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La Economía Política de la Construcción del Socialismo
Figueroa Albelo y otros
MODELO COOPERATIVO UBPC: ECONOMÍA POLÍTICA Y SOCIOLOGÍA
Víctor Figueroa Albelo
En este trabajo se bosquejarán los principales rasgos que caracterizan la conformación del modelo UBPC tal como fue concebido en la reforma a finales del año 1993 y se examinarán las contradicciones implícitas en dicho modelo, más los elementos que aporta la práctica histórica de su funcionamiento durante estos años. El enfoque global del problema partirá de la economía política.
PRINCIPIOS DE FORMACIÓN Y FUNCIONAMIENTO DE LAS UBPC
La UBPC es más que una empresa; es una comunidad económico-social integrada que responde al concepto de desarrollo rural. Esto mismo la distingue de una empresa convencional que subordina exclusivamente a la maximización de la tasa de beneficio; sin negar este principio, hay un componente social y comunitario, de cuya solución depende el éxito y la racionalidad de este modelo como entidad socialista en el agro.
Las cooperativas agropecuarias cubanas fundamentan su desarrollo en determinados principios comunes al cooperativismo internacional que se aplican en uno u otro país en dependencia del sistema socioeconómico dominante; también se guía por el experimento cooperativo leninista más la experiencia nacional en esta esfera.
La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) estableció los conceptos que definen la identidad cooperativa y las pautas que guían su acción en la búsqueda de determinados valores propios al cooperativismo. “Las cooperativas están basadas –según la ACI– en los valores de la autoayuda, la autorresponsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Siguiendo la tradición de sus fundadores, los socios cooperativos hacen suyos los valores éticos de la honestidad, la transparencia, la responsabilidad y la vocación social”. La identidad cooperativa rescata los valores que caracterizaron el ideario de los fundadores de este movimiento desde los utopistas hasta los Pioneros de Rochdale. También la Alianza enunció los principios que rigen el cooperativismo:
Primero, la adhesión voluntaria y abierta de los asociados; segundo, la gestión democrática por parte de los socios; tercero, la participación económica de los socios; cuarto, la autonomía e independencia; quinto, la educación, formación e información; sexto, la cooperación entre cooperativas y séptimo, el interés por la comunidad.
El cooperativismo en las sociedades burguesas ha erigido un conjunto de valores que el propio sistema con su ideología individualista y el predominio del mercado niega constantemente[1]. En muchos casos y lugares el cooperativismo bajo diversos ropajes, como la “economía solidaria”, propugna un modelo de supervivencia una economía sin fines de lucro. En otras partes, las cooperativas han degenerado en empresas capitalistas colectivas, incluso en grandes monopolios.
En la transición al socialismo existen las condiciones potenciales para la realización práctica de los valores que proclama el movimiento cooperativo internacional, pues, están implícitos en la esencia socioeconómica del sistema dominante de relaciones de producción y en las formas correspondientes de la conciencia social. El movimiento cooperativo en las experiencias socialistas reflejó teóricamente los principios generales formulados por Lenin; en muchos lugares se distanciaron de aquellos en la práctica y quedaron reducidos a un método de socialización del campesinado que excluía al resto de la economía. Cuba es uno de los pocos sitios en que la cooperativización de una parte del campesinado transitó por los cauces enunciados por Lenin. (Ver en Parte II, Apartado VI “Cooperativización del campesinado y desarrollo rural”)
La creación de las UBPC representa, por lo explicado hasta aquí, un caso particular de cooperativización en el agro que no parte de la socialización de productores independientes, sino que se trata de una socialización colectiva desde la gran agricultura estatal, no obstante, los principios básicos del cooperativismo están en la esencia de las UBPC y de su realización plena dependerá el éxito definitivo de este movimiento. Muchos de esto principios estuvieron presentes en el proceso de su creación, aunque afectados por la brevedad con que fue ejecutado el cambio; también en el funcionamiento de las UBPC se observan tendencias contradictorias que reflejan lagunas e insuficiencias en relación con la aplicación de los valores y principios del cooperativismo. Pero tales defectos son inevitables y hace falta entre otras cuestiones un esfuerzo especial en la esfera de la educación cooperativa para superar la situación actual.[2]
En los documentos fundacionales de las UBPC se subrayan los principios, las finalidades y la misión fundamental que deberán cumplir estas entidades con un sentido funcional-utilitario:[3]
1. La vinculación del hombre al área como forma de estimular su interés por el trabajo y su sentido concreto de responsabilidad individual y colectiva.
2. El autoabastecimiento del colectivo de obreros y sus familias con esfuerzo cooperado, así como la mejoría progresiva de las condiciones de vivienda y otros aspectos relacionados con la atención al hombre.
3. La asociación rigurosa de los resultados (ingresos) de los trabajadores a la producción alcanzada.
4. Un amplio desarrollo de la autonomía de gestión.
5. Las nuevas entidades deben administrar sus recursos y hacerse autosuficientes en el orden productivo.
Los rasgos principales que han caracterizado al proceso de cooperativización proletaria son:
· La colectivización de la gestión agrícola en régimen de usufructo de la tierra y de la propiedad colectiva sobre el resto de los medios de producción en explotaciones agrícolas de dimensión mucho más reducida que la de las antiguas empresas estatales.
· La transformación de los granjeros estatales en propietarios colectivos socialistas no es resultado de una reivindicación de estos trabajadores, sino un cambio, inducido por la dirección central del país.
· Es un proceso no espontáneo de transformación ejecutado bajo la regulación y el control estatal y de las organizaciones sociales correspondientes. La integración de los trabajadores tiene un carácter voluntario y democrático.
· El orden de los cambios y la rapidez con que se ejecutaron evitaron que se caotizaran las relaciones productivo-económicas y sociales en el campo. Este proceso resultó excesivamente rápido en el caso de la agricultura cañera lo que afectó la creación y maduración de las condiciones objetivas y subjetivas para el cambio entre los productores y directivos.
· Es una vía y un modo de enfrentar la crisis agroalimentaria y la quiebra de la agricultura estatal con nuevos incentivos al trabajo y con el apoyo y ayuda del sistema financiero nacional a la acumulación originaria del nuevo régimen.
· La conservación de estructuras estatales con la misión de dirigir el proceso de cooperativización de las empresas estatales y ejercer el control y fiscalización del funcionamiento de estas nuevas entidades.
CARACTERIZACIÓN DEL MODELO COOPERATIVO UBPC
Acumulación originaria del patrimonio cooperativo
Lo peculiar de la acumulación originaria[4] de las UBPC radica en que genéticamente surge de un medio estatal socialista que suponía la identificación del productor con la propiedad de todo el pueblo; ellas emergen de la disociación del productor (trabajador) de la propiedad social, esto es, desde su condición de propietario común, para su transformación en productor (trabajador) – propietario colectivo.
Las UBPC “tendrán el usufructo de la tierra por tiempo indefinido” según establece el artículo 2 del Decreto- Ley no. 142 por lo que se conserva el monopolio estatal de la propiedad sobre el suelo. Asimismo, "la tierra y cualesquiera otros bienes que las UBPC reciban en usufructo no formarán parte del patrimonio de éstas y deberán inscribirse en los registros oficiales correspondientes".[5]
Las relaciones rentísticas directas Estado-UBPC que supondría la nueva forma de explotación del suelo han quedado excluidas; la captación de la renta diferencial del suelo se realizan por intermedio de otros mecanismos como son el sistema tributario, los precios relativos y un conjunto de regulaciones y obligaciones directas que contraen con el Estado-propietario del suelo por intermedio de la empresa estatal agropecuaria a partir de las cuales fueron creadas (empresa madre de aquí en adelante).
La capitalización cooperativa abarca al resto de los medios fundamentales de producción que son comprados mediante el financiamiento bancario con créditos blandos de mediano plazo y a bajas tasas de interés y con un período de gracia para la amortización de la dotación inicial de 3 años y excepcionalmente hasta 5. Los activos incluyen la maquinaria agrícola, otros instrumentos de producción, los medios de transporte, instalaciones, animales y plantaciones. Además, son objeto de compra muchos componentes de la infraestructura social existente.
La tasación del capital fijo se ha realizado por su valor en libros, sin tomar en cuenta la depreciación del dinero que se había acelerado durante el período 1989-93. Los precios relativos controlados por el Estado no se han modificado a tono con la inflación, salvo algunas variaciones en los precios de determinados insumos importados. La tasa de interés real es francamente negativa para estos mercados. Si se aceptara la inflación en ese momento, entonces la acumulación originaria del sector cooperativo equivale a una masiva transferencia gratuita del capital estatal acumulado.
Dos observaciones finales. Una particularidad de la capitalización consiste en que adoptó un carácter exclusivamente colectivo, lo que impidió la individualización de las obligaciones financieras y patrimoniales entre los asociados. Estos carecen de responsabilidad solidaria individual en relación al patrimonio cooperativo. El financiamiento bancario de la acumulación originaria tampoco dejó margen a la movilización del ahorro interno a los fines de la capitalización. Este enfoque hubiera beneficiado al saneamiento de las finanzas internas, pero ambas variantes habrían supuesto otros problemas muy complicados para el estado de funcionamiento de la economía en aquellos momentos.
Surgimiento y formación de la fuerza de trabajo colectiva
La “fuerza de trabajo colectiva” refleja el carácter de la unión directa del trabajador con los medios de producción sin la mediación de su compra-venta como mercancía en el mercado de trabajo. La fuerza de trabajo es aquí como en todas partes la fuerza productiva fundamental, que no tiende solamente a potenciar la fuerza productiva individual, sino a crear una fuerza productiva nueva, con la necesaria característica de fuerza de masa.
La UBPC constituye en principio una cooperativa proletaria por el origen de los sujetos portadores de las nuevas relaciones económicas. Los proletarios agrícolas estatales fueron transformados de facto en cooperativistas lo que significa una desproletarización o desclasamiento voluntario. Una mutación social de esta naturaleza exige tiempo, paciencia y políticas adecuadas, porque de su realización efectiva depende definitivamente la viabilidad del modelo UBPC.
Los ubepecistas proceden de los antiguos asalariados que no llegaron en su mayoría a convertirse en propietarios reales de los medios de producción y de parte de los resultados directos de su trabajo. Ellos comienzan el tránsito de la condición de simples trabajadores a la de productores - propietarios colectivos. La economía colectiva y los ubepecistas son necesariamente portadores de un nuevo sistema de intereses económicos y sociales que tenderá a guiarse por patrones de racionalidad económica y visión social diferentes a su experiencia inmediata anterior.
Los colectivos de ubepecistas se integraron democrática y voluntariamente luego de la aprobación de la fórmula cooperativa de transición de la propiedad estatal. La condición de socio estuvo precedida de una solicitud expresa de los trabajadores agrícolas que laboraban en las empresas madres, sus familiares y otros ciudadanos que así lo deseasen. La Asamblea General constitutiva seleccionaba definitivamente y por voto abierto a su membresía entre los solicitantes.
Los aspirantes a miembros de las UBPC no cañeras deberán cumplir un requisito adicional: no pueden pertenecer a ninguna CPA ni poseer tierras en propiedad privada o en usufructo. Por el contrario, en el caso de las cañeras, según el Reglamento General, no se le plantean tales restricciones, incluso explícitamente se reconoce que pueden realizar otra actividad laboral independiente siempre que cumplan con las obligaciones laborales colectivas.
No son pocos los retos que encierra el proceso de mutación del asalariado estatal agrícola a la de productor - propietario colectivo. El examen de esta cuestión debe tomar en cuenta las particularidades del proceso y las condiciones en que ocurrió el cambio que fueron por lo visto harto complicados. En este contexto cabría subrayar algunos de esos momentos críticos presentes en la génesis de este nuevo productor:
¨ Los trabajadores no fueron los promotores del cambio al modelo UBPC; tampoco estas cooperativas tuvieron su origen en una reinvindicación asumida por los propios productores. Hay que crearles y formarles la necesidad y la conciencia del cambio. Y este paso no fue posible en virtud de la rapidez y premura en que se realizó.
¨ El reto mayor de estas entidades es la solución al déficit general de jornaleros agrícolas que heredan de las empresas estatales. Resistir y contrarrestar la emigración y captar a nuevos productores es una tarea ciclópea en las circunstancias de crisis económica y lenta recuperación de la economía global.
¨ Una parte de los jornaleros agrícolas- sujetos y objetos del cambio, constituye un grupo social con grandes desajustes. Muchos se encontraban en proceso de desarticulación o desclasamiento en la medida que venía ocurriendo su conversión en "obreros con tierra” y otros en ocupados en otras esferas y labores. Detener ese proceso es la tarea principal de las UBPC, ahora, en las complejas condiciones de la economía mixta.
¨ Gran parte de los nuevos sujetos emergentes acumulan una serie de vicios laborales, indisciplinas e ineficiencias como productores que se agravaron bajo el peso de la crisis económica.
¨ Paralelo a la solución colectivista existen y emergen nuevos productores agrícolas individuales con poderosos incentivos vinculados a la supervivencia y a los ingresos que compiten con la fórmula colectiva.
¨ El ubepecista asume sus funciones de propietario y productor bajos fuerte restricciones y limitaciones en cuanto a la acumulación y el consumo que debilitan la utilización de incentivos económicos y sociales, entre ellos la construcción de viviendas.
¨ El paso a la economía intensiva en trabajo vivo manual y la tracción animal, frente al modelo convencional con mucha maquinaria e insumos, es una barrera sicológica adicional y un freno a los niveles de productividad deseables.
¨ La aplicación del modelo UBPC deja entrever en la práctica que la condición de propietario colectivo y la autonomía son limitadas, más allá de lo racionalmente compatible con el régimen cooperativo socialista.
Los rasgos indicados apuntan a que la formación del nuevo productor agrícola colectivo pasa primero que todo por su apuntalamiento como propietario. Solo desde esta posición podrá reformarse como trabajador individual, asumiendo la disciplina y exigencias inherentes al propietario colectivo sobre sí mismo y el resto del grupo.
El modelo UBPC se propone salvar algunos de los obstáculos que se presentaron en la experiencia de las cooperativas cañeras de la década del sesenta:
· La membresía conserva en principio los beneficios sociales - seguridad social y vacaciones-, que son atributos del resto de los asalariados.
· Se admite la contratación de asalariados eventuales, pero estableciendo que los mismos tendrán derecho a percibir una parte de los beneficios finales, y en el caso que no puedan recibirlo dicha suma pasa al presupuesto del país.
· Los asociados tampoco pierden su condición de obreros sindicalizados. Se ha entendido que la organización sindical es un componente social de la dirección del proceso de creación de las UBPC. El secretario sindical conserva el derecho de invitado permanente a la Junta de Administración
Esfera de la dirección
En la esfera de la dirección hay modificaciones formales y otras no tan formales respecto a las CPA. Primero, se denomina administrador al dirigente máximo en vez de presidente. El precedente de este concepto se encuentra en las cooperativas cañeras del sesenta. Segundo, junta de administración a lo que en las CPA se conoce como junta directiva. Tercero, la elección del administrador exige el voto favorable del 75% de los miembros de la Asamblea General; para el resto de los representantes de la junta de administración basta el 50% más uno de los votos favorables. [6] En ambos casos se instituyen los cargos por un plazo de 5 años, aunque rige el principio de revocación en cualquier momento.
La Asamblea General (AG), la Junta de Administración (JA) y el Administrador conforman la tríada de dirección máxima de las UBPC. La AG es el órgano superior de dirección, la JA es el órgano ejecutivo y administrativo, mientras que el administrador es el representante legal máximo de la UBPC ante los órganos, organismos y demás entidades estatales y no estatales en todos los asuntos relacionados con la UBPC como organización económica y social y responde por el cumplimiento de las decisiones adoptadas por la AG y la JA. Las funciones y atribuciones de estos tres componentes de la máxima dirección de las UBPC reproducen en lo esencial lo establecido para las CPA, según el Decreto-ley no. 36. Semejante reproducción también tiene lugar en lo referido a los derechos y deberes de los miembros. Aparte del Reglamento General, las UBPC se rigen por el Reglamento Interno que debe ser confeccionado por la JA, visto el parecer de la organización sindical y luego aprobado por la Asamblea General.
En resumen, el reglamento general establece los marcos para la participación activa de los miembros en la dirección de las UBPC. Claro que muchos mecanismos concretos para la realización de la democracia participativa no aparecen en dicho reglamento lo que hace suponer que la acumulación de experiencias completen el perfeccionamiento de esta esfera decisiva para el desarrollo cooperativo.
El régimen económico colectivo
La UBPC se define como una "organización económica y social” integrada por obreros con autonomía en la gestión y que posee personalidad jurídica propia que la capacita para entablar relaciones económicas autónomas e independientes con otros sujetos económicos en su condición de dueña del capital colectivo y de los resultados de la producción.
En los documentos político-jurídicos [7] que le dieron origen se enfatiza que deben "desarrollar ampliamente la autonomía de la gestión” y "administrar sus recursos y hacerse autosuficientes en el orden productivo"; también el principio de "asociar rigurosamente los ingresos de los trabajadores a la producción alcanzada", para rematar con una proposición indicativa relativa al reparto de hasta el 50% de las utilidades entre sus miembros. Esto último avala el derecho de apropiación del excedente económico entre los miembros individual y colectivamente a los fines de la acumulación y del consumo.
En resumen, se reconoce que la UBPC es una entidad con autonomía e independencia económico-jurídica, basados en el derecho de propiedad sobre los medios de producción y, por lo mismo, constituyen entidades mercantiles que fundan su gestión y acumulación en la recuperación de los gastos con sus propios ingresos y su función objetivo es la maximización de la ganancia final por unidad de capital invertido. Una formulación semejante no aparece explicitada, aunque se desprende lógicamente de los enunciados que norman el régimen económico de las UBPC.
Autonomía de las UBPC
La esfera de la autonomía e independencia de estas cooperativas abarca un conjunto de atribuciones que les son conferidas:
¨ Organización interna de la explotación de la tierra y los restantes medios de producción en combinación con la fuerza de trabajo colectiva, lo que equivale a la administración de los factores de la producción por cuenta propia.
¨ Selección de la fuerza de trabajo colectiva y la contratación de trabajadores temporales.
¨ Concertación de créditos con el banco para la producción, fomento de plantaciones y otros usos que incluyen el financiamiento de la inversión de capital original.
¨ Asignación de tierra u otra modalidad que se determine para la producción agropecuaria destinada al autoconsumo de los trabajadores y sus familiares.
¨ Determinación de las formas de organización del trabajo y el monto de las remuneraciones, anticipos y salarios.
¨ Aprobación de la forma y cuantía en que se distribuirán los beneficios finales con destino a la acumulación y al consumo, esto es: el reparto de utilidades entre los asociados y contratados, las inversiones productivas y las destinadas a la infraestructura social, así como las reservas para contingencias.
Los componentes explícitos de la autonomía de las UBPC la definen como una organización colectiva para la producción comercial y de autoconsumo que administra los recursos disponibles, orientando sus acciones productivas a la minimización de los gastos de trabajo vivo, de los recursos materiales y financieros con el fin de maximizar los incentivos inmediatos del colectivo: el autoconsumo y el beneficio final (ganancia), los que le aseguran la autosuficiencia alimentaria y el bienestar de sus miembros en la medida que crecen sus ingresos monetarios.
Relaciones UBPC - Estado
El examen de este problema es bien complejo y su comprensión no puede soslayar el contexto en que tuvieron lugar los cambios y los márgenes de flexibilidad que permitían. En aquel entonces se venían realizando ajustes y reformas en medio de la crisis económica y en una economía de supervivencia que al mismo tiempo promocionaba la apertura al capital extranjero y al cuentapropismo. Por su lado, el complejo agroindustrial exportador seguía siendo el núcleo principal de la acumulación nacional. La ruptura del viejo modelo económico con sus axiomas y estructuras es tanto o más difícil cuando a ciencia cierta las acciones transformadoras tenían un alto componente pragmático y preparaban el camino para la asunción de un modelo modificado y renovador de la economía y de la sociedad.
Por tanto, el modelo UBPC se orientaba al cambio de las condiciones anteriores, pero evitando que se produjera una desarticulación del esquema verticalizado de regulación social directa sobre los agentes económicos, lo que inducía a conservar un alto nivel de verticalización con su inevitable enfoque administrativo Estado-UBPC y la consecuente limitación de su carácter mercantil y de la acción del mercado en la asignación de los factores de la producción y también en la realización de la autonomía y empleo de los incentivos monetarios.
La entrega de la tierra en usufructo sin una fórmula rentística, unido a la devaluación del capital transferido mediante créditos blandos con una tasa de interés real negativa, crearon las premisas para el establecimiento en "compensación” de una alta cuota de regulación y dependencia de las UBPC respecto al Estado. La práctica ha comprobado rápidamente que las fórmulas utilizadas y la autonomía permitida no crearon las condiciones e incentivos suficientes para promover un cambio radical de la producción en las UBPC.
El control y regulación por el Estado sobre el funcionamiento de las UBPC son bien enfatizados en todos los documentos normativos aprobados. El Acuerdo del Buró Político de 10 de set. de 1993 fijó las siguientes posiciones de partida:
a- "los objetivos de la producción cañera como el resto de los cultivos deberán ser definidos por el Estado conforme a los intereses de la nación” ;
b- “la empresa (nota del autor: se refiere al aparato empresarial que subsiste luego de haberse creado las UBPC, la empresa madre tendrá el control estatal de estas unidades";
c- “los convenios que se establezcan sentarán las premisas y condiciones a cumplir por las unidades".
Por su parte, el Acuerdo no. 270 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de 21 de setiembre de 1993, precisa que:
· "los Ministerios del Azúcar y de la Agricultura organizarán y dirigirán, dentro de sus actuales estructuras empresariales, las UBPC creadas por el Decreto-Ley no. 142 del 20-9-93";
· “el control estatal a las UBPC se ejercerá por la empresa en cuyas tierras estén constituidas";
· los ministerios respectivos “a través de sus empresas definirán los objetivos de la producción de las UBPC conforme con los intereses de la nación, y a esos efectos suscribirán con ellas los convenios correspondientes”;
· faculta a ambos ministerios a decidir “la disolución de cualquier UBPC que viole los principios establecidos, o por otras causas de interés económico o social determinados por el gobierno ".
· Por último, "podrán disponer la fusión o la división de esas unidades por razones económicas o sociales justificadas”. En este caso se requerirá del 75 % de votos favorables de los miembros de las asambleas generales de las UBPC según precisa el Reglamento.
Los Reglamentos de las UBPC dictados por el MINAZ y el MINAG, así como la proforma de CONVENIO establecen con mayor claridad y precisión los marcos reales de acción de las UBPC, así como las relaciones de subordinación respecto a la empresa estatal madre. Veamos este aspecto por esferas.
La función de producción de las UBPC se subordina directamente a definiciones verticalizadas por intermedio de las empresas madres. Los planes de producción, inversiones y otros se establecerán de "acuerdo al programa de desarrollo económico y social diseñado por los organismos superiores” y ejecutado por intermedio de la empresa madre. Las UBPC aceptan tácitamente que los planes de producción sean objeto de acuerdo mutuo. El esquema fundamental de producción de la UBPC “no podrá ser variado sin la previa autorización del Director de la Empresa que corresponda". También establece una imposición fiscal en caso de deficiente aprovechamiento del fondo de tierra, bien por ociosidad o porque no se esté explotando sin razones fundamentadas para ello. Por último, quedan obligados los administradores a informar a la empresa madre el cumplimiento del plan de producción lo que es objeto de análisis sistemático por ambas partes.
Los insumos materiales y servicios solo podrán contratarse con entidades estatales autorizadas.[8] La empresa prestará y cobrará los servicios de preparación de tierra, talleres de maquinaria y de riego, sanidad vegetal, medicina veterinaria y otros de acuerdo a sus posibilidades. Las cooperativas entre si no podrán venderse servicios sin previo acuerdo con la empresa estatal. O sea que las relaciones horizontales entre las UBPC quedan prácticamente excluidas.
Las restricciones a la comercialización del producto agrícola eran semejantes a los vigentes para las CPA e incluso para los campesinos antes de la apertura de mercado. La venta de la producción comercial se hará mediante contratación a entidades estatales "de conformidad al plan directivo determinado por la Empresa". La venta directa a la población solo es posible “cuando estén autorizados por la entidad estatal correspondiente” lo que en el Convenio se traduce “cuando así se autorice por el Director de la Empresa". Lo mismo sucede en el caso de la venta de algún medio de producción que la empresa debe autorizar, teniendo el derecho de primera opción.[9] Un año después con la apertura del Mercado Libre Agropecuario se flexibilizaron estas medidas que fue regulada a través de indicadores variables de ventas al Estado.
El Reglamento subraya finalmente la responsabilidad del Consejo de Administración relativo a "garantizar que la personalidad jurídica de la UBPC no se utilice para la realización de operaciones mercantiles o de otra índole con fines ajenos a las actividades de su competencia". Toda actividad comercial independiente se considera un fin ajeno o fuera de la competencia de la UBPC y, por tanto, se declara ilícito.
Dualismo estructural y funcional
Los rasgos principales del modelo UBPC obligan a una reflexión acerca de la naturaleza económica y social de esta organización. La UBPC constituye en realidad una entidad dual o un híbrido a medio camino entre la empresa estatal y la verdadera cooperativa, lo que podría definirse por "dualismo estructural" y, por otro lado, se encuentra a medio camino entre la empresa comercial y una simple unidad técnico-productiva, lo que podría denominarse "dualismo funcional". En ese dualismo por partida doble radica su peculiaridad fundamental y su complejidad en tanto que organización y agente para la promoción del cambio económico-social que demanda la agricultura cubana.
El dualismo estructural supone que la UBPC presenta características que la acercan al modelo estatal y otros a la forma cooperativa. Primero, es una cooperativa porque posee en propiedad un capital (patrimonio) propio, excluyendo la tierra sobre la que ejerce el monopolio de la explotación. En estas condiciones es supuesto económico y jurídico el ejercicio autónomo de la función de producción y de la realización de la producción orientado a maximizar los beneficios que son apropiados por el colectivo y sus miembros una vez descontadas las obligaciones rentísticas, fiscales y otras. En una palabra, al capital invertido colectivamente le corresponde una cuota dada de soberanía y autodeterminación sobre la producción, la asignación de los factores y en la apropiación del excedente económico. Estas mismas razones niegan su virtualidad como empresa estatal.
Segundo, la empresa estatal madre ejecuta el monopolio de la propiedad sobre la tierra en representación del Estado - propietario jurídico-, pero ejerce también funciones y atribuciones que son propias al capital cooperativo. Las relaciones rentísticas han sido sustituidas por la intervención directa sobre el uso y explotación de la tierra y el manejo del excedente económico producido por las UBPC. La empresa madre hace uso de su monopolio comercial sobre los input y los output de las UBPC, a lo que se agrega el papel de los precios relativos que son reglamentados centralmente por el Estado de este modo transforma a la UBPC en un apéndice productivo que remeda las formas internas anteriores de las relaciones granja-empresa. Muchos ubepecistas han identificado este fenómeno con un adagio popular "es el mismo perro con diferente collar".
La UBPC es una empresa comercial y a la vez una simple unidad técnico-productiva sin ser lo uno ni lo otro: es un híbrido funcional. Es lo primero porque ha invertido su capital colectivo con el incentivo de producir y apropiarse el excedente económico lo que supone a su vez la función ahorro-inversión para su reproducción ampliada.
El proceso de producción para la empresa comercial es, a la vez, un proceso de trabajo y de valorización. En su función técnico-productiva combina los factores de la producción con la finalidad de maximizar el resultado final con el mínimo de recursos. La función de valorización propulsa la maximización del excedente económico en forma monetaria con el mínimo de costos. Sin excedente económico no hay desarrollo ni progreso posibles, por lo mismo su producción y apropiación articulan en un todo único y contradictorio los intereses individuales, colectivos, empresariales, estatales y de la sociedad. La lógica empresarial supone que el proceso de producción como totalidad, subordine la función técnico-productiva a la maximización del beneficio por unidad de gastos y de inversión. El óptimo técnico no siempre es ni necesariamente coincide con el óptimo económico. Esta contradicción se simplificaría en extremo si se redujera a un simple conflicto entre el valor y el valor de uso. El problema es más profundo porque está intermediado por la unidad contradictoria de los intereses económicos de los individuos, el colectivo, la empresa cooperativa, el Estado y la sociedad en su sentido más amplio, la que se traslada a las relaciones de interdependencia existentes entre el mercado y la regulación directa estatal. En tales circunstancias, la gestión de las UBPC se circunscribe más bien a un ejercicio limitado de optimización técnico-productiva, en que la obtención de la ganancia solo es posible a través de la economía de gastos y recursos. El incremento de los rendimientos y de la producción agrícola puede resultar insuficiente, a un nivel de precios dados, para solventar el problema de la eficiencia económica de la empresa.
Este dualismo estructural y funcional tendrá que ser sancionado por la práctica concreta en las condiciones actuales de crisis económica y de cambios estructurales, muchos de ellos disonantes con el enfoque dualista de las UBPC. Los ajustes habrá que promoverlos sin dilaciones burocráticas desde los eslabones inferiores para arribar al perfeccionamiento del modelo, lo que requiere revolucionar la concepción relativa a un modelo único, rígido y válido para todo tiempo y lugar y pasar a un enfoque flexible y matizado de organización de esta producción colectiva, que asuma rápidamente las experiencias de las masas de ubepecistas.
Vinculado a lo anterior está el problema del manejo de los incentivos económicos y sociales a los productores agropecuarios que deben adecuarse dinámicamente para impulsar la iniciativa creadora, fortalecer la disciplina del trabajo, acelerar la racionalización y racionalidad económico-productivas y contribuir a la reanimación de la agricultura nacional.
CONTRADICCIONES Y DESAFIOS DEL RÉGIMEN COOPERATIVO AGRÍCOLA
Algunas contradicciones han sido ya tratadas en lo expuesto hasta aquí; ahora toca el tratamiento de otras de carácter interno y externo al modelo. Los problemas son simplemente las formas en que se manifiestan una o varias contradicciones.
REANIMACIÓN ECONÓMICO-PRODUCTIVA FRENTE A LA CRISIS
Las UBPC en su gran mayoría se formaron en empresas irrentables, en empresas en un estado francamente ruinoso. [10] Este es el desafío mayor que enfrentan las UBPC para promover la recuperación y reanimación agrícola. [11] La crisis económica multiplicó los impactos negativos que se habían acumulado a causa de la mala o deficiente administración de los recursos en las empresas agropecuarias. [12]
La crisis macroeconómica constituye un obstáculo colosal que golpea a las UBPC directamente. La depreciación del dinero reduce sensiblemente el papel del anticipo y del beneficio como incentivos al trabajo productivo en la agricultura. La economía informal y las aperturas de la reforma económica resultan mucho más lucrativas que el trabajo en las UBPC que no tienen prácticamente ventajas inmediatas, sino de futuro.
El saneamiento financiero del país es importante para la estabilidad laboral y reanimación de las UBPC; al mismo tiempo, no es concebible el saneamiento financiero sin que estas hagan su aporte en dos direcciones: 1- la reducción de los gastos y la rentabilización de la producción con lo que contribuirían a la reducción del déficit presupuestario y 2- elevando la producción y la oferta mercantil para consolidar el poder adquisitivo del dinero.
La recuperación económico-productiva a que se pretende mediante las UBPC enfrenta además la falta de insumos, la reducción del parque de maquinarias y equipos y el déficit de combustibles que obliga a la reconversión tecnológica con trabajo manual y tracción animal. No es previsible una rápida recuperación en varias esferas de la producción agropecuaria. La tensión crece por las urgencias que tiene ante sí el país para enfrentar dos grandes retos inmediatos: darle de comer a la gente y la reanimación del sector agroindustrial exportador. Estas circunstancias dilatarán en el tiempo la satisfacción de las expectativas e intereses de los colectivos de cooperadores lo que no dejará de influir en la falta de estabilidad de la fuerza de trabajo.
Sobre la inestabilidad de la fuerza de trabajo operan también otros factores vinculados a la crisis y a los propios reajustes estructurales puestos en marcha. Se han abierto paralelamente otras posibilidades en la agricultura para la producción de subsistencias y de ingresos monetarios muy superiores a los alcanzables en las UBPC.
Las circunstancias concretas demandan una serie de medidas de estímulos especiales a favor de las UBPC, además de los ya tomados en relación con el financiamiento de la capitalización, la política de amortización y de créditos para la producción, así como los esfuerzos que se hacen por incrementar la construcción de viviendas económicas. La política de estimulación debe orientarse a hacer más competitivo el trabajo colectivo a fin de conservar la integridad y permanencia de los ubepecistas.
Los estudios realizados revelan la representación de las necesidades principales de la membresía que se concretan en: 1- mejoramiento del autoconsumo, 2- la alimentación en los comedores y 3- la elevación de los salarios (anticipos). Solo después le seguían: 4- la falta de autonomía e independencia, 5- las limitaciones de medios personales para el trabajo agrícola calzado, ropa y otros, 6- la demanda de viviendas y, por último, la insatisfacción respecto a la calidad de la dirección. Las necesidades primarias: consumo e ingresos predominaban como reflejo de la honda crisis económica y agroalimentaria. [13]
La situación demanda una priorización en la asignación de los recursos a nivel nacional, territorial y local que tienda a elevar el ingreso real de la membresía mediante incentivos dirigidos a:
· Incrementar la dotación de alimentos, priorizando el desarrollo del autoconsumo.
· Liberar las restricciones actuales impuestas a las UBPC en relación con el manejo de los niveles de anticipos para que se ajusten a las particularidades locales.
· Privilegiar la asignación de medios y recursos para el trabajo agrícola.
· Facilitar el acceso a bienes de consumo deficitarios para el consumo familiar, incluidos aquellos que se obtienen en divisas.
· Articular políticas de estímulos especiales mediante la redistribución de una parte alícuota aceptable de los ingresos en divisas que generen las producciones para la exportación o que ahorren importaciones.
· Modificar los precios mayoristas de las materias primas para la agroindustria y los de acopio que posibiliten la costeabilidad y la rentabilización de la producción agrícola y el ajuste conveniente de los precios relativos.
· Acelerar el fortalecimiento y ampliación de la construcción de viviendas de bajo costo en áreas rurales, abandonando la lógica urbana por una más apropiada a la vida rural.
RECUPERACIÓN Y CRECIMIENTO DE LOS RENDIMIENTOS AGRÍCOLAS Y DE LOS NIVELES DE PRODUCCIÓN
La recuperación de la producción mediante el crecimiento de los rendimientos agrícolas es el problema clave sin cuya solución es imposible la rentabilización y tampoco el autofinanciamiento de la acumulación. En particular las UBPC están obligadas a alcanzar niveles de rendimiento y de producción que franqueen la relación costo-beneficio a favor de este último.
El déficit de recursos materiales - equipos, maquinarias, piezas de repuesto, fertilizantes y otros insumos- es un gran obstáculo a la recuperación. El deterioro y la subutilización obligada de gran parte del parque de equipos por la carencia de piezas de repuestos e insumos limitan seriamente la explotación agrícola normal. El país está obligado a la reconversión tecnológica y/o sustitución del parque de equipos y maquinarias de origen soviético por sistemas modernos y ahorrativos. Este proceso implica de suyo la creación de una industria nacional de piezas de repuestos, la estimulación y promoción acelerados del movimiento de racionalizadores e innovadores en los marcos del Fórum de Ciencia y Técnica y la apertura financiera y de mercados externos para su realización.
El cambio tecnológico en marcha está signado por el paso a un régimen de agricultura de bajos insumos, el uso de la tracción animal, de agentes biológicos y otros. Este proceso de intensificación agrícola se basa en nuevos patrones de modernización que tenderán a modificar la división del trabajo, la formación laboral y los hábitos y estilos de dirección; se trata, en suma, de la formación de una nueva cultura. En el orden material la reconversión tecnológica genera nuevas proporciones intersectoriales (entre la agricultura, la industria y los servicios materiales, científico-técnicos y otros) e intrarramales en la agricultura vista globalmente y a nivel del sector cooperativo
Hay avances concretos en la introducción masiva de la tracción animal y en el uso cada vez más extendido de los agentes biológicos, de bonificadores naturales, etc., pero se necesita una aceleración en el cambio de la mentalidad tecnológica-productiva y organizacional de los directivos y cooperativistas. En el uso y explotación del fondo de tierra hay grandes reservas para la elevación de la producción y los rendimientos. Su activación podría incluir entre otras acciones: la puesta en explotación de las tierras ociosas, la introducción de sistemas de rotación de cultivos que potencien la producción al tiempo que mejoren las cualidades de los suelos, la recuperación de las plantaciones deterioradas, la elevación del porciento de población por área, así como sistemas de producción que optimicen la combinación de la especialización y la diversificación agrícola y no agrícola.
Las demandas extraordinarias para la recuperación de las plantaciones - las cañeras en particular- presionan fuertemente sobre la acumulación productiva. Para estimular la reestructuración de las plantaciones cañeras en las UBPC se otorgó excepcionalmente una compensación financiera centralizada del 50% sobre el valor de las inversiones ejecutadas desde 1994.
Los desbalances entre la oferta y demanda agregadas y en el sector externo con la crisis de divisas, limitan seriamente la aceleración de la expansión del sector agroindustrial exportador. La promoción del financiamiento externo con capital internacional es una vía indispensable que ha permitido el desarrollo de esquemas de financiamiento y estimulación a la producción agrícola cañera, tabacalera, citrícola y otras.
La falta de completamiento e inestabilidad de la fuerza colectiva de trabajo es el factor fundamental que limita la recuperación; a lo que se agrega el déficit o excedencia laboral según las demandas del ciclo agrícola.127 Existen reservas internas de productividad e intensidad del trabajo sin explotar todavía, cuya solución requiere de un conjunto complejo de acciones a corto y mediano plazo, según un orden de prioridad, 128 enfocadas a resolver: la autosuficiencia alimentaria cooperativa, la demanda acumulada y emergente de viviendas y de otros componentes de la infraestructura social, la introducción acelerada de esquemas de organización laboral y de estimulación articulados al resultado final del trabajo. En una perspectiva sociológica habrá que borrar toda huella de igualitarismo y perfeccionar la democracia cooperativa.
FORMACIÓN DEL NUEVO PRODUCTOR COMO PROPIETARIO
En el análisis de la acumulación originaria quedó evidenciado que en la formación del nuevo productor cooperativo existía un conjunto complicado de contradicciones de cuya solución dependía la viabilidad de esta forma social de producción.
La UBPC es una economía colectiva formada por obreros y demás trabajadores; es una "cooperativa proletaria” por el origen y composición social de sus miembros. Durante años una gran parte de ellos recreó la mentalidad de simples "obreros del Estado". Si a ello se añaden las deficiencias acumuladas en la administración de las exempresas estatales y los impactos de la crisis se comprenderán objetivamente sus carencias conductuales.
La fuerza colectiva de trabajo es la realización suprema de la cooperativa, como totalidad, que identifica al productor como propietario, lo que solo es realizable como fruto de un largo proceso. Precisamente, la autosuficiencia laboral y la estabilidad del colectivo laboral son condiciones básicas para regularizar las relaciones interpersonales, alcanzar la identificación y confianza mutua entre los socios e incrementar la destreza y la eficiencia del trabajo.
El proceso de producción distribuye la fuerza colectiva de trabajo en proporciones determinadas, según la división, la cooperación y la combinación del trabajo de lo que depende el pleno empleo y la eficacia económica. La organización de la jornada de trabajo colectiva y de los incentivos materiales y morales son palancas decisivas en este contexto.
El concepto de autosuficiencia laboral es un principio esencial para la viabilidad de la cooperativa, pues es una premisa para la formación de la fuerza colectiva de trabajo como colectivo autodeterminado. La dimensión numérica de cada colectivo laboral es una decisión autónoma de la cooperativa, que toma en cuenta una serie de circunstancias económicas y sociológicas. La demanda de trabajo agrícola es variable y diferenciada, con sus puntos de máximo y mínimo en función del ciclo agrícola. La demanda media normal de trabajo necesario viene dada por la dimensión, estructura y características de la función de producción seleccionada; supone un nivel promedio de intensidad del trabajo y de productividad que articula con las formas organizativas del trabajo, los incentivos, el grado de extensión del multioficio y la factibilidad y conveniencia de la contratación de jornaleros temporales.
La racionalidad económica cooperativa está ligada al principio del empleo pleno, o sea el que garantiza un nivel de productividad e intensidad del trabajo compatible con el gasto de trabajo vivo y pretérito socialmente necesario en las condiciones medias nacionales e incluso internacionales vigentes de producción. Para alcanzar la autosuficiencia laboral se requiere entre otras cosas: primero, una fuerza colectiva de trabajo con una mínima o ninguna dependencia externa; segundo, el manejo dinámico y autónomo de la plantilla y de la combinación del trabajo propio y el contratado y, tercero, la liberación de un mercado de trabajo. El excedente estacional laboral es una realidad objetiva, aún hoy con el déficit reconocido de fuerza de trabajo en la agricultura.
El salto de la propiedad estatal a la de grupo y de “obrero estatal” a la de trabajador - propietario colectivo representa por lo visto un cambio profundo, equivalente a una revolución en la revolución. Consolidar esta dualidad es vital porque responde a la esencia de un cooperativista; de esta dualidad dependerá la socialización real y efectiva de la tierra y demás medios de producción y la viabilidad de las UBPC.
La nueva disciplina del trabajo organizada, impulsada y consensuada por el colectivo solo es posible a partir de la reafirmación del propietario colectivo. Las insuficiencias en la disciplina del trabajo que se arrastran son subsanables priorizando la función del propietario colectivo, desde esta posición puede ser inducida la nueva disciplina individual y del grupo como corresponde a una verdadera fuerza productiva colectiva. De aquí se deriva la necesidad de fortalecer al máximo la autonomía económica, la independencia y soberanía de las UBPC para que les sea tangible y real la formación del sentimiento de dueños. La regulación y el control estatal no niegan la autonomía ni la independencia de las cooperativas, salvo que estos mecanismos se transformen en una excusa para la intromisión en los asuntos internos de las UBPC.
Las UBPC no son fruto de reclamos ni de un movimiento reinvindicativo de los trabajadores estatales agrícolas. Este hecho tiene múltiples connotaciones en la formación cooperativista de la membresía. También, la rapidez que asumió la mutación dejó poco margen a una preparación concienzuda de los cuadros y trabajadores para asumir plenamente el nuevo rumbo, [14] lo que se agrava por el hecho de que el cooperativismo como sistema teórico y práctico es poco conocido. Se requerirán acciones en la esfera de la formación, educación y divulgación acerca del cooperativismo.
La acumulación originaria del patrimonio colectivo no implicó una transferencia de obligaciones patrimoniales individuales. La contradicción individuo - colectivo es un sistema múltiple. Los ubepecistas carecen de compromisos económicos individuales ante la colectividad. Esta situación facilita la libre movilidad de la membresía y con ello la inestabilidad del colectivo.
La autosuficiencia de la fuerza de trabajo colectiva es una premisa esencial para la formación de un verdadero colectivo de cooperadores, pues refleja la seguridad y afirmación del grupo como identidad particular en la comunidad. Esta premisa es básica a la hora de conformar las UBPC y sirve de rasero para establecer la dimensión socialmente aceptable de la cooperativa.
El déficit de fuerza de trabajo en el sector agrícola es el problema más grave que heredan las UBPC. Esta realidad no puede resolverse mediante el gigantismo, fusionando las UBPC creadas. Enfocar así la solución sería trasladar mecánicamente las limitaciones que padecieron las antiguas empresas estatales. La práctica indica que ya se cayó en ese error en muchos casos. [15] El déficit temporal de fuerza de trabajo en momentos picos del proceso productivo y el déficit crónico de trabajadores son dos realidades de género y connotación diferentes. La contratación de jornaleros temporales, y mucho menos de permanentes, es viable por ahora o poco posible debido a la depreciación de los salarios y a la competencia de otros sectores. Una vía posible de solución es el trabajo voluntario lo que no deja de ser un problema desde el ángulo de la eficiencia e influencia en la calidad de las labores agrícolas. Todo parece indicar que no será fácil para muchas UBPC prescindir de la ayuda de voluntarios temporales durante un tiempo más o menos largo.
La contratación de fuerza de trabajo y el trabajo voluntario si bien son válvulas para resolver el déficit de fuerza de trabajo temporal, cuando arraiga como fenómeno indispensable y permanente, constituye un elemento disonante que tiende a generar tendencias negativas en el grupo de cooperadores.[16]
El desempleo estacional agrícola deriva de la lógica de la producción y reproducción agropecuaria, por tanto, el nivel que alcance depende de la estructura productiva de las entidades agropecuarias. El desempleo estacional oculto constituyó una sangría para las empresas agrícolas estatales, caracterizadas por su altísimo nivel de especialización que justificaba en parte su incosteabilidad. Las UBPC están obligadas a salvar ese escollo si quieren ser rentables por lo que se les plantea la necesidad de encontrar una función de producción que combine las ventajas de la especialización con la diversificación más amplia de tipo agrícola y no agrícola.
La cohesión del grupo y la confianza mutua de los socios son clave para el cooperativismo. A este estadío se llega; no es un dato de partida por lo que tiene que ser construida deliberadamente desde la fundación a través de múltiples consideraciones, acciones y medidas. Capital importancia adquiere en esta dirección la fortaleza y coherencia con que se asuma el interés común cooperativo y el ejercicio de la democracia participativa.
La composición social del colectivo influye sobre la cohesión y la unidad de la colectivo de cooperadores. En la formación de las UBPC sería una simplificación extrema y negativa obviar las diferencias del tipo señalado y desestimarlas al momento de la fundación y como dato de partida para forjar la cohesión y la confianza mutua entre los asociados.
Los "obreros con tierra” y “campesinos-usufructuarios” que poseen pequeños conucos de tierra plantean un sinnúmero de problemas particulares en la formación del nuevo productor cooperativo”.
Una parte importante de los obreros agrícolas estatales era a la vez pequeño conuquero o parcelero. Los obreros con tierra o semiproletarios tienen una larga historia en Cuba desde antes de la Revolución, sin embargo varias circunstancias han impulsado la tendencia a la parcelación individual de la tierra entre los jornaleros agrícolas, familiares de campesinos y otros ciudadanos.[17] La política de arrendamiento masivo de las fincas campesinas a partir de 1967 trajo consigo la aparición de las "fincas de autoconsumo” y al campesino-usufructuario y multiplicó a los "obreros con tierra” entre aquellos que se asalariaron en los planes estatales después del arrendamiento. También el descontrol estatal en las empresas mastodontes facilitó la usurpación de tierras en "conucos” y "tumbas". La reforma de 1993 inició la entrega de tierra en usufructo indefinido a jubilados, pensionados, trabajadores y otros para la producción de autoconsumo y otros bienes comerciales en dimensiones variables, incluso en las tierras de las propias UBPC. Esto complica doblemente el problema de la viabilidad de una solución colectivista.
El ingreso a las UBPC no cañeras excluye a los que posean tierras en usufructo lo que representa un serio problema para la captación de asociados porque de aplicarse estrictamente impediría en muchos lugares la formación de cooperativas. Por otro lado, la supresión de las parcelas que detentan actualmente los "obreros con tierra” chocaría con los intereses familiares. Claro que los intereses particulares de los asociados fuera de la entidad contradice el ideal colectivista, pero no lo niega absolutamente como lo confirman muchas experiencias internacionales.
La amplitud de este dilema es muy agudo en las UBPC cañeras, donde una gran parte de los trabajadores poseen conucos, tal vez si ésta ha sido la gran razón que explique el enfoque particular del MINAZ para la aceptación de socios con tierra en las cooperativas. La tradición conuquera en este sector es muy fuerte al lado de la campesina. Las fórmulas empresariales no han promovido la abundancia de bienes agrícolas y en esa medida se ha fortalecido la herencia conuquera con la que habrá que convivir como una realidad objetiva. Su solución requiere de fórmulas flexibles que puedan ajustarse en cada caso y zona particular. Toda solución que no provenga de un consenso aceptado desde la base misma puede resultar perjudicial y nociva.
La organización y la viabilidad de las UBPC formadas en empresas estatales que emergieron de los “Planes Integrales y Especializados” después de 1967 presentan contradicciones específicas al interior de la membresía que explican en el plano histórico-genético algunos de los conflictos que afectan su cohesión como entidad. El problema radica en que muchos de estos trabajadores fueron convertidos de campesinos en asalariados y ahora en cooperativistas en un brevísimo plazo histórico. Y bien se sabe que en este proceso de conversión de campesinos en obreros agrícolas no se recreó su conciencia de propietarios sociales y muchos engrosaron las filas de "obreros con tierra", esto es, trabajadores asalariados con conucos de autosubsistencia.
Entretanto, ha tenido lugar un fortalecimiento económico-monetario de las pequeñas y muy pequeñas fincas en estos años de crisis agroalimentaria en lo que ha influido: la elevación de la cultura productiva de los productores, la intensidad del trabajo familiar, la necesidad de cubrir la canasta alimentaria de la familia y de insumos para la ganadería y los precios inflacionados en el mercado informal y libre.
Las UBPC representan para los jornaleros agrícolas estatales, los campesinos-usufructuarios y obreros con tierra otra alternativa de cambio que para muchos puede constituir desde 1959 la cuarta ocasión en que se trastoca su condición económico-social lo que se refleja en sus motivaciones, intereses, expectativas e incertidumbre respecto a esta forma de producción. Las tesis planteadas obligan a flexibilizar la política agraria y al propio modelo UBPC en las zonas de arrendamiento en el sentido de valorar entre otras medidas:
v Alternativas de devolución de toda o una parte de las tierras arrendadas a los antiguos dueños que lo deseen expresamente con independencia de las fórmulas que se aplicaron de desarrendamiento.
v La formación de UBPC familiares y de jornaleros agrícolas del entorno donde sea factible y conveniente por el deseo expreso de grupos humanos interesados.[18]
v En muchos zonas de antiguos planes especializados para la producción cañera, donde se practicó el arrendamiento de pequeñas fincas campesinas y se conserva el predominio del sitierío de "campesinos - arrendadores" entre grandes bloques de plantaciones, todo parece indicar que habría que valorar muy seriamente la devolución de la tierra a los campesinos bajo contrato de colonato con los complejos agroindustriales azucareros o mediante otra modalidad apropiada.
La masividad de técnicos, profesionales y especialistas de nivel superior, frente a una proporción desbalanceada de simples jornaleros agrícolas, es una contradicción económica y social que debe ser resuelta por las UBPC. La masividad de técnicos a la antigua usanza resulta incosteable e irracional, pero la destecnificación es también inaceptable. En el fondo esta contradicción oculta el viejo conflicto entre el trabajo intelectual y manual. Habría que evitar la pérdida indebida de cuadros técnicos, aunque habrá que racionalizar a muchos de ellos. [19]
La sindicalización es contradictoria en el nuevo organismo económico creado, pero al menos en esta etapa de transición, el sindicato puede y debe jugar un papel positivo.
LA JORNADA LABORALY EL NUEVO PRODUCTOR-PROPIETARIO
La organización y control del trabajo en las UBPC están íntimamente vinculados a la formación de la conducta del propietario colectivo en gestación. La organización y formas que adopte la jornada de trabajo individual y colectiva ejerce un papel decisivo en la cohesión del grupo como colectivo y en su capacidad para reanimar la economía agraria. En esta esfera hay una pesada herencia de la empresa estatal que necesita ser revalorizada por las UBPC.
Primero, la eliminación del enfoque fabril de la jornada de trabajo diaria, semanal y anual. Los horarios fabriles no se ajustan a los requerimientos de la agricultura, menos aún a las condiciones de la agricultura tropical. Es la jornada típica campesina con centenares de años de experiencia la forma y estilo históricos que habrá que asumir como modelo con los ajustes correspondientes.
Lamentablemente se viene observando la persistencia de este enfoque fabril en la organización del trabajo de las UBPC. La vieja mentalidad en esta esfera está muy arraigada entre los cuadros dirigentes y los trabajadores asociados a las UBPC pero aquí se deja sentir el administrativismo procedente de las empresas estatales madres.
Segundo, el sistema de normación del trabajo y su articulación al pago de los anticipos al estilo de los asalariados en las fábricas tampoco se aviene a la experiencia histórica ni tampoco es propio a una actitud de dueño. El trabajo a destajo - individual y/o colectivo- vinculado a los resultados productivos que se alcancen en las áreas directamente asignadas podría ser un ajuste más conveniente para la formación del propietario-productor. En esta esfera resultan improcedentes las reglamentaciones venidas desde fuera. Solo la experiencia diversa y multifacética de los colectivos revelará las formas más apropiadas y convenientes.
Tercero, la estrecha especialización profesional y laboral en general debe ser sustituida por el multioficio como método viable frente a los defectos y recelos que entronizan la división del trabajo y la profesionalización en un grupo humano que se considera de paraiguales. A tal principio deben quedar subordinados los simples trabajadores, los mecanizadores, los técnicos y hasta el personal de administración. Este enfoque no subestima ni excluye absolutamente determinados grados y niveles de especialización en la organización interna del trabajo de las UBPC.
Cuarto, la organización de brigadas de trabajo, como forma universal de socialización interna del empleo, donde se practique el multioficio es viable si se guía por principios democráticos en la selección de sus miembros, la elección de su dirección y modos propios de organización y retribución del trabajo.
Las decisiones en este ámbito, como en todos los demás, solo pueden tomarse si son aprobadas por los socios luego de organizar el consenso en un ambiente de amplia democracia. Toda intromisión ajena o reglamentada desde arriba, por perfecta que parezca, si no es una norma aceptada bajo los principios del consenso no será ni viable ni tampoco efectiva.
VINCULACIÓN DE LOS “INGRESOS A LOS RESULTADOS” Y LA MODALIDAD DE “ARTICULACIÓN DEL HOMBRE AL ÁREA”
La UBPC representa un salto cualitativo en cuanto a la vinculación del hombre a la tierra con relación a la experiencia estatal precedente, pero no basta para la asimilación del sentimiento de pertenencia individual de los trabajadores a la colectividad en el contexto de la propiedad colectiva. La unidad trabajo-producción-resultado requiere de formas adicionales de integración del hombre a la tierra y a los resultados de su trabajo.
La “vinculación del hombre al área” se promueve como forma organizativa básica de la producción en el modelo UBPC y también en las CPA con el fin de “estimular su interés por el trabajo y su sentido concreto de responsabilidad individual y colectiva”. Por su intermedio la membresía participa del resultado final según su aporte al producto colectivo.
La vinculación del hombre al área se realiza bajo diversas modalidades: grupal-familiar y de colectivos pequeños que asumen la explotación de una parte de la tierra y otros medios de producción asignados por la cooperativa y bajo el control colectivo. El producto colectivo pertenece a la cooperativa, pero una parte del excedente económico se distribuye entre los asociados en función de los resultados alcanzados en las áreas asignadas.
Esta forma de organización del trabajo trata de evitar la disolución de la responsabilidad individual en el todo colectivo, además de agregar el componente familiar a la gestión productiva. Por otro lado, pretende reducir la dimensión agrícola por productor y, finalmente, es un modo de formar la conciencia de dueño en un contexto colectivo. El principio de la voluntariedad y la autonomía relativa rige su organización.
La vinculación de hombre al área encierra el peligro de que se desate la parcelación individual encubierta de la UBPC y CPA. Algunas experiencias extremas en que se ha entregado la tierra a miembros individuales que emplean el trabajo familiar es una señal de esta tendencia. La vinculación analizada encierra otro sinnúmero de contradicciones que emergen de la separación del “todo colectivo” en “partes”. Ellas están asociadas entre otra a:
· Las formas y principios para la distribución de las parcelas de tierra (y animales en la ganadería) con calidad natural y económica diferentes entre los grupos de la cooperativa. Tales diferencias implican resultados distintos con igual trabajo por su intensidad y productividad.
· Las formas de elección y selección de los componentes de los distintos grupos por área y de sus conductores. Aquí está encerrado un problema sociológico - el grado de desarrollo de las relaciones interpersonales, las afinidades, etc.
· Las relaciones de dirección entre la Junta de Administración y demás órganos de dirección con las estructuras derivadas de la vinculación del hombre al área.
· Los métodos y normas de articulación de las demandas del trabajo cooperado y combinado que emergen en uno u otro extremo del proceso agrícola global de la cooperativa con las demandas de los distintos grupos.
· Las formas y vías de planificación contractual de la producción grupal en los marcos de los compromisos contraídos por la cooperativa. El sistema de estímulos y sanciones correspondientes en el orden individual, grupal y de la cooperativa como entidad.
· Los procedimientos normativos para el acceso de la producción grupal a los mercados liberados.
· La distribución de los costos de los medios colectivos empleados en las distintas áreas internas, su contabilidad y control.
· Las formas y montos de los anticipos al interior de los grupos y sus formas de financiamiento.
· Las formas diversas de producción y solución del autoconsumo de la membresía a nivel de los grupos y de toda la cooperativa.
· Los incentivos por los resultados y sus fuentes, teniendo en cuenta el trabajo aportado y las diferencias naturales y económicas de la tierra y de otros medios de producción empleados.
La conservación de la cooperación y combinación del trabajo colectivo y el control de la colectividad en todo el complejo proceso que encierra la vinculación del hombre al área son claves indispensables de este proceso. Las formas definitivas dependerán de las peculiaridades de las ramas agrícolas, de la iniciativa y capacidad de los colectivos de dirección, de las particularidades de cada territorio y de cada grupo humano. Como movimiento requiere de un impulso inicial y de las debidas regulaciones que garanticen que no se distorsione y que no conduzca a tendencias negativas. No hay soluciones preconcebidas; solo la experimentación masiva bajo el principio de prueba-error determinará las formas definitivas.
MODELO DE DISTRIBUCIÓN DEL EXCEDENTE ECONÓMICO
El modelo de distribución tiene que ver con los incentivos los que pueden potenciar las fuerzas productivas, mediante la división espacial del trabajo y cierto nivel de “individualización” y diferenciación del esfuerzo, los resultados y los ingresos al interior de la cooperativa y del “obrero colectivo”, no deja de generar contradicciones entre lo “individual” y la “cooperación y combinación” del trabajo del todo colectivo.
El modelo cooperativo cubano reconoce la dualidad del enfoque distributivo cuando postula: “asociar rigurosamente los ingresos de los trabajadores a la producción alcanzada” en función, especialmente, de la cantidad y calidad del trabajo y la producción aportada por cada miembro”. La distribución de las utilidades entre los socios (trabajadores) es un principio que envuelve un conjunto complejo de contradicciones internas y externas a la cooperativa. Su esencia consiste en que trabajos iguales pueden producir resultados diferentes y, a la inversa, que resultados iguales provengan de gastos de trabajo diferentes, a nivel de socios y grupos vinculados a determinadas áreas en una cooperativa, entre cooperativas de una misma rama o de distintas ramas.
La falta de correspondencia dentro del sector cooperativo entre el trabajo invertido y el excedente económico puede obedecer a distintas razones, a saber:
· Las diferentes condiciones naturales del suelo y climáticas.
· Las distintas condiciones técnico-productivas y materiales.
· La incertidumbre derivada de la diferencia entre el período de trabajo y de producción en que actúan factores naturales, biológicos, climáticos y otros.
· La estructura de la producción y de los rendimientos según las distintas ramas en que se especialicen las cooperativas.
· La composición de la fuerza de trabajo colectiva, su grado de organización y niveles de intensidad y productividad del trabajo.
· Los precios relativos del producto agrícola final y su dinámica lo que incide en el monto del resultado final, así como la política tributaria.
La realización efectiva de la distribución según los resultados finales plantea, entonces, una serie de exigencias y de juicios de valor complejos, entre los cuales podrían enumerarse los siguientes:
· La determinación del aporte laboral individual de cada miembro a los resultados finales del colectivo. Este problema es más complejo en la medida que se extiende la división del trabajo y con ella los niveles de cooperación y combinación para producir el producto final.
· La evaluación del aporte de trabajo vivo individual en el gasto de trabajo socialmente necesario para la producción de los distintos bienes.
· El resultado final de la cooperativa como empresa, el monto distribuible y la fijación del método concreto de reparto de la parte alícuota que le corresponde a cada uno.
En el caso agrícola hay que adicionar la complejidad que significa la desagregación del excedente extraordinario (renta diferencial) y su apropiación; un caso particularmente importante es el caso de la renta diferencial del tipo I que no tiene como fundamento el quantum ni la calidad del trabajo vivo agregado.
La vinculación de los cooperativistas a determinadas áreas (fincas) o a actividades es una fórmula organizativa que puede facilitar la identificación “trabajo-resultado” para los distintos grupos y miembros. Aquí el problema más conflictivo es su diferenciación según el fruto del trabajo vivo de aquella que obedece a otras razones: la fertilidad del suelo y nivel de equipamiento técnico. Las desigualdades de este orden constituyen una regularidad pues la sociedad y las cooperativas no disponen de medios ni posibilidades para igualar todas las tierras ni equipar de modo igual a todas las entidades agrícolas. Corresponde a la política macroeconómica y sectorial una coherencia de enfoques en esta materia mediante una combinación de programas inversionistas y mecanismos económico-financieros que contribuyan a crear condiciones económico-productivas semejantes dentro del sector cooperativo.
TAMAÑO DE LA UBPC
La cohesión y confianza mutua tiene mucho que ver con la dimensión por el área tierra y cantidad de miembros de las UBPC. Este es un problema inquietante por las tendencias a la centralización de las UBPC que se vienen observando a partir de 1994.
La dimensión de las UBPC asumió los patrones de las antiguas granjas en que se subdividía la empresa lo que fue determinado al principio por la empresa madre; los ubepecistas no tuvieron que ver con esta decisión. Los criterios técnicos y económicos no pudieron obviar la filosofía del gigantismo. El problema radica en que el tamaño de las granjas no siempre y necesariamente encuadraba con los criterios dimensionales apropiados para una cooperativa.
La dimensión de la cooperativa no es un asunto estrictamente técnico o económico; es un problema social en el más amplio sentido pues es una variable decisiva para alcanzar la unión voluntaria de un colectivo basado en el trabajo cooperado, combinado y cohesionado tras un objetivo común. La confianza mutua es un principio cardinal para su viabilidad, lo que supone a su vez condiciones para que se ejerza el control mutuo de los asociados.[20] El problema analizado es trascendente especialmente en las etapas iniciales de vida de la cooperativa pues debe garantizar el autocontrol de los asociados y con ello la cohesión y confianza mutua del colectivo.
AUTOCONSUMO: INCENTIVO VITAL EN LA ETAPA DE CRISIS
El autoconsumo o producción de subsistencias constituye un incentivo fundamental para el ubepecista, debido a la aguda escasez de bienes alimenticios y la lucha por la supervivencia familiar.
El abastecimiento de alimentos a los trabajadores agropecuarios y a sus familias hasta la creación de las UBPC se canalizaba por tres vías: la creación de áreas de producción de autonconsumo en las empresa estatal, el conuco individual como expresión del dualismo estructural de los "asalariados, usufructurarios y "obreros con tierra" y, finalmente, la venta racionada en las placitas del comercio minorista.
La importancia del autoconsumo no se constriñe, como generalmente se acepta, a la satisfacción de las necesidades alimenticias de los asociados y sus familiares. En las condiciones actuales hay que añadir el enorme papel que representa en los ingresos de los trabajadores. Se trata del ingreso de oportunidad que se deriva de la diferencia entre los precios de venta a que compra el socio en la UBPC -a precio de costo - con respecto a su precio en el mercado informal y libre, cuya magnitud varía lógicamente en dependencia del tamaño y variedad de la canasta. Este ingreso es muchas veces superior al que representa el anticipo medio.
Otro costado trascendente del autoconsumo es su papel competitivo frente a los niveles de consumo de los campesinos y parceleros. Esta es una razón de sumo valor que tiene una tremenda influencia en la estabilidad de la fuerza de trabajo cooperativa. Por último, el autoconsumo contribuye a la autoafirmación y a la autoconfianza del colectivo, lo que aguza su sentido de pertenencia y seguridad en sus propias fuerzas lo que fortalece la imagen de dueño.
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