LA "ECONOMÍA DE BURBUJA"
EN JAPÓN
Ernesché Rodríguez Asien
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La recesión pareció tocar fondo en el trimestre octubre diciembre del 1993.36 Las empresas japonesas se vieron obligadas a avanzar en la reasignación de recursos administrativos impulsando la reestructuración para reconstruir la estructura de negocios. Según el Informe Blanco de la Economía, el contenido de la reestructuración para 1993 se divide en tres partes:
1. En el corto plazo se plantea reducir los gastos, es decir, comprimir las inversiones en bienes y equipos, reducir los gastos de ventas.
2. En el largo plazo modificar el sistema de producción es decir, minimizar el desarrollo de los productos con los que se obtiene poca rentabilidad al venderse, avanzar en la diversificación administrativa, modificar el sistema de empleo japonés.
3. Tratar de evitar concentrarse sólo en las exportaciones y en la inversión directa en el exterior.37
La emisión monetaria comenzó a ascender nuevamente del bajo nivel en que se encontraba. Por consiguiente, en 1993 los precios de las acciones se recuperaron de 16000 yenes a 20 100 yenes y el mercado de capitales comenzó a reactivarse.
El índice de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) subió durante el trimestre julio septiembre de 1994 en comparación con la cifra del mismo período del año anterior. En 1994 se podían observar algunos indicadores optimistas en la inversión en viviendas y en los pedidos de maquinarias, pero los precios mayoristas, la producción de la industria metalúrgica, las ventas de los supermercados y de automóviles nuevos y los préstamos bancarios no mostraban cambios, dando señales de estancamiento recesivo.
La inversión en instalaciones y equipos por parte del sector privado no se reactivó. El consumo personal se mantuvo a un nivel bajo. Además, desde 1994 se aceleró la alta cotización del yen frente al dólar, lo cual dio como resultado el aumento de importaciones, como consecuencia el balance de las exportaciones frente a las importaciones bajó. Ante estos hechos, inmediatamente después de haberse terminado la preparación del proyecto de presupuesto del año fiscal 1994 y con miras a la Reunión Cumbre Japón – Estados Unidos en febrero de 1994, el Gobierno decidió lanzar un conjunto de medidas económicas integrales por un monto de 15 000 millones de yen, incluida una reducción de impuestos por un valor de 6,2 billones de yenes.
Los gastos y créditos públicos fueron creciendo tanto en épocas de prosperidad como en periodos recesivos. El Estado prefirió no afrontar con una política fiscal restrictiva el problema de la deuda, para no agravar la recesión. Ello explica como el crecimiento de la deuda y del gasto público vino acompañado con la desaceleración del crecimiento económico.
El Gobierno trató de manejar la situación, aprobó el segundo presupuesto complementario en febrero de 1994, propuso oficialmente medidas contra el alza del yen en abril de 1995 y tomó iniciativas en proyectos por un costo de 14 220 000 yenes, incluida la inversión pública de mayor envergadura de la historia.
Sin embargo, en dependencia del tipo de industria se observó gran lentitud en el ritmo de la recuperación, pues debido a la apreciación del yen y la deflación continuó el traslado de la producción de ultramar a países con costos más bajos, reduciendo la base industrial de Japón y generando problemas de empleo en algunas regiones por el retiro de plantas de producción, el llamado “vaciamiento industrial de Japón”. En especial, las industrias claves, como la automotriz, la de efectos electrodomésticos, la naviera, la siderúrgica, se vieron obligadas a emprender una transformación estructural por la recesión y el alza del yen. Desde otro punto de vista, las empresas que no decidieron trasladar la producción a ultramar y continuaron fabricando internamente tuvieron que enfrentar problemas, como: congelación de salarios, cierre de plantas, etcétera.
El alza del yen siguió su curso. En abril de 1995 marcó el record de 79,75 yenes/dólar. En la siguiente tabla se puede observar las bruscas oscilaciones del tipo de cambio yen / dólar que han venido desarrollándose en estos años.
Los empresarios japoneses se abstuvieron de promover nuevos proyectos de producción e inversión por la inseguridad que causaba esta alza del yen. A esto se suma la influencia nefasta que tuvo para la recesión el terremoto que sacudió el área suroeste de Japón el 16 de enero de 1995, el cual paralizó la red de transporte en la mencionada parte de la Isla nipona.
En cuanto a la venta en los grandes almacenes, el índice del consumo personal se puso al mismo nivel que el año anterior, a finales de 1995. La construcción de viviendas contó con 1500 000 obras nuevas, cantidad superior a la esperada; esto ayudó a sostener la evolución de la economía.
Durante 1995, la venta de computadoras personales fue alta y se incentivó la demanda de semiconductores y cristales líquidos para pantallas. También la demanda de papel para imprimir aumentó de manera súbita. En este campo hay inversiones con miras hacia futuros mercados.
El ánimo de los empresarios poco a poco se restablece. Las opiniones acerca de la situación coinciden en que al atravesar los dos peores momentos en noviembre de 1993 y febrero de 1994 comenzó lentamente a manifestarse la recuperación desde mediados de 1995.38
La recuperación a partir de 1995 es lenta, pero si se considera que después de dos crisis petroleras la economía japonesa apuntaba como meta de crecimiento del 3% en términos reales, la cifra de un 3,6% en el trimestre octubre - diciembre de 1995 parece ideal. Teniendo en cuenta la necesidad del ahorro de recursos y los problemas del medio ambiente, el crecimiento durante la época de la burbuja fue anormal.
Hay que tomar la recesión que siguió a ese período expansivo como un proceso necesario para que la economía volviera a su órbita normal. A mediano plazo se pronostica una cifra de crecimiento entre el 2% y el 3%.
Según criterios de algunos especialistas japoneses, la recesión es positiva en algunas cuestiones, como las siguientes:
En primer lugar: Ha generado una situación favorable en la bolsa de trabajo ya que se le ha dado una mayor importancia a los trabajos que garantizan la producción bienes y servicios en el país Durante el periodo de la burbuja económica se padeció una terrible carestía de mano de obra, el problema no consistía en la carencia absoluta de trabajadores potenciales, si no que radicaba en que los jóvenes buscaban trabajos “interesantes” y rechazaban las ocupaciones difíciles.
En segundo lugar: Obliga a los empresarios a esforzarse mas en su gestión empresarial; naturalmente, es necesario impedir que se desarrolle una grave recesión que podría influir de modo muy negativo en le pueblo nipón, pero no se debe pasar por alto el hecho que durante el período de recesión las empresas se ven obligadas a realizar una gestión más prudente. En los últimos años han quebrado algunas grandes corporaciones. Las investigaciones sobre las principales quiebras ocurridas en el pasado relevaron que las empresas en cuestión habían relajado su administración y no pudieron evitar el hundimiento.
En tercer lugar: La recesión no está causando un gran impacto en la mayoría de los ciudadanos japoneses. Es cierto que los trabajados tienen ahora menos ingresos por horas extras y perciben salarios más bajos, pero, al mismo tiempo, la recesión disminuye los precios de los terrenos, de los productos de consumo y los costos de la construcción.
En consecuencia, no debe exagerarse la caída de los salarios. Si se examina desde la perspectiva de los gastos realizados por una persona a lo largo de su vida, el ahorro generado por los bajos precios compensara probablemente la pérdida temporal de ingresos. En efecto, el último boom pagó en oro a las compañías, pero en cobre a los individuos, fue precisamente el oro lo que infló las burbujas especulativas y devaluó el cobre recibido por los particulares. Seguramente, las familias aceptarán de manera gustosa que algunos de sus miembros no tengan que trabajar horas extras, aunque ganen menos regresan antes a la casa. A pesar de que no se han producido grandes cambios, no cabe duda que los trabajadores japoneses viven ahora de forma más digna.
En cuarto lugar: La recesión está golpeando más fuerte a las empresas que más se lo merecen. Da zarpazo no solo a las compañías que crearon la burbuja, sino también a aquellas compañías y profesionales que crecieron a expensas de las demandas corporativas, aprovechándose de los excesos especulativos a medida que se hinchaba la burbuja. Probablemente, la actual recesión no influirá en los salarios medios en Japón, pues en definitiva, no forma parte del reducido grupo de afortunados que gastaron millones de yenes en obras de arte, coches lujosos y otras formas de ostentación. Para este tipo de persona la explosión de la burbuja fue un golpe bajo; más, para el resto de los ciudadanos la vida sigue igual que antes.39
En realidad, la estructura que generó la burbuja económica permanece intacta e incluso experimentó un mayor crecimiento durante la recesión. El problema radica en que las empresas son ricas y los individuos son pobres. El poder de aprovisionamiento de las corporaciones ha aumentado hasta rozar los límites del dominio de las personas.
En el informe económico mensual de febrero de 1996, el gobierno anunció oficialmente la recuperación: “aunque es lenta, se observan síntomas de recuperación”. Así, después de medio año de silencio, manifestó sus expectativas. Anticipándose a este informe, el Banco de Japón declaró en enero de 1996: La economía comienza a reestablecerse”. Los economistas en general también lo aseguraron, pues la tasa de crecimiento señaló un aumento de un 3,6% en el trimestre octubre-diciembre de 1995; esta cifra, comparada con el trimestre anterior, alcanzó un nivel que no se había logrado durante cuatro años y nueve meses. Nadie pone en duda la recuperación.40
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