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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte III. Los Escenarios Contemporáneos de la Transición al Socialismo.
Capítulo VII. El Escenario Keynesiano de la Transición al Socialismo. Realidad y Potencialidades
7.2. El Estado – Nación Keynesiano. Una plataforma más propicia para la Transición al Socialismo.
El Estado es en la teoría económica Keynesiana centro de atención básico. A través de sus funciones reguladoras y sus intervenciones sistemáticas es que logra funcionar el modelo Keynesiano. A lo largo del trabajo hemos hecho referencias bastantes pormenorizadas acerca de las funciones y características del Estado – Nación que actúa en un modelo de éste tipo.
En este momento queremos entonces argumentar los elementos que nos hacen catalogar al Estado Nación Keynesiano como el más propicio para el proceso de Transición al Socialismo. El análisis debe ser centrado básicamente en la Periferia, donde se dio realmente la retirada económica por parte del Estado, no así en el Norte, donde ese evento fue mas propaganda mediática que realidad.
Para reinstalar el Keynesianismo, el Estado – Nación debe percibir un fortalecimiento de sus dos ramificaciones esenciales en el plano económico. Hacia adentro, hacia el sector interno de la economía nacional, y hacia fuera, hacia el sector externo de la economía nacional.
En el plano interno los problemas básicos de las economías serán los referidos al control de la propiedad, la reproducción de la economía nacional, la determinación y conformación de los niveles de empleo, la determinación de salarios mínimos, control de precios, subsidios, impuestos, gastos públicos, etc. En el plano externo los problemas estarían relacionados básicamente al manejo de la balanza comercial, el control de la Balanza de Pagos, de la Cuenta de Capitales, de los tipos de cambio, el control de aduanas, etc.
Analicemos el Sector Interno.
Si el capitalismo regresa a un modelo Keynesiano solo podrá funcionar globalmente si logra funcionar además de en el Norte, también en el Sur. Pero es incompatible un modelo Keynesiano con un sector publico marginado, con un mercado interno insolvente y pasivo, con un Gasto Publico casi nulo, con políticas macroeconómicas desactivadas y huecas, con economías casi completamente privatizadas y parcialmente desnacionalizadas.
Si el gran capital quiere sobrevivir a esta coyuntura que supone una depresión global y un divorcio insostenible entre la economía real y la economía virtual tendrá que replantear los términos de su relación con el Sur. El Sur debe participar en la economía mundial generando una capacidad adicional de demanda, la cual sólo puede ser relanzada por las intervenciones del Estado capitalista. El Estado periférico tiene que dejar de actuar como árbitro, para convertirse en jugador activo del mecanismo económico.
Somos conscientes de lo que aquí planteamos. Es muy difícil suponer una reconquista de los recursos naturales y los sectores económicos privatizados y desnacionalizados. Pero consideramos que ese es un fenómeno que aún no ha terminado de liquidar completamente el empeño de una economía nacional al no dominar totalmente el escenario económico de estas naciones. Los demás elementos de manejo y control económico son plenamente logrables en un marco global de capitalismo Keynesiano.
Hacia el sector externo, pensamos que el Estado – Nación Keynesiano tendrá la capacidad de cerrar una puerta de seguridad a la vorágine de la Globalización, que en definitiva actúa para el Sur como una corriente crecida que caprichosamente se lo lleva todo a una misma dirección: El Norte.
La capacidad de una inserción regulada y controlada a través del Estado de la economía nacional con su sector externo es un atributo del Sistema Financiero Internacional Keynesiano. En el epígrafe anterior ya lo veíamos.
De esta forma, la transferencia de poder económico hacia el interior y el exterior por parte del Estado – Nación que habíamos observado bajo el Neoliberalismo se trueca ahora en transferencia de poder económico, aunque limitado, del sector interno y externo hacia un centro: El Estado – Nación.
De tal forma, acompañando el siempre presente poder político – represivo del Estado – Burgués Neoliberal, reaparece ahora el poder económico del Estado – Burgués Keynesiano de la Periferia. El Keynesianismo supone un fortalecimiento del Estado – Nación periférico. Un fortalecimiento también, no lo dudamos, del Estado Burgués. Y sabemos a quién explota, controla y reprime dicho Estado –Burgués.
Sin embargo, defendemos el Estado –Nación Keynesiano más poderoso en lo económico que el Estado – Nación Neoliberal más débil en lo económico para decidir cuál de los dos sería la plataforma más loable de una transición al Socialismo. Este razonamiento pudiera parecer a simple vista una contradicción a la teoría Marxista de la lucha de clases y de la lucha contra el Estado – Burgués más concretamente.
Lo que sucede es que el debilitamiento económico del Estado – Nación bajo el Neoliberalismo no significa para nada que el proletariado haya tomado para sí ese poder perdido. Como dijimos ya, lo que realmente existe es una transferencia de poder económico hacia otros polos ajenos a la clase obrera.
¿Por qué defender entonces al Estado Nación Keynesiano como plataforma más propicia para una transición al Socialismo, siendo dicho Estado más fuerte en el plano económico?
La respuesta la da el propio Carlos Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”:
“Pero la Revolución es radical. Está pasando todavía por el purgatorio. Cumple su tarea con método. Hasta el 2 de Diciembre de 1815 (día del golpe de Estado de Luis Bonaparte) había terminado la mitad de su labor preparatoria; ahora termina la otra mitad: lleva primero a la perfección al Poder Parlamentario para poder derrocarlo”
Salvando la distancia y el momento histórico, creemos que la lógica se mantiene intacta. Si el Estado Burgués es la antípoda objetiva del proletariado, como éste de aquél, es necesario desde el punto de vista objetivo y dialéctico un Estado estructural y funcionalmente fuerte. Es así que la conformación de un Estado – Nación Keynesiano reestablecerá un marco de lucha nacional, contra un enemigo nacional, donde la obtención de una victoria real en el plano político tendrá la posibilidad de verse coronada en el plano económico y de la soberanía plena de la nación liberada.
Por otra parte, una reinstauración del Estado – Nación Keynesiano y el conjunto de condiciones sociales más positivas que éste genera significaría un relativo mejoramiento de las relaciones que se dan entre el Capital y el Trabajo. Dicho mejoramiento en las condiciones de vida de la clase obrera es tomado, para muchos, como una atenuante para la lucha revolucionaria.
Nuestro trabajo se dedicado básicamente a las cuestiones puramente económicas, objetivas o materiales. Un análisis de las condiciones y papel del factor social en la Transición al Socialismo rebasa los objetivos de éste trabajo. Sin embargo, como no podemos hacer total abstracción de un elemento tan fundamental deslizamos nuestra opinión al respecto.
Es más positivo y contribuye más a la causa de una verdadera Revolución Social – y no de una Rebelión Social – un contexto donde los factores estructurales e institucionales se muestren más propicios para su posterior conquista, destrucción e imposición. En el modelo Neoliberal se exacerba la lucha de clases más que en el Keynesianismo, es cierto, pero en el modelo Keynesiano se dan condiciones más propicias desde el punto de vista estrictamente objetivas para que esa lucha de clases sea más efectiva que en el Neoliberalismo.
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