La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo

Yoandris Sierra Lara

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Parte III. Los Escenarios Contemporáneos de la Transición al Socialismo.

Capítulo VI. El Escenario Neoliberal de la Transición al Socialismo.

6.4. Estructura, Funciones y Limitaciones del Estado- Nación Neoliberal. No es esta la Organización Política – Económica que se acerca Objetivamente al Socialismo.


Hemos decidido incluir un epígrafe con este tópico debido a que no concebimos una teoría de la transición al Socialismo que desconozca o ignore lo referido al Estado –Nación y su peso en todos los sectores de la vida socioeconómica actual.
En el primer capitulo de este trabajo presentamos una síntesis donde relacionábamos las consideraciones Marxistas y Burguesas acerca de esta institución.
Un estudio más profundo de las estructuras jurídicas, concepciones filosóficas, incluso de los mecanismos políticos de esta Megaorganización es demasiado ambicioso para los objetivos de éste trabajo. Por esa razón nos concentraremos en las funciones económicas del Estado en la etapa neoliberal, lo cual sin duda alguna condiciona su esencia, su fortaleza, y su naturaleza como instrumento de la lucha de clases.
En este sentido son dos las grandes consideraciones que se tienen acerca de la fortaleza del Estado – Nación bajo el esquema Neoliberal. Algunos autores plantean que existe un debilitamiento del Estado – Nación, otros plantean la creencia de que lejos de debilitarse el Estado se ha fortalecido bajo el Neoliberalismo.
Antes de tomar partido analicemos las circunstancias que propician el debate.
Para poder hablar de que el Estado funciona o no funciona, existe o no existe, hay que analizar si este cumple sus fines y objetivos actualmente.
Si el Estado Neoliberal, como todos los que le antecedieron, logra asegurar el orden social, si se manifiesta como instrumentador de los intereses generales y colectivos de toda la sociedad, si se preserva, se asegura y reproduce entonces deberíamos concluir que dicho Estado existe en la actualidad. Y si sabemos que para imponer al Neoliberalismo en regiones como América Latina se necesitaron dictaduras antidemocráticas, es decir Estados autoritarios y fuertes, entonces es más obvio aún el suponer no un debilitamiento del Estado bajo las condiciones neoliberales, sino su fortalecimiento e incluso la necesidad del Estado para la imposición del Neoliberalismo.
Esta necesidad de la existencia del Estado vuelve a manifestarse cuando se hace evidente que para imponer la política neoliberal (privatización, desregulación de las variables económicas) se necesita el consentimiento y apoyo del Estado – Nación.
Pero esas condiciones nos llevan a hablar de un Estado fuerte exclusivamente en el campo político – represivo.
Esta fortaleza no la mantiene a plenitud el Estado neoliberal en lo referente a la legitimidad del modelo. Las revueltas públicas constituyen un claro ejemplo de debilidad en éste sentido. De todas maneras, la maquinaria mediática del modelo vende una conciencia social que es aceptada impasivamente por muchísimas personas en el mundo subdesarrollado. En el plano ideológico se dice que el modelo neoliberal ha alcanzado su objetivo hegemónico mejor que en todas las demás esferas en las que actúa.
El otro papel fundamental del Estado radica en sus funciones económicas. La línea de funciones económicas se refiere o se contrae a aquellas actividades que el Estado realiza en el plano económico. Las funciones económicas varían según los momentos históricos y el tipo de Estado de que se trate.
Es importante entender que las funciones económicas del Estado son claves en los modelos teóricos y prácticos de la reproducción de la economía capitalista. Aún cuando existe la polémica acerca de si el Estado debe participar o no de esa reproducción como elemento clave, lo que si queda claro es que si se asume la posición de alejar al Estado de esa reproducción significa el aceptar explícitamente un debilitamiento económico del mismo.
Por lo tanto, pensamos que el principal punto para decidir sobre la fortaleza o no del Estado – Nación debe estar en el papel que asume éste con relación al mecanismo de reproducción de la economía nacional y en el manejo de las principales variables internas y externas de dicha economía nacional.
En nuestra opinión, el Estado – Nación encuentra en el modelo Neoliberal un franco debilitamiento económico al perder poder de decisión sobre las principales variables económicas internas y externas, al extraerse del mecanismo de reproducción del capital social, al aceptar la privatización masiva de los medios de producción y recursos naturales, al renunciar a una política fiscal fuerte y al ocurrir el proceso de marginalización de la burguesía nacional por el capital trasnacional.
Realmente, el proceso de Globalización Neoliberal ha significado para el Estado un marco al cual no puede acceder sino es adaptándose a las condiciones que ahí priman, al menos si hablamos de una economía pequeña. Los Estados no pueden influir en la misma medida sobre el mercado mundial y la economía mundial como en la producción estatal – nacional. Los Estados que pueden competir y vencer en el plano internacional son aquellos que logran fortalecer el poder económico en el propio país.
De tal forma, siguiendo esa lógica de ser fuerte hacia dentro para expresarse con vigor hacia fuera se necesita incentivar la creación y coordinación económico – política con los monopolios. Por supuesto, eso lo podrán hacer contadas naciones, las otras darán paso a los monopolios extranjeros en parte con la esperanza de que sus economías se inserten al dinamismo mundial y en parte porque ya no queda mucho que elegir.
Los monopolios para producir o comercializar en cualquier país de la periferia imponen sus condiciones, entre las que toda desregulación del Estado sobre las variables económicas (dígase empleo, salarios mínimos, política monetaria soberana , seguridad social, inversiones públicas, impuestos) es una necesidad y una condición inexorable.
Por otra parte, en el sector externo el Estado – Nación enfrenta un Sistema Financiero Monetario Neoliberal el cual suprime la capacidad de control estatal sobre muchas variables estratégicas del sector externo. Es un sistema eminentemente liberalizado y enemigo de la regulación estatal. El Estado no tiene una capacidad total de controlar sus tipos de cambio, la fortaleza relativa de su moneda, la cuenta de capitales, el flujo de inversiones privadas.
En definitiva, el único fortalecimiento que percibimos del Estado – Nación bajo el modelo neoliberal está en la conservación de un “Estado gendarme” y de un “Estado represivo” al servicio de la clase dominante. En el plano económico entendemos un claro debilitamiento. Aunque para nada compartimos la idea en boga de que el raquítico Estado neoliberal es una aproximación a la utopía Marxista de la desaparición del Estado en la sociedad comunista.
El debilitamiento del Estado – Nación se traduce en una transferencia de poder hacia algún sector social o económico diferente de dicho Estado. Esa es nuestra consideración. En nuestra opinión, el deterioro progresivo en términos de poder económico que se observa en el Neoliberalismo significa un traspaso de ese potencial económico a los actores externos e internos que suplantan al Estado en sus funciones económicas.
El control sobre las políticas macroeconómicas internas es asimilado por las leyes del mercado, que en la actualidad son dictadas realmente por las trasnacionales que lo dominan, estas deciden mayormente los niveles de empleo, imponen precios monopólicos, determinan en fin prácticamente el curso estratégico de las economías nacionales.
La regulación de las balanzas de pagos por parte del Estado se convierte en una quimera, puesto que tal control pasa a manos del mercado mundial, básicamente al mercado de divisas. Los tipos de cambio, la cuenta de capitales y en esencia todas las variables del sector externo que habíamos considerado en el epígrafe anterior, son quitadas de las manos del Estado y asimiladas por el Sistema Financiero Internacional.
En las condiciones de un Estado – Nación que transfiere, y por tanto pierde, sus poderes económicos el papel que juega la lucha de clases sufre modificaciones. El Estado – Nación Neoliberal es un “Estado fantasma”, hueco en lo económico, vacío de poder efectivo.
La lucha contra dicho Estado significaría tomar los efectos por causas, y confundir el propio momento histórico. Los procesos de desnacionalización y globalización de la economía mundial en general, y la periférica en particular, han desarticulado la lógica de la lucha por el poder político en las naciones dependientes. El ataque contra una institución como lo es el Estado – Burgués actual no puede resolver los problemas de fondo que presentan las naciones subdesarrolladas, al menos en un plano de inmediatez.
No nos referimos a problemas sociales o económicos que hay que solucionar y se hace difícil en el corto plazo, nos referimos aquí a problemas estratégicos a nivel internacional y a nivel interno que sujetan a la nación por vías de control muy sofisticadas y poderosas. Realmente, el Neoliberalismo ha diseñado una red de control económico y político a nivel global muy compleja y efectiva, aún cuando genera crisis y costos sociales es muy efectiva en la tarea de controlar y explotar desde lejos a los pueblos.
De tal forma, el Estado sigue encarnando la clase de la burguesía, sigue siendo un instrumento para controlar y explotar legalmente a las masas populares, pero el poder real hoy está más allá de ese Estado visible para todos. Esto lleva a que muchos movimientos sociales no pasen de ser una simple revuelta, a que verdaderas revoluciones como lo pudo ser el gobierno de un Partido progresista en Brasil no puedan ir más allá de algunos cambios y mejoras sociales.
Hay que comprender que la toma del poder político, si se logra, no significa en términos de una economía desnacionalizada e insertada a un SFI como el Neoliberal, una toma de poder económico; hay que comprender que muchas de estas naciones tienen una economía muy pobre en ventajas competitivas, en recursos naturales, en bienes exportables, en formación de capital nacional, por lo que pudieran alcanzar el poder político pero a las estructuras antes señaladas como barreras para un proceso más allá de la rebelión vendría a sumarse también la total dependencia económica a los círculos de poder mundial, hecho éste que bajo el Neoliberalismo se hace más crudo aún.
Nosotros no estamos “contraindicando” la procedencia de la lucha de clases en la actualidad. No estamos negando el papel de las fuerzas oprimidas en el curso de la Historia y en particular de la Revolución Socialista, estamos haciendo hincapié en la idea que hay que aceptar sin temor a dogmatismos, de que cada momento histórico supone un tipo de lucha específico.
Desde nuestro punto de vista, es poco lo que las fuerzas progresistas pueden avanzar en un escenario como el actual, aún cuando las condiciones subjetivas se exacerben por los impactos de la política neoliberal. El marco estructural refrena mucho el avance. Aún así, las fuerzas progresistas pueden poner en jaque al imperialismo en países aislados, como es el caso de Venezuela, no lo negamos, pero a nivel general, concebimos que la lucha por el poder político deba estar movida básicamente por los objetivos de alcanzar el poder económico soberano de la nación.
Bajo el Neoliberalismo no existe poder económico ni soberanía en manos del Estado vigente, el Estado Revolucionario tendría que no sólo tomar el poder político, sino incluso reconstruir o retomar el poder económico nacional. En la medida que esto rompa con los mecanismos, estructuras e instituciones vigentes e implantados a nivel mundial y del cual la economía nacional se retroalimenta, la lucha se torna más difícil, y el resultado, para ser optimistas, sería menos satisfactorio.
En sentido general no negamos la procedencia de la actual lucha de clases, es muchísimo lo que está logrando dentro del mismo modelo neoliberal. Pero si nos permitimos el lujo de teorizar sobre esta cuestión llegaríamos a la conclusión de que si no hay más remedio hay que luchar con las armas que existen y en el contexto vigente, pero que si como nosotros pensamos el Capitalismo impondrá nuevamente un modelo Keynesiano la lucha contra el Estado Nación Neoliberal no será nunca lo efectiva y fructífera que en el camino de la Transición al Socialismo sería la lucha contra un Estado – Nación Keynesiano. Ese es nuestro punto de vista en cuanto al problema Estado – Neoliberalismo –Transición al Socialismo, y terminaremos de probarlo más adelante en el análisis Estado – Keynesianismo – Transición al Socialismo.


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