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PRINCIPIOS ORIENTADORES DE LA POLÍTICA SOCIAL
Franco
dice que los principios orientadores de la política social tienen
que ver con la definición de su
población-meta (universalización), la consecución del objetivo buscado
(impacto) y la utilización de los medios asignados a alcanzarlo
(eficiencia).
a) El universalismo ha sido parte
del discurso social tradicional, aunque en general se lo ha interpretado como el
esfuerzo por generalizar una oferta de bienes y servicios igual para todos
aduciendo, entre otras cosas, que ello contribuiría a elevar la cohesión
social. Pero la práctica latinoamericana siempre mostró desigualdades notorias
en esa provisión, por lo cual se ha hablado de universalismo excluyente, en unos
casos, y estratificado, en otros. La primera acepción pone énfasis en los
que quedan al margen de cualquier protección; la segunda, si bien acepta que
muchos son atendidos, destaca que reciben prestaciones que varían en monto y
calidad y enfatiza que esas diferencias no tienen que ver con las necesidades,
mayores o menores, de cada cual sino con el status de los beneficiarios.
Quienes reciben las mejores atenciones pertenecen a los sectores más instruidos,
más informados, más organizados, o
viven en áreas mejor dotadas de
servicios, y disponen de un mínimo de recursos para hacer frente a los costos
en los que debe incurrirse para obtener los bienes o servicios que implica la
prestación (transporte y tiempo, como mínimo; a veces pago de una tarifa). El
acceso a esa oferta ha sido siempre difícil para quienes, aún teniendo mayores
necesidades, carecen de las características enunciadas.
Las
políticas universalistas así entendidas tienen alto costo y bajo impacto. Una
oferta que quiera igualar por arriba y llegar a todos resultará muy cara. Para
ajustarla a los recursos disponibles “manteniendo” el principio, suele
disminuirse la calidad de las prestaciones y, por tanto, se deteriora casi
seguramente el impacto del programa sobre los beneficiarios, o bien se recorta
la "universalidad" por criterios no transparentes que orientan los servicios
hacia un grupo restringido que tiene el poder suficiente para imponer su
interés. No es baladí recordar que el corporativismo suele ser un rasgo
característico de los sistemas políticos de la región.
Por
ello, hay que entender la universalización de otra manera. Se trata, en verdad,
de perseguir la satisfacción de las necesidades básicas de todas las personas.
Algunas podrán solventarlas con sus propios ingresos, mientras que eso sería
imposible para otras, en diferente proporción y será responsabilidad del Estado
el facilitar esos satisfactores.
b) El elemento clave en los programas sociales
es el impacto, esto es, la medida en que un proyecto, en función de sus
objetivos, transforma alguna parcela de la realidad. Pero hay factores no
relacionados con la eficiencia operacional que pueden dificultar y hasta impedir
que muchos proyectos sociales alcancen los fines que persiguen. La evaluación
de impacto calcula los efectos netos del proyecto, eliminando los cambios
derivados del contexto. Determina, en fin, en qué medida el proyecto ha
alcanzado sus objetivos, qué cambios ha producido en la población beneficiaria,
y cuáles fueron sus efectos secundarios (previstos y no previstos).
c) La eficiencia, mide la relación que
existe entre los productos (bienes o servicios) que se entregan a través de la
política social y los costos de los insumos y las actividades que se llevan a
cabo para obtenerlos. Como los recursos siempre son escasos frente a
necesidades crecientes, la eficiencia es muy importante también en la política
social, aunque erróneamente algunos tiendan a pensar que es propia de un enfoque
economicista. También debe tenerse presente que los productos, en los programas
sociales, son necesarios para lograr el fin, pero no son el fin. Cabe sostener
que al descentralizar, puede mejorarse el diagnóstico, por cuanto es posible
suponer que en el nivel local resulta más fácil identificar necesidades, conocer
en profundidad los problemas a enfrentar y, por tanto, también postular
soluciones más pertinentes, dado el tamaño más pequeño tanto del territorio como
de las personas implicadas, lo que permitía realizar un mejor cálculo de las
ventajas e inconvenientes de las acciones a implementar, y llevarlas a cabo de
manera más directa y rápida. Todo lo anterior puede ser cierto siempre que el
cuerpo técnico encargado de realizar el diagnóstico y plantear soluciones tenga
la suficiente formación técnica y conocimiento de las soluciones que se están
llevando a cabo en otros lugares del país, de la región y del mundo. En caso
contrario se corre el riesgo, común por cierto, de no aprovechar la acumulación
de experiencias producidas fuera de su limitado terruño.
Rolando Franco:
Descentralización, participación y competencia en la gestión social,
VIII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la
Administración Pública, Panamá, 28-31 Oct. 2003, pp. 4-5