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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte I: Cuestiones Teóricas Generales acerca de la Transición al Socialismo.
1.2. La Teoría de Lenin sobre la Transición al Socialismo.
Lenin realizó una decisiva contribución al desarrollo del marxismo, al elaborar la teoría de la Revolución Socialista en las condiciones del imperialismo. Basándose en el carácter desigual del desarrollo económico y político del capitalismo, Lenin demostró que en este nuevo contexto histórico la revolución socialista no sería un proceso simultáneo, sino que triunfaría inicialmente en países aislados, con un relativo atraso económico.
Cuando Lenin planteó que, “teóricamente, no cabe duda de que entre el Capitalismo y el Comunismo existe cierto periodo de transición” , avizoraba que este constituirá uno de los problemas más complejos a solucionar de forma concreta por los revolucionarios de los pueblos que emprendieran tan largo y difícil camino.
La vigencia de éste postulado es avalada por la vida misma, de manera que hoy nadie discute acerca de la necesidad inevitable de este lapso histórico para todo país que aspire a edificar el socialismo, independientemente del grado de desarrollo alcanzado en todas las esferas de la vida social.
El periodo de transición abarca un plazo relativamente largo en el que se produce una ruptura cualitativa de la antigua sociedad y el surgimiento de la nueva. Este periodo discurre a través de etapas, cuyo contenido y número dependen de las peculiaridades de cada país y del factor externo. Lo externo y lo interno cambian de lugar en cuanto al orden de su importancia, lo cual influye grandemente en las peculiaridades de la transición.
Es de destacar que Lenin creía que la Revolución Socialista y el inicio del periodo de tránsito podían operarse en uno o en varios países y no de forma simultánea en todos.
Esta concepción leninista se fundamenta en su teoría del eslabón más débil a partir de la explicación de la ley del desarrollo económico y político desigual de los países capitalistas en las condiciones del Imperialismo.
A partir de esa teoría de Lenin, se cambia el sentido de la teoría de la transición al Socialismo. Si antes debíamos esperar la transición en los países más industrializados, ahora, el eslabón más débil es aquel país estancado, subdesarrollado, explotado por el capitalismo mundial, y sería en ese país donde sucedería la transición al Socialismo.
El enfoque leninista de la teoría del eslabón más débil nos convoca a encontrar la respuesta a la siguiente pregunta ¿Cómo se resuelve desde el punto de vista de la teoría marxista-leninista el problema de la necesaria correlación entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas para el triunfo de la Revolución Socialista y consecuentemente el comienzo de la transición al Socialismo en los países de relativamente bajo desarrollo de las fuerzas productivas en las condiciones del Imperialismo?
Lenin fundamentó que con el surgimiento y desarrollo del imperialismo se desató de forma desenfrenada y en todas las dimensiones del mundo, el sistema de dominio internacional del capital financiero. Este proceso condujo de forma complicada al empuje de la internacionalización de la vida económica- social del capitalismo, a expandir las fuerzas productivas materiales del imperialismo y su penetración en mayor o menor medida en cada uno de los países que se encuentran enlazados en la órbita del capital internacional. Conjuntamente con la expansión de las fuerzas productivas a escala internacional, el imperialismo traslada a estos países las relaciones de explotación capitalista, las cuales coexisten con otras formas de explotación encontradas al penetrar el capital internacional.
El imperialismo al penetrar en los países dependientes, con un bajo desarrollo de las fuerzas productivas encuentra también un desarrollo desigual en las ramas, regiones etc. en cada uno de los países por separado y muy especialmente profundas desigualdades entre los diferentes países.
El capital internacional, a despecho de los intereses nacionales al mismo tiempo que introduce las nuevas fuerzas productivas, despliega todo un sistema de explotación capitalista y conjuntamente con ello, refuerza la desigualdad en el desarrollo económico, social y político de cada uno de los países de la cadena imperialista.
De esta forma, del análisis de la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual en las condiciones del imperialismo se desprenden dos conclusiones importantes:
En primer lugar, que en virtud del funcionamiento de dicha ley en todos los países no se preparan simultáneamente las premisas materiales y subjetivas para la Revolución Socialista, y por consiguiente para el período de transición al socialismo estas premisas se preparan de forma desigual en tiempo y espacio en un país o en un grupo de países.
En segundo lugar, que si bien en cada país analizado en identidad con él mismo, no se han preparado las premisas materiales y subjetivas para la Revolución Socialista, al expandirse el capitalismo como sistema mundial desarrolla en un determinado grado las fuerzas productivas materiales y también todo el sistema de explotación capitalista a ese nivel y en cada uno de los países de la periferia del capitalismo creando en dependencia de las singularidades de cada país las premisas para la Revolución Socialista.
Al parecer, la historia le da la razón a Lenin, y esto se basa en la Revolución Rusa y por las revoluciones socialistas que triunfaron en otros países con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial.
No obstante lo anterior, tenemos algunas reflexiones críticas que realizar. Hay que recalcar que el triunfo socialista en estas naciones periféricas y subdesarrolladas estuvo condicionado por cuestiones históricas muy específicas, donde la correlación de poder jugó un papel clave.
Muchos de estos países sucumbieron en su naturaleza socialista por sus propios errores, por la campaña imperialista, y otras cuestiones; pero no se puede obviar el significado que toma el que aún esos países no hubiesen desarrollado su base económica en el capitalismo, el que fueran antiguamente colonias prácticamente no capitalistas.
Si la teoría leninista fuera todo lo consecuente con la de Marx que se plantea en los estudios de la transición posiblemente ese problema no existiría, pero el hecho es que intentar construir el Socialismo en la periferia contradice la ley de correspondencia marxista por lo que la producción material y las fuerzas productivas están en un estado lamentable para el intento mayúsculo de construir el Socialismo.
Una de las causas básicas de la destrucción del Socialismo en Europa del Este está en la lógica histórica descubierta por Marx, ciertamente esos países, y nosotros entre ellos estamos saltando etapas históricas, no formales, sino reales, y eso tiene un costo, o cuando menos, complejiza la construcción y sostenimiento del Socialismo a un nivel realmente increíble.
El problema se nos muestra en toda su dimensión. En los países donde la ley de correspondencia actúa objetivamente para la transición es refrenada subjetivamente, en los países donde se quiere estimular el progreso histórico subjetivamente (en el mejor sentido de la palabra) la ley de correspondencia refrena y condena objetivamente este intento.
El desconocer el dominio de esta ley llama a ignorar los factores objetivos que empujan a la sociedad. Sea cual sea nuestro credo, incluso sea cual sea el sistema vigente, esta ley actúa y se expresa con mayor o menor intensidad, pero siempre está presente.
Hasta ahora hemos siempre expuesto la ley de la correspondencia en su sentido revolucionario, pero al ser esta una ley dialéctica, también tiene un polo reaccionario. Todo desarrollo engendra retroceso decía Marx en El Capital. Debido al actuar objetivo de la ley de la correspondencia no sólo se exige materialmente que las relaciones sociales de producción se adecuen al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas cuando estas últimas parecen haber sobrepasado las primeras, sino que se da el proceso contrario cuando una construcción de relaciones sociales están más avanzadas en el plano histórico de lo que exige y puede garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas. Es decir, donde se imponga por decreto o revolución un sistema social demasiado adelantado para el nivel de desarrollo relativo de las fuerzas productivas, la acción correctiva de la ley de la correspondencia será sostenidamente adversa para dicha sociedad, dado que el organismo económico – social tenderá a buscar su justo equilibrio Fuerzas Productivas – Relaciones Sociales de Producción.
Marx nos explica esto en términos sorprendentemente crudos pero vigentes: “…este desarrollo de las fuerzas productivas constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior…”.
No podemos seguir pensando que esa contradicción ya está resuelta ni por la teoría, ni por la práctica social, porque no hay nada más alejado de la verdad. Esa acción regresiva de la ley de la correspondencia es quizás el enemigo más importante que tienen todas las revoluciones socialistas, y que tendrán, al enfrentarse como un país socialista subdesarrollado aislado, no sólo al Imperialismo capitalista, sino también a las fuerzas y leyes objetivas de la historia.
No parece ser muy clara tampoco la tesis leninista de la convivencia pacifica entre los sistemas capitalistas y socialistas, y la historia lo demostró. La confrontación tomó variadas formas, más solapadas, más evidentes, pero siempre estuvo ahí, y aún hoy está. Todo intento de construcción socialista, y mucho más en países subdesarrollados, va a tener un serio enfrentamiento con la reacción internacional.
Seria bueno validar, expresar en la teoría, lo que en la realidad práctica fue y es una verdad incuestionable. No puede haber convivencia pacífica entre ambos sistemas, no la puede haber desde el punto de vista subjetivo, digamos político, diplomático, militar, en Relaciones Internacionales de todo tipo; pero desde el punto de vista objetivo tampoco hay afinidad ni compatibilidad posible entre los dos sistemas.
En nuestra opinión el funcionamiento de una economía mixta puede terminar por degenerar las células económicas y la esencia incipiente del mecanismo económico socialista. En la interrelación Capitalismo - Socialismo parece darse una ley de relación que indica a despecho de lo demostrado por la historia universal que el régimen supuestamente desplazado o superado puede destruir al régimen supuestamente superior. Quizás sea una mezcla de factores económicos, de cuestiones sociológicas, lo cierto es que esto se ha evidenciado y sigue evidenciándose en donde quiera que los sistemas interactúan. El Capitalismo siempre será enemigo del Socialismo, por su objetivo, por su esencia, y por su fisiología expansiva y succionadora.
De todos modos, y aún con estas reflexiones presentadas sobre la teoría leninista tenemos que reconocer que en las condiciones que plantea el mundo contemporáneo, la única forma en que pudiera realizarse una Revolución Socialista es siguiendo la lógica esbozada por Lenin. Desde nuestro punto de vista, la transición masiva desde el Capitalismo desarrollado (Estados Unidos, Unión Europea, Japón) es en la actualidad casi absurdo esperarla. No descartamos hacia el futuro lejano esa posibilidad, pero no la creemos posible en el corto o mediano plazo histórico.
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