3.4.- LOS ELEMENTOS PERNICIOSOS DE LA POLÍTICA COMO FUENTE GENERADORA DE MISERIA
3.4.1.- EL DESCONOCIMIENTO DE LA IDEA DEL BIENESTAR COLECTIVO
En el transcurso de este trabajo, hemos sido reiterativos en el hecho de que el
objeto
básico de la organización política es alcanzar el bienestar colectivo de todos
los
asociados, es decir que el fin mas importante del Estado no es otro que dotar a
su pueblo
de las condiciones necesarias para la satisfacción de las necesidades humanas.
El Estado de Bienestar solo se alcanza, cuando la mayoría de individuos o
utópicamente
la totalidad están en condiciones de satisfacer un aceptable número de
necesidades, que
parten de la suficiencia económica. Las diversas ideologías y doctrinas
políticas que
rigen sobre la humanidad, ineludiblemente han tenido que abordar teóricamente el
aspecto de la economía desde la óptica de los principios generales de la misma,
pretendiendo justificar o en su defecto desjustificar la razón, objeto y
naturaleza de un
cierto tipo de Sistema Estatal, en función del grado del Bienestar alcanzado.
La humanidad ha visto sucederse en los Pueblos diferentes sistemas políticos-
económicos con visiones contradictorias, precisamente porque la regla ha sido
que el
modelo de Estado vigente y luego sustituido no ha sido capaz de proveer a sus
ciudadanos de lo medios necesarios para satisfacer al menos las necesidades
elementales.
Desde 1789 y hasta nuestros días, universalmente se ha considerado que el modelo
de
“Estado Democrático - Liberal” es la mejor forma de asociación política ideada
por el
hombre. Con la crisis del modelo socialista ocurrida a finales de la década de
los 80,
quedó casi en forma absoluta descartada la alternativa, que ha nuestro juicio
constituyó
el mayor intento del ser humano por consagrar la solidaridad y el progreso
integral de la
sociedad como medios de convivencia y en su lugar se fortaleció la mefistofélica
idea
del individualismo y la opresión del más fuerte sobre el más débil. El
empresario busca
por cualquier medio su particular beneficio, aunque para ello eventualmente
tuviere que
destruir a otro u otros. De igual forma el obrero busca mayor remuneración y
garantías
que llegan a lindar con el privilegio, y se vale para ello de cualquier medio,
sin importar
que para lograr su fin, terceras personas no inmersas en la relación laboral
deban
soportar calamidades y hasta tragedias derivadas del estoicismo y la pugna de
los
primeros con su patrono.
Este Principio del Interés Individual y Excluyente es notorio en el conjunto
total de
nuestras sociedades, las mismas que se hallan sumergidas en un enloquecido
carrusel
llamado “De la libre competencia”, Principio que bien podría traducirse en
libertad para
oprimir a los semejantes.
Pero si esta es la situación general que experimenta la humanidad, la realidad
económica ecuatoriana, gestada en el fango de la violencia política es
definitivamente
insufrible porque la libre competencia asociada a la violencia dan como
resultado la
producción de un sistema social abominable semejante al “Estado de Naturaleza”
mas
primitivo que se conozca, sistema en el cual la tendencia de la opresión al mas
débil se
ejerce ilimitada y antropofágicamente.