Palabras Clave : Holocausto, Eutanasia y Genocidio.
Agradecimientos.
Agradecemos a Shalom Online el texto de la Declaración de Estocolmo, y a Planeta
de Agostini su enciclopedia multimedia, obra de consulta en la elaboración del
presente trabajo de docencia e investigación, así como expresamos nuestro
agradecimiento a Johannes Ordet y los miembros de la Fundación Psicología y
Cristianismo por sus sugerencias de documentación y aportaciones al estudio. No
olvidamos a Juan Carlos Martínez Coll y el Comité organizador del IIIer.
Encuentro Internacional sobre Migraciones (6-24 noviembre 2006) que nos han
brindado la oportunidad de divulgar nuestros planteamientos en el seno de la
comunidad científica de la Universidad de Málaga (España).
Nota de autor.
La posición de la Fundación Psicología y Cristianismo con respecto al holocausto
judío, es el de la necesidad de recordar y condenar las atrocidades cometidas
por el régimen del terror instaurado en Alemania durante 1933-45 para apelar a
las conciencias sobre la necesidad de perseguir sin tregua a los asesinos que
siguen perpetrando con similar impunidad la índole de crimenes contra la
humanidad que se han descrito a lo largo de la investigación, y aunque nuestra
postura es contraria a la pena de muerte porque la condena capital se opone al
mandato evangélico y la doctrina cristiana (Dios Uno y Trino es quien dispone de
la vida y muerte de las personas, no nosotros por más causa justa que
consideremos tener; a toda persona por más pecadora que sea, se le tienen que
procurar todos los medios para su salvación, reconocer sus errores, pedir perdón
y reparar el daño hecho; y aún si así no lo hicieren, no nos da derecho a
quitarles la vida), tenemos la convicción de que los acusados en los procesos de
Nuremberg : 1) debían responder de sus actos ante la justicia; 2) debían
aplicarse en cualquier caso penas de prisión perpetua; porque la magnitud de un
genocidio se mide por la condena a perpetuidad, no hay perdón sin
arrepentimiento y entre los ajusticiados nunca existió el más mínimo atisbo de
sentimiento de culpabilidad, ni siquiera entre aquellos que siguen apareciendo
en los medios de comunicación ilustrando espacios conmemorativos por petición de
periodistas sin principios éticos y morales en la profesión que permiten la
libertad de expresión de aquellos criminales que explicando de sus crueldades
cometidas siguen todavía alardeando de sus atrocidades. Asimismo, debemos
recordar a los religiosos, párrocos y obispos víctimas de una propaganda
anticlerical y anticristiana que se alimentaba del ateísmo, del neopaganismo y
de la hostilidad hacia Dios y hacia la salvación revelada en Jesucristo.
Finalmente, la Iglesia y la fe se convirtieron en objetivo del terror nazi. El
condicionamiento trascendente del hombre debía dar lugar a una nueva fe, que se
expresaba en el culto al Estado y al Führer. Junto a los miles de víctimas sin
nombre y de los mártires por Cristo y por la Iglesia, se yerguen personajes
cuyos nombres se han convertido para todos en ejemplo de la violencia y del
terror vividos: Alfred Delp, Maximiliano Kolbe, Beato Rupert Mayer, Edith Stein,
Hermann Joseph Wehrle, Domprediger Maier y más de 2000 católicos –obispos,
sacerdotes y religiosos-, que acabaron en el punto de mira de sus verdugos por
su fe y por su entrega incondicional a Jesucristo. Nunca se podrán olvidar la
vida y muerte de cuantos se opusieron con su sangre entre 1933-45 al terror
nacionalsocialista, ya que como señaló el Papa Pío XI (6 septiembre 1938): “El
antisemitismo es inadmisible. Somos espiritualmente semitas”. Así la Iglesia
Católica asumió, durante los trágicos años de la barbarie nazi, el papel de
vanguardia espiritual en la defensa de la civilización judeocristiana.