LA "ECONOMÍA DE BURBUJA"
EN JAPÓN
Ernesché Rodríguez Asien
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Desde principio de 1990 la economía de burbuja comenzó a colapsar, con el acelerado desplome del precio de las acciones. Así, sumándose a la restricción financiera, el estallido de la guerra del Golfo y el retroceso de la economía, cayeron con fuerza los precios de los terrenos, de las obras de arte y de los metales preciosos. Esta caída fue la peor de la historia superando la caída registrada durante 1949 y 1950 cuando la economía japonesa estaba todavía afectada por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. En consecuencia se paralizó la capacidad de financiamiento de las empresas mediante la bolsa de valores; además, algunos bancos y empresas entraron en un círculo vicioso en el cual se giraban alrededor del empeoramiento de la economía y la rebaja del precio de las acciones, lo que llevó a la economía a la crisis desde la segunda mitad de 1991.
El dólar que en abril de 1990 se cotizaba a 160 yenes, descendió hasta 124 yenes en octubre de ese mismo año. Este ajuste fue un reflejo del incremento de los tipos de interés en Japón, pero a juzgar por su ritmo y su trascendencia se sospecha que estuvo relacionado con la actitud política estadounidense.
En la primavera de 1990, el Gobierno norteamericano volvió a modificar su política de apoyo al dólar por miedo a que un yen excesivamente débil acelerara la caída de los precios de las acciones en Japón, lo cual originaría un crash que podía repercutir de manera negativa en los Estados Unidos.
Cuando el Secretario del Tesoro y el Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos se reunieron con los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los Siete en mayo de 1990, declararon públicamente que no era deseable mantener el yen en un nivel bajo. En el verano varios políticos estadounidenses afirmaron que un dólar más barato podía ser el medio más apropiado para fomentar las exportaciones y, por tanto, reactivar la economía. Este punto de vista fue respaldado de inmediato por el Presidente de la Reserva Federal. No hay duda de que una vez mas se adoptó una política en torno al dólar que favorecía a los intereses de los Estados Unidos, pero en esta ocasión, el cambio se debió al miedo a que la economía nipona sufriera un colapso.34 El periodo de depresión económica en Japón puede dividirse en cuatro etapas:
La primera etapa se inicia a principios de 1990 con el reventón de la economía de burbuja simbolizada por la brusca caída del precio de la tierra, además por la disminución de la demanda de bienes raíces, de automóviles y de artículos de lujo, así como paralización de algunos centros turísticos.
La segunda etapa comienza en 1991 cuando los prestamos hipotecarios basados en el precio futuro de las acciones y terrenos que ofrecía el sistema financiero se paraliza, así, la capacidad de préstamos de los bancos se reduce, o sea, los bancos presentan dificultades financieras, contraídas por la enorme cantidad de préstamos irrecuperables.
También como las utilidades de las empresas comenzaron a reducirse se estancó el salario de los trabajadores y cayó consecutivamente la inversión de vivienda y el consumo personal.
La tercera etapa comienza con la entrada a la recesión propiamente dicha a comienzos de 1992, la inversión en plantas y equipos se redujo desde 1991.
La cuarta etapa comienza desde 1993 cuando se agravó la depresión por la continuación de la apreciación del yen, la aceleración de las importaciones desde el Asia y la inestabilidad política que retardaba la aplicación de medidas de reactivación. Con la depresión interna aumentaron rápidamente las importaciones de bienes y cayeron los precios mayoristas por segundo año consecutivo; debido a la mala situación de las ganancias de las empresas estas tuvieron que ajustarse aún más, lo cual obligó a la reestructuración del personal. Todo esto provoco la reducción de inversión en plantas y equipos. Ante esta situación, el gobierno decidió en abril de 1993 lanzar las “nuevas medidas económicas integrales” con un monto de 13,2 billones de yenes dirigido a inversiones públicas adicionales.
Asimismo, en octubre de ese año, se lanzó otro conjunto de medidas económicas de emergencia por un valor de 6 billones de yenes dirigidos a las empresas; en el mismo mes el Banco de Japón rebajó la tasa de descuento oficial por séptima vez consecutiva al 1,75%.35 En el gráfico 1 se reflejan todas las ínter vinculaciones y los efectos producidos por la política económica del Estado japonés --- bajo la presión de los Estados Unidos ---, lo cual ha conducido a la destrucción de varias características del modelo de desarrollo económico y social, desde la posguerra, hasta los años 80; a la disminución del empleo y del salario; al desmoronamiento de los precios; al deterioro de niveles altos de consumo y de inversión dentro del mercado interno y a la destrucción del nivel armónico de relaciones estables entre las grandes compañías y las pequeñas y medianas empresas.
Al mismo tiempo, se aprecia como la presión de los Estados Unidos no es efectiva para superar el superávit comercial de Japón. Solo logra hacer revaluar el yen y frente a esa situación Japón traslada el proceso productivo al exterior; destruye empleo y salario; trata de mantener las altas utilidades de las grandes compañías; reduce el consumo del pueblo; reduce la inversión interna; eleva las dificultades de la pequeñas y medianas empresas; incrementa las importaciones --- con el yen revaluado las importaciones son más baratas--- destruye los precios de los productos nacionales en la economía interna; provoca artificialmente la especulación y acelera la economía de burbuja que, en 1990 explotó provocando quiebras bancarias, hace también incobrables los créditos; hay grandes pérdida de capital por devaluación de acciones y de bienes inmobiliarios especulativos; hace reducir la producción; y hace excesivas las capacidades instaladas. En fin, hace patente que la regulación estatal capitalista no puede eliminar el ciclo capitalista ni los efectos de la globalización económica mundial que vincule en un todo la competencia capitalista internacional.