LA "ECONOMÍA DE BURBUJA"
EN JAPÓN
Ernesché Rodríguez Asien
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Los economistas llaman “economía de burbuja” al fenómeno especulativo que se produce cuando los precios de los bienes se disparan por encima de un nivel teóricamente justificable.
En la segunda mitad de la decaída de los 80 y especialmente desde finales de 1987, los precios de las acciones y del suelo se inflaron de manera acelerada, como si fuera una especie de burbuja gigantesca en la economía japonesa. Esta elevación de los precios trajo como resultado una especulación en lo mercados bursátiles e inmobiliario.
Esta especulación se debe en gran medida a las fluctuaciones de la tasa de interés,13 pues los bajos intereses significa, a su vez que los precios de los activos son altos. Ambos casos están relacionados: una caída de los tipos de interés a largo plazo incrementa las previsibles ganancias de los activos.
Otro factor importante para la formación de la burbuja fue un exceso de créditos. Esto fue lo que ocurrió realmente a finales de los años 80. Entre 1987 y 1989 la cantidad de circulante monetario experimento un aumento medio del 10,8% anual y superó el crecimiento del Producto Nacional Bruto (PNB) nominal en una medida de 4,5 puntos.
Esta liquidez monetaria estaba también por encima del incremento del PNB nominal entre 1980 y 1986, pero solo en una media de 2,4 puntos anuales. Un crecimiento excesivo de liquidez sirve para realizar transacciones de activos, o en otras palabras, para inflar la burbuja especulativa. En efecto, las estadísticas sobre los créditos facilitados por las instituciones financieras a finales de los años 80 indican que la mayor parte de la demanda marginal de fondos durante ese periodo iba destinada a la adquisición de activos. Esta claro que el exceso de créditos hizo posible la formación de la burbuja.
Un dato curioso es que los tipos de interés no cambiaron esencialmente entre finales de 1987 y 1989, pero los precios de las acciones y de los bienes raíces experimentaron alzas. Esto explica la decisión de las personas de aprovechar un exceso de crédito, con una tasa interés baja para invertir en activos, con la ilusión colectiva de que el costo de los activos que ya han experimentado un aumento seguirá revalorizándose, trayendo como consecuencia una especulación, a esto se le llama “mito de los precios progresivos”.31
Entre 1985 y 1990 la desregulación financiera que acompañó a la emisión financiera monetaria total que creció en promedio 10% anual provocó, desde el segundo semestre de 1988, un excesivo auge especulativo que desembocó en la compra de terrenos, acciones, pinturas y artículos de lujo.32
El Gobierno japonés con la finalidad de responder a la recesión originada por la fuerte apreciación del yen que siguió al Acuerdo Plaza y también para suavizar una ulterior presión sobre el yen tomó la decisión de tomar intereses bajos, por lo tanto el tipo de descuento oficial bajó de un 5% a un 2,5%, como medida de relajamiento monetario.
En la primavera de 1987, el Gobierno había anunciado un paquete de medidas para cebar la bomba con 6 billones de yenes. En el verano de ese mismo año, el Banco de Japón se dispuso a aplicar una política restrictiva mediante un aumento del 2,5% del tipo de descuento.
Los Estados Unidos ya se estaba “apretando el cinturón” desde comienzos de 1987 y en septiembre, cuando Alan Greenspan sucedió en la presidencia de la Reserva Federal a Paul Volcker, el tipo de descuento subió un punto. El banco de Japón parecía que iba a seguir el mismo ejemplo de octubre.
Pero, la verdad es que un golpe de mala suerte en octubre de 1987 les obligo a activar la política crediticia motivada por el trascendental “Lunes Negro” el 19 de octubre, cuando el crash de la bolsa estadounidense arrastró a las de Tokio, Singapur, Londres, Francfurt, entre otras. Para superar la crisis las autoridades estadounidenses inyectaron rápidamente dinero al sistema, bajaron el tipo de interés y pidieron a los países más ricos que siguieran su ejemplo con el objetivo de ayudar a la fortaleza del dólar.
La caída del dólar tras el Acuerdo Plaza mejoró rápidamente la balanza de pagos estadounidense en 1988. Sin embargo, en contrapartida, la debilidad del dólar ánimo a los japoneses a lanzarse a comprar propiedades en los Estados Unidos. El inflado precio de los activos japoneses en el contexto de un yen fuerte hizo que bajara el índice de ganancias de tales activos. Y con la moneda al alza, los activos extranjeros que ofrecían un alto índice de beneficios se presentaron como una auténtica ganga.
La consecuencia de todo ello fue que los japoneses realizaron grandes adquisiciones de activos en el extranjero. Los inversionistas nipones recurrieron a sus activos inflados para adquirir de forma alocada inmuebles y empresas norteamericanas.
La sensación de que Japón estaba comprando a los Estados Unidos provocó una corriente nacionalista que pudo muy bien precipitar la adopción de medidas para apoyar e dólar. Conviene señalar que la moneda norteamericana comenzó a subir cuando George Bush fue elegido presidente. Después de su investidura la administración estadounidense se mostró partidaria de un dólar más fuerte.
La Reserva Federal para contrarrestar la política financiera japonesa que compraba propiedades norteamericanas a precios muy bajos volvió a aplicar una política restrictiva en marzo de 1988, iniciando una política destinada a fortalecer el dólar. Existían dos factores que ayudaron a la subida el dólar:
1. Las perspectivas de un recorte en los gastos de defensa basado en la mejora de las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
2. El progreso en las negociaciones entre la administración y el Congreso sobre el recorte del déficit federal y la mejoría en la balanza comercial de los Estados Unidos.
Esta alza del dólar originó cambios decisivos en los mercados financieros japoneses. El Banco de Japón, por el contrario no tomó medidas hasta mayo de 1989. Su forma de proceder se basaba en la idea de que Japón servia de “ancla” en la economía mundial se pensaba que, como país, disponía de un enorme superávit en su cuenta corriente y actuaba como proveedor de capital al resto del mundo, no podía subir sus tipos de interés sin causar serias dificultades a un país como los Estados Unidos que sufrían un déficit en su cuenta corriente y dependían de la afluencia de capital nipón.
Existía el terror de que la restricción de dinero mediante la reducción de la afluencia pudiera provocar otro “Lunes Negro”. Este miedo contuvo a Japón, cuyo Gobierno permitió la expansión del crédito que actuó como fuerza motriz en la formación de la burbuja.
Hay que observar aquí el grado de globalización e interdependencia de la economía mundial, lo cual a obligado a Japón a aplicar una política basada sobre todo en consideraciones externas, mas concretamente en su preocupación por la situación de la economía estadounidense.
Pero, en mayo de 1989 el Banco de Japón subió finalmente el tipo de interés por cuatro veces consecutivas durante ese período, por lo cual la tasa de interés alcanzó de nuevo el nivel de septiembre de 1985 cuando se celebro el Acuerdo Plaza, terminando la época de la tasa de interés baja y el yen alto.
Las condiciones para las restricciones monetarias eran más que suficiente:
1. La alta cotización del yen que aceleró su ritmo a partir de 1985 y a la consiguiente rebaja del petróleo dieron como resultado la disminución del superávit comercial, desde 95300 millones en 1988, hasta registrar alrededor de 60 000 millones de dólares en 1989, cuyo nivel estaba muy por debajo de 81 000 millones, cifra que previamente había estimado el Gobierno. Esta disminución del superávit comercial de Japón y la tendencia alcista generalizada de las monedas norteamericanas y alemanas por el cambio de relaciones Este- Oeste causaron la rebaja del yen entre la primavera de 1989 y la de 1990.
2. El alza del precio de los productos importados.
3. El recalentamiento de la economía con una elevada inflación.
4. El dramático aumento de los precios de las acciones y de los bienes inmuebles causado por la baja tasa de interés y el incremento de la oferta del crédito, lo cual posibilitó una especulación que conllevo a una burbuja económica no conveniente para la economía japonesa debido a que se invirtió muy poco en la esfera productiva provocando una inflación doble: escasez de productos y subida de los precios de las acciones y bienes inmuebles, lo que redundó en una devaluación del yen.
5. El deseo de evitar que el yen siguiera cayendo.
6. El prevenir el aumento de los precios del crudo que se esperaba como consecuencia de la guerra del Golfo Pérsico cuya crisis estalló en agosto de 1990. 33
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