La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo

Yoandris Sierra Lara

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Parte III. Los Escenarios Contemporáneos de la Transición al Socialismo.

Capítulo VI. El Escenario Neoliberal de la Transición al Socialismo.
6.1. Tendencias Globales del Neoliberalismo. Relación Economía Real - Economía Virtual bajo el Modelo Neoliberal.


Uno de los puntos polémicos básicos de este trabajo está relacionado directamente con la problemática de la tendencia posible en el desarrollo del Capitalismo de tipo Neoliberal Si aceptáramos pasivamente el desarrollo del sistema capitalista como una especie de viaje a un futuro ya previsto, conocido e incluso deseado por los hombres progresistas del pensamiento social científico, no tendría razón de ser este cuestionamiento.
Pero a los efectos que aquí defendemos no podemos compartir la euforia que parece inundar a muchos cuando celebran el rumbo de cosas que el Neoliberalismo está imponiendo.
Muchos defienden la hipótesis de que tras éste último remedio del sistema, refiriéndose así al Neoliberalismo, la humanidad encontrará o construirá la sociedad socialista. De ahí la defensa que realizan a la “afortunada” prolongación deseable del Neoliberalismo y su sistema de contradicciones.
Desde nuestro punto de vista, el régimen capitalista puede esta vez también superar su crisis. El sistema capitalista atravesó en su historia innumerables situaciones de crisis generalizadas. En el curso de estas la existencia misma del sistema ha estado en amenaza. No puede perderse de vista el marco histórico de aquellas convulsiones del sistema capitalista. Todas aquellas crisis se desarrollaron frente a la presencia de un bloque de países socialistas, los cuales practicando un modelo socioeconómico diferente al capitalista veían sus economías crecer y su sociedad desarrollarse masivamente al margen de las convulsiones de sus oponentes capitalistas. Aún cuando existía una alternativa concreta y poderosa al régimen capitalista éste no cedió, al menos en la inmensa mayoría de las naciones, y pudo superar su crisis.
En la actualidad no existe un modelo claro a imitar ni para las naciones que ya construyen el Socialismo, ni tampoco para las fuerzas progresistas de los países capitalistas. No existe un modelo prediseñado a imitar, y no existe un apoyo estratégico que cubra al menos el nacimiento de un proyecto diferente que estará irremediablemente condenado a la hostilidad de la reacción mundial.
En lo adelante expondremos el por qué creemos que el Modelo neoliberal no engendra de forma automática y objetiva las condiciones para una transición al Socialismo; y presentaremos nuestra concepción de que al actual modelo de acumulación neoliberal le sigue una nueva etapa de predominio del modelo Keynesiano.
La trayectoria, tendencia o desenlace del modelo neoliberal pasa a través de muchos y englobadores elementos claves de la actividad social actual. En ese sentido veremos lo referido a la tendencia económica, apoyándonos en un estudio de la interacción Economía Real – Economía Virtual ; así como el complejo marco de Relaciones Internacionales que genera la política expansiva y rapaz del Neoliberalismo.
Analicemos lo referido a la cuestión económica.
Es un hecho cierto que bajo el Neoliberalismo el desarrollo creciente del papel de los mecanismos monetarios-financieros ha cobrado una gran importancia para el sistema y su funcionalidad. Tanto es así que el papel del dinero, las acciones, las obligaciones y demás instrumentos de las finanzas capitalistas se sobredimensionó exponencialmente sobre la base real de la economía capitalista. Esto conlleva a un divorcio entre la economía real y la virtual.
Lo que aquí importa definir no es el deterioro en términos absolutos que sufre la Economía Real, sino el descomunal nivel proporcional que alcanza la Economía Virtual en relación con su base que sigue siendo la Economía Real, convirtiéndose el mundo de las finanzas en el ámbito ideal donde los capitales se valorizan.
En la primera sección de El Capital, Marx estima que en una economía mercantil, debe existir una correlación determinada entre el valor de uso y el valor de cambio. A diversos niveles de análisis, establece una correlación no sólo entre estos dos términos, sino igualmente entre valor y precio, entre la cantidad de mercancías y cantidad de dinero en circulación, etc.
La idea central es que esta correlación establece entre los diversos polos un margen de autonomía, pero que a la vez limita su distanciamiento. Ahora bien, ello concierne a todas las mercancías. Desde luego, no existe una fórmula matemática que exprese, con exactitud, la frontera entre valor de uso y valor de cambio, pero la correlación real y la historia del sistema económico lo ha demostrado, de modo frecuente en forma de crisis.
A ese respecto ya habíamos visto la presencia repetida de desequilibrios económicos, o crisis. Estas habían venido sacudiendo el panorama capitalista y según la visión marxista limpiando de contradicciones al sistema. Pero aquellas eran épocas donde el divorcio entre economía real y economía virtual no era tan desproporcionado y donde aún la conocida integración económica universal, o globalización estaba en un estado incipiente.
Resulta evidente que hoy día, el alto nivel de financiarización del sistema económico, provoca que toda crisis latente comience por una crisis bursátil, antes de desencadenar el movimiento en los mercados reales y provocar el cierre de empresas, el desempleo masivo, etc. Eso es lo que vendría como resultado de una emergencia bursátil. Pero lo que pudiera parecer un elemento en cierto momento circunstancial y fortuito deviene en situación estructural y sostenida. Bajo el auspicio neoliberal la doctrina monetarista desarrolló la tesis de liberalizar el tipo de interés, dejándolo a la voluntad de las leyes de oferta y demanda en el mercado capitalista.
A juicio nuestro, esta no es más que una estrategia prevista con el objetivo de elevar las tasas de interés. De tal forma se hace el juego a los todopoderosos representantes de la oligarquía financiera internacional, se elevan aún más los servicios del pago de la deuda externa y se lleva la economía hacia una vertiente más dinámica, la economía virtual.
Es así también que las inversiones productivas disminuyen al encarecerse los créditos bancarios con el alza de la tasa de interés, y por otra parte el costo de oportunidad de invertir en la economía real se eleva ostensiblemente, en una situación donde la rentabilidad mayor del capital se origina en la esfera redistributiva, monetaria o virtual. Se invierte en títulos de valor, en los llamados títulos de valor nominal. Estos títulos cada vez más cobran mayor independencia en relación con su base real, constituyen el fundamento de una especulación a la búsqueda de ganancias sustanciales y rápidas.
Ellos desvían a su alrededor los capitales de inversión productiva creando una economía de papel, una economía casino donde la especulación, las apuestas y las deudas cruzadas llegan a dominar el sector económico produciendo los bienes, los servicios y las tecnologías. Esta separación creciente entre los dos tipos de economía se ha ido imponiendo paulatinamente hasta consolidarse en la actualidad como un elemento primario del sistema capitalista.
Los datos confirman que en los últimos años conforme aumentan las cifras que se mueven en el Sistema Financiero Internacional la evolución del PIB de los países capitalistas desarrollados entre 1950 y 1996 ha ido decreciendo:


Periodos Tasas de crecimiento.
1950- 1973 4,9%
1974- 1980 3,5%
1981- 1990 3,3%
1991- 1996 1,5%
Fuente: Osvaldo Martínez, Centro de Estudios De la Economías Mundial, La habana, 1997.
Simultáneamente a la reducción relativa del ritmo de progresión de la Economía Real, la burbuja financiera aumentaba, lo que ha ido transformando el tipo de funcionamiento de la economía mundial. “Realmente, la economía real, productora de bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas, se ha convertido en un enano insignificante frente a la economía de casino. Más que en ningún otro momento en la historia del capitalismo, la palabra mágica es especular”.
“En el mercado financiero globalizado se hacen transacciones cada 24 horas por unos tres millones de millones de dólares, de los cuales el 95% son especulativas, sin relación alguna con movimientos de bienes y servicios reales. Frente a esa cifra resulta insignificante el monto de las exportaciones mundiales en un año (7 millones de millones de dólares) o incluso el PIB mundial que es de unos 31 millones de millones de dólares”. Las sumas manejadas por estos mercados alcanzan unos 1500 billones de dólares, lo que excede los depósitos bancarios existentes en el mundo, estimados en 800 billones de dólares.
La burbuja financiera puede llegar a ahogar a la economía real que le sirve de base y razón de ser, a pesar de la aparente autosuficiencia e interdependencia del mercado financiero, no es más que títulos de valores creados por la economía real, ya que las acciones, obligaciones o cualquier otro instrumento financiero, no tienen otra función que representar los valores de las empresas o los activos en general. Estos instrumentos no son más que títulos sin valor intrínseco. La especulación financiera puede, sin embargo, desviar completamente los intereses reales del crecimiento de una economía.
La burbuja financiera es mayor que nunca antes y tan peligrosa para la economía mundial como lo han sido siempre las burbujas, pero ahora con el agravante extremo de una globalización muy superior y los dogmas establecidos de la desregulación y el mercado que se equilibra a si mismo de modo automático.
De tal forma, el problema de la enajenación que se da en el sistema capitalista alcanza ahora los niveles de prácticamente toda la población de estas naciones. Si de forma clásica el interés que prevalecía en el Capitalismo era el privado, el del capitalista privado que era dueño de una empresa productiva y para obtener una plusvalía tenía por fuerza que recurrir a la creación cierta de valor de uso; ahora asistimos a un tergiversación al absurdo de la actividad económica al primar el interés privado igualmente, pero ahora un interés privado que puede alcanzar la valorización de sus capitales invertidos sin tener que pasar por la complicada fase de producción, y parece haber descubierto en la economía virtual la solución técnicamente más loable a su problema de valorización capitalista.
La economía se desnaturaliza, se pone de cabezas, se subemplean todas las potencialidades instaladas y que aporta la Revolución Científica Técnica y la herencia material humana acumulada en los siglos al tiempo que se subemplea la fuerza de trabajo.
Toda forma de lucha de las clases oprimidas por lograr mejoras a través de sus sindicatos – si existen-, parecen ser intentos tan banales como los de empujar una montaña. El enemigo al que hay que arremeter ya no se encuentra en la fábrica, en la empresa, ni siquiera es nacional; el enemigo aunque se nutre de la economía real y mantiene la explotación del trabajo asalariado se trasladó a la esfera de la circulación financiera-monetaria y en ese campo se hace verdaderamente difícil la lucha, entre otras cuestiones por el elevado nivel de fetichismo de las relaciones económicas capitalistas, por el nivel muy poco tangible y puntual del opresor, y por la espectacular dependencia que se establece entre los países y el mercado y sistema financiero internacional puramente capitalista.
Contrariamente a como muchos piensan, no creemos que esta situación convenga en modo alguno al propósito o más aún, a la capacidad real de avanzar a la sociedad socialista.
La teoría de la transición socialista desde el punto de vista objetivo se basa sobre la idea de que en la economía real el desarrollo de las fuerzas productivas rompe con el marco de las relaciones de producción y destruyen el Modo de Producción vigente. Cuando la economía capitalista real es desplazada por la economía capitalista virtual, en cuanto a esfera principal de la valorización y por tanto de la reproducción del capital social, la ley de correspondencia se atenúa, y esta es otra de las características que agregamos a la funcionalidad de la ley cuando actúa en condiciones de Economía predominantemente especulativa.
Pensamos que existe una contención relativa de las fuerzas productivas, las cuales crecieron hasta el tope de lo manejable por el Capitalismo, el cual desarrolló la economía financiera como respuesta, de tal forma las fuerzas productivas tienden a contraerse en su realización efectiva dando mayor libertad de funcionalidad a la especulación en su lugar, la cual al llegar al punto de lo insoportable retorna a su puesto para desarrollar nuevamente el peso de las fuerzas productivas. De tal forma, se da un proceso constante de repetición de dos fases que se suceden en el tiempo: la fase de desarrollo de la economía real, la cual es suplantada temporalmente por la virtual y así constantemente hasta formar una especie de espiral.
En nuestra opinión, en la etapa de redimensionamiento de la Economía Financiera y en presencia de una futura y muy probable crisis financiera no se debe esperar un cambio de la envergadura de una transición socialista, lo que sí se debe esperar es que después de haber estado artificialmente refrenada las fuerzas productivas y con ellas la economía real recuperen paulatinamente el rol fundamental en el mecanismo económico capitalista, para dar lugar nuevamente y muy pronto a otro escenario de agudización de las contradicciones capitalistas más elevadas, dígase las que se dan entre el carácter siempre creciente e indetenible de las fuerzas productivas y el marco que les opone las relaciones sociales de producción.
Obviamente esta contradicción unida a la contradicción fundamental nunca desaparece del sistema, pero si se ve atenuada por los efectos cíclicos que anteriormente explicábamos se dan entre la economía real y la economía virtual. Como que ese círculo vicioso está realmente acoplado a la dinámica de la reproducción capitalista cabe pensar que no se trata de una simple repetición a la misma escala de las contradicciones. Estas se van acumulando y acrecentando. Los límites de ese proceso en zigzag no parecen nada claros.
Lo cierto por ahora es que la situación se torna ya alarmante. La Economía Real medida en la reproducción anual de su PIB llega a niveles topes de contracción o reducción. De los países centrales, Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania y Francia continuaban con tasas negativas de crecimiento. Estados Unidos creció en apenas 0,1%. La Unión Europea, en su conjunto crecía con una tasa del 0,4%.
El marco general de los países centrales reafirmaba la tendencia a una reseción mundial de gran alcance espacial y temporal.
Esta situación no se presenta solo en las economías líderes. América Latina y el Caribe también mostraban datos inquietantes: la economía Argentina decreció en un 5%, México en un 1,6% mientras Brasil rayó con un crecimiento mínimo tras haber sufrido una reseción hacia finales de los noventa.
El escenario se muestra propicio para un agotamiento temporal de una de las dos fases del ciclo economía productiva - economía virtual. En éste caso la economía virtual ha crecido hasta el tope que sus contradicciones y problemas le permite hacerlo al tiempo que contrajo al tope la economía real. Ahora es de esperar una reversión: la economía real crecerá tomando el lugar de la virtual.
Este cambio, apoyándose objetivamente en la globalización, tendrá por fuerza que mostrar un impacto y alcance universal. Y no es que vaya a suceder la transición socialista, no lo creemos así, lo que sucederá es el paso del sistema capitalista de una posición de laissez faire, a una de Capitalismo regulado, de tipo Keynesiano o Neokeynesiano.
La conclusión que extraemos de esta problemática planteada por el Neoliberalismo de un divorcio entre economía real y economía virtual es la de considerar que en el marco de una crisis financiera global o en sus umbrales no debemos esperar una transición socialista sino una recuperación paulatina de la capacidad productiva real del sistema capitalista siempre y cuando se pueda lograr la rentabilidad del capital productivo.
El que se pueda obtener rentabilidad para el capital productivo es prácticamente sinónimo de sí existen aún condiciones para volver a estimular un crecimiento económico bajo la racionalidad económica vigente.
Si esas condiciones no existen, ello implicaría una crisis no sólo del Neoliberalismo, sino de la propia racionalidad capitalista. La respuesta básicamente dependerá de si el Capitalismo será capaz de apartar la inversión del ámbito especulativo, redistributivo e improductivo, para volver a vincularla con la esfera productiva.
Ese sería el primer problema estructural, lograr reactivar la esfera productiva en la etapa actual, el segundo problema sería la obtención de un nivel de demanda efectiva necesario para la funcionalidad del modelo Keynesiano a nivel global. A nivel institucional existen también retos para la reorientación del Capitalismo. El costo social que genera el Neoliberalismo es enorme, tanto que se hace insostenible para muchos gobiernos de la periferia. Entonces, hasta la superestructura institucional del Neoliberalismo deberá ser desechada o fuertemente transformada. Eso lleva directamente al capital y sus teóricos a otro reto. El Capitalismo debe no sólo reactivar la esfera productiva y generar demanda efectiva, sino a la vez desmantelar el modelo político – social - económico Neoliberal en la Periferia y parte del Centro. De tal forma, perdería el instrumento utilizado para absorber masiva y libremente los recursos de todo tipo existentes en el Sur, pierde la estructura que le garantizaba su demanda externa en condiciones más que ventajosas.
Analicemos el problema de restaurar la inversión productiva.
Obviamente, la inversión en el ámbito productivo sólo se dará si su rentabilidad en la producción está garantizada. Sin un incremento de la tasa de ganancia en el propio ámbito productivo, no habrá reflujo de capital hacia ese sector.
Bajo la racionalidad capitalista, el crecimiento económico se desenvuelve partiendo de la maximización de la ganancia y en un entorno competitivo. El entorno competitivo se promueve sobre todo con la permanente innovación tecnológica.
La innovación tecnológica de por sí no garantiza, sin embargo, una mayor tasa de ganancias. La rentabilidad de la innovación tecnológica depende a su vez del costo de su reposición. Cuanto más una empresa pueda producir con tecnología de punta, mayor será, en principio, su competitividad. Pero lo que es bueno para una no lo es para todas. Mientras más se estimula la innovación tecnológica, más corta es la vida útil de ésta y más crece su costo de reposición.
Si el costo de reposición tecnológica crece a igual velocidad que la reducción en el costo laboral por el incremento de la productividad del trabajo, el resultado final funciona como si esa productividad no hubiese nunca aumentado. El alza de la productividad del trabajo lograda con la innovación se neutraliza.
Nosotros creemos que el Capitalismo tiene aún la capacidad de reactivar la esfera productiva con todas las condiciones anteriormente planteadas. Esto lo hará tratando de alargar la vida media de la tecnología. Ese propósito en un Capitalismo de libre competencia es una utopía. Pero ese Capitalismo no existe ya. En la etapa actual, la libre competencia cede su lugar a los Monopolios, los que absorben grandes núcleos de la producción mundial capitalista y controlan los mercados. Aún cuando entre ellos existe competencia, consideramos que concertarán mutuas políticas de control sobre la implementación de la nueva tecnología, y eso no les afectará.
Realmente, a diferencia de las empresas que funcionan en un sector fuertemente competitivo, los monopolios no tienen el incentivo de invertir en nuevas tecnologías. Por una parte, por sí solo cubre una parte muy considerable del mercado, si no todo y por lo tanto la ampliación del mercado que puede obtener no es lo suficientemente importante como para compensar aquella pérdida, y por otra parte, la falta, o casi, de competidores que puedan introducir la innovación, disminuye o hace nulo el peligro de ser excluido del mercado. En consecuencia, la empresa monopolística, o casi monopolista tendrá una tendencia a retrasar la introducción de las innovaciones hasta el cual, sino retrasa el progreso tecnológico, retrasa, sin embargo, el ritmo de su disfrute efectivo en la producción.
Si bien la sustitución tecnológica con pérdidas crecientes de capital es un elemento negativo que debe enfrentar el Capitalismo hay que decir que no es éste un proceso tan automático o espontáneo. Sabido es que las fuerzas productivas en el Capitalismo están contenidas por las relaciones sociales de producción y esta sería una gota más que algún día llenará la copa. La contención artificial de las fuerzas productivas será ahora más que nunca un rol del Capitalismo Monopolista de Estado. Los grandes monopolios y el Estado burgués dominarán el curso de la aplicación tecnológica.
Las más grandes transnacionales serán fundamentales en este propósito. Se demostrará que ellas y el Estado burgués se necesitan y complementan, y se demostrará como la lucha entre ellas en algún momento conducirá a la lucha entre naciones. Pero el primer paso, que es comprender el rol estratégico de dominar el ritmo de sustitución tecnológica será concertado entre ellas a menoscabo de las empresas medianas y pequeñas.
En esta lógica el Estado burgués puede garantizar otro elemento. No sólo es negativa para el capitalista la excesiva velocidad de reposición tecnológica que no le deja extraer su inversión, sino que las inversiones son cada vez más costosas para éste, por lo que tiene doble pérdida. Pues bien, el Estado Burgués podrá ser quien financie parte de esas inversiones en forma de subsidio a los productores capitalistas, manteniendo la apropiación privada de los empresarios, como antes.
Así, el costo de reposición de la tecnología disminuye para los empresarios privados, aunque a nivel social aumentaría ostensiblemente, lo que propiciaría resolver el problema de contener el ritmo de la aplicación tecnológica creando serios problemas deficitarios. Los montos necesarios para tan amplio financiamiento deben ser extraídos a través de políticas Keynesiana de Corte Fiscal.
Otro problema estructural de gran envergadura a resolver por el Capitalismo al retomar la esfera productiva está en recuperar la demanda efectiva global. Esto se deriva del hecho de que si aumenta la capacidad productiva de la economía real, dicho aumento en la oferta debe ser seguido de un incremento en los niveles de demanda efectiva hasta un punto donde sea capaz de absolver todo lo ofertado.
Anteriormente vimos como la pérdida de productividad del trabajo acaecida en el Norte podía ser compensada por medio de transferencias de valor a nivel internacional. La productividad del trabajo, expresada como el PIB por hora de trabajo, se ve afectada en una economía abierta por factores externos. En un entorno donde la tasa de crecimiento económico es descendente una concentración de la riqueza entre naciones brinda una salida. La transferencia de riquezas establecida desde el Sur hacia el Norte ha existido siempre, pero desde principios de los años 70 se acentuó con el Neoliberalismo, alcanzando su máxima expresión en la década de los 90.
Los siguientes datos hablan por sí solos.
Entre 1972 y 1976 fue transferido, desde los países periféricos un monto de 442000 millones de dólares hacia el Centro. Esa cifra se triplicó para el quinquenio 1991 – 1995, cuando llegó a 1365000 millones de dólares. Entre 1985 y 1995, los cien países más pobres vieron reducir su PIB por habitante en casi el 15 %, al tiempo que el PIB en los países del G – 7 subió en un 22 % en el mismo período. Esta transferencia infló el PIB del G –7 sobrestimando así la productividad del trabajo y disimulando la pérdida de productividad originada por la acelerada sustitución tecnológica.
Esta política de transferencia y concentración de riqueza se desarrolla a partir de la subordinación de la esfera productiva a la financiera. Pero la concentración del ingreso tiene igualmente límites. Ella reduce el crecimiento de la demanda global y con ello resta dinamismo a la economía de mercado en su totalidad. Este proceso de contracción de la Demanda Global cuando comienza a incentivarse la oferta genera crisis de Superproducción. La contracción de la demanda efectiva es entonces un hecho observado en el Norte, en el Sur y en la Economía Mundial en su conjunto.
Es necesario, si se quiere reactivar la potencia de la economía real, reactivar o ampliar la demanda efectiva. A nivel de nación es necesario incurrir en mayores costos salariales, aumentar la parte del ingreso de los trabajadores, convertirlos en consumidores, disminuir el desempleo, aumentar los subsidios, y fundamentalmente incrementar las inversiones públicas. Estos objetivos podrían lograrse en la economía desarrollada más fácilmente que en las periféricas a través de instrumentos y políticas Keynesianas. Pero el gran capital necesita que se puedan implementar también en el Sur.
Esto nos lleva directamente a uno de los puntos más complejos dentro del problema estructural de la creación de demanda efectiva global: la implantación del Keynesianismo en la Periferia tomando como base la posibilidad de generar altos niveles de demanda efectiva.
Sabemos que con anterioridad al modelo Neoliberal en las economías periféricas, básicamente en América Latina, se empleaba un “modelo desarrollista” sobre un trasfondo Keynesiano. Sin embargo, hay que resaltar que el modelo Keynesiano que se impuso en la Periferia nunca pudo funcionar a Plenitud o similitud del implementado en las economías norteñas, como es natural.
Existía un conjunto de factores socioeconómicos, incluso históricos, que atentaban contra el buen funcionamiento del modelo Keynesiano en el Sur. Entre ellos podemos contar el bajo nivel industrial como consecuencia de las bajas tasas de ahorro e inversión, fenómeno que se ve más acentuado aún en las sociedades latinoamericanas destacadas en su excesiva desigualdad en la distribución de los ingresos.
Por supuesto, al gran capital no le interesa ni le conviene transformar la estructura vigente en las relaciones de distribución. Pero aún manteniéndola, el paso del Capitalismo hacia el Keynesianismo en la actualidad supone nuevas condiciones que en comparación con el modelo neoliberal serán más convenientes para la Periferia y para las clases marginadas dentro de esta.
Hemos querido introducir una ecuación de equilibrio para analizar si el modelo Keynesiano puede actualmente introducirse con éxito en la economía Sur.
Ecuación Keynesiana de equilibrio macroeconómico general en la Periferia.





Modelo de Economía abierta y con balanza comercial pasiva.
Oferta total = Demanda total
o. t. = d. t. 1
o. t. = dmc. + dipr. +dipl – N 2

o.t. + N = dmc. +dipr. + dipl. 3

o.t. + N > dt 4

o.t. + n = dt. + c. 5
Donde c es capital extranjero.
De cumplirse la ecuación 1 en la actualidad, el modelo Keynesiano podría funcionar en el Sur. Analicemos las variables implicadas.
El Saldo Negativo n de la balanza de pagos pasa a funcionar como una desinversión, por lo que acrecienta aún más la brecha entre la renta y la demanda efectiva. Este Saldo Negativo tiene en la mayoría de las naciones subdesarrolladas un carácter crónico y estructural. Pero se pudiera al menos mitigar un poco si se es más eficiente en la producción nacional, si se sustituyen ciertas importaciones no realmente necesarias como los bienes de lujo y producciones que pudieran realizarse en el país.
Si se supone un modelo global Keynesiano, entonces se puede contar con que las tasas de interés propiciarán el incremento de la actividad industrial vía aumento de las inversiones privadas y públicas, lo que lograría incrementar las exportaciones cerrando la brecha pasiva de la balanza comercial en alguna medida. Ya vimos como bajo un modelo Keynesiano las Inversiones Públicas se pueden potenciar en la Periferia vía impuestos, deuda pública, aranceles, etc.
En la misma medida que se potencien las políticas económicas Keynesianas de gasto público y aumento del nivel de empleo, la demanda de medios de consumo podrá aumentar; aún contando con las relaciones de distribución propias del régimen capitalista existente en la Periferia, especialmente en América Latina.
Después de analizada la interrelación que puede ocurrir entre todas estas variables en un modelo Keynesiano - en el mundo de la teoría - encontramos que prácticamente llevando cada variable a su óptimo deseable quedará no obstante, un déficit en la ecuación global 1, y quedaría que:
o.t. > d. t.
En una economía abierta la solución está en la ecuación 5.
El margen que o.t. supera a dt. es cubierto por la entrada de capital extranjero c. De tal forma, no hacemos abstracción de la necesidad real que las economías subdesarrolladas tienen de ese factor. Pero pensamos que bajo un modelo Keynesiano, el Estado – Nación posee mucha más capacidad de controlar el destino y la influencia de ese capital extranjero en la economía nacional.
No creemos que el Sur tenga la dificultad que muestra las economías norteñas en cuanto a la reposición tecnológica y la caída simultánea de la tasa de ganancia registrada en las economías más avanzadas. Por lo que valoramos como posible la implementación del modelo Keynesiano en la Periferia tomando como base las ecuaciones de equilibrios y la interacción de las principales variables. Obviamente, la realidad es mucho más compleja que la teoría, pero en nuestros modestos modelos de análisis creemos factible dicha implementación.
Por lo tanto, presentamos la necesidad del tránsito interno, que viene dada por el agotamiento del modelo especulativo – financiero, por la incapacidad del modelo de generar crecimiento económico y valorización fuera de la especulación, está dada además por la confrontación irreparable que enfrentarán a las principales trasnacionales las cuales movilizarán a sus respectivos Estados – Nación en su defensa, esto conduce a la negación del principio de no regulación estatal y a la negación del liberalismo económico y por último, la ruptura y decadencia económica del modelo que se expresará por fuerza de ley objetiva en el aparato político - institucional de la sociedad que reclamará la destrucción del orden de cosas neoliberal. La posibilidad de la transición está relacionada con la readecuación de las inversiones hacia la producción, en la posibilidad de incentivar el mercado interno, la demanda total tanto en el Norte como en el Sur, en incentivar los gastos públicos; todo esto para absorver el incremento en la oferta.
Estos elementos acá fundamentados nos indican la necesidad del sistema, su posibilidad y capacidad de transitar desde el modelo neoliberal hacia un modelo de tipo neokeynesiano. Ese, y no el paso al Socialismo parece ser el rumbo futuro del sistema.


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