Si tomamos
el desempeño económico anual de América Latina de la última década, en términos
de la variación del producto, puede observarse (Gráfico Nº 1) un comportamiento
errático y sin una tendencia clara que, por supuesto, podrían ser explicados
conforme a sus coyunturas. No obstante, esto refleja, por una parte,
irregularidad y una cuota de confusión regional en torno a sus metas económicas,
producto de los vaivenes políticos del período que, como consecuencia, han
implicado, entre otros aspectos, cambios de orientación radicales y, por otra,
la dependencia de estas economías respecto de la situación económica de las
naciones más desarrolladas, en algunos casos por la dinámica de la globalización
que, irremediablemente, indexa a sus participantes, y en otros casos por las
políticas monetarias altamente correlacionadas con el dólar norteamericano.
En esta
composición de lugar, entonces, intentar establecer una línea de tendencia
resulta francamente imposible. Sin embargo, si en la situación actual,
organismos como la OEA apoyan fuertemente los procesos de complementación, para
evitar que fenómenos de turbulencia potencial como los provenientes de la
administración Chávez en Venezuela, las señales provenientes de la relación de
Alan García del Perú con su competidor Ollanta Humala, o la alianza en
desarrollo entre el régimen de Evo Morales en Bolivia con su similar de
Argentina Ernesto Kirchner, es posible que se logre alinear iniciativas
regionales que contribuyan a disminuir sustantivamente la varianza observada en
el desempeño económico regional de la década en comento.
Examinemos
brevemente el escenario general que nos afecta. La evolución de la economía
mundial que, durante 2005 creció en torno al 3,5%, a juicio de las agencias
mantendrá un crecimiento similar y el cumplimiento de las expectativas de
crecimiento para las economías más industrializadas se confirmó, en términos de
la desaceleración proyectada que, en efecto, exhibieron menores tasas de
crecimiento que en 2004. Norteamérica registró un crecimiento del orden del
3,5%, las mejores proyecciones le auguran para el 2006 un crecimiento algo por
debajo del 3%. El elemento central del dinamismo global fue el comercio mundial
materializado, cuya variación dobló a la tasa de variación del PIB. Entre los
componentes destacables de esta dinámica se observa el intercambio de volúmenes
crecientes de productos con valor agregado, particularmente en los sectores de
tecnologías de la información, electrónica, maquinarias y equipos, fruto de los
avances registrados en materia de desarrollo científico y tecnológico. En este
contexto la economía China se espera que crezca a niveles por sobre el 9%,
liderando amplios segmentos de las exportaciones mundiales, especialmente en
maquinaria y automatización, con variados destinos en economías en desarrollo.
El caso de India es también notable en este cuadro que, aunque se espera que
descienda del 7,9% de 2005 al borde del 7,0% el 2006, la expectativa de
crecimientos de este orden se mantiene estable, manteniendo al menos en el
mediano plazo su incidencia en la contingencia económica mundial.
América
Latina por su parte, durante 2006, se estima que se mantendrá en torno al
4,3%-4,6% del 2005. En general, se espera que los países de América Latina
crezcan a tasas de entre 3% y 6% individualmente, salvo la República Bolivariana
de Venezuela y la República Argentina que se estima crecerán por sobre la
estimación superior regional del 6%.
Hechos que hacen presumir que habrá estados que crecerán a tasas muy reducidas,
los que empujarían a la baja la estimación regional señalada para 2006. Un
aspecto desalentador es que se espera una reducción hacia el 4,0% regional en
2007, hecho que complicará a algunas economías de la región. Un aspecto
particular lo representa Estados Unidos que es mercado de destino de primera
importancia para un número importante de nuestros países; en primer lugar, por
una baja en la dinámica de la demanda interna y, en segundo lugar, por la
tendencia al alza de las tasas de interés internacional, en gran medida
relacionada con las decisiones en materia de política monetaria del país del
Norte.
Si
comparamos las tasas de crecimiento de las principales economías
industrializadas con los niveles de América Latina, se observa casos en que la
región supera a grandes economías mundiales. Sin embargo, en términos absolutos,
la brecha es indiscutible. La gran diferencia está en términos de PIB per cápita
(PPA en US$), una tasa dada de crecimiento de PIB hace rico en mayor medida a un
ciudadano de una economía desarrollada que a un habitante de un país pobre. Es
un incremento sobre rentas con profundas diferencias de inicio.
Para América
Latina la salida es el incremento sostenido tanto de volúmenes comerciados como
de valor agregado. Este último se alcanza únicamente con mayores niveles de
intervención sobre las materias primas o productos de baja incorporación de
tecnología.