La distanasia u obstinación terapéutica.
La ¨distanasia¨ (del griego ¨dis¨, mal, algo mal hecho ...) es etimológicamente
lo contrario de la eutanasia, y consiste en retrasar el advenimiento de la
muerte todo lo posible, por todos los medios, proporcionados o no, aunque no
haya esperanza alguna de curación y eso signifique inflingir al moribundo unos
sufrimientos añadidos a los que ya padece, y que, obviamente no lograrán
esquivar la muerte inevitable, sino sólo aplazarla unas horas o unos días en
unas condiciones lamentables para el enfermo. La distanasia también se llama
¨ensañamiento¨ y ¨encarnizamiento terapéutico¨, entre otras acepciones, aunque
sería más preciso denominarla ¨obstinación terapéutica¨.
La ¨obstinación terapéutica¨ es la aplicación de intervenciones quirúrgicas y/o
medidas de resucitación u otros procedimientos no habituales a enfermos
terminales cuyo fallecimiento por inminente y/o consumado se retarda por todos
los medios. Y no es esta la cuestión de la que se trata mientras existan
constantes vitales con expectativa de vida, a cuyos enfermos se les tiene que
socorrer debidamente, porque la obligación del profesional de la salud es
preservar su vida, respetando el privilegio terapéutico en situaciones de
urgencia vital.
Se ha de eludir la ¨distanasia¨, si en los enfermos terminales con lesiones
cerebrales u otras dolencias, a los que siempre se deben mantener las medidas de
sostén o prestaciones debidas de ¨tratamiento vital¨ en situación crítica de
necesidad concurrente para aliviar los sufrimientos del moribundo y moralmente
conforme a la dignidad humana, se aplicarían tratamientos extraordinarios o
desproporcionados de cirugía, reanimación cardíaca (que se utilizan
habitualmente en estados críticos y que incluirían un sistema de traqueotomía,
una aparato desfibrilador así como aplicar los electrodos del
electrocardiógrafo, inyección de adrenalina y localizar una vía intravenosa,
conexión de la máquina de respiración asistida u equipo de oxígeno, etc ...) u
otros métodos lesivos. Si desde el punto de vista ético, ya con el fin de no
prolongar su agonía, porque existe la condición previa de que la muerte no es
deseada ni como fin ni como medio sino solamente un hecho previsto y tolerado
como inevitable cuando cursa sin actividad electroencefalográfica ni contracción
cardíaca y habiéndose hecho lo posible por el enfermo, se opta por no practicar
de nuevo su resucitación por medios artificiales y/o mecánicos, porque no
existirían esperanzas de salvar su vida, después de certificar su ¨muerte
clínica¨ observada y declarada por un médico, y de haber firmado el enfermo una
declaración de voluntades anticipadas.
De todos modos, antes de llegar el caso y siempre respetando los requerimientos
de asistencia espiritual por su alma y por voluntad propia del paciente la
administración de la ¨unción de los enfermos¨ con aceite consagrado que se usa
en la administración de los sacramentos, el crisma; consciente de sus actos, o
aun cuando no esté capacitado para firmar según los cánones establecidos, pero
todavía conserve sus facultades mentales y se pueda comunicar, con el fin de
evitar la distanasia, el ¨testamento vital¨ según los cánones eclesiásticos, es
el único lícito, ética y moralmente, y puede ser firmado ante testigos por los
familiares más allegados, como interlocutores válidos ante la ley y por orden de
autorización del enfermo.
So capa de rechazar el ¨empecinamiento terapéutico¨ sin expectativa ninguna de
mejoría , lo que se patrocina en realidad por parte de los médicos que apoyan la
eutanasia pasiva y activa, es el acto de dar muerte a otro (por acción u
omisión), como si eso mereciese la misma consideración que la de hacer lo
posible por el moribundo para que pueda vivir lo más dignamente posible su
propia muerte cuando esta llegue, y acto seguido abstenerse de prolongar su
existencia precaria.
El ¨encarnizamiento terapéutico¨ se entiende en un contexto ajeno al que se
refieren los médicos que practican la eutanasia u homicidio terapéutico, porque
no pueden acabar con la vida de sus pacientes, ni aun cuando ellos o sus
familiares lo solicitasen.