Se conocen
numerosos casos de propiedad intelectual y patentes de invención que han sido
despojados de las manos de sus creadores, simplemente por la baja cultura de
buscar y concretar la protección legal sobre ellas. Es frecuente que soluciones
industriales, obras de arte como composiciones musicales, libros o ensayos sean
registrados con tardanza por sus autores o propietarios. Si sumamos esto a la
baja producción en estas materias, la situación de América Latina en relación a
otras zonas del planeta se observa aún más desmejorada.
Los
distintos departamentos latinoamericanos de propiedad intelectual y de registro
de patentes de invención, a pesar de los esfuerzos desarrollados por la
Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), todavía no logran
establecer una red fuerte de colaboración, particularmente al servicio de las
patentes y registro de patentes vinculadas al desarrollo científico y
tecnológico.
En
consecuencia, la ya baja tasa de patentes obtenidas (Gráfico Nº 7) en relación a
las economías de las naciones más adelantadas, se encuentra en una condición de
borde. En 2002 Brasil reportó 4 patentes por cada millón de habitantes, en tanto
Honduras, México y Uruguay informaron 1. Los demás países de la región
informaron cero o no informaron. Este último caso que se presentó en 14 países
demuestra el grado de importancia signado al tema, ni siquiera se tuvieron
registros confiables y oportunos, en caso de haberlos. La deuda suma y sigue.
Ahora bien,
respecto de las patentes registradas en otras épocas distintas a 2002, que
lograron ser transadas y, por lo tanto, generaron o siguen generando el cobro de
regalías, no superaron US$ 1 por persona (Gráfico Nº 8): Argentina, Brasil,
Bolivia y Nicaragua. Con las excepciones de Chile que casi tocó la barrera de
US$ 3 y de aquellas naciones que no superaron lo 10 centavos de dólar como
Colombia, Costa Rica y Perú. Estas cifras demuestran monolíticamente una
realidad deficiente y cruda. La producción de patentes es prácticamente nula y
no han sido permeadas por los desafíos que se presentan en una economía
interconectada e indexada en múltiples variables. Como referencia, sin
considerar a Japón que superó las 800 patentes inscritas, los países
desarrollados se mueven cómoda y regularmente entre las 200 a 300 patentes
inscritas.
Es esencial
el desarrollo de una cultura de la búsqueda científica en el contexto de las
tendencias mundiales. Probablemente los inventores latinoamericanos puedan ser
una de las fuentes más importantes de ingreso en el futuro, esta es una de las
consecuencias esperadas de la señalada integración y coordinación de los planes
científicos de los paises latinoamericanos.
Gráfico Nº 7
Aquí nos
conectamos nuevamente con la necesidad de incrementar la calidad y equipamiento
de la infraestructura de laboratorios al servicio de la investigación aplicada.
Probablemente, y para arrastrar a los pueblos más rezagados, debe pensarse en un
Instituto Latinoamericano de Ensayo y Experimentación Científica y Tecnológica
(ILECyT), que puede encontrar alguna buena locación, construirse con aportes
comunitarios y registrar patentes corporativas, transables en los mercados
mundiales, cuyas regalías se distribuyan a prorrata de las naciones signatarias.
Gráfico Nº 8