La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo

Yoandris Sierra Lara

 Esta página puede carecer de formato, notas, gráficos o tablas. Puede bajarse el libro completo en formato PDF comprimido ZIP (93 págs. 559 Kb)
pulsando aquí


Parte II. Los Modelos de Acumulación, Reproducción y Valorización del Capitalismo Contemporáneo.

Capítulo III. El Modelo de Acumulación Capitalista de tipo Keynesiano.


3.1. La Teoría Clásica de la Ocupación y su Crítica desde el Keynesianismo.


Para poder valorar con exactitud la aportación teórica de la obra de Keynes, es necesario reconsiderar la teoría del equilibrio desde el particular punto de vista Keynesiano. A este respecto, es preciso distinguir en la teoría clásica dos afirmaciones: la primera consiste en decir que la renta que corresponde a la plena ocupación es un renta siempre posible, en el sentido de que existe siempre para el sistema la posibilidad de conseguir en forma autónoma un equilibrio en el cual los factores disponibles estén plenamente ocupados; la segunda consiste en afirmar que existen en el sistema mecanismos que siempre tienden a conseguir aquella posición de plena ocupación, de la cual se ha demostrado la posibilidad.

Para el específico problema del equilibrio de plena ocupación conviene subdividir la demanda global en dos componentes: demanda de bienes de consumo y demanda de bienes de inversión. La demanda para el consumo no proporciona nunca problemas particulares; los problemas comienzan a surgir a propósito de la demanda para inversiones. Esta última, en efecto, deriva de aquella parte de la renta que, por no haber sido destinada al consumo, viene definida como “ahorrada”; se trata de ver si existe algún mecanismo que asegure siempre la igualdad entre la parte de renta ahorrada y el importe de los bienes de inversión demandados o, más sencillo, si existe igualdad entre el ahorro e inversión dado un determinado nivel de ahorro.

En opinión de los economistas ortodoxos, tal mecanismo existe y depende del tipo de interés. Se sabe que la conveniencia de una inversión viene dada por el mercado comparando el tipo de rendimiento de dicha inversión con el tipo corriente de interés. La inversión es conveniente cuando el tipo de rendimiento es, por lo menos, igual al tipo de interés. Es obvio que, si el tipo de interés disminuye, resulta conveniente un mayor número de proyectos de inversión y que, por ello, a una disminución del tipo de interés corresponde un aumento en el volumen de inversiones.

La teoría de que estamos hablando imagina que las inversiones son particularmente sensibles a los movimientos del tipo de interés para los cuales existe siempre un nivel del tipo de interés, aunque sea muy pequeño, a partir del cual el volumen de inversión está en condiciones de absolver cualquier nivel de ahorro, por elevado que éste pueda ser. Por ello, aún admitiendo que el ahorro deba crecer al aumentar la renta, y aún suponiendo que el aumento del ahorro sea más que proporcional al aumento de la renta, la posibilidad de suscitar un volumen de inversión tan grande como se quiera, garantiza, para cualquier nivel de renta, un volumen de demanda de similar importe, a consecuencia del cual cualesquiera que sea la renta, incluso aunque sea la plena ocupación, deviene una renta potencialmente producible por el mercado.

Además, la teoría clásica afirmaba no solamente que la renta de plena ocupaciones siempre una renta posible, sino que esta renta es, precisamente, la renta de equilibrio en el sentido de que el mercado tiende siempre a conseguirlo espontáneamente. Para demostrar esta consecuencia se acudía a otro razonamiento. Es decir, se afirmaba que si el salario se mantiene igual al valor de la productividad marginal del trabajo, o sea, el valor de la producción realizada por el último trabajador ocupado, hay siempre un incentivo a ocupar todas las unidades de trabajo disponibles, en cuanto a que hasta que el coste de una unidad adicional de trabajo no es superior al valor de su producto, es siempre conveniente dar ocupación a tal unidad.

De este modo el problema de la desocupación venía explicado recurriendo únicamente a la existencia de fricciones o de interferencias en el mecanismo competitivo. Si existen obstáculos que impiden al tipo de interés moverse libremente, si los sindicatos piden retribuciones inadecuadas a la productividad marginal del trabajo correspondiente a la plena ocupación, entonces, y sólo entonces, puede haber fenómenos de desocupación.
La crítica keynesiana a esta teoría vendrá expuesta teniendo en cuenta no solamente la obra de Keynes sino, además, las correcciones y modificaciones que diversos economistas posteriores han aportado al razonamiento keynesiano. Citamos entre los autores principales, a Hicks, Meade y Harrod, en Inglaterra; Klein, Modigliani, Lange y Hansen, en América.
Para exponer la teoría keynesiana de la ocupación es preciso partir de las tres proposiciones siguientes: En primer lugar, el ahorro es función del tipo de interés, en el sentido de que es tanto más pequeño cuanto menor es el tipo de interés; depende, además, y sobre todo, de la renta; Keynes pone también en evidencia como en las sociedades industriales modernas el consumo crece al crecer la renta, pero en menor medida, menos que proporcionalmente, por lo que tanto como la renta se aproxima al nivel de plena ocupación, la parte de la renta no consumida, o sea, el ahorro, deviene, ya sea en valor absoluto, ya sea respecto a la renta, siempre más importante.
En segundo lugar, es preciso admitir, tomando íntegramente lo que la observación sugiere, que existe un límite por debajo del cual el tipo de interés no puede descender. La teoría keynesiana explica este hecho mediante una concepción del interés, según la cual, en la determinación del tipo de interés, tienen influencia no sólo los fenómenos “reales” que se refieren a la oferta y a la demanda de ahorro sino, además, los fenómenos monetarios, es decir, aquellos relativos a la oferta y demanda de dinero.

En tercer lugar, como ha sido plenamente destacado, especialmente por la escuela keynesiana (Hansen, Klein), es cierto, por las razones anteriormente indicadas, que el importe de las inversiones crece al disminuir el tipo de interés, pero la experiencia sugiere que en correspondencia con el bajo nivel de interés las inversiones resultan escasamente sensibles a las fluctuaciones del interés.
A partir de estas tres circunstancias, el mecanismo equilibrador del tipo de interés sustentado por la economía clásica, puede ser criticado en la forma siguiente: si al mismo tiempo que el tipo de interés disminuye, las inversiones resultan más rígidas con respecto a este tipo de interés, puede darse el caso que, para obtener un cierto volumen de inversiones que sea capaz de absolver el ahorro que se formaría en correspondencia a la plena ocupación, sea necesario un nivel del tipo de interés menor que el mínimo consentido por el mercado monetario. Algunos autores keynesianos van más allá y afirman, también, que si los fenómenos monetarios no significaran límite alguno a la disminución del tipo de interés, el volumen de las inversiones que sería conveniente a un tipo de interés igual a cero podría todavía ser menor que el ahorro de plena ocupación.
En tal situación, la renta que se formaría en correspondencia a la plena ocupación no podría generar un importe similar de demanda, sería por ello una renta imposible y la misma plena ocupación no podría conseguirse. Naturalmente que el mercado podría, a este respecto, cometer ciertos errores; podría, al anticipar un cierto volumen de demanda global, regular a partir de ella el nivel de producción y si, por las razones ahora indicadas, tal demanda resultara inferior a la prevista, aquel nivel de producción resultara excesivo, el valor del producto no cubriría los costes y nos hallaríamos en una situación de superproducción general.
Del razonamiento keynesiano concluimos que, bajo las condiciones de equilibrio, la renta no es necesariamente la que corresponde a la plena ocupación. Queda por preguntar si en realidad, en la economía moderna, se verifican de hecho las condiciones que hacen imposible el equilibrio de plena ocupación. La legitimidad de tal pregunta deriva del hecho que el análisis keynesiano, considerado estáticamente, se obtiene simplemente la demostración de la posibilidad de un equilibrio de subocupación, mientras todavía queda por resolver el problema del cuales son las circunstancias que de hecho dan a tal equilibrio de subocupación una característica efectiva de los sistemas económicos reales.
La teoría keynesiana era ya, pues, un paso notable hacia delante respecto al análisis clásico del capitalismo, avance que necesitaba ser completado por un examen de lo que en realidad determina el volumen de las inversiones y, por lo tanto, la posibilidad de obtener, cuando menos, un volumen global de gastos paralelo a la renta de plena ocupación.


Google
Web eumed.net

Volver al índice de La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo

Volver a "Libros Gratis de Economía"

Volver a la "Enciclopedia y Biblioteca de Economía EMVI"