BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


LA "ECONOMÍA DE BURBUJA" EN JAPÓN

Ernesché Rodríguez Asien

 

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6. La globalización de la economía mundial y la empresa “inmigrada”

La globalización presupone la incorporación o integración de todos los países en una dinámica de funcionamiento de la economía a escala planetaria y la fragmentación de espacios y procesos. Todas las regiones del planeta, con sus respectivas estructuras económicas, recursos materiales y humanos, podrán funcionar en esa dinámica global donde las actuales ventajas competitivas obedecen cada vez más a la capacidad de adaptarse a cambios cuyos niveles vienen dados por el conocimiento y recursos humanos calificados.

La globalización tiene como base los cambios productivos en el patrón de acumulación del capital global vinculados con la revolución tecnológica en curso. El flujo de las inversiones de estos países es diferente, tanto por su orientación geográfica, como por su forma.

La empresa “inmigrada” representa un nuevo tipo de organización empresarial que va a dar respuesta al fenómeno de la globalización de la economía y se va a diferenciar de las llamadas “empresa filial” y “empresa subsidiaria”. Su aparición se enmarca en la década de los 70 con operaciones en el sector manufacturero, pero alcanza sus niveles de desarrollo en los años 80.

La formación de la empresa “inmigrada” es el resultado de la interrelación de los niveles macro y microeconómico expresado esto en la política económica del país que mediante el sistema de negocios transforma a la empresa extranjera en empresa “inmigrada”, condición por la que puede realizar sus intereses sin contraponerse a los del país en forma antagónica.

La empresa “inmigrada” garantiza la reproducción del capital nacional en condiciones de economía abierta y desarrolla un sistema de negocios completo sobre la base del cual elabora su estrategia corporativa; concede igual importancia a los negocios, tanto en el extranjero, como a los nacionales.

Ella conjuga, tanto las condiciones de empresa extranjera, como de empresa creada en el país para que así actúe en consonancia con el sistema de negocios e intereses esenciales que ésta encierra; es decir, implica una inserción de la empresa extranjera en el sistema de negocios de la empresa nativa, a la vez que la protege de acciones hostiles de la competencia. Esta inserción tiene características peculiares:

1. La empresa “inmigrada” realiza inversiones directas y construye sus propias plantas, manteniendo estabilidad en los puntos de dirección.

2. Utiliza trabajadores y especialistas locales y crea gerentes locales, pero mantiene en posiciones claves a los gerentes japoneses.

3. Penetra no sólo en los mercados locales, sino también en los mercados de la triada los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, logrando mantenerse.

4. Desarrolla su actividad en sectores de alta y media tecnología, lo cual le impulsa a elaborar productos con un alto valor agregado y posibilita que se posesione, estabilice y cree nuevos mercados.

El estudio de este fenómeno, que apenas se ha iniciado, constituye una de las prioridades de la investigación para el aprovechamiento de las experiencias japonesas en la organización empresarial en el exterior y la adecuada comprensión de su sistema de negociación.

La Crisis del Petróleo

Otra cuestión que es importante analizar por el impacto que tuvo en la organización empresarial japonesa es la crisis del petróleo.

A pesar de tener escasos recursos naturales, Japón pudo desarrollar sus industrias pesada y química gracias al bajo precio del petróleo que se mantuvo en el nivel de 2 dólares/barril durante veinte años después de la Segunda Guerra Mundial. La cotización fija de 360 yenes/dólar que duró hasta agosto de 1971 posibilitó a Japón incrementar sus exportaciones sin reevaluación alguna de su moneda nacional.

Antes de los años 70 la economía japonesa estuvo rodeada de un ambiente favorable hasta el estallido de la cuarta guerra del Medio Oriente, en octubre de 1973, la cual causó la primera crisis petrolera, así como la introducción de la cotización flotante de las monedas japonesa, norteamericana y europeas.

La crisis del petróleo obligó a Japón a una reestructuración económica, buscó la vía menos consumidora, más independiente, buscó fuentes estables y cercanas. Este país halló una respuesta en el proceso del cambio estructural de la economía nacional, que se inició en los últimos años de la década de los 70.

Durante el período de la recesión, después de la segunda crisis petrolera hasta los primeros años de la década de los 80, se aplicaron medidas para incrementar las exportaciones y mantener el crecimiento económico. Como consecuencia de las dos crisis petroleras y el flujo de las divisas hacia los países exportadores de petróleo, los países industrializados y sus industrias estaban enfrentándose con serios problemas. La situación fiscal de Japón empeoró seriamente debido a la disminución de ingresos por concepto de impuestos, lo cual imposibilitó aumentar la inversión pública, como medida para superar la recesión. Bajo esta circunstancia, la industria japonesa no tuvo otra manera de buscar la salida que en el aumento de exportaciones. En consecuencia, incrementó rápidamente el superávit comercial de Japón frente a los Estados Unidos.

Cuando el Gobierno de Reagan aplicaba la política de la alta cotización del dólar, causando fricciones comerciales entre los dos países, Japón respondía en contraposición a la experiencia norteamericana.

Bajo esta situación aumentó la presión de los Estados Unidos y Europa contra Japón, exigiendo la restricción voluntaria de las exportaciones y el aumento de las importaciones mediante la expansión del consumo interno. Como punto de partida de los esfuerzos gubernamentales de Japón, fue elaborado un informe (informe de Maekawa) en abril del 1986 por la Sociedad de Investigaciones sobre la Estructura Económica para la Coordinación Internacional, organización de asesoramiento privado del primer ministro NaKasone. En este informe se recomendó una transformación estructural de la economía nipona, o sea, pasar de una economía de exportación a otra en la que el consumo en el mercado interno tiene mas importancia. Sobre la base de las recomendaciones de este informe, se tomaron sucesivamente varias medidas para la liberación del mercado japonés, la supresión de barreras comerciales para las importaciones, la inversión pública adicional y el incremento del consumo interno por medio de la política financiera.