2. Las corrientes de pensamiento en la Iglesia Católica.
El nacimiento y el progreso de la idea de Dios están íntimamente ligados al
sentido de trascendencia en el mismo momento en que la vida se hace reflexiva,
del único orígen posible del conocimiento que es el ¨Logos¨ nace en el hombre el
fenómeno religioso.
En la Biblia hebrea, el pasaje de Moisés y ¨la zarza ardiente¨ nos presenta a
Dios como el fuego del espíritu, y en el de ¨la lucha de Jacob con el ángel¨ se
nos representa el significado de la vida humana, ...
Los evangelistas, y más especialmente San Pablo y San Juan, nos presentan el
Cristo del que han vivido los grandes místicos. Los textos juánicos, y
concretamente el Logos del IV Evangelio nos revelan a Jesús como el Verbo de
Dios, que encendió el conocimiento e inteligencia humana, y que en virtud de su
encarnación, es el Redentor y Salvador. Las cartas paulinas nos enseñan como el
Verbo encarnado de la contemplación mística, de las corrientes de vida y
pensamiento, es de una inagotable fecundidad en ética y moral.
Esta temática presente en Mt 7, 13 ss es utilizada por la Didaché (¨Doctrina de
los Apóstoles¨, del griego ¨apostolos¨, mensajero, enviado, ... primera mitad
del siglo II) como forma fundamental de una instrucción sobre la vida cristiana:
¨Hay dos caminos. Uno es la vida de la vida, el otro es la vida de la muerte.
Pero entre los dos caminos hay una gran diferencia¨, que referencia el antiguo
juramento hipocrático: que exige el respeto absoluto por la vida humana y su
carácter sagrado. La carta de Bernabé (hacia el 130) habla también en términos
análogos del camino de la luz y del camino de las tinieblas.