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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte II. Los Modelos de Acumulación, Reproducción y Valorización del Capitalismo Contemporáneo.
Capítulo III. El Modelo de Acumulación Capitalista de tipo Keynesiano.
3.4. La Política Keynesiana del Comercio Exterior. El Sistema Monetario Internacional.
Hasta ahora, exponiendo la teoría y la política keynesiana habíamos supuesto que nos encontrábamos en una economía cerrada. Ha llegado ya el momento de considerar los aspectos internacionales del Keynesianismo.
A este respecto, el primer elemento a considerar es que, cuando se examinan las relaciones económicas con el exterior, para obtener el volumen global del gasto nacional – es decir, del gasto que se refiere a los bienes y servicios de producción interna-, al consumo, a la inversión y al gasto público, debemos añadir naturalmente las exportaciones, puesto que representan una demanda de bienes producidos en el interior.
Por un motivo análogo, pero contrario, se deducen las importaciones, las cuales representan una demanda de bienes producidos en el exterior. Esto significa, en definitiva, que lo que entra a formar parte del gasto nacional es el saldo de la balanza comercial.
Tal saldo, sin embargo, adquiere una fisonomía análoga a la de la inversión. Para poner en claro este punto, se considera la renta nacional como la suma de tres elementos: la parte que se gasta en consumo, la parte que se ahorra, y la parte absorbida por los impuestos.
La parte ahorrada da lugar a un gasto, en cuanto venga absorbida o por la inversión o por el gasto público no cubierto por impuestos o, incluso, por el saldo de la balanza comercial. Es evidente, entonces, que puesto que los otros componentes del gasto nacional no han cambiado, la producción de un saldo comercial favorable comporta un aumento de la demanda efectiva, mientras que la producción de un saldo pasivo comporta una disminución de la demanda efectiva. En el primer caso, no obstante, la renta tendería a aumentar y en el segundo caso tendería a disminuir.
La consideración de los efectos sobre la renta de una balanza comercial desequilibrada comporta consecuencias muy importantes de la influencia que ha tenido la formulación keynesiana en el pensamiento económica contemporáneo. La cuestión es muy complicada y no puede ser examinada aquí en todas sus componentes. Nos limitaremos, por ello, a exponer sólo los puntos más esenciales.
La diferencia entre el mecanismo keynesiano y el clásico, por lo que respecta al equilibrio de la balanza de pagos, es en todo análoga a la diferencia entre la formulación keynesiana y la clásica por lo que respecta a la igualdad entre ahorro e inversión.
Según el pensamiento clásico, son las variaciones del tipo de interés que llevan a la igualdad entre el ahorro y la inversión. Para Keynes, por el contrario, son las variaciones de la renta que llevan el ahorro a igualarse con la inversión. Análogamente mientras para los clásicos el equilibrio entre importaciones y exportaciones se consigue mediante variaciones en el nivel de precios, para Keynes tal equilibrio se realiza mediante las variaciones en la renta.
El mecanismo puede ser descrito en la forma siguiente: En un país en el que aparezcan una serie de excedentes de las exportaciones sobre las importaciones, tiene lugar, como ya habíamos dicho, un aumento de la demanda efectiva y, por lo tanto, de la renta. Este aumento de la renta debe ser tal que pueda suscitar una cantidad de ahorro que en el equilibrio final sea sensiblemente igual al saldo comercial.
Pero si se supone, como parece real, que las importaciones son función de la renta, entonces, a aquél aumento de la renta seguirá un aumento de las importaciones y en la posición de equilibrio el saldo se habrá reducido. Por el contrario, en un país en el que haya una serie de excedentes de las importaciones sobre las exportaciones, tiene lugar una disminución de la demanda efectiva y, por lo tanto, de la renta, de forma que el ahorro se reducirá en un volumen similar al saldo negativo final.
Durante tal proceso, las importaciones disminuyen y dicho saldo final quedará reducido al de partida. Ha sido demostrado que para reducir a cero los saldos activos y pasivos por haberse conseguido el perfecto equilibrio en la balanza de pagos, sería necesario que las variaciones de la renta diesen lugar a determinados volúmenes de inversión o, respectivamente, a desinversiones inducidas. Lo que aquí es preciso tener en cuenta es que existe, parcial o completo, un proceso de reequilibrio de las cuentas con el exterior basadas sobre las variaciones de la renta.
Otra lectura de ese mecanismo es la siguiente: la fuerza principal que en última instancia restablece el equilibrio del mecanismo internacional de pago no es el movimiento de los precios en vinculación con la modificación en la cantidad de dinero en cada país, sino el cambio en el nivel de la actividad comercial, la ocupación y los ingresos, que tiene una acción directa sobre el estado del comercio exterior.
Las consecuencias prácticas de la forma en que se establece el equilibrio comercial internacional son notabilísimas. Las variaciones de renta son un suceso generalmente de mayor trascendencia que las variaciones del nivel de precios. En particular, si un país se encuentra con que tiene un saldo comercial pasivo bastante considerable, el coste que debe sostener para conseguir el equilibrio de sus ventas con el exterior puede ser que le sea insoportable; es decir, puede suceder que la disminución de la renta y, por lo tanto, de la ocupación precisada para el proceso de reequilibrio, sea tal, que haga que el objetivo del equilibrio esté desproporcionado respecto al medio con el cual necesitaría conseguirlo.
En estas circunstancias, el país en cuestión estaría inclinado a suspender el funcionamiento del mecanismo que habíamos descrito, rompiendo la relación existente entre importaciones y renta.
Es decir, esto podría llevar a la igualación de las cuentas con respecto al exterior, simplemente, mediante una política de protección que reduzca el volumen de las importaciones. Esto comportaría, evidentemente, en una cierta medida, el asilamiento del mercado mundial y la sustitución de por lo menos cierta parte de las importaciones con producción nacional.
Es evidente que, frente a este recurso extremo de defensa, los países que se encontraran en situación similar estarían inclinados a él, en los períodos en que el mercado mundial presentase un alto grado de inestabilidad, no siendo posible tomar otra medida que hacer depender el nivel de su renta y de su ocupación de las fluctuaciones económicas internacionales. Esto explica, en la práctica, la ruptura del mercado mundial que se verificó a consecuencia de la gran crisis de 1929.
La primera pregunta que aparece a este respecto observa, naturalmente, el otro aspecto de la teoría clásica del comercio internacional, aquél que estudia la demostración de las ventajas relacionadas con la libertad de comercio.
El pensamiento clásico sobre la base de los costes comparativos de Ricardo, había demostrado que la libertad de comercio, determinando una especialización de los distintos países en las producciones en las que cada uno de ellos poseía ventajas comparativas de productividad, daba lugar a una situación de máxima eficiencia en el terreno mundial.
De tal situación cada país obtenía una ventaja. La inclusión completa y libre en el comercio internacional les permitía conseguir, de los recursos a su disposición, una riqueza mayor de la que habría podido disponer en una posición aislacionista. La formulación keynesiana no refuta, naturalmente, la validez de esta posición clásica, la cual ha sido recientemente replanteada, profundizada y, ya sea con algunas mejoras, confirmada por diversos autores, los que plantean a partir de la base de la teoría keynesiana cómo pueden haber circunstancias en las que la alternativa que se presente no sea la de la utilización o la subutilización de los recursos productivos disponibles.
En tal caso, pude darse perfectamente, también, en la medida del criterio paretiano, que una utilización no eficiente, pero completa, de los recursos productivos, sea preferible a una utilización eficiente pero incompleta. Este podría ser, concretamente, el caso de un país para el cual su inserción sin limitaciones en el mercado internacional comporte una disminución de la renta y de la ocupación.
Todo esto significa que si se quiere que las verdades contenidas en la teoría clásica del comercio internacional sean operativas, es necesario que todos los países que participan en el mercado mundial tengan siempre una situación de demanda alta y estable para poder eliminar aquellas fluctuaciones y aquella inestabilidad de los mercados internacionales que pueden llevar a algunos de estos países a políticas aislacionistas.
Como había indicado Metzler, en 1949, cuanto más eficaces hayan demostrado ser los procedimientos keynesianos en la solución de los problemas de la estabilidad interna, tanto menor necesidad tendremos de la teoría keynesiana para afrontar los asuntos económicos internacionales.
Para el desarrollo efectivo del capitalismo contemporáneo, Keynes no sólo teorizaba hacia la economía interna, sino que planteaba cuestiones muy importantes para encauzar el desarrollo internacional del sistema capitalista mundial. En ese sentido el estudio del sistema monetario internacional y la dinámica de inserción de los diferentes países en él fue una cuestión clave de su teoría.
En la búsqueda de caminos que permitan superar la contradicción entre la necesidad del equilibrio interno y externo, Keynes recurrió al ámbito de la liquidez internacional. Expuso la idea de formar una moneda regulable o manejable para cubrir los pagos internacionales en el mundo capitalista y crear una reserva de medios de liquidez internacional, accesible a los países capitalistas. Esta reserva podría garantizar que los países con desequilibrios externos usaran dicho financiamiento para combatir la repercusión interna del desequilibrio.
Esta idea la expresa básicamente en la siguiente cita: “ De la misma manera la creación de los sistemas bancarios nacionales contribuyó a contrarrestar la presión deflacionaria, que de otro modo habría impedido el desarrollo de la industria moderna: también con la extensión de la esfera de acción de este principio al campo internacional se podría contrarrestar la presión contraccionista sobre el comercio mundial, que en caso contrario puede hundir en el caos social y en la decepción las buenas esperanzas de nuestro mundo moderno”.
La orientación neokeynesiana en el terreno de los problemas monetario – financieros internacionales está expuesta más circunstanciadamente en los trabajos del economista norteamericano R. Triffin.
La crítica que realiza este pensador está dada en la consideración de que el “Talón de Aquiles” del Sistema Monetario Financiero Internacional (SMFI) es el desarrollo y la centralización insuficientes del componente papel moneda en la liquidez internacional y su vinculación demasiado estrecha con el ámbito nacional de algunos países. Por consiguiente, para él el sistema es “insuficientemente keynesiano”. Por otra parte, Triffin y los neokeynesianos destacan la escasez real, o por lo menos potencial, de la liquidez internacional y hacen hincapié en el efecto deflacionario y de estancamiento de este mecanismo, en especial para los países que son reservas monetarias.
Según el plan de Triffin el eslabón más importante de la reforma monetaria debe ser un sistema de formación y regulación de reservas con el cual el nivel general se mantendría ajustado a las necesidades mundiales, y esas reservas se utilizarían para objetivos coordinados a nivel internacional”.
Al llegar a ese punto, Triffin destaca que en su propuesta conserva el núcleo de la teoría keynesiana, sólo que ahora extraía de ella los elementos que con anterioridad le habían criticado a Keynes, este punto negativo era que el papel del crédito prestado por el Fondo Monetario Internacional ocasionaba un proceso inflacionario en el mundo capitalista. Triffin se propone neutralizar ese efecto y traza algunas regulaciones prácticas que debe realizar el Banco.
Es de destacar el respecto de Triffin a la teoría Keynesiana, que se expresa en el cuidado por velar sus estructuras básicas. Triffin, al igual que Keynes deja muy claro que al mecanismo capitalista no se puede dejar “sólo” sino que hay que regularlo a través de la política estatal. Este principio se eleva hasta el sector monetario internacional:
“En nuestra época es absolutamente inconcebible una renuncia total por parte de los países miembros a la soberanía nacional sobre todas las formas de restricciones al comercio y los pagos e incluso sobre los tipos de cambio… en beneficio de un simple laissez faire en el espíritu del siglo diecinueve, sin reparar en los niveles de ocupación y de la actividad económica del país”, afirma este economista.
De tal forma podemos concluir que en lo referente al sistema monetario – financiero internacional la teoría keynesiana y neokeynesiana deja claro la concepción de que la única forma de eliminar las contradicciones cardinales vigentes en las relaciones monetario-financieras capitalistas y asegurar estabilidad y fiabilidad al mecanismo monetario internacional, es a través de la regulación estatal-monopolista internacional, donde la utilización de un divisa internacional emitida por un organismo internacional colectivamente concertado y manejado, con emisiones de moneda restringidas, y fundamentalmente, con una tasa de cambio fija y estable, determinada a partir de las condiciones de la economía real interna; es la clave del mecanismo económico capitalista internacional.
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