LA "ECONOMÍA DE BURBUJA"
EN JAPÓN
Ernesché Rodríguez Asien
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La organización empresarial de Japón es muy diferente a la existente en los países occidentales, como los Estados Unidos y Europa, pues se caracteriza por haber alcanzado niveles superiores de eficiencia en la gestión empresarial y generar un conjunto de prácticas estables, las cuales, a pesar de no estar teorizadas muchas de ellas, permiten sostener que se ha estructurado una Escuela Económica Empresarial propia de la experiencia nipona.
Esta Escuela o modalidad de organización de la competencia empresarial y su regulación estatal se caracteriza por la forma diferente en la que se establecen los siguientes rasgos en relación con la eficiencia del capitalismo occidental:
1. El grado de separación entre la propiedad y la gestión.
2. El empresario y el colectivo laboral; sus formas de estimulación.
3. Las formas básicas de la gerencia eficiente: el costo y la calidad.
4. La creación de la base tecnológica del sistema empresarial.
5. La doble estructura empresarial y la organización horizontal y vertical de los acuerdos monopolistas.
6. La globalización de la economía mundial y la empresa “inmigrada”.
1. El grado de separación entre la propiedad y la gestión
El nivel de análisis en el desarrollo de la propiedad capitalista y su realización en la dirección de la producción es demostrada por Marx en la división del capital propiedad y el capital en función personificado en los propietarios de capital y quienes los ponen en función: los empresarios capitalistas que son quienes realizan la función de explotación y, por lo tanto, la propiedad capitalista. “Hoy, las órdenes del capitalista en la fábrica son algo tan indispensable como las órdenes del general en el campo de batalla”.
“Todo trabajo directamente social o colectivo en gran escala, requiere en mayor o menor medida, una dirección que establezca un enlace armónico entre las diversas actividades individuales y ejecute las funciones generales que brotan de los movimientos del organismo productivo total, a diferencia de las que realizan los órganos individuales. Un violinista sólo se dirige el mismo, pero una orquesta necesita un director. Esta función de dirección, de vigilancia y enlace se convierte en función del capital tan pronto como el trabajo sometido a él reviste carácter cooperativo. Como función específica del capital, la función directiva asume también una importancia específica”.
“El capitalista no necesita pues, perder su tiempo, encargándose personalmente de esta labor. Un director de orquesta no necesita, ni mucho menos ser el propietario de los instrumentos ni entre sus funciones dirigentes figura la de abonar los “salarios” a los demás músicos“.
“En el proceso de reproducción, el capitalista en activo representa el capital como propiedad ajena frente a los obreros asalariados y el capitalista propietario del dinero toma parte en la explotación del trabajo, representado por el capitalista en activo”.
“La antitesis entre la función del capital en el proceso de reproducción frente a la simple propiedad sobre el capital al margen del proceso de reproducción hace que se olvide que el capitalista activo sólo puede actuar como representante de los medios de producción frente a los obreros haciendo a estos trabajar para si o lo que es lo mismo, haciendo que los medios de producción funcionen como capital”.
La demostración de Marx de que el propio capitalismo genera la separación entre la propiedad y la gestión, la cual se manifiesta en la figura del empresario, brinda desde este punto de vista la base metodológica para comprender la necesidad de que no sólo todo proceso colectivo de producción requiere una dirección, sino que por medio de las gestiones ejecutadas por la dirección se realiza la propiedad en su esencia y finalidad que ésta determina.
En Japón los presidentes y los directores de las grandes empresas en general no son sus principales accionistas, sino que constituyen los llamados “directores empleados”. El eje principal de la organización empresarial japonesa radica en el alto grado de separación que existe entre la función y la propiedad, o sea, no funciona el capital individual, sino el de las personas jurídicas (firmas que ponen su capital). El administrador no lo pone el propietario, como ocurre en los países occidentales, él va a ser elegido por el colectivo (empresa) y está en función de las características que él tiene; por lo tanto, la competencia va a ser mayor entre los trabajadores, pues el empresario va a ser elegido no por su cantidad de acciones, sino por su capacidad.
Esta estructura de dirección de empresa ofrece una ilusión a las aspiraciones de los empleados y agudiza la carrera por ocupar los primeros puestos en el escalafón. Otro factor curioso es que el 75% de las acciones pertenecen a personas jurídicas, mientras el 25% pertenecen a accionistas individuales, contrario a lo que sucede en los Estados Unidos y Europa. Todo este mecanismo el Estado lo ha sabido estimular y lo ha manejado de modo muy inteligente de forma tal que satisfaga sus intereses.
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