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Elementos de la Protección Social
Ramos y Lobato
destacan los nuevos elementos de la protección social en Brasil:
- Descentralización.
Si en el modelo de protección social anterior la gestión de las acciones (su
definición, diseño, ejecución, control, etc.) estaba centralizada en la
instancia federal del gobierno, en el nuevo paradigma observamos una nítida
tendencia hacia la descentralización. Una mayor flexibilidad en función de las
características locales tiene varias justificaciones. Las de orden económico
tienden a hacer énfasis en la mayor eficacia y eficiencia de los recursos
asignados a los programas sociales cuando éstos se descentralizan. Esa mayor
eficacia y eficiencia se lograría, por un lado, porque la forma concreta de la
intervención tiene en consideración las singularidades de la región, y por otro,
debido a la mayor proximidad de la comunidad en lo que tiene que ver con el
control de la ejecución, reduciendo (teóricamente) el desvío de recursos y el
clientelismo, entre otras distorsiones.
-
Criterios técnicos en la distribución de los recursos y selección de los
destinatarios. En el antiguo
paradigma, la distribución de los recursos no obedecía a criterios definidos y
se encontraba bajo la influencia del poder de presión de cada región, grupo
social, partido político, ciclo electoral, etc. Esa indefinición se extendía a
los destinatarios, quienes podían ser elegidos por afinidades políticas,
identidades religiosas u otras características. En el marco de la nueva
generación de políticas sociales, tanto la distribución de los recursos
(espacialmente, por ejemplo) como la definición de los beneficiarios potenciales
se realizan según criterios técnicos. Por ejemplo, en Brasil, es común utilizar
el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de cada estado/municipio para pautar la
distribución espacial de los recursos.
En el caso del público beneficiario, prima la
misma racionalidad: definir criterios en los cuales se deben encuadrar los
candidatos. Por ejemplo, el ingreso familiar per cápita es un parámetro que
permite dimensionar al público beneficiario potencial la clientela de un
programa.
-
Focalización de programas. En el
antiguo paradigma predominaba la tendencia hacia la universalidad, es decir, a
que todo ciudadano tenía derecho a determinados beneficios o servicios. El caso
típico lo constituyen la educación y salud. Los programas del nuevo paradigma
tienden a definir el público en forma más restringida, utilizando herramientas
técnicas. Reducir el universo potencial puede responder a diversas
justificaciones. Encontramos nuevamente en este caso aspectos ligados a la
eficiencia y eficacia. Dada la limitación de recursos, el programa debería
privilegiar, o directamente restringirse, a determinado público. De esa forma,
el impacto del proyecto sería mayor debido a que se minimizarían las “fugas”
(beneficios que le llegan a un público que, por ejemplo, cuenta con un nivel de
ingreso que le permite satisfacer sus necesidades por la vía del mercado). En
el principio de focalización también puede primar un criterio de equidad. En la
medida en que los recursos son escasos, se debería privilegiar el acceso de
aquellos individuos/familias menos favorecidos a los beneficios del programa.
-
Participación de la sociedad civil.
Al igual que la descentralización y la focalización, la participación de las
organizaciones de la sociedad civil en la concepción, diseño, ejecución,
monitoreo y evaluación de los programas sociales puede dar lugar a diversas
lecturas. También en este caso, los aspectos ligados con el logro de una mayor
eficacia y eficiencia en la asignación de los recursos pueden ser una forma de
justificar la cooperación con sindicatos, iglesias, universidades, ONG, etc. Se
podría decir, por ejemplo, que esas organizaciones serían menos burocráticas que
las instancias del Estado, lo que aceleraría la ejecución de un programa. Por
otra parte, al igual que en el caso de la descentralización, la participación
activa de la sociedad civil reduciría el desvío de recursos y las prácticas
clientelistas, lo cual contribuiría a mejorar la calidad de los procesos
políticos.
-
Contrapartidas (Combinación de
aspectos compensatorios y estructurales). Una de las críticas actuales al Estado
Benefactor tradicional se basa en la identificación de elementos que inducen una
relación de dependencia estructural de los beneficiados con las políticas y
programas. Por diversos motivos (estigmas que dificultan la reinserción, pocos
incentivos que induzcan a alterar la situación que llevó al individuo a ser
beneficiario, etc.), los beneficiarios del sistema de protección terminaría en
una situación de inercia, sin que se le suministren los mecanismos que le
permitan revertir las causas estructurales que la llevaron a depender del
sistema.
La nueva concepción de las políticas sociales
tiende a ofrecer una “puerta de salida”, tanto para la actual generación (cursos
de formación profesional para los beneficiarios, acceso a líneas de
microcrédito, etc.) como para las futuras (obligación de permanencia escolar
para los hijos jóvenes de los beneficiarios, por ejemplo). De esta forma, se
pretende romper el circulo estructural de reproducción de la pobreza, inclusive
entre generaciones. Así, cada receptor de un beneficio debe dar una
contrapartida (alfabetización, cursos de formación profesional, permanencia de
los hijos en la escuela, exámenes médicos) que le permita prescindir del mismo
en el futuro.
- Presupuestos estables.
Por lo general, las fuentes de recursos de los programas sociales tradicionales
no estaban definidas, de modo que se financiaban con recursos generales
(impuestos). En ese contexto, los montos anuales destinados al financiamiento
de los programas eran motivo de periódica negociación y se encontraban bajo la
influencia de numerosos factores como los ciclos electorales y macroeconómicos.
En épocas de crisis, por ejemplo, cuando las fuentes de recaudación se reducían
debido a la caída en el nivel de actividad, la disputa por los recursos más
escasos aumentaba, es decir, en el preciso momento en que las demandas por
compensaciones en el área social se elevaban. En general, los recursos
destinados al área social eran residuales y se convertían en la “variable de
ajuste” cuando era necesario realizar recortes. En el nuevo paradigma de
políticas públicas en el área social, las fuentes de financiamiento son más o
menos estables, con sus orígenes bien definidos, de manera que los montos no
están sujetos a procesos anuales de negociación o correlacionados con el ciclo
político.
-
Monitoreo y evaluación. Las
prácticas de monitoreo y evaluación de los programas son un componente usual del
nuevo paradigma. Controlar las metas financieras y físicas, así como determinar
el grado de cumplimiento de los objetivos y la relación costo-beneficio son
actividades corrientes en las formas modernas de intervención en el área
social. Se trata de actividades realizadas tanto por sectores de la propia
burocracia del Estado (especialmente en el monitoreo), como por organismos
externos (universidades, centros de investigación, etc., en el caso de las
evaluaciones de impacto), cuyos resultados sirven para rendir cuentas a la
sociedad y como insumo para realimentar el diseño y la ejecución de los propios
programas.
Carlos Alberto Ramos
y Ana Lucía Lobato: La transición en las políticas sociales en Brasil:
del antiguo paradigma al Registro Único, pp. 7-10
(http://www.iadb.org/int/drp/esp/Red3/documentos/LobatoRamos11-04esp.pdf)