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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte III. Los Escenarios Contemporáneos de la Transición al Socialismo.
Capítulo VI. El Escenario Neoliberal de la Transición al Socialismo.
6.3. El Sistema Financiero Internacional Neoliberal. Maquinaria Imperialista que obstruye la Transición Socialista
Somos del criterio de que el mecanismo imperial más perfecto para la dominación económico – política de los países Sur por los países Centro es el actual Sistema Financiero Internacional. En las condiciones actuales, con un sistema financiero como el que hoy funciona es prácticamente imposible una transición al Socialismo de forma masiva, al menos en aquellos países que tengan profundas y funcionales implicaciones con este elemento de las relaciones económicas internacionales capitalistas.
Al empeño de la transición le pesa mucho la enorme red que significa el Sistema Financiero Internacional (S. F. I.). Los mercados financieros se convierten en la columna vertebral de la economía mundial actual. Por tanto, son una realidad inesquivable.
La superdependencia a esta estructura pudiera frustrar, en la misma cuna, cualquier intento particular de independencia, de revolución, básicamente en los países de la periferia. Por tanto, el S. F. I. es uno de los grandes escollos a salvar en el empeño de una transición al socialismo.
Este Sistema en específico, no es sólo y únicamente un instrumento del Capitalismo, visto éste como sistema abstracto. Es un sistema fabricado y a la vez fruto del modelo de acumulación capitalista de tipo neoliberal. A partir de esa tesis, definimos al Sistema Financiero Internacional como Sistema Financiero Internacional Neoliberal.
Para argumentar lo anterior nos basamos en los siguientes elementos:
El Sistema Financiero Internacional actual es una megaconexion de los sistemas monetario-financiero-bancarios nacionales, el cual funciona no como la simple suma de los sistemas nacionales aislados, sino que alcanza un cuerpo único, provisto de leyes dinámicas propias de la misma integración. Estas leyes no se erigen sobre elementos de regulación estatal nacional como bajo el esquema keynesiano, los instrumentos que aquí determinan el funcionamiento tienen su base en las doctrinas monetaristas y neoliberales de completa desregulación y apertura de los mecanismos de mercado.
No se trata de que anteriormente a la implantación del Neoliberalismo no existiera un sistema financiero internacional. Pero, bajo el modelo keynesiano la esencia de la propia doctrina regulacionista que éste defendía, ponía un cierto límite y control a esta interconexión. La dinámica del sistema financiero se controlaba por las economías nacionales a través de sus Estados y existía un anclaje entre el crecimiento de este instrumento virtual y las condiciones de crecimiento de la economía real capitalista. Keynes explicaba que según fuese el funcionamiento interno de la economía, así debería ser su funcionamiento externo.
Sin lugar a dudas, la preponderancia práctica y teórica de la economía real sobre la virtual, y la función de intermediario económico del sistema financiero que asumía éste instrumento en el modelo keynesiano le confería un carácter mucho más racional y apropiado para los fines de la economía real mundial, más allá de las implicaciones clasistas y desigualdades entre las naciones.
El sistema financiero en la actualidad está diseñado sobre la base del principio de la plena libertad económica de los actores del mercado capitalista. Esto se traduce en plena libertad de movimiento de capitales, libre fluctuación de las tasas de interés, libre movilidad de los tipos de cambio, incremento de los negocios referidos a la compraventa de acciones, obligaciones, propiedades, aumenta el flujo del pago de la deuda externa hacia esos mismos circuitos del sistema financiero convirtiendo lo que debería funcionar como un medio, como un instrumento para la inversión y distribución de los ingresos y el capital excedente en la economía mundial, en una especie de extractor de las riquezas de las naciones que instaladas a él ven como sus economías desprotegidas se deforman cada vez más para adaptarse a sus condiciones. En vez de un medio, es un fin, expresión global de la antinomia D-D’.
Ya para 1980, todas las formas de control administrativo de las tasa de interés, del crédito y de los movimientos de capitales fueron progresivamente abolidas. Los principales dirigentes de los países más industrializados tomaron esta opción, que condujo a una retirada en desbandada de los Estados ante el poderío de la dinámica de la integración financiera.
Uno tras otro, los Estados abdicaron ante el poderío de la masa enorme de capitales circulante en el mundo y se han resignado a pactar con esta realidad que ellos habían contribuido a crear. Se lanzaron a una competencia renovada para atraer capitales y, para hacerlo, renunciaron a la mayor parte de sus ingresos fiscales sobre las ganancias del capital.
Todas las contradicciones explicadas aquí no son producto exclusivo del Neoliberalismo. Pero si bien antes existían muchas de ellas, nunca como ahora se habían expresado en una magnitud, un alcance, una proyección y una profundidad en todas las facetas de la vida económica-política-social tan descomunal.
El Sistema Financiero Internacional suplanta al sector productivo en su función de creador de riquezas para los capitalistas. Este proceso es un hecho que se desarrolla aun más bajo el Neoliberalismo y su doctrina económica predilecta: el Monetarismo.
Para nadie es un secreto que la finalidad real de todo el universo económico capitalista es la obtención de plusvalía. Por tanto, lo que importa es el producto en términos de valor y no de valor de uso. De tal forma, si existiera algún método de obtención de la plusvalía sin pasar por el proceso de producción eso se haría, y de hecho es lo que hace básicamente el capitalismo actual. Ya no tendría que cumplirse el principio marxista de que el valor de uso conformaba el soporte material de la riqueza cualquiera que fuese la forma social de esta. El Capitalismo renuncia a la producción, ya no es necesaria.
Las inversiones en la economía de papel se hacen más rentables que las inversiones reales. En este proceso el Sistema Financiero Internacional juega un papel clave al garantizar la transferencia de fondos de unas ramas a otras, al especular sobre el valor de los títulos nominales, de las monedas nacionales. Por lo que al parecer, el sistema financiero alcanza una condición de productor de riquezas en el mundo capitalista. Sólo que son riquezas monetarias sin un respaldo material.
El sistema financiero es capaz de lograr la valorización del capital que ya no logra la economía real. El problema está en que el proceso de valorización del capital debe realizarse cada vez con mayores volúmenes de inversión, volúmenes tan grandes que se necesitan instrumentos movilizadores y extractores de éste factor a escala global. El Neoliberalismo con sus políticas económicas locales es capaz de “liberar” los recursos financieros y materiales de las naciones subdesarrolladas y engrosar de ese modo las inversiones de los grandes grupos financieros internacionales.
Estamos hablando entonces de un sistema financiero internacional absorbente, ultrapoderoso y succionador de las riquezas de todo un mundo. Ha sido este el donativo del Neoliberalismo al sistema financiero internacional en su misión de valorizar los capitales forzosamente desocupados.
Los actores fundamentales del Sistema Financiero Internacional son evidentes representantes de la élite neoliberal actual, y a la postre son sus mayores beneficiarios. Estamos hablando de:
Instituciones Privadas, sobre todo los Bancos Trasnacionales,
Los Gobiernos nacionales de las economías desarrolladas
Instituciones financieras internacionales, especialmente el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los Bancos Regionales de Desarrollo.
Los que tienen el mayor peso son unas pocas decenas de fondos de pensión privados, principalmente norteamericanos y británicos, las sociedades de inversiones colectivas, las grandes compañías aseguradoras y los grandes bancos multinacionales. Se llama a estos actores los “institucionales”, los “zinzins” dicen los cronistas financieros francófonos. Debemos agregar algunas decenas de empresas industriales multinacionales.
De hecho, estas no son numerosas.
Un servicio de estudios del FMI realizó una encuesta para descubrir quiénes habían sido los principales actores de los ataques contra el Sistema Monetario Europeo durante el verano de 1992. El número de participantes era bastante reducido: de 30 a 50 bancos. Poseen el mercado de las divisas fundamentales. Durante la crisis de 1992, en Londres el 43% y en Nueva York el 40% de las transacciones eran realizadas por los diez bancos más grandes.
En una estrategia global y doctrinaria de atenuar las funciones económico-políticas del Estado-Nación, el Sistema Financiero Internacional se impone como su sustituto real. Es esa una vieja apetencia de la ideología liberal.
Habíamos visto anteriormente, que a diferencia del Liberalismo, el Neoliberalismo da un papel importante al Estado, no sólo el de velar por el orden institucional burgués, sino el de manejar la esfera monetario-crediticia. ¿Pero qué capacidad real de manejar esta esfera pueden tener los Estados Nación dependientes en lo absoluto a un Sistema Financiero Internacional del cual son sólo una pieza más, que no determina en su curso?
¿Son los Estados Nación agentes primarios y activos, o no hacen más que transmitir un impulso recibido directamente del mundo exterior al sector de la economía nacional?
No es dueño real y rector de las políticas monetarias – crediticias un Estado que está a merced del SFI, de la imposición extraña de las tasas de interés, del curso de una moneda extranjera como lo es el dólar, de la guerra en el campo monetario entre las grandes naciones en la búsqueda de la competitividad comercial, de los llamados Programas de Ajuste Estructural diseñados por el FMI; y el método más fácil y directo que se conoce para arrodillar un Estado a los mecanismos financieros internacionales y a todos esos problemas antes planteados, pasan a través de la implementación del Neoliberalismo como política económica nacional.
El SFI suplanta o al menos limita la capacidad del Estado en su rol de controlar la política monetario-crediticia, única función que le había “concedido” la ortodoxia neoliberal.
Si no se aplicaran las concepciones neoliberales, el SFI nunca podría suplantar al Estado-Nación, por más fuerte que fuera, al menos con la efectividad que hoy lo logra.
Todo lo anteriormente planteado nos permite afirmar que el SFI es realmente un Sistema Financiero Internacional Neoliberal (SFIN), es fruto del Neoliberalismo y éste sin aquél no podría existir. Por lo tanto, conforman de conjunto una relación dialéctica y de retroalimentación.
Ahora veamos cómo es que este sistema obstruye, en nuestra opinión, la transición al Socialismo en la periferia capitalista.
El primer elemento ya lo tratamos con anterioridad. Está basado en el divorcio que se produce entre la economía real y la virtual, proceso que es catalizado por la presencia del SFIN y que a la vez alimenta al propio sistema. Por lo tanto, existe entre ellos una relación de retroalimentación.
Otro elemento de una trascendencia clave en el sistema de la economía mundial actual pasa directamente a través de la deuda externa. Esta se constituye en una herramienta de extorsión imperialista sobre la economía y política de las diferentes naciones subdesarrolladas del planeta.
Ante la presencia de esta deuda que había venido desarrollándose sobre todo en América Latina llegó un momento en que la situación de las economías nacionales para hacerle frente y mantener la vitalidad de sus sistemas se hacía bastante complejo. En esta coyuntura el BM y el FMI asumen un nuevo rol en manos del imperialismo internacional. Sus créditos ya vitales para las economías del Sur comienzan a ser acompañados de recetas prácticas para garantizar que la supuesta mejoría que estas provocarían en esas economías decadentes revirtiera en un seguro pago de sus capitales prestados.
Estas recetas denominadas también Programa de Ajuste Estructural (PAE) lo que realmente planteaban y proponían era la implementación práctica de la ideología neoliberal en las políticas económicas de los países Sur. Es así como de mano de la deuda externa los centros de poder lograron introducir el neoliberalismo en América Latina de la forma más cruda y despiadada.
El pago de la deuda se convierte cada vez más en una forma esencial de transferencia de riquezas desde el Sur hacia el Norte. Más adelante veremos como el Norte necesita de esta transferencia para lograr la reproducción de la economía capitalista mundial. Por ahora analicemos cómo la deuda se ha ido constantemente multiplicando hasta lindar los márgenes de lo insoportable en el ámbito económico, político y social.
El análisis del impacto de la deuda en la reproducción capitalista mundial nos servirá para evidenciar como bajo el Neoliberalismo la deuda externa se convierte en un elemento que no se puede eliminar sin destruir el sistema neoliberal, veremos cómo bajo el Neoliberalismo la existencia de esta deuda es una de las causas por la que creemos imposible una transición socialista de los países sometidos a ella, y finalmente la idea de en el paso a un modelo regulado, de una economía predominantemente productiva esta deuda no tiene el mismo significado estratégico, desde el punto de vista estrictamente económico, que el presentado en el esquema neoliberal.
Veremos la dinámica de esta deuda.
En 1980, según el Banco Mundial, los países del Tercer Mundo totalizaban una deuda exterior de aproximadamente 530 millardos de dólares. Veinte años más tarde, a finales del año 2000, ésta alcanzaba alrededor de 2050 millardos de dólares: cuatro veces humanas. En lo que concierne a los países del ex bloque del Este, la deuda externa se multiplicó por más de 8, pasando de 57 millardos en 1980 a más de 480 millardos a finales del año 2000.
Entre 1980 y 2000, el Tercer Mundo ha devuelto a sus acreedores algo más de 3450 millardos de dólares. Así pues, el Tercer Mundo ha devuelto más de seis veces lo que debía para encontrase cuatro veces más endeudado. Por su parte, el ex bloque del Este ha devuelto once veces más de lo que debía en 1980 para encontrarse ocho veces más endeudado en el año 2000.
América Latina en 1985 tenía una deuda externa de 300 mil millones de dólares. Desde entonces entregó a sus acreedores por servicio de la deuda algo más de 900 mil millones de dólares, pero ahora su deuda asciende a 753 mil millones.
Como Media desde 1996, el servicio de la deuda pagada por la Periferia
(Tercer Mundo + ex bloque del este) drena de 250 a 350 millardos de dólares, de los que entre 160 y 215 sonde devolución de capital, hacia los bancos privados, especuladores financieros, FMI, BM y los Estados más industrializados. El montante total de la Ayuda Oficial al Desarrollo oscila entre 40 y 50 millardos de dólares. En el año 2000, el servicio de la deuda del Tercer Mundo se elevó a alrededor de 315 millardos de dólares. El desequilibrio es manifiesto: en el año 2000, el Tercer Mundo ha reembolsado ¡seis veces más que lo recibido como Ayuda Oficial al Desarrollo!
Por lo que aquí observamos el reembolso de la deuda opera como una verdadera bomba que extrae una parte del sobreproducto social de las naciones del Sur y dirige este flujo de riquezas hacia los poseedores de capitales del Norte, cobrando, de paso, las clases dominantes del Sur su comisión. Estas se enriquecen mientras las economías nacionales, a cuya cabeza se encuentran, se estancan o retroceden y las poblaciones del Sur se empobrecen.
Los elementos que inciden sobre la dinámica de la deuda son varios, pero el movimiento incontrolado en las tasas de interés propiciado por el Sistema Financiero Internacional Neoliberal es uno de los más importantes y a la vez manipulados por el sistema. Es importante también destacar que gran parte de estas deudas son contraídas por las naciones con bancos privados, lo cual desarrolla aún más la dependencia económica de estas y el crecimiento del capital financiero trasnacional.
Somos de la opinión que bajo el imperio de la doctrina neoliberal y monetarista en un plano ya más concreto, la presión al alza sobre las tasas de interés es un hecho real y recurrente del mecanismo económico capitalista, básicamente en los países desarrollados. Esta tendencia se expresa con más fuerza a partir de la década de los 70 del siglo pasado. Es precisamente a partir de ese momento en que el modelo Neoliberal comienza a funcionar en sustitución del Keynesianismo.
Para los países del Sur, endeudados ya para esa fecha, la subida repentina de las tasas de interés significó, en cifras constantes, la triplicación de las cargas del reembolso ya que seguían la evolución del alza de la Prime Rate y de la Libor .
Los préstamos contraídos en los años 70 contenían una cláusula provisoria de indexación de las tasas en función de la evolución de la Libor o de la Prime Rate.
Los datos ofrecidos en la tabla 3 nos permiten apreciar el nivel muy bajo de las tasas de interés en los años 70. En 1974 –1975, las tasas de interés reales fueron negativas. Se pude apreciar que el cambio al alza se da entre 1979 – 1980 en las tasas nominales. Uno de los objetivos perseguidos era evidentemente atacar directamente la inflación gigantesca que se desarrollaba peligrosamente en los Estados Unidos.
Según apreciamos en la tabla, el objetivo comienza a lograrse en 1981, a través de un aumento muy agudo en la tasa de interés real lo que vino a provocar una crisis en el Sur por estrangulamiento financiero de los países más endeudados al dispararse las tasas de interés a la que debían ser devueltos los préstamos recibidos del Norte.
La realidad demostró lo peligroso que para el Sur era éste SFI. El mundo desarrollado podía combatir su inflación interna elevando la tasas de interés y arruinando las economías del Sur. En virtud del SFI los países desarrollados extraen de forma casi mecánica los recursos financieros del Sur.
Este es un ejemplo claro de cómo la interconexión total, la desregulación estatal, el carácter pasivo de la reacción del Estado-Nación frente a los hechos de la Economía Mundial, y la dinámica de la deuda externa atan a cualquier país a un rumbo incierto que no diseña o concibe el propio país.
Para América Latina, la tasa de interés real a la cual debía entregar los préstamos recibidos pasó de –3.4 entre 1970 y 1980, a una tasa de +19,9% en 1981, +27,5% en 1982 y +17,4% en 1983.
Aún cuando los datos no son recientes, hablan por si solos de cómo se manifiesta el fenómeno de una subida unilateral y arbitraria de la tasa de interés en los Estados Unidos.
Es esta un arma más en manos del imperialismo mundial frente a la Periferia. Es un problema que no se queda sólo en el evento casi mecánico de encarecer una deuda antigua. Este control imperial sobre la tasa de interés supone problemas económicos más graves y estratégicos para el conjunto de las naciones subdesarrolladas. Al tiempo que Estados Unidos eleva su tasa de interés los países del Sur no tendrán la posibilidad real de seguirle el paso por mucho tiempo, esa sería y ahora lo explicaremos, una actitud suicida.
En el corto plazo estas economías periféricas están necesitadas de la entrada de capital foráneo, una de las formas que se usan para atraer estos capitales es elevando la tasa de interés nacional lo cual comprime sustancialmente la capacidad productiva de estos países al encarecer los créditos productivos y hacer más rentable la economía virtual. Sabemos que la forma más importante de hacer frente al pago de la deuda por estos países está en los ingresos que reciben por sus exportaciones. Pero al reducirse la capacidad productiva se reduce también las exportaciones y la deuda se hace aún más difícil de poder pagar.
De tal forma, el Norte sube sus tasas de interés para combatir su inflación y desarrollar la economía virtual, se multiplica la deuda externa del Sur, el Sur sube la tasa de interés en un intento de atraer capitales foráneos lo cual deprime su capacidad productiva y de exportación y se hace impotente de pagar una deuda que crece constantemente. Es un círculo vicioso para el Sur, un círculo virtuoso para el Norte.
En el plano económico nacional surge enseguida el déficit comercial que, de alguna forma se debe cubrir, la fórmula es conocida: más créditos, más intereses, más deuda, más dependencia económica de las naciones Sur a las naciones Norte.
Hemos desenmascarado en la tasa de interés de “libre movilidad “neoliberal un elemento que insertado en la dinámica de la deuda externa pone la economía de las naciones subdesarrolladas a depender económica y políticamente de un grupo de variables económicas de las economías desarrolladas. En la medida que se mantengan las estructuras neoliberales en el SFI y en el conjunto de las Relaciones Económicas Internacionales el más mínimos cambio al interior de las naciones estará condicionado por políticas e intereses ajenos a la autonomía y soberanía de los Estados.
Otras de las herramientas de la ortodoxa neoliberal que nutre al SFI y que somete a las Naciones - Sur es la liberalización de las cuentas de capital.
Anteriormente habíamos dicho que el Sistema Financiero Internacional Neoliberal es una estructura mundial que suplanta al Estado – Nación de los países subdesarrollados en muchas de sus funciones económicas. Al liberalizar esta cuenta de importancia estratégica para la economía nacional el Neoliberalismo ha garantizado que las economías nacionales no puedan hacer absolutamente nada para evitar la extracción de sus recursos financieros. Al pago de la deuda externa viene a sumarse este elemento de liberalización, el cual, en el corto plazo, es aún más directo, eficiente y peligroso en el corto plazo para los intereses imperiales. El fenómeno se llama “fuga de capitales”.
La cuenta de capitales es una de las cuentas del Sistema Nacional de Contabilidad que controla y registra las entradas y salidas de capitales a la economía nacional. En un contexto de Estado – Nación regulador, presente, activo y fuerte en todos los elementos decisivos de su economía, el control sobre los flujos e influjos de capital los regula el Estado. Así se evita la “fuga de capitales”.
En el plano económico nacional la entrada de capitales exige la estabilidad cambiaria, la cual pasa a depender a su vez de la entrada de capitales. Estos elementos de política económica neoliberal son inducidos en muchos casos por los organismos internacionales como el FMI, el cual tiene una gran incidencia en la reproducción de las economías periféricas. Esta entrada de capitales, cuando es alta, presiona hacia la apreciación de la moneda, reduce la competitividad comercial y genera un déficit que se cubre , con la entrada de más capital. Así, la disminución de la inflación se obtiene mediante la apreciación cambiaria al costo de un creciente déficit externo y haciendo uso de una elevada tasa de interés que atrae capitales extranjeros, se opone de esa forma a la fuga de capitales, pero a la vez paraliza la inversión productiva y frena el crecimiento económico.
Al detener el crecimiento económico, la capacidad de pagar la deuda como habíamos visto antes, se reduce ostensiblemente y se genera un espiral negativo para el Sur; pero no sólo eso. Al detenerse el crecimiento económico, la economía nacional ve mutilado su desarrollo endógeno. Entramos a una situación, en que las economías del Sur para lograr “funcionar” renuncian a la misión básica de la actividad humana: producir bienes y servicios. Si en el Norte eso es una irracionalidad, en el Sur es el certificado de defunción de nuestras economías y nuestra soberanía.
Los capitales que acudieron atraídos por una tasa de interés insosteniblemente alta; ante la perspectiva de lo espureo de dicha situación comienzan a preocuparse. Parte de estos capitales fueron atraídos también por las facilidades de explotación que el Neoliberalismo ha ido creando en nuestros pueblos en cuanto a la flexibilización del mercado laboral, la suspensión del salario mínimo... etc. Pero incluso esas ventajas son insostenibles. Cuando la economía real comienza a contraerse las inversiones corren el riesgo de descapitalizarse. La preocupación se vuelve pronto acción.
Como que el sistema de liberalización de la Cuenta de Capitales deja una puerta abierta en caso de emergencia, estos capitales la utilizan sin pérdida de tiempo. El caso de Argentina fue claro. Ante el derrumbe real o presunto de la economía de un país los capitales sin pérdidas de tiempo se marchan desangrando el Sistema Financiero – Bancario Nacional y deteniendo la Economía Real. Cuando eso ocurre no se le puede reclamar a nadie. Son simplemente las leyes del libre mercado mundializado, son las leyes y trampas del modelo Neoliberal que se aplica en el Sur.
Y hay que aclarar que el peligro no está sólo en las grandes conmociones, como en la crisis Argentina, diariamente los capitales a invertidos a corto plazo utilizan los llamados “Paraísos Fiscales” para agrandar las arcas del SFIN y los tesoros de las naciones Centro, dejando muy poco en riquezas para algunos grupos en el Sur y en términos de desarrollo socioeconómico prácticamente nada.
Cabría hacerse las siguientes preguntas:
¿En esas condiciones de total descontrol de los flujos e influjos de las inversiones de capital extranjero se pude hablar de soberanía económica?
¿Existe un modelo de desarrollo nacional que pueda funcionar herido y desangrándose?
¿Se pude hablar de soberanía nacional sin soberanía económica?
Y por último:
¿ Existe un atisbo de potencialidad socialista en ese modelo de economía nacional completamente irracional, dependiente, e infuncional que impone el Neoliberalismo?
Realmente, por el camino del Neoliberalismo el saqueo total de nuestros recursos financieros al antojo de las naciones desarrolladas es lo más esperable.
No hay dudas de que la liberalización de la cuenta de capitales alimenta directamente al capitalismo financiero, al SFIN y al Meganeoliberalismo que otros llaman Globalización Neoliberal. Pero nunca tributa a la causa socialista.
Otro rasgo característico del SFIN es la “guerra entre monedas” nacida de la doctrina monetarista de liberalizar los tipos de cambio de las monedas nacionales.
Cuando Milton Friedman decía: “Sean cuales fueran los méritos que este sistema haya ganado en el pasado -refiriéndose al modelo de tipos de cambio estables y fijos de la concepción keynesiana – es inadecuada para las actuales condiciones económicas y políticas...” estaba refiriéndose sin lugar a dudas al relieve que bajo el Neoliberalismo debería tomar el juego con estas tasas y la especulación monetaria.
En ese sentido más adelante planteaba: “En mi opinión el mercado realizará una labor de especulación monetaria mucho mejor que el gobierno”.
El propio padre fundador del monetarismo moderno se jactaba del efecto especulativo que su doctrina iba a acarrear en la práctica económica capitalista. Pero, en nuestra opinión el científico ya no es tan previsor – o sincero- cuando sentencia:
“En esencia los tipos de cambio flexibles son un modo de combinar la interdependencia entre los países a través del comercio, con el máximo de independencia interna; son un medio que permite a cada país lograr la estabilidad económica de acuerdo con sus posibilidades sin imponer sus errores a sus vecinos, ni cargar con los de ellos”.
En realidad, un grupo de oportunistas del sistema si se iba a aprovechar de las facilidades que la liberalización de las tasas de cambio y su dinámica de flotación ofrecía y si iba a existir confrontación entre vecinos por arrojar sobre los demás el peso de su actuar unilateral muy claramente intencionado. La medida de la incidencia sobre los demás en este sistema lo da solo la medida de la fuerza económica, de lo cual extraemos que los países más desarrollados iban a afectar constantemente la economía de las naciones más vulnerables.
Si suponemos que la transición al socialismo, o el intento de tal proceso, deben suceder en la periferia, estaríamos avisando entonces que el país inmerso en tan ardua tarea será constantemente atacado en su moneda, no sólo por los especuladores mundiales; sino por enemigos más solapados pero muy poderosos.
El única arma de defensa que han encontrado las economías del mundo ante ese azote está ha sido tratar de alinear sus monedas con el dólar estadounidense. Esta alineación lo único que trae aparejado es más endeudamiento, menos producción nacional, y finalmente más dependencia al Norte. La solución debe ser buscada fuera del orden racional existente en la actualidad.
Otro importante componente de este SFIN son las Inversiones Extranjeras Directas (IDE). Son las últimas en ser analizadas aquí porque pensamos que sean ellas las que engloban en sí a todos lo demás elementos y por sí solas también generan a todos los demás. Lo único que necesitan para actuar así es un modelo global de tipo Neoliberal.
Los flujos de capitales privados que se dirigen hacia la Periferia son clasificados en cuatro grandes categorías por el Banco Mundial:
• Las Inversiones Extranjeras Directas (representan el principal flujo de capitales)
• Las inversiones de cartera en acciones
• Los títulos y obligaciones de deudas emitidas por empresas privadas o entidades públicas de los países de la Periferia y
• Los préstamos bancarios internacionales.
Las IDE constituyen un elemento decisivo en los flujos que se dirigen hacia la periferia, y su emisión es patrimonio casi exclusivo de las naciones desarrolladas. La parte de la periferia en el stock mundial de IDE en el extranjero, sin embargo, no ha dejado de disminuir entre 1960 y 1990. En la actualidad la tendencia decreciente se mantiene
Aún cuando los flujos hayan disminuido tendencialmente, la casi totalidad de estos montos ha servido para privatizar a preciso ilusorios y desnacionalizar los bienes y propiedades de las naciones del Sur, lo que sin duda es una facilidad creada por el modelo institucional de corte neoliberal implantado en la periferia por los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Banco Mundial y el FMI. Es decir, que lo que pudiera resultar positivo para cualquier economía, es decir, recibir financiamiento externo, se convierte en una inversión muy poco provechosa para esa economía y prácticamente nula o negativa para el desarrollo del país en cuestión.
Las IDE bajo el modelo neoliberal tienden a deformar aún más las ya atrofiadas economías subdesarrolladas, no contribuyen a la creación de riquezas que serán apropiadas por capitalistas nacionales al menos, sino que el fruto del trabajo obrero irá a parar a las economías norte.
Tampoco todos los países de la periferia reciben esas inversiones por igual. La “suerte” de recibirlas está en dependencia directa de la medida en que han sido aplicadas o no por las naciones periféricas las rectas neoliberales, sobre todo la privatización masiva del sector público, la apertura de la cuenta de capitales para escapar con el botín en caso de peligro, y la aceptación de las políticas monetaristas de control de la inflacionario como política económica rectora.
Estas razones nos permiten afirmar que las IDE son una de los atores fundamentales de la burbuja financiera creciente que habita en el SFIN, que se convierten en uno de sus afluyentes más importantes en la actualidad. Que estas se desvían a la Periferia sólo cuando esta acepta pasivamente la aplicación de los dogmas neoliberales.
Somos concientes de que estas IDE son deseadas por las economías Sur para poder lograr en muchos casos la reproducción de la economía nacional; pero la realidad demuestra que desnacionalizan la economía, provocan fuga de capitales a través de las cuentas abiertas de capital , presiona sobre los tipos de cambio de las monedas nacionales y finalmente terminan transfiriendo más riquezas al Norte que las traídas al Sur, y no se trata solo de los frutos normales de toda inversión rentable; se trata de que el modelo neoliberal impuesto en la Periferia conlleva a la explotación total, e incluso al robo total de sus recursos.
Las IDE, como todas las herramientas neoliberales analizadas aquí, en lo único que funcionan efectivamente es en la retroalimentación de un Sistema Financiero Internacional Neoliberal que aleja la posibilidad de la transición socialista.
A modo general, podemos afirmar que la presencia del Sistema Financiero Internacional es cada vez más una muestra fehaciente de la filosofía neoliberal. Este SFI funciona en virtud de paradigmas y lineamientos de la más pura ortodoxa neoliberal. Suprime el rol soberano de los Estados –Nación en las economías nativas, propicia el endeudamiento creciente y con ello la dependencia vital de las naciones subdesarrolladas a los círculos de poder financiero, exacerban la guerra cotidiana de unos países contra otros en pos de la supremacía de sus monedas, incentiva la fuga masiva de los capitales que paralizan el mecanismo económico y dejan el país a merced del exterior y de la ruina interna, este SFI se constituye en una especie de “marco legitimo” para la libre voluntad de los actores del mercado financiero mundial y para la libre voluntad de las IED las cuales son parte integrante de un Capitalismo de alta fase: el Imperialismo.
Para el empeño de una transición al socialismo en la Periferia, seria totalmente deseable la reconstrucción total o de hecho la sustitución del SFI actual. Mientras este exista, insertado en el Modelo Neoliberal de las Relaciones Económicas Internacionales, la transición socialista no será un hecho probable para la periferia.
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