonará definitivamente la cátedra universitaria, de la que
con nostalgia escribirá años después ¨Cuadernos Azul y Marrón¨, lecciones
dictadas en inglés de los cursos 1933-34 y 1934-35. Y pasará sus últimos días en
la costa occidental de Irlanda, hasta que el cáncer hace mella en su salud y
acaba con su vida en 1951. Su frase lapidaria: ¨Dígales que he tenido una vida
muy feliz¨.
Las bases de su análisis del lenguaje, en el que más que fijarse en los
significados lo hace por sus usos, descubre lo importante que es aclarar el
significado de las palabras en el contexto de su uso y según su reglamentación
propia, este es el criterio de la filosofía, comprender la función de las
palabras en los diversos lenguajes, de como se relacionan con la vida, de como
expresan los sentimientos de las personas que hacen uso de ellas. Es erróneo,
pues como dice Wittgenstein, y en la misma línea que se hallaría la
fenomenología de Edith Stein, afirmar que la filosofía intenta explicar el
sentido de la vida a partir de lo que está más allá de lo fenomenológico, de ese
mundo del que Nietzsche busca su explicación como resultado de una especulación
sobre la voluntad de poder, remitiéndonos a falsos problemas.