Corolario.
Por todo ello concluimos que la vida es el arte del encuentro, es relación. Las
neurosis están ahí, por mucho que esté de moda o no este concepto, son una forma
de rebelión contra la realidad.
En una sociedad en desintegración abundan las opiniones contradictorias debido a
la confusión mental imperante, a la ausencia de la verdad porque todo es verdad.
En esta sociedad las neurosis aumentan ya que sus fuentes, el estrés y las
frustraciones ambientales, aumentan con las quiebras sociales y culturales.
Es por ello que solo en la familia, que nos vemos obligados a calificar de
natural, educando en unos valores encarnados, es donde se protege al hombre
contra las neurosis, porque le enseña a ser persona.
Valores que son necesarios, en especial a los adolescentes, porque la vida hay
que empeñarla en algo sino se malgasta. El descubrimiento de ese alguien o algo
por lo que vale la pena gastar la vida en su servicio es lo que llamamos
valores. Estos valores como las personas son diversos. Pero valores que hay que
vivir y transmitir, para que el adolescente, de esos valores recibidos, de su
examen de ser "de, con y para", los asuma o cambie, es necesaria esa motivación,
si nada descubre nada le motivará. Es en la familia donde nuestros jóvenes por
el temperamento heredado biológicamente se socializan, se forman, forjando el
carácter y su personalidad, decidiendo que hacer con su vida. El temperamento se
hereda, el carácter se forja y la personalidad se adquiere, siendo la familia el
lugar idóneo, por ser el lugar donde, se ama a la persona por lo que se es y no
por lo que se tiene, para su consecución.
La raíz de la motivación consiste en que la vida nos parezca interesante, que
tengamos esperanza de realizar en nosotros ciertos valores por arduos que nos
parezca darles alcance.
Hay que tomar la vida como un proyecto. El proyecto de ser persona, lo cual es
una aventura apasionante. Es afrontar con decisión el reto maravilloso de vivir
para VIVIR.