2)
Los Apóstoles y protomártires:
Un ejemplo que podemos traer a colación y que existió ya en sus lejanos
orígenes, con nuestro protomártir San Esteban, es como hubo de brillar luego en
toda su evidencia en aquellas dramáticas horas en que, frente a los verdugos de
Roma, millares de cristianos prefirieron la muerte a apostatar de la fe,
entregando su vida en un acto sublime de oblación a Dios.
Otros dedicaron sus últimas palabras precisamente a la misericordia y al perdón,
en imitación del ejemplo dado por Cristo en la cruz y seguido ya por el primer
mártir, San Esteban que fue lapidado.
La religión cristiana se difundió muy rápida desde Jerusalén hasta Antioquia,
antes de llegar al Occidente, en Roma. El Cristianismo llegó a las costas de
India, donde San Tómas Apóstol predicó y fue martirizado, mientras San Judas
Tadeo y San Bartolomeo predicaron el Evangelio en Armenia. Gracias a sus
martirios, Armenia se convirtió en el primer país cristiano.
Por voluntad de Cristo, Juan sería el único de los 12 apóstoles que no moriría
de muerte violenta, y a excepción de Judas Iscariote que se suicidó, el resto
sufriría el calvario del martirio.