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La Transición al Socialismo en las Condiciones del Capitalismo Subdesarrollado Contemporáneo
Yoandris Sierra Lara
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Parte I: Cuestiones Teóricas Generales acerca de la Transición al Socialismo.
Capítulo I. Las Teorías Clásicas de la Transición al Socialismo. Un Estudio Crítico.
1.1. La Teoría de Carlos Marx y Federico Engels del Progreso Histórico en general y de la Transición al Socialismo en particular.
Podemos afirmar que fueron Marx y Engels, los que por primera vez en la historia, dieron una respuesta científica a las interrogantes de cómo y por qué tiene lugar el desarrollo de la sociedad humana, cuáles son las leyes de este desarrollo. Ellos revelaron que la historia de la sociedad humana representa un proceso histórico-natural, que se desarrolla según leyes materiales, objetivas, que no pueden ser anuladas o creadas por las personas. Planteando que el organismo socioeconómico es un sistema en plena evolución daban a las ciencias sociales una nueva dimensión y a la lucha revolucionaria un nuevo motivo de fundamentación.
En sus estudios Marx y Engels aplicaron al entendimiento de la historia social las mismas leyes y principios del pensamiento y movimiento dialéctico que se imponía como único método científico en todas las ramas del saber y del desarrollo material. El principio es claro. Las leyes de la dialéctica dominan todo desarrollo, incluso el social. Por tanto son imprescindibles en la búsqueda de la esencia de los fenómenos.
La dialéctica más terminada estaba fundamentada en las obras de la Filosofía Clásica Alemana, principalmente en la doctrina de Hegel. Marx retoma de éste su método dialéctico pero lo transforma radicalmente al convertir la dialéctica idealista de Hegel en su propio contrario, es decir la dialéctica materialista. El haber sido el fundador de la dialéctica materialista no sólo le aseguró a Marx un puesto de absoluta relevancia en la historia del pensamiento, sino que además, fue la herramienta fundamental que le permitió realizar sus grandes y geniales descubrimientos científicos.
Aplicando los principios del materialismo dialéctico el marxismo podría dar una concepción objetiva acerca de las leyes que rigen el progreso histórico –social. Se había encontrado para las ciencias sociales su posible gramática universal.
En el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política Marx expone una fórmula íntegra de los principios del materialismo aplicado a la sociedad humana y a su historia.
“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales”.
También aquí expone la concepción de la unidad dialéctica base económica – superestructura.
“El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia”.
Con este pensamiento deja claro que el hilo de la historia no se tejía entre las mentes más avanzadas y las personalidades más relevantes y voluntariosas de la historia como hasta su momento se venía creyendo. La lógica de la evolución histórica había que buscarla en las leyes que rigen el funcionamiento de la base económica de la sociedad y que determinan todo lo que sobre ella se erige.
Al explicar las bases de la dialéctica materialista, Marx aplica el principio dialéctico de los cambios cuantitativos que se transforman en cualitativos. “Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época, de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella”.
Este es el núcleo de la conocida ley de la correspondencia de las relaciones de producción y las fuerzas productivas descubierta por Marx. Según Marx “Todas las colisiones de la historia nacen de la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de relación”.
Sobre esta base teórica se fundamentan las diferentes transiciones que se habían producido a lo largo de la historia precapitalista, incluyendo la transición Feudalismo – Capitalismo. Dichas transiciones eran procesos necesarios, determinados por las necesidades históricas de adecuación de las relaciones de producción al nivel de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas. La voluntad del hombre no es aquí el motor impulsor de los cambios, sino un simple receptor de los cambios que reclama la historia. “Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir”. En la doctrina marxista las transiciones no están determinadas por consideraciones políticas, ni por anhelos ideales. “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual” .
En respuesta que da a la cuestión de si la supresión de la propiedad privada no era posible antes Marx responde:
“Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre [ … ] Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida [ … ] Hoy, cuando a merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletariados …; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria”.
De lo anterior se extraen otros reveladores y a veces incómodos y fatídicos principios. Para todos es conocido que la concepción de la transición al Socialismo en la visión marxista sería de un carácter objetivo, necesario, pero además coincidente o simultánea en los países más avanzados. “El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado […] Por tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico – mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico – universal”. Ante el cuestionamiento de si era posible la revolución socialista en un solo país Marx responde: “No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro […] Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados”. Y eso en tiempos en que aún la palabra globalización no estaba de moda.
Marx deja bien claro que el Socialismo vendría como resultado necesario de la acción de la ley de la correspondencia. Por lo tanto, ocurriría allí donde las fuerzas productivas en su movimiento encuentren en las relaciones de producción vigentes un marco que asfixie su sostenido desarrollo progresivo, esto evidentemente que tendría lugar en las naciones más avanzadas, dado que es en ellas donde las fuerzas productivas poseen mayor desarrollo. La transición sería en los países más desarrollados del mundo capitalista, y además a nivel general y simultáneo.
Los fundadores del Marxismo dedujeron la necesidad objetiva de la sustitución revolucionaria del Capitalismo por el Socialismo del desarrollo de la producción material, de las fuerzas productivas en su interacción con las relaciones de producción, demostraron que la concentración y centralización de la producción y el capital conduce a un nivel de socialización de la producción y del trabajo, en el cual, el establecimiento de una regulación social de los procesos económicos se presentan, a la vez, como una posibilidad real y como una exigencia de las fuerzas productivas altamente socializadas. Llega el momento en que salta hecha añicos la envoltura capitalista de las fuerzas productivas y los expropiadores son expropiados.
Así pues, la inevitabilidad de la revolución socialista está determinada por la necesidad de establecer relaciones de producción acordes con el carácter de las fuerzas productivas altamente socializadas, no sólo en lo que se refiere al proceso de producción en si mismo, sino también en lo tocante a la situación y a las posibilidades de desarrollo personal del hombre como fuerza productiva fundamental de la sociedad, es decir, por la necesidad de superar a un régimen de producción cuya fuerza propulsora es el interés egoísta del individuo y, en el cual, el desarrollo de las fuerzas productivas se realiza a expensas de una creciente enajenación y deshumanización del hombre.
Marx y Engels no concebían el Socialismo como algo acabado, definitivo sino como la fase inferior del modo de producción Comunista. Lo caracterizaban como el Comunismo que ha surgido de las ruinas del Capitalismo y que, por tanto, conserva en muchos aspectos el sello de la vieja sociedad.
El surgimiento mismo del Socialismo debe ser comprendido también como un proceso, no como un acto único. Los clásicos del Marxismo subrayaban la necesidad de que el paso del Capitalismo al Socialismo estuviese mediado por un periodo de transición, durante el cual, el proletariado, mediante el ejercicio de su dictadura de clases, debe llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad en todos sus aspectos. Esto se refiere, ante todo, a la gradual conversión de la propiedad privada capitalista en propiedad social.
Estos son los elementos que Marx expone acerca de los procesos de transición de un modo de producción a otro. También son las características del proceso de tránsito al Socialismo.
Revisemos lo que la doctrina de Marx plantea y lo que ha sucedido en la práctica histórica. El centro de la concepción de la transición está situado en la ley de la correspondencia y su efectivo funcionamiento. Al no ser esta un recurso lógico empleado por Marx para explicar la historia, sino una regularidad observada y extraída de la realidad, es evidente que la existencia de esta ley es un presupuesto para Marx. Por lo tanto, no es éste lugar, ni tampoco es nuestro interés cuestionar la existencia de esta ley que para nosotros no tiene ni sombra de dudas.
La esencia de esta ley, como todas las demás se expresa en su funcionamiento, en su efectividad. Por lo tanto, dado que aceptamos su papel rector en las transiciones precapitalistas enfoquemos el problema en la transición Capitalismo –Socialismo.
En las transiciones precapitalistas era una regularidad observable el hecho de que cada nuevo régimen socioeconómico tuviera la capacidad de dominar todo el escenario mundial, estos cambios o transiciones ocurrían de una forma masiva, y siempre el “poder ascendente” poseía un poderío económico superior al “desplazado”, poder que al transformarse objetivamente en político logra el dominio pleno y total del sistema. Esto es observable en transiciones como la propia Feudalismo - Capitalismo. El capital termina por desplazar a la relación feudal de producción, la clase burguesa en bloque termina por desplazar económica y politicamente a la clase feudal. La resistencia existió como es obvio, pero el curso indetenible de la historia asegura el triunfo a la forma económica superior, esto sentenció la suerte del Feudalismo.
Este principio de “un poder económico superior al desplazado” se deja de cumplir en la transición Capitalismo - Socialismo. Es un principio discutible, y su no cumplimiento aún lo es más. Pero es evidente que no hay fuerza económica en el Capitalismo superior a la fuerza del capital. Todos los elementos que harían imponerse a la ley de la correspondencia se mantienen intactos y deberían funcionar. Las fuerzas productivas multiplicadas exponencialmente por el interés empresarial capitalista se despliegan en un desarrollo galopante, mientras que las relaciones sociales de producción ofrecen desde hace ya buen tiempo un freno relativo a ese desarrollo. Las relaciones sociales de producción capitalistas no sólo obstruyen el desarrollo de las fuerzas productivas, sino que además destruyen el centro de la sociedad humana, dígase el hombre e incluso el ambiente natural en que se desenvuelve la raza humana.
La no compatibilidad entre las relaciones capitalistas y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas es un hecho palpable para muchos teóricos. Sin embargo, esa verdad por sí sola no ha logrado desplazar de la escena universal al sistema capitalista.
Y es que, parece ser que la ley de la correspondencia descubierta por Marx, que había logrado imponerse de manera objetiva y general a lo largo de la historia, encuentra serios obstáculos en la transición Capitalismo - Socialismo. Estos obstáculos son los siguientes:
1) La clase dominante tratará de transformar con todas sus energías el marco de relaciones sociales de producción sin extinguir el Modo de Producción. Eso lo ha hecho el capitalismo, y su historia económica así lo demuestra. A cada fase de la acumulación capitalista corresponde un nuevo ordenamiento en las relaciones que se dan en el sistema, relacionado directamente con las formas de propiedad.
2) En segundo lugar hay que destacar que para ver cumplida la ley de correspondencia, el poder revolucionario tiene que portar un mayor poder económico que la clase reaccionaria, y para que esto ocurra los gérmenes del nuevo sistema deben crecer al interior del antiguo. En la transición socialista estos elementos dejan de cumplirse, lo cual, sin duda alguna, refrena el papel de la ley de la correspondencia.
3) Sobre todo en los últimos tiempos, el factor subjetivo cobra importancia. La supuesta clase revolucionaria no ha jugado ese papel, y al debilitamiento o refrenamiento de los aspectos objetivos de la ley de correspondencia viene a sumarse la aceptación o resignación de las clases explotadas. El factor ideológico tiene hoy un gran peso .
De tal forma que el resultado global que hasta aquí había provocado la ley de la correspondencia en los Modos de Producción anteriores ahora encuentra trabas, que en un plano histórico limitado pudieran no permitir una solución violenta al estilo Revolución. De todos modos esta es una ley objetiva, que existe y se expresa de alguna forma. Esta se expresa en las mismas respuestas del capital que intentan refrenarla. Son las propias contradicciones del capitalismo las que provocan la necesidad de sus transformaciones. Esto evidencia que esta ley no se anula ni mucho menos, sólo que se contiene ante elementos nunca antes enfrentados por ella a lo largo de su prevalencia histórica. Es opinión nuestra el hecho de que la acción más intensa de esta ley se expresa ahora no ya en las transiciones o saltos externos (Capitalismo – Socialismo) sino en las transiciones internas del Capitalismo (Keynesianismo – Neoliberalismo). Por supuesto, esas transiciones por más que sean internas no dejan de ser en extremo contradictorias y acumulativas de esas contradicciones. En relación a la ley de correspondencia nuestra conclusión es que en los marcos de la transición Capitalismo – Socialismo esta enfrenta elementos nunca antes enfrentados y que no deben ser nunca subestimados en ningún plano de su estudio y enfrentamiento revolucionario. De todos modos esta sigue actuando, ahora menos radicalmente, obligando al sistema a estar a la defensiva constante contra sus propias contradicciones internas y transitando de un modelo de reproducción a otro constantemente. “Ese es el precio de la inmortalidad”. Y ni así la aseguran.
La práctica social no le dio la razón a Marx – o no se la ha dado - en su concepción de la transición al Socialismo masiva y en los países centrales, para dársela a Lenin en su teoría del Socialismo en la Periferia y en un país aislado. En nuestra opinión la teoría de Marx no se corona por el simple hecho de que la ley de correspondencia no fue todo lo pura e inevitable que era en la teoría y que lo había sido efectivamente en el curso de la historia precapitalista.
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