b. Los fundamentos de la política.
Para el período anterior al gobierno de Perón – es decir a lo largo de la década
del 30’ - el debate en materia educativa estuvo centrado básicamente en la
discusión entre las corrientes normalistas-positivistas y las espiritualistas.
Con el peronismo se plantearon nuevos ejes de discusión, concebida dentro de los
principios del humanismo y de la exaltación de los valores espirituales, a los
que Perón ya hacía referencia en 1943 desde los balcones de la casa de gobierno.
La adscripción a estos valores lo confirma Laguzzi en su estudio sobre la
política educativa del peronismo “(...) si por el camino de la inteligencia el
hombre llega a dominar la técnica para satisfacer necesidades vitales y estar
mejor, por la senda del espíritu llega a superar lo material, a desdeñarlo aun a
costa de sus necesidades para elevarse, proyectarse hacia lo trascendente, en
una palabra para ser mejor” y agrega mas adelante “su humanismo tiene por base
la justicia social y está expresado de una parte en la conquista de la
independencia económica, en la distribución equitativa de la riqueza, en la
justa retribución del trabajo y en la humanización del capital, aspectos todos
que tienden a un estar mejor del hombre y de la sociedad; de otra parte postula
el derecho de todos a vivir con dignidad; el acceso a los bienes de la cultura;
el perfeccionamiento de las instituciones; el deber de cultivar el sentimiento
de cooperación, el amor al trabajo, y el sentido de la responsabilidad; de
poseer una inquebrantable vocación de ser argentino y de defender hasta el
sacrificio las instituciones, su libertad y la de su Patria; con lo que el
hombre conquista su jerarquía espiritual y procura ser mejor.” Según este autor
estos postulados deben sostenerse como fines también de la educación,
volcándolos a las aulas en las que el maestro cumplirá un rol fundamental “(...)
es un factor de primera magnitud en la propagación de las nuevas ideas y en la
formación de la nueva conciencia”.[5]
La política del gobierno estaba basada también sobre la conceptualización de que
la educación debe formar ciudadanos para el sistema político, cumpliendo así la
vieja consigna sarmientina “educar al soberano”, a la vez que trabajadores, para
su inserción en el mundo social y productivo. Esta concepción se encuentra en
diversos discursos del Gral. Perón, en los que menciona conceptos como “en la
Argentina hay una sola clase de hombres: los que trabajan” o la frase paulina
“el que no trabaja no come”. Estas ideas se bajaron a las escuelas –traducidas
en un fuerte mensaje ético en relación con la valorización y sentido del trabajo
en la sociedad y en las personas – implementadas a través de programas de
capacitación.
Un claro ejemplo de esto es la creación de un circuito de enseñanza técnica en
manos del estado o el surgimiento de nuevos espacios educativos como los Hogares
–Escuelas, las escuelas fábricas y la misma Universidad Obrera Nacional.