a) El concepto de ¨psychicos¨.
En la segunda mitad del siglo II (a finales de los años 150 a poco después del
170) se desarrolló en la ciudad de Frigia de Hierápolis un movimiento denominado
¨nueva profecía¨, pero que en la controversia teológica fue denominado ¨secta
frigia¨. Su fundador, Montano, de quien este movimiento tomó su nombre a partir
del siglo IV, se presenta en rapto y éxtasis y exigía pleno asentimiento a sus
palabras. El dato sorprendente de este movimiento parece haber sido un nuevo e
insólito tipo de profecía, unido al rapto, a la emisión de sonidos y a un hablar
de cosas extrañas. Claramente, los profetas frigios consideraban el éxtasis como
prueba de que su hablar era verdaderamente obra del Espíritu. Acabaron al margen
de la doctrina eclesiástica sólo a causa de su firme convicción de encontrarse
ante la cercanía del final del mundo. En el campo ético sostenían posturas
rigoristas. Rechazaban un segundo matrimonio después de la muerte del cónyuge,
exigían severas prácticas de ayuno, requerían una tensión casi incondicional
hacia el martirio y propugnaban una disciplina penitencial rigurosísima,
reivindicando para los nuevos profetas la plena potestad de perdonar los
pecados. Quien acogía la doctrina de la nueva profecía era reconocido como
¨pneumatikos¨; quien la rechazaba era un ¨psychicos¨ (cf. 1 Cor 2, 14-15).
En definitiva, se puede estar de acuerdo con los historiadores del dogma, que
describen la actitud fundamental montanista en los términos siguientes: ¨La
esencia de la Iglesia está constituida no por la gracia mediada en ella por el
ministerio, sino por la piedad de cada uno de sus miembros iniciados
proféticamente; y el gobierno de la Iglesia compete no a los detentores del
ministerio, a los obispos, sino a los órganos del Espíritu elegidos libremente
por inspiración¨.