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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte II. Los Modelos de Acumulación, Reproducción y Valorización del Capitalismo Contemporáneo.
Capítulo IV. La Transición Keynesianismo – Neoliberalismo.
En los capítulos anteriores realizamos un estudio acerca de la esencia de la ley de correspondencia descubierta por Marx. Al ser esta una ley objetiva siempre provoca algún efecto sensible y apreciable en el organismo socioeconómico donde se desarrolla. Los movimientos contradictorios siempre buscan objetivamente una solución.
Si bien esta ley es presentada como la regularidad que rige los cambios más amplios, dígase de los modos de producción, explicamos que para el caso de la transición Capitalismo – Socialismo su funcionamiento es afectado por una serie de factores objetivos. Su influencia se hace notar en un nivel menos drástico que el que hasta las formas precapitalistas había logrado.
El capitalismo es en sí un sistema de contradicciones antagónicas, por lo tanto genera, reproduce y contiene en su ADN el funcionamiento de la ley de correspondencia. Al no provocarse la Transición necesariamente tendrán que liberarse las fuerzas de la ley por algún lugar. Se provocan cambios internos, de carácter también cualitativo, aunque con un relieve de menor importancia que el puede tener la Revolución . Debido a sus contradicciones internas y al funcionamiento de la ley de correspondencia el Capitalismo transita por fases diferentes de reproducción, que son vías y modelos específicos para la acumulación, valorización y reproducción de los capitales. El sistema capitalista no puede trazar una línea recta y preconcebida de desarrollo progresivo dado que las acciones de la ley de la correspondencia exigen de él respuestas adaptativas para sobrevivir. Podemos plantear que la transición intersistemas es sustituida por la transición intrasistema, o intracapitalista.
A partir de la Segunda Guerra Mundial esta regularidad se ha vuelto más evidente y sistemática. No obstante la historia económica muestra que no es una regularidad reciente. En la misma transición Feudalismo – Capitalismo se da la primera fase del incipiente modo de producción capitalista, el Mercantilismo. A esta fase le sucede a partir del siglo XVIII específicamente en Inglaterra la concepción y práctica económica conocida como Liberalismo. En el siglo XX esta es sustituida por una fase de teoría y práctica keynesiana que más tarde sería sustituida por el modelo neoliberal que hoy domina el mundo económico y social. Cada modelo de estos surge por una necesidad material, objetiva, por lo que su determinación significa una nueva situación en el organismo económico social. Estos modelos son las respuestas adaptativas del capital a sus condiciones de reproducción y a la lógica de la ley de correspondencia.
Es de notar cómo manteniendo la esencia del sistema se dan cambios significativos en el mismo. Bajo los modelos Mercantilistas y Keynesianos el papel económico del Estado se potencia absolutamente y pasa a formar parte del mecanismo de reproducción del capital de forma directa. Es observable que en ambos modelos la capacidad productiva de la economía real es determinante. Cuando imperan los modelos liberales y neoliberales el Estado es alejado de los asuntos económicos y sus funciones son reformuladas y planteadas a favor de una reproducción del capital en la llamada economía financiera especulativa. El paso del tiempo y el desarrollo objetivo hace que
estas características se agudicen cada vez más para cada tipo de modelos, y a la par, hace más diferenciable los unos de los otros.
En nuestra opinión la ley objetiva general más importante que afecta el sistema capitalista es la ley de la correspondencia. Esta se expresa en la actualidad a través de las siguientes manifestaciones:
1. En su sentido más general, la actividad económica está regida por los tránsitos de un Modo de Producción a otro, pero en el nivel interno del Capitalismo se suceden al interior de la sociedad capitalista una serie de transiciones internas que determinan la funcionalidad del sistema. Existen fases reproductivas de funcionamiento objetivo de la ley de correspondencia que hace adecuar la sociedad civil capitalista al nivel de desarrollo logrado por las fuerzas productivas. El modo de producción capitalista logra preservarse pero transformando su funcionamiento.
2. Las fases de reproducción que dominan la sociedad y la economía son dictaminadas por los países más adelantados, por lo que dado la estructura de poder y dominio mundial de estas naciones estas fases terminarán por presentarse también en los países periféricos y en la Economía Mundial como sistema Las fases económicas son primeramente determinadas objetivamente por la acción de la ley de correspondencia, son asimiladas subjetivamente como una necesidad perentoria por los países centrales y luego son implantadas en todo el orbe. Se repite así la idea de Marx de que el organismo económico debía ser estudiado allí donde estuviese más desarrollado. Al fin y al cabo, los nuevos problemas de la humanidad se hayan en la punta de la lanza histórica.
3. Estas fases determinan a su vez ciclos políticos. Las revoluciones nacionales progresistas parecen emerger en los momentos del cambio cualitativo intrasistema. Obsérvese la realidad de América Latina en los últimos años. Las revoluciones emergen en los puntos de ruptura de una fase y comienzo de la siguiente. Al completarse la transición interfase prevalecerán las revoluciones que más se hayan arraigado.
Los elementos anteriores son nuestros criterios más generales acerca del movimiento que describe el Capitalismo en su desarrollo progresivo condicionado por sus propias contradicciones internas y la acción objetiva e irreparable de la ley de correspondencia. Apliquemos estos principios al estudio de la transición intracapitalista contemporánea.
Antes de comenzar a analizar el proceso de transición interna Neoliberalismo – Neokeynesianismo que planteamos su posibilidad en términos de pregunta sería conveniente realizar una breve presentación de la transición última que ha ocurrido en el Capitalismo y que nos dará pistas para comprender la dinámica más concreta de estos eventos. Estudiemos primeramente la transición Keynesianismo – Neoliberalismo.
El modelo Keynesiano se impone en la economía capitalista de posguerra en los países centros, específicamente Estados Unidos e Inglaterra. La concepción económica de Keynes se ajustaba perfectamente a los tiempos que se vivían. La idea clásica del equilibrio económico general y automático había sido echada por la borda por el más implacable de los jueces, la historia y ya no podía mantenerse por más tiempo la filosofía económica del libre mercado. Según Keynes el Estado debería intervenir en la economía para lograr el pleno empleo. Esto sería llevado a cabo a través de inversiones públicas que garantizaran el auge de la demanda efectiva y con ella de los ingresos y el empleo. Keynes reconocía que existía una brecha entre la oferta total de una economía y la demanda total, y que esta brecha era de un carácter objetivo, no se debía más que a las propias leyes del Capitalismo. El Estado parecía ser la única alternativa posible para adecuar los niveles de la demanda a la oferta corriente y esa participación no sería fortuita sino sostenida a lo largo del tiempo. El Estado se convertía aquí en pieza activa y clave del tablero económico del mecanismo económico capitalista.
Keynes consideró prudente el reforzamiento de un mercado interno que pudiera actuar como demanda a la producción nacional e importada, sostuvo la tesis de que era necesario mantener la tasa de interés a un bajo nivel para estimular las inversiones y evitar la especulación financiera, aún cuando reconocía que el nivel de la tasa de interés no era el factor determinante en la inversión productiva, sino las expectativas de ganancias. De cualquier manera el modelo keynesiano estimuló las inversiones, primero eran las inversiones del Estado que más tarde arrastraban a las inversiones privadas.
El ingente gasto público del modelo no se cubría con impuestos sino con empréstitos, dado que lo que se buscaba era incrementar el gasto total, no su redistribución. Dicha existencia de un gasto público enorme provocó varias cosas. El llamado Estado de Bienestar General surge como una necesidad histórica y política del Capitalismo. En una época en que la Unión Soviética mostraba aún al mundo sus logros económicos y sociales el Capitalismo tenía que hacer lo suyo. La cobertura del gasto público keynesiano contribuyó a financiar el estado de bienestar que se presentó durante muchos años como antítesis alternativa del Capitalismo en lo que a política social se refiere. Ese fue el lado bueno del modelo. Además fomentó una sociedad que en el plano institucional estaba mucho más compactada, explotada por el capital, pero compactada, regular, sistémica, funcional. Para muchos el Estado de Bienestar fue sinónimo de Keynesianismo, o al menos el objetivo supremo del Keynesianismo. Para nosotros dicho estado no fue más que un efecto del modelo económico keynesiano. La posibilidad de su existencia estuvo en la concepción del Gasto Público Keynesiano y su necesidad en la presencia del mundo socialista. Si se discutiera acerca de un Neokeynesianismo no habría porque asociar esa hipótesis a la fundación de un nuevo Estado de Bienestar. Lo que define al modelo keynesiano no es el Estado de Bienestar, sino el Gasto Público Deficitario para estimular la economía.
La anterior idea se argumenta mejor si sabemos que el mismo monto de dinero que da existencia material al Estado de Bienestar Social es el que alimenta la Economía de Guerra Keynesiana. El propio Keynes refería que lo que valía era el monto de la inversión, no su destino. De modo que, de un mismo elemento económico se derivan acá dos aristas muy diferentes. Un Estado para el mejoramiento del hombre, y una industria para su destrucción. Estos dos elementos acompañaron al modelo a lo largo de su existencia y funcionamiento y aún hoy, en medio de un ambiente absolutamente neoliberal, coexisten elementos de la economía de guerra keynesiana y restos del Estado de Bienestar Social.
Las implicaciones del Gasto Público no terminan aquí. Ellas siguen. Otro elemento positivo del mismo lo constituye el fomento de un mercado interno. El Estado puede actuar como comprador, como inversor, etc. Para una economía subdesarrollada dicho mercado interno arrogaba ventajas incuestionables. El Institucionalismo Latinoamericano derivado y nutrido de la lógica Keynesiana fomentó crecimiento económico en América Latina con un modelo de sustitución de importaciones y de mercado interno amplio.
¿Dónde estaba el gran problema del Gasto Público Keynesiano?
Si quitamos los recalcitrantes reclamos de los filósofos del individualismo podemos contar como el más grande problema el modo de financiamiento de estos gastos. Ya vimos que según Keynes estos gastos sólo serían estimulativos si eran no cubiertos por los impuestos. Así se recurrió a la fórmula del déficit fiscal que como se espera de él causó un proceso inflacionario. Al principio se creyó que el Estado y sus economistas tendrían la inteligencia y el tacto suficiente como para controlar adecuadamente los niveles de esa inflación, que si bien era un mal económico, al menos evitaba el mal mayor del momento, que era la desocupación y las crisis de superproducción. El modelo keynesiano se constituía entonces como un modelo estatista, de mercado interno, de alto gasto público, de déficit fiscal, inflacionario, y de economía real. La sociedad que sobre ese modelo se erigió se movía hacia la izquierda de forma objetiva.
Este modelo que ha sido aquí esbozado en líneas muy generales mantiene su funcionalidad hasta los finales de los 60 donde parece entrar en crisis. Efectivamente para los años 70 es sucedido en los países centros por el modelo neoliberal.
Como ya vimos, tanto el Keynesianismo como el Neoliberalismo son modelos económicos impuestos por los países centrales ante las exigencias objetivas de la ley de correspondencia que actúa materialmente en el Capitalismo. Por tanto, si bien a nivel político, ideológico podríamos encontrar fenómenos y procesos que parecieran explicar el por qué de la sustitución intrasistema de los modelos, estos no serían a su vez más que efectos de la misma causa que provocó la transición interna. Las causas de la transición keynesianismo – neoliberalismo son básicamente económicas.
La primera de estas causas es la disminución sostenida en los ritmos de crecimiento económico de los países centrales y de las tasas de ganancias del capital social.
Si bien la ley de correspondencia es la causa más profunda de los problemas que debe enfrentar el Capitalismo, este factor aquí enunciado es el fantasma que advierte siempre el arribo de una nueva era para el capital. Cuando esta realidad se muestra es la evidencia sostenidamente de que el modelo impuesto está en crisis. En realidad, son las leyes generales del Capitalismo las que provocan la tendencia decreciente de la cuota de ganancias, hecho que ya había sido probado científicamente por Marx en El Capital, pero al imponer modelos que actúen como solución momentánea a esa tendencia esta parece mitigarse y la clase burguesa ignora que el problema de fondo aún está latente. Esto fue lo que sucedió con el Keynesianismo y que a la postre constituyó la causa más importante de su crisis.
Aún cuando no existe consenso estadístico sobre la cuestión empírica de la caída o no registrada en las tasas de ganancia, nosotros defendemos la idea de que existe una tendencia histórica a la baja de estas, y Marx en su obra El Capital realiza un análisis lógico y matemático muy efectivo para comprender dicho proceso, a la vez que presenta un grupo de factores de tipo económico que suponen un sostén artificial a la dinámica decreciente de las tasas de ganancia. Nuestra consideración es que para los años 70 del siglo XX estos factores no pueden ya sostener la caída de la cuota de ganancias .
Ante un proceso como el anterior, el capitalismo no puede existir por mucho tiempo. La esencia del sistema es la obtención de la plusvalía, de la ganancia como la entiende el economista vulgar, y si esta no se obtiene pues todo se viene abajo objetivamente. Los países tampoco crecían y se convierte en una situación bien compleja el hecho de haber quedado sin un camino a seguir. Esta es una realidad que encuentra el capitalismo a cada momento, pierde el rumbo histórico, por lo que son los momentos de cambios de sistemas los puntos más interesantes para su estudio prospectivo.
El modelo neoliberal fue el indicado para propiciar la reactivación del crecimiento económico en los países centrales a la vez que suponía la elevación de las cuotas de ganancia del capital social. Ante la manifiesta imposibilidad de lograr crecimiento vía economía real el modelo trasladó la reproducción ampliada básicamente hacia la economía financiera especulativa. En lo adelante los capitales encontrarían su mayor esfera de inversiones en la economía financiera especulativa. El modelo neoliberal se basa en la doctrina monetarista que defiende una política de restricción monetaria y de liberalización de la tasa de interés. Esta variable quedaría en manos del mercado autorregulado. En la práctica ante la evidente inflación las tasas de interés nominal se disparan. La elevada tasa de interés era la expresión contraria de la concepción keynesiana. Según Keynes la tasa de interés debía ser ubicada por el Banco Central por debajo de la rentabilidad del capital invertido en la economía real. Los monetaristas al liberalizar dicha tasa de interés provocan que esta se vaya por encima de la rentabilidad del capital invertido en la economía real, que como ya vimos se encuentra deprimida. Los capitales fluyen hacia la rama más rentable para su colocación. De tal forma la economía capitalista encuentra bajo el modelo neoliberal una alternativa para su reproducción y para la reactivación de las tasas de ganancia en la economía financiera por ser esta más rentable, y de hecho mucho más que la economía real. Por primera vez en la historia económica el sistema capitalista en bloque podía mantener su existencia alejado de la producción de bienes y servicios. La respuesta es obviamente irracional, aunque real. Obviamente la sola elevación de la tasa de interés no podría garantizar la alternativa de valorización para los capitales existentes. El ascenso del capital especulativo estuvo favorecido por otra serie de factores que llegaron de la mano del Neoliberalismo o que al menos este empleó para su interés. Las nuevas técnicas de comunicación desarrolladas a partir de la revolución científico – técnica tuvieron como primero y más importante efecto el de liberalizar los capitales mundiales. El mercado financiero mundial lograba la inmediatez y alcance de las redes de computación. A partir de estos adelantos técnicos miles de millones de dólares pueden viajar diariamente de un mercado financiero a otro y entre los centros financieros más importantes del mundo. Esta posibilidad garantizaba la viabilidad de la especulación como vía de valorización de los capitales. En la década de los 70 los Estados Unidos desmonetizan el dólar y las tasas de cambio hasta esa fecha fijas de tornan en flotantes lo que propiciaba a su vez la especulación con ellas y una nueva vía de obtención de sumas fabulosas de ganancia para los especuladores monetarios. En la década de los 90 cayeron las barreras jurídicas que limitaban las transferencias de fondos entre los países, se liberalizaban las cuentas de capital de las naciones como resultado del fundamentalismo neoliberal del libre mercado. En lo adelante los centros de poder financiero internacional tendrían libre acceso a los recursos financieros de los países subdesarrollados. La realidad ha demostrado que esta ideología de liberalización no era desde el principio más que una descarada manera de robar los recursos de las naciones que, por voluntad propia o por no tener otro remedio aplicaban los remedios del BM y el FMI.
Al mismo tiempo que se desarrollan estos procesos las viejas e insuperables tendencias del capitalismo siguen su curso. Los procesos de centralización y concentración de los capitales continúan implacablemente. Los procesos de privatización estimulados por el neoliberalismo se traducen en procesos de desnacionalización y de concentración y centralización de los capitales. Un conjunto de grandes empresas absorben los recursos económicos desarrollados por los Estados y las empresas periféricas. En muy poco tiempo, y en un bajo precio, las países centros extraían las riquezas que los países del Sur tardaron decenios en crear. El crecimiento económico de los países centrales sería financiado por las economías subdesarrolladas y se realizaría sobre la base de un marcado y acelerado proceso de fusiones, centralización y concentración de los capitales. No en balde el modelo neoliberal ha sido incapaz de generar crecimiento económico, este es un modelo de reproducción especulativa, que favorece sólo al Gran Capital Financiero Especulativo concentrado en muy pocas manos. Esperar crecimiento económico del modelo neoliberal es una pérdida de tiempo. Para los países subdesarrollados el crecimiento es imposible, dado que su función en el esquema neoliberal es el de simple abastecedor de recursos materiales – privatización y desnacionalización de los recursos naturales nacionales, de las empresas nacionales, de los activos nacionales – de recursos financieros – liberalización de las tasas de cambio, apertura del mercado financiero interno, liberalización de la cuenta de capitales, liberalización de la tasa de cambio – de recursos humanos. La forma en que el Neoliberalismo funciona como modelo de valorización niega la posibilidad de crecimiento y lógicamente del desarrollo económico. Su razón de ser es simplemente la valorización de los capitales que ya en la economía real no tenían posibilidad de acrecentarse. El lugar ideal de la economía capitalista pasaba a ser el Sistema Financiero Internacional que se convertía en el corazón de la economía especulativa. Un sistema convertido de medio en fin. No hacía falta producir mientras que este mecanismo siguiera extrayendo recursos del Sur y enviándolos valorizados infinitamente hacia el Norte. He ahí la neutralidad del proceso de globalización. De alguna forma, todo fluye hacia una misma dirección: el Norte.
La realidad económica en los últimos treinta años se ha encargado de demostrar cómo funciona en la práctica el modelo neoliberal. La Economía virtual se consolidó como el lugar perfecto para la valorización del capital, al tiempo que superaba exponencialmente el peso de la economía real; en los últimos 30 años se evidenció una transferencia masiva de riquezas hacia el Norte. Es decir, se aseguró el abastecimiento de las economías norteñas a costa del Sur, y se garantizó la posibilidad de mantener y acrecentar el proceso de valorización de los capitales. El Neoliberalismo logró su misión. A un gran costo social y político, pero ha funcionado en cuanto a mantener la funcionalidad del sistema económico, aún a costa de las personas.
El segundo punto que lleva a la crisis del modelo keynesiano está en los altos niveles de inflación que se registraban en las economías centros.
El modelo keynesiano siempre había sido un modelo inflacionario. Sólo que mientras las inversiones no cubiertas encontrarán como efecto un incremento de la renta, la demanda y la ocupación, pues el problema de la inflación sería sólo un mal necesario y controlable. Pero ya para los años 60 – 70 la economía no tenía estímulo para producir, dada la disminución en las tasas de ganancia, esto se traduce en que las inversiones por grandes que sean y por bajas que fuesen las tasas de interés no reportaban una conveniente tasa de ganancia. La ganancia es el factor que influye más sobre las inversiones privadas. Por otra parte, el modelo inflacionario se justificaba por el hecho de que se intercambiaba inflación por desempleo, es decir, los niveles de inflación existentes garantizaban bajos niveles de desempleo en el sistema. Esta relación también se deteriora, y se arriba a un momento en que la inflación y el desempleo se muestran juntas en la economía capitalista. El sostenimiento del gasto público deficitario se tradujo en un proceso de inflación creciente para la economía.
Parece ser que en verdad el modelo keynesiano fue responsable en gran medida de esa inflación, pero sería incorrecto hacer como los monetaristas que redujeron el problema al Estado y su gasto. “En 1973 – todo esto que estamos analizando ocurre en esta época – se desató la crisis del petróleo. Los países productores lograron un acuerdo y aumentaron mucho los precios del crudo. Para los países europeos, el fardo era pesado. Para los Estados Unidos mucho menos, si bien empezaban a tener necesidad de importar petróleo. La crisis llegó en buena hora para justificar las críticas al Estado de Bienestar.”
La crisis del petróleo provocó, o coincidió realmente con movimiento de inflación prolongada causada por el modelo keynesiano. Sin embargo, el Estado de Bienestar fue el único acusado de provocar la inflación. Hoy sabemos que esa inflación además de ser provocada en parte por el Estado era provocada por la subida masiva en el precio del combustible, lo que significaba en definitiva una subida masiva en los precios de costos de prácticamente todas las producciones. Esa sería la verdad objetiva, pero la útil, la pragmática, era que el Estado era el problema y había que liquidarlo para resolverlo. Otra de las causas más presentes de la inflación, pero que prácticamente nunca son aducidas por los economistas burgueses es la militarización de la economía capitalista. Se critica el gasto público deficitario keynesiano, pero sólo en su dirección del Estado de Bienestar Social, ni una palabra se dice acerca del otro destino que se le da a ese monto inmenso de dinero y que es netamente inflacionario al no tener casi ninguna contrapartida de bienes en el mercado interno común. Tampoco los monopolios son presentados como causa de la inflación, de los elevados precios de los bienes de consumo. Estas son realidades inexistentes para estos economistas.
La inflación fue presentada como enemigo número uno, era natural que así lo fuese, el juicio popular es muy poco dado a recordar las lecciones de la historia.
Y los enemigos del Keynesianismo no estaban interesados en corregir el problema, sino en destruir el modelo Keynesiano y con él su Estado de Bienestar Social.
También en este punto los neoliberales aparecieron como únicos salvadores de la sociedad capitalista.
Así recurren a su fórmula monetarista una vez en el poder. Atacan frontalmente la política Keynesiana del Gasto Público, asumen que es necesario acoplar la cantidad de dinero en circulación al nivel de crecimiento o decrecimiento de la producción real anual y se libera la tasa de interés. Esa sería en suma el centro de la doctrina monetarista, más la antedicha desaparición del Estado de la vida económica.
Al recortar la masa monetaria en circulación buscando la erradicación de la inflación acaban también y más eficientemente con los sistemas de seguridad social y con el Presupuesto Estatal en renglones sociales. Es decir, destruyen el basamento económico sobre el que se erige el Estado de Bienestar Social.
El logro de la práctica monetarista en cuanto a disminuir la inflación puede ser bastante discutible. En los países donde se ha aplicado la doctrina se ha observado una cierta disminución de la inflación pero a costa de enormes grados de desempleo y de la casi total erradicación de las conquistas sociales alcanzadas en décadas de luchas políticas. Es obvio que para los monetaristas el objetivo supremo de la economía es la eliminación de la inflación, pero en realidad el disminuir la inflación sería cuando más sólo un medio, nunca podría ser tomado como el fin u objetivo supremo de un sistema económico, al menos de una economía racional.
Internacionalización de las Relaciones Económicas.
El proceso de globalización es presentado como un fenómeno reciente y casi inexplicable. En realidad, para nosotros la globalización es un término eufemístico para ocultar que se está hablando de Imperialismo, y de un Imperialismo Neoliberal, como mismo existía un Imperialismo Keynesiano. Si este modelo neoliberal ha logrado expandirse por todo el mundo es simplemente porque no hay un poder económico que le haga frente como existía con la URSS. No hay nada de fatalismo en este proceso. Sus causas son claramente objetivas y están conectadas lógica e históricamente con el funcionamiento y desarrollo del Capitalismo.
Para la década de los 70, el proceso de incesante internacionalización de la economía capitalista se había consolidado. Los organismos financieros internacionales dominaban la deuda externa, los créditos, las inversiones; las trasnacionales radicadas en los países centrales hacían depender de ellas a las economías periféricas. El Sistema Financiero Internacional sustituía los Estados Nación y dictaminaba el rumbo de las economías locales. El comercio se incrementaba. Las nuevas tecnologías de comunicación estrechaban el mundo y lo hacían más vulnerable e interdependiente. Esta es una realidad que muchos han dado en llamar Globalización. De cualquier manera es un proceso de internacionalización y de incremento de dependencias externas, pero no se elimina la esencia del proceso. Lo que se internacionaliza es el Capitalismo en su fase imperialista. La forma no existe sin el contenido.
El modelo keynesiano era evidentemente un modelo de regulación estatal nacional. Ahora la economía capitalista encontraba que su reproducción se había ido desplazando en importancia hacia el exterior, hacia la economía mundial en su conjunto. Se necesitaba una nueva forma de regulación económica. El modelo keynesiano se muestra inoperante a este nivel y eso influye en su crisis.
El modelo neoliberal con sus organismos financieros internacionales, su idea de un mercado mundial universal desregulado, y su sistema financiero internacional parecía dar las soluciones a cómo regular la nueva economía. Y de hecho, el Neoliberalismo se convirtió en el modelo a emplear en la fase de Capitalismo Trasnacional que hoy vivimos.
Por supuesto, también en éste aspecto los neoliberales y los fanáticos de la Globalización exageran el problema. Se dice que las trasnacionales son el centro de la economía mundial actual. Se configuran como un poder supranacional y por tanto la noción de los Estados – Nación es un recuerdo a superar. En realidad, estas gigantescas empresas que ciertamente dominan y explotan países enteros, de ningún modo de encuentran flotando por sobre las naciones y las relaciones sociales de producción capitalistas. Son Monopolios, expresión cristalizada del Capitalismo actual, y además son empresas con una base nacional y un resguardo estatal evidente. Las compañías norteamericanas son obviamente respaldas por su gobierno. No solo a nivel político, sino también económico y militar. La actual administración en este país es representativa de la industria extractiva. Sus invasiones han sido para favorecer en primer lugar los intereses económicos de las empresas petroleras norteamericanas de las cuales muchos de sus miembros son propietarios o accionistas principales. Y este es el Estado que habla de supranacionalidad. Es sólo un acto hipócrita.
Según James Petras “los estados nacionales, en este caso los estados imperiales, no están desapareciendo, sino que son prioritarios para entender los centros de poder político y económico”
“Casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los Estados Unidos y un 30% son de la Unión Europea, solo el 10% son japoneses. En otras palabras, aproximadamente el 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca, y los negocios son estadounidenses, europeos o japonesas. El poder económico esta en esas tres unidades geográficos – económicas, no en conceptos sin sentido como “imperio” sin imperialismo o corporaciones multinacionales “desterritorializadas”.
Las trasnacionales en definitiva tienen su asentamiento en naciones que a través de sus Estados las defienden de cualquier amenaza externa e interna.
Que los países ya no puedan decidir a través de sus estados nacionales sus políticas de desarrollo más que una realidad objetiva es un tipo de pensamiento que los países centrales han querido y han impuesto en las naciones periféricas. Se les hace creer que no hay fuerza que pueda enfrentar el actual proceso de globalización y que lo más inteligente y racional es abrir la economía al mercado mundial. Ya vimos para qué necesitaba esa apertura el mundo desarrollado. En realidad, aún cuando las relaciones económicas internacionales se han potenciado no significa de por sí la anulación de la política económica nacional. El tiempo demostrará que todavía la humanidad está lejos del día en que las fronteras nacionales hayan perdido su sentido. Hoy no es objetivo, es sólo una imposición motivada por un interés muy evidente. Los países centrales han destruido algunos elementos keynesianos, pero no han renunciado a que el Estado proteja sus economías ni han abierto las barreras al mercado mundial ni cosa por el estilo.
De tal forma, el modelo keynesiano era incapaz de mantenerse en las nuevas condiciones de internacionalización sólo en parte, la intervención y defensa de mismo es reclamada por las mismas transnacionales que pavonean la superación histórica de los estados nacionales. El modelo neoliberal es el ideal para las nuevas condiciones de internacionalización para regir la economía mundial y lograr el sometimiento total de las naciones periféricas. El Keynesianismo en éste aspecto no fue erradicado de raíz, se mantuvo solapadamente y con ciertas transformaciones en las economías del Norte. El Neoliberalismo iba a ser la política económica externa por excelencia del gran capital.
De tal forma, esta serie de problemas fueron advertidos por los teóricos del Capitalismo, los que, viciados en gran medida por filosofías conservadoras no quisieron dar oportunidad al modelo Keynesiano de rectificar sus errores y se dieron a la tarea de desacreditar el modelo cargándole a los problemas objetivos factores subjetivos y contradicciones propias no del modelo, sino del propio sistema capitalista.
El Neoliberalismo se impone en definitiva como el modelo sustituto del Keynesianismo.
El modelo funciona desde los años 70. Primero se impone en los países centrales para más tarde extenderse en la Periferia. Con la caída de la URSS y del CAME logra su casi total dominio espacial e ideológico.
Pese a los logros que a decir de sus ideólogos este modelo haya tenido, y a pesar también de quienes lo reniegan y combaten, también éste modelo o esta fase del Capitalismo está determinada y afectada por las leyes objetivas del desarrollo capitalista, principalmente de la ley de correspondencia. Las soluciones dadas por el capital no podrían ser de ninguna forma eternas.
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