Conflictos en el manejo de recursos bióticos
La implementación de actividades humanas sobre las praderas herbáceas altas
genera conflictos con la conservación de sus características y, especialmente,
de su funcionamiento. La construcción de endicamientos y atajarrepuntes causa
una disminución de la capacidad de acumulación de los excedentes hídricos. El
drenaje a través de la construcción de zanjas y canales acelera el escurrimiento
transportando también sedimentos, nutrientes y materia orgánica (Kandus, 1997).
En cuanto al sector continental de Tigre ha sufrido el mayor grado de
antropización. El avance de urbanizaciones en las últimas décadas fue
considerable y redujo cerca de 2500 hectáreas de estos ecosistemas.
La instalación de plantaciones de sauces y álamos actualmente cubren grandes
extensiones, siendo el Delta una de las regiones del país que mayor superficie
de bosques implantados posee. Estos bosques de rápido crecimiento proveen
maderas blandas, livianas y de baja calidad, que se destinan a la construcción
de cajones, embalajes, etc. La modificación de las características naturales de
las islas, con la consecuente destrucción de la vegetación nativa, ha hecho
retroceder significativamente a los ecosistemas naturales y a toda su fauna
asociada.
Las plantaciones forestales endicadas afectan drásticamente el paisaje por
drenaje de los pajonales y en muchos casos la desaparición de pequeños cursos de
agua en su interior, con la consiguiente pérdida de hábitat para las especies
adaptadas permanente o temporariamente a los cursos de agua. Sin embargo,
resulta interesante notar que, si bien las forestaciones tienden a la
homogeneidad en términos de la cobertura vegetal, lo que es un factor adverso
para el mantenimiento de la biodiversidad, el patrón de paisaje formado por
corredores acuáticos como zanjas y canales y sus ecotonos con las forestaciones
permiten mayor heterogeneidad espacial, lo cual es positivo para aquella.
Kalesnik (1997) plantea la necesidad de tomar medidas para conservar los últimos
relictos de Monte Blanco que quedan en el Bajo Delta. Las acciones antrópicas en
el área tienden a la modificación de los mismos y debería evitarse la pérdida de
una comunidad única caracterizada por su elevada riqueza forestal y su
importancia ecológica y biogeográfica. Además, resalta la importancia de
conservar los “bosques secundarios” o forestaciones con elevado tiempo de
abandono” presentes en la zona.
La falta de un tratamiento adecuado de los afluentes contaminantes acarrea
periódicamente mortandades masivas de peces y graves problemas sanitarios a las
poblaciones costeras. La caza y la pesca desmedida, que muchas veces no respeta
épocas de veda, se ve favorecida por la falta de control oficial en toda la
región. Esto significa una fuerte y permanente presión sobre las poblaciones de
animales silvestres. La caza en el Delta ha llevado a la desaparición de
especies como el “yaguareté” y a puesto en peligro de extinción al “lobito de
río” y al “ciervo de los pantanos”. Este último, otrora perseguido por
alimentarse de los frutales y de las plantaciones forestales, es hoy un preciado
trofeo de caza mayor. Otros vertebrados, sobreviven a la fuerte presión de caza
por tener un alto número de crías por camada. El coipo y el carpincho, muy
cazados tanto por su carne como por su cuero, son otros ejemplos. La pesca
comercial y deportiva está centrada en las especies de mayor interés como el
sábalo, surubí, patí, boga y dorado. La falta de un criterio uniforme en las
reglamentaciones vigentes en las distintas provincias de la zona (tamaños
mínimos, artes y métodos de pesca, épocas de veda, especies permitidas y
prohibidas) dificultan los controles y comprometen el futuro del recurso
natural. La flora introducida, ya sea en forma voluntaria o involuntaria,
representa un serio problema para el ecosistema deltaico, que en gran parte
desplaza a la flora nativa y coloniza los ambientes naturales. La ligustrina, el
ligustro, la madreselva, la zarzamora, ocupan los albardones de las islas,
mientras que las zonas bajas inundables son invadidas por el lirio amarillo y la
vara de ámbar (www.deltaonline.com).
Tabla 8. Listas de especies de fauna con algún status de conservación
Fuente. Elaboración propia en base a Chébez (1994), FUCEMA (1997), **Merler at
al (1997), Dirección de Fauna y Flora Silvestre. En MSF (2000)