IMPLICACIONES DE POLÍTICA.
Durante el reinado de la teoría keynesiana se le plantearon como funciones a la
política económica la búsqueda del pleno empleo, la estabilidad de la actividad
económica y un crecimiento rápido.
Friedman se mostró inflexible en cuanto a que la política monetaria no se podía
emplear para fijar magnitudes reales o para controlar factores reales como las
tasas de interés, los niveles de empleo y producción. Sin embargo reconoció que
esa política podría tener efectos de corto plazo importantes en ellos, aunque no
siempre convenientes ni predecibles.
La función válida, según Friedman, para la política monetaria es la creación de
una base estable para la expansión de la actividad económica. El sector
productivo debe tener la posibilidad de tomar decisiones con confianza, en el
momento oportuno y sin el temor de cambios repentinos que pudieran interferir
sus planes. Por tanto, una meta adecuada de política es la consolidación de una
estabilidad en los precios, sobre la cuál se puedan planear en forma confiable
las transacciones comerciales presentes y futuras.
Un aspecto esencial de su planteamiento es la incorporación de los rezagos en el
proceso de ajuste. Ello significa que el tiempo necesario para que las
variaciones en la cantidad de dinero afecten a los precios puede fluctuar entre
seis meses y dos años. La dificultad de precisar el período requerido hace que
el control “día a día” (el monitoreo) sobre los efectos que está teniendo la
política monetaria sea inoperante.
Ante ese hecho Friedman plantea la inconveniencia de aplicar una política
monetaria discrecional para buscar la estabilidad en los precios, y se inclina
por establecer una regla de comportamiento (su regla de oro): fijar una meta de
crecimiento de la cantidad de dinero similar al crecimiento esperado de largo
plazo del producto de la economía. Es decir, propuso una tasa constante de
crecimiento de la oferta monetaria.
