Refugio de biodiversidad
Es importante destacar que a pesar de que los neoecosistemas alcanzan una mayor
expresión espacial a nivel regional en los albardones, en ellos persiste una
elevada riqueza de especies vegetales. En muestreos representativos realizados
en neoecosistemas de albardones en todo el Bajo Delta se encontraron un total de
165 especies vegetales (Kalesnik, 1997), superando incluso a la riqueza
analizada por Burkart en 1957 para el Monte Blanco (151 especies vegetales). El
patrón de paisaje conformado por el mosaico de parches forestales sometidos a
distintos períodos de abandono, presentan distintos tipos de especies generadas
en cada uno de los estadíos mencionados, constituyendo así el proceso que lleva
a una elevada riqueza de especies a escala regional. Además dichos
neoecosistemas mantendrían una de las funciones ecológicas claves en relación a
la función de corredor y refugio de fauna silvestre característica de los
ambientes primarios (Malanson, 1993). Como ejemplo de ello, podemos citar el
trabajo de Merler et al. (2000), en cual se plantea que la pava de monte
(Penelope obscura), un ave declarada en peligro de extinción local, encuentra
refugio en las forestaciones activas y abandonadas y utiliza los frutos de dos
especies arbóreas asiáticas (Ligustrum lucidum, ligustro y L. sinense,
ligustrina) como la principal fuente de recurso alimenticio en la dieta
invernal. Los arroyos pequeños así como los cuerpos de agua artificiales (zanjas
y canales de forestación) junto con los manchones de pajonales relictuales y sus
interfases posibilitan la existencia de varias especies típicamente deltaicas y
muy importantes para el poblador local como el carpincho, el lobito de río y el
coipo, además de diversas aves acuáticas (hocó, patos, garzas, martines
pescadores, etc.). También son frecuentados por otras especies tales como las
ratas acuáticas (Holochilus brasiliensis y Scapteromys tumidus), tortugas
acuáticas y culebras y anfibios como las ranas del género Leptodactyllus. El
caso del carpincho resulta un buen ejemplo para ilustrar lo expresado
anteriormente. Además de los nuevos ambientes acuáticos, las forestaciones
ofrecen para este roedor áreas altas (terraplenes) como sitios de forrajeo y
zonas de bosques y pajonales relictuales para refugio y descanso (MSF, 2000). El
paisaje actual muestra un marcado incremento en su heterogeneidad espacial en
comparación con el paisaje original de la región. Por otro lado, la red de
zanjas y canales de forestación forma una trama que encierra al resto de los
ecosistemas.
En base a Kalesnik y Malvarez 1996 la tabla 4 muestra una cuantificación de
especies vegetales presentes en la zona del Bajo Delta del Paraná con potencial
utilitario para la población humana.
Tabla 4. Especies vegetales con potencial utilitario
Fuente: Elaboración propia en base a Kalesnik (1997).