b) Los Hechos de los Apóstoles.
En el sacrificio vemos la inspiración del Espíritu Santo que Jesús prometió a
los Apóstoles como la facultad mediante la cual serían sus testigos, sus
mártires, hasta el fin de los días (Hch 1:8). La antigua tradición de la Iglesia
presenta el relato de los Hechos de los Apóstoles en referencia a su
identificación con el testimonio del Señor, sufrir la "humillación por el bien
de su nombre" (Hch 5:40), en cuanto está estrechamente relacionada con el
sufrimiento y la muerte por la fe (Hech 1:8 y 22).
c) Las Epístolas.
La vida de San Pablo y su misión está en relación con el sufrimiento y el dolor,
con su comunión con la pasión de Cristo (1 Cor 2,1 ss.; Gal 4,12-14), fue
decapitado.
La nube de testigos (Hb 12,1), ha completado "lo que falta a la Pasión de
Cristo". "Me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo
lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo,
que es la Iglesia" (Col 1,24).
La cruz es un escándalo y una locura (1 Cor, 22-25) para el mundo, el valor del
cristiano se expresa en las palabras del apóstol Santiago: "Vosotros que no
sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana ... ¡Sois vapor de agua que
aparece un momento y después desaparece" (St. 4,14), y en las vibrantes
afirmaciones de San Ignacio de Antioquía: "De nada me serviría todo el mundo y
todos los reinos de aquí abajo; para mi es mejor morir por Cristo Jesús que ser
rey sino en los confines de la tierra. Yo busco a Aquel que murió por nosotros;
yo quiero a Aquel que por nosotros resucitó", ante su inminente martirio
(Epistola ad Romanos, 4,1): "Dejad que me devoren las bestias, que es mi manera
de llegar a Dios. Soy el trigo de Dios, y debo ser molido por los dientes de las
bestias salvajes, para que pueda llegar a ser el pan puro de Cristo".