LA "ECONOMÍA DE BURBUJA"
EN JAPÓN
Ernesché Rodríguez Asien
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El primer ministro japonés, Ryutaro Hashimoto, (1996 - 1998) había señalado en aquellos años la necesidad de responder con mayor rapidez a los cambios en la situación financiera. Con la posibilidad de tomar nuevas medidas para reanimar la economía. En el Congreso del gubernamental Partido Liberal Demócrata (PLD), donde Hashimoto es presidente, el mandatario afirmó su convicción de que la economía nipona se recuperará y que no había motivo para ser pesimistas.
La posibilidad de un nuevo conjunto de medidas que se sumaría a la inyección de fondos públicos para estabilizar la economía repercutió de inmediato en los círculos financieros locales con sendas alzas en la bolsa de Tokio y el yen japonés.
La comunidad empresarial japonesa ha pedido reiteradamente al Gobierno la puesta en práctica de un mayor número de incentivos, los cuales aumenten la demanda interna y actúen contra la crisis del sistema financiero del archipiélago. Los analistas señalan que pese a la grave situación no puede hablarse de una recesión, al no detectarse la caída “significativa” de las inversiones corporativas, como la ocurrida al inicio de los años 90, cuando la llamada “burbuja económica” estalló.
Dentro de las medidas que el Estado nipón ha tomado para reactivar la economía y apaciguar la crisis se encuentran las siguientes:
• Mayor libertad en las ventas de los terrenos.
• Reducción de impuestos a las grandes empresas.
• Aumento del control estatal de la actividad de los bancos y especulación financiera.
• Aumento de la estimulación a la pequeña y mediana empresas mediante la creación de fondos para este fin.
Por otra parte, es necesario señalar que del panorama político económico japonés lo que más llamó la atención es la aplicación del big bang46 (gran explosión); es decir, la gran reforma financiera cuya puesta en práctica estuvo programada para el año 2001.
Estas reformas financieras tuvieron lugar con anterioridad en el Reino Unido y Estados Unidos. El Gobierno de la Thatcher llevó a cabo con firmeza el programa big bang mediante la liberalización, entre otros, del mercado de valores y la ejecución de la reforma completa de la Ley de Divisas. Con estas reformas la ciudad de Londres centro financiero, comercial y marítimo del Reino Unido ha aumentado nuevamente su poderío dentro del mercado financiero mundial.
Desde el punto de vista histórico, la liberalización financiera se efectuó por vez primera en los Estados Unidos con motivo de la fuga de capital al extranjero, desde la segunda mitad de los años 60, hasta la década de los 70. Las medidas de liberalización se aplicaron a partir de la década de los 70. Con esta reforma Wall Street consolidó su posición, como núcleo financiero, a la vez que declinaron las bases que durante largo tiempo llevaron a Londres a ser el centro financiero mundial.
Por otro lado, tenemos que apuntar que la reforma financiera nipona se llevará a la práctica de igual manera que las reformas financieras de los principales países del mundo; razón por la cual se reflejan cuestiones comunes con las reformas que le precedieron. Sin embargo, el big bang japonés posee una característica propia que distingue su reforma de las otras ejecutadas en diversos países.
En primer lugar es necesario señalar que se trata de una reforma amplia que abarca cuestiones políticas, económicas y sociales en forma conjunta o paralela. Es decir, bajo la óptica del gabinete de Hashimoto se consideran las seis reformas siguientes: la administrativa; la estructura fiscal; la financiera; la estructura económica; la seguridad social; y la educativa.
En segundo lugar, el big bang es una reforma totalmente nueva en Japón. Ella reúne características especiales, por ejemplo, se llevará a cabo de una forma activa y a corto plazo. Tradicionalmente, Japón se ha caracterizado por optar por la aplicación de métodos o procesos de progresión gradual, pero con la ejecución de la nueva reforma estos cambios se producirán de forma rápida.
Asimismo, es sumamente importante que la reforma administrativa se realice dentro del contexto del big bang. Al respecto, se estudia la reorganización del departamento financiero del ministerio de Finanzas para lo cual se aprobó la ley orgánica de una nueva agencia de inspección y supervisión financiera. Por otra parte, se modificó la legislación referente al Banco de Japón con la finalidad de lograr una mayor independencia en lo relativo a la adopción de la política financiera.
En tercer lugar todo esto se ejecutará en un período en el que precisamente el sistema financiero japonés requiere una reestructuración importante debido a las secuelas de la llamada “economía de burbuja”.
Esta situación trae como consecuencia la necesidad de exigir a las instituciones financieras, como los bancos que en la actualidad cuentan con créditos incobrables de considerable envergadura, que apliquen medidas rigurosas para disminuir su monto. Cabe subrayar que precisamente en circunstancias difíciles es posible desarrollar una verdadera reforma financiera.
La reforma financiera actual da continuidad a dos procesos de apertura de la economía japonesa que con anterioridad ha experimentado. La primera apertura consistió en el establecimiento del comercio internacional tras la formación de un Estado moderno durante la restauración de Meiji (1868), posterior al aislamiento en que se mantuvo el régimen feudal.
La segunda apertura se debió a las reformas efectuadas a partir del cese de las actividades bélicas después de la Segunda Guerra Mundial.
El big bang japonés exige a la economía nipona una transformación que rompa la estructura actual. Esto significa que será una reforma esencial, por lo cual se le denomina la “tercera apertura de Japón”, de la misma manera que lo fueron las dos anteriores aperturas de este país.
El contenido del big bang nipón se sustenta en los puntos siguientes: la reforma del régimen de transacciones de valores; la abolición de las barreras entre los tres sectores financieros instituciones bancarias, compañías de valores y compañías de seguros; el sistema de participación de los empleados en las acciones; la liberalización de la tasa de la prima de seguros, la liberalización de las transacciones de divisas; la revisión del método contable con la aplicación del principio o método de precio corriente o precio de mercado en sustitución del principio o método del costo de adquisición adoptado hasta el presente; la revisión de la administración en la cuestión del fortalecimiento del régimen de inspección y supervisión; y la modificación de la ley del Banco de Japón.
El lema del big bang está formado por tres palabras: libre, justo y mundial. El término “libre” significa libre de la interferencia gubernamental y de impuestos. También se refiere a la libertad de entrada, es decir, los bancos y las compañías de valores podrán hacer negocios entre sí y también disminuirán las diferencias entre agrupaciones bancarias, bancos de créditos a largo plazo y grandes bancos comerciales, conocidos como los city banks. “Justo” significa la abolición de una dirección administrativa. Y “mundial” se refiere a la aplicación de estándares internacionales, como por ejemplo la Ley de Divisas. La reforma de la Ley de Divisas, como primera medida del big bang, entró en vigor a partir del 1ro de abril de 1998 y en un período muy breve se empezaron a observar grandes resultados. Esta modificación de la Ley de Divisas constituye el eje del big bang japonés.
Como ya se permite el cambio de divisas fuera de las instituciones bancarias, ha aumentado la participación de nuevas empresas en este negocio. Por ejemplo, se han constituido establecimientos que realizan compra-venta de monedas, ofrecen servicios que hasta ahora eran exclusivos de la banca o efectúan cambio de divisas fuera del horario de los bancos. También algunas empresas dedicadas a la producción de efectos electrodomésticos o agencias de viaje han iniciado un servicio de cambio de divisas para ofrecer mayores facilidades a los clientes extranjeros.
Sin llegar a ser una gran mayoría existen ya tiendas de efectos electrodomésticos, restaurantes, hoteles, etcétera, que aceptan el pago en dólares.
Por otra parte, aunque con anterioridad se podían hacer ahorros en dólares, hoy algunos bancos están realizando campañas (“Campaña Big Bang”) para aumentar los ahorros en divisas con el pretexto de la reforma financiera; de hecho determinados bancos están incrementando el número de contratos de ahorro en moneda extranjera. Al mismo tiempo, se observa una activa y marcada participación de los bancos extranjeros en el mercado japonés. Se espera que bajo la reforma de la Ley de Divisas se activen aún más las inversiones del capital japonés en el exterior.
Las autoridades financieras japonesas anunciaron el 2 de julio de 1998 un programa de medidas dirigidas a solucionar la crisis en el sistema bancario del país, afectado por créditos incobrables cercanos a los 535 000 millones de dólares.
En una primera fase el Gobierno apoyado en contadores y abogados asumirá el control de los bancos que se encuentren en dificultades; los negocios de esas instituciones que tengan una buena marcha serán asumidos por otras instancias del sistema financiero del país.
La segunda etapa del programa gubernamental considera la posibilidad de cierre para las entidades insolventes con vistas a evitar situaciones similares a las de 1997, cuando varias casas bursátiles y bancos de primera línea se vieron obligados a declararse en quiebra. Sin embargo el plan elaborado por la administración del primer ministro Ryutaro Hashimoto, requirió del visto bueno del Parlamento para su aplicación.
En este sentido, el Banco de Japón informó la necesidad de realizar inspecciones de emergencia en diecinueve instituciones financieras del país con el objetivo de determinar la cifra real de impagos.
A mediados de 1998, Japón mostró nuevamente señales de que la situación es más grave de lo previsto al divulgar por reportes oficiales que el país pasó del estado de estancamiento a la depresión con un yen cada vez más débil frente al dólar norteamericano; también está dando muestras de una lenta capacidad de reacción ante la actual coyuntura de su economía afectada por la debilidad del sistema bancario y una excesiva caída del yen que puede afectar el resto de los mercados del Sudeste Asiático.
Asimismo el mercado accionario tuvo una baja debido a la incertidumbre sobre la elección del Primer Ministro Keizo Obuchi. Los analistas se muestran pesimistas respecto a las posibilidades de Obuchi de poner en marcha en poco tiempo los programas de reformas tendentes a reactivar el crecimiento de la economía nipona. La nueva administración nipona tiene un reto muy grande y deberá enfrentar en un breve plazo la tarea de solucionar los impagos en el sistema bancario.
A finales de octubre de 1998 el Presidente del Banco de Japón, en declaraciones a la prensa, exhortó a las instituciones crediticias del país a adoptar el programa gubernamental para el saneamiento del sector financiero con el propósito de estimular la capacidad crediticia en respaldo a las empresas niponas que presentan una difícil situación.
Once importantes instituciones bancarias revelaron fuertes pérdidas sobre sus inversiones en valores. Entre éstos se destacan el Banco Fuji con 4 200 millones de dólares y el Sakura con 4 220 millones de dólares.
Por otra parte esta situación de deterioro de la actividad empresarial se refleja en la tasa de desempleo de Japón en 1998, que registró un nivel del 4,3% de la población activa del país, lo cual confirma la difícil situación de la economía nacional. Según reportes de la Agencia de Planificación y Dirección, la desocupación se mantuvo en una cifra similar a la de agosto con 2,95 millones de personas en la lista de parados siendo el sector de la construcción el más afectado con el 6,5%.
Asimismo, el Ministerio de Trabajo reveló que se alcanzaron, como promedio, cuarenta y nueve ofertas laborales por cada cien solicitudes de desempleados, lo cual constituyó el peor resultado en esa relación de los últimos cincuenta y tres años.
Las autoridades advirtieron que, por primera vez en trece meses, se observó una reducción del 0,2% en la cifra de trabajadores de las grandes empresas niponas, con una plantilla laboral al cierre de septiembre de 1998 de 12,55 millones de personas. Funcionarios gubernamentales indicaron que esto es el resultado de la reestructuración, la cual contemplan recortes de empleos en las principales compañías de la economía nacional.
El 6 de noviembre de 1998 la economía de Japón emitió nuevas señales de recesión al reportarse en octubre un descenso del 21,9% en las ventas de vehículos importados respecto a igual período de 1997. Fuentes del sector indicaron que Alemania, principal suministrador de automotores a esta nación, experimentó una caída del 9,7%, mientras los Estados Unidos disminuyeron sus suministros en un 25,7%, como consecuencia de una menor demanda en el mercado interno.
La Agencia de Planificación Económica divulgó un informe en el cual califica la situación de la economía nipona de “extremadamente seria”, lo cual desató una ola vendedora en los mercados bursátiles y llevó al índice Nikkei a perder 219,4 puntos al cierre de la jornada. En diciembre de 1998 un informe de la Agencia comunicó que la inversión directa de las empresas y el gasto de los consumidores que representa el 60% de la economía continúan muy débiles.
Por otra parte, la inversión inmobiliaria apenas ha aumentado, mientras la producción industrial sigue contrayéndose en relación con meses anteriores.
Los escasos síntomas de recuperación aparecen como resultado del gasto público como parte de los planes ejecutados por el Gobierno para aumentar la inversión directa en la economía y recuperar en alguna medida el dinamismo perdido.
La recuperación del sector bancario es una prueba para medir la capacidad de Japón en adaptarse a las presiones de la globalización. Sin embargo, la crisis bancaria no es más que una de las aristas de la crisis japonesa.
Como se puede apreciar en el gráfico 3, el año 1998 fue uno de los más difíciles de la década de los 90 para la economía nipona.
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