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La Economía Política de la Construcción del Socialismo
Figueroa Albelo y otros
APERTURA A LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN EL MODELO ECONÓMICO CUBANO
La vida de las naciones en el mundo actual transcurre bajo la influencia del proceso de globalización, el cual afecta prácticamente todos los aspectos del desarrollo social y muy especialmente el desarrollo económico. Entre las características principales que presenta la globalización en su dimensión económica, destaca la transnacionalización de la economía mundial y dentro de ésta, el crecimiento impetuoso sobre todo en la última década de la Inversión Extranjera Directa (IED).
Pocos temas han tenido un tratamiento tan amplio y polémico entre los economistas y políticos como el de los costos y beneficios de la IED. En este sentido, el problema del papel de la IED en el desarrollo de las naciones, sobre todo de las más atrasadas económicamente, ha tenido y tiene diversos enfoques, defensores y detractores. Precisamente el espacio que se ha dedicado a su tratamiento, especialmente en la década de los noventa, revela que es un indicador importante para comprender el desarrollo de los procesos económicos actuales en el mundo y en cada nación en particular. En conclusión es imposible soslayar el análisis de las ventajas y desventajas de la IED para las economías del Tercer Mundo.
En el trabajo se aborda el papel de la IED en el modelo de desarrollo de la economía cubana, antes y después del triunfo revolucionario de 1959, partiendo de una visión general de su presencia en las políticas de desarrollo de los países subdesarrollados, particularmente en América Latina. A través del estudio del caso cubano se muestra que es posible combinar la utilización de la IED con los intereses del desarrollo nacional, sin menoscabo de la soberanía y de las propias aspiraciones de los inversionistas.
INVERSIÓN EXTRANJERA Y POLÍTICAS DE DESARROLLO EN EL TERCER MUNDO
En este epígrafe se bosquejan los diferentes enfoques acerca del papel de la IED en el desarrollo económico. No se trata por supuesto de un examen detallado y amplio del problema, sino más bien de adentrarnos en la valoración sobre los posibles efectos positivos y negativos de la IED para el desarrollo; se presenta un cuadro del incremento del ritmo de los flujos de IED en el mundo en general y en América Latina en particular durante la década del 90 que reflejan los cambios que se está operando en relación a su papel en la economía mundial en los últimos años.
ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
La IED no es la única forma de lo que hoy se define como “ahorro externo privado” y que en su análisis del imperialismo V. I. Lenin definió como exportación de capital. En todos los casos hay un país emisor (el que exporta el capital) y un país receptor (el que importa el capital), pero lo que caracteriza a la IED es el propósito del inversionista, sea éste una firma o un individuo, de administrar total o parcialmente el activo adquirido y, además, el hecho de que implica la presencia física en el país receptor de la firma o el individuo que realiza la inversión.
Aunque podemos afirmar que la IED es casi tan antigua como el propio capitalismo, es realmente el proceso de formación y dominio de los monopolios, caracterizado por V.I. Lenin como el rasgo económico fundamental del imperialismo, lo que aceleró el flujo de capitales de los países capitalistas desarrollados hacia el exterior.
Este proceso fue definido por el propio Lenin como uno de los rasgos económicos del imperialismo del siguiente modo: “Lo que caracteriza al viejo capitalismo en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio es la exportación del capital” [1]
El desarrollo impetuoso del capitalismo en el siglo pasado, sobre todo en su último cuarto se produce en condiciones muy favorables, en un período relativamente pacífico y en medio de una revolución en la ciencia y la técnica, con condiciones que hicieron necesario y posible este impulso inicial a la IED.
Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX estas condiciones variaron radicalmente. El desarrollo de las dos grandes guerras mundiales (1914 – 1918) y (1939 – 1945), así como la gran depresión (1929 –1933), paralizaron prácticamente la economía capitalista (excepto por supuesto la economía de guerra) y condujeron al fortalecimiento de las medidas proteccionistas y una considerable disminución del comercio mundial y del movimiento del capital.
Al finalizar la II Guerra Mundial, el mundo queda dividido entre un gran acreedor con todo su potencial industrial y agrícola intacto (EEUU) y una gran cantidad de países devastados, la gran mayoría en Europa y deudores de este gran acreedor. El período de posguerra se caracterizó, además, por el surgimiento del Sistema Socialista Mundial y el derrumbe del Sistema Colonial del Capitalismo, que incorporó al sistema de economía mundial a un gran número de países recién liberados de sus antiguas metrópolis con economías subdesarrolladas.
Bajo la influencia del éxito del Programa de Recuperación Europea (Plan Marshall), aprobado en 1947, se inicia en los países capitalistas desarrollados la discusión acerca de los modelos de desarrollo para los países subdesarrollados, destacándose inicialmente los modelos de las etapas de crecimiento económico, en los cuales sobresale el papel positivo que debía jugar la inversión extranjera en el desarrollo económico de estos países.
Se abrió un amplio debate teórico acerca de las posibles ventajas y desventajas que podrían implicar para el desarrollo la IED, o sea, se reconocía que esta podía introducir no solo efectos positivos sino también negativos.
Detrás de esta controversia acerca de las posibles ventajas y desventajas de la IED sobre las economías de los países subdesarrollados, se encuentra un desacuerdo fundamental sobre la naturaleza, estilo y carácter del proceso de desarrollo deseable. Los argumentos favorables a la IED se desprenden principalmente del análisis neoclásico tradicional de los determinantes del crecimiento económico.
Se plantea como primer argumento que la IED permite al país receptor cerrar la brecha existente entre la inversión planeada o deseada y el ahorro interno. Un segundo argumento, esgrime que la IED posibilita cerrar la brecha entre los ingresos fiscales planeados y los recaudados realmente en el país ya que la capacidad inversora del país receptor aumenta mediante la recaudación de los impuestos con que son gravadas las empresas extranjeras que invierten en el mismo. Como tercer argumento se aduce que la IED permite al país receptor la captación de experiencias directivas, capacidad empresarial y calificación técnica que trae consigo la entrada de las empresas extranjeras en el mercado nacional.
En resumen, se argumenta que los efectos positivos de la IED para el desarrollo se traducen en:
v
Transferencia de capitalv
Transferencia de tecnologíav
Transferencia de experiencia directiva y capacidad empresarialv
Creación de empleov
Acceso a mercadosTambién existen argumentos en contra de la IED que abarcan tanto el campo de la economía como el de la ideología, los que podrían resumirse en los siguientes:
·
Si bien la IED proporciona capital, puede conducir a una disminución del ahorro interno y de las inversiones: a- suprimiendo la competencia a través de acuerdos con el gobierno del país receptor para obtener concesiones exclusivas de producción; b- no reinvirtiendo gran parte de los beneficios; c- impidiendo la expansión de empresas nacionales que podrían suministrar los productos intermedios y, por último, distribuyendo la renta a los grupos locales con menor propensión al ahorro.·
Aunque el efecto inicial de la IED consiste en incrementar las reservas de divisas del país receptor, en el largo plazo puede conducir a la reducción de dichos ingresos tanto por “cuenta corriente” como por “cuenta de capital”. El saldo de la cuenta corriente podría deteriorarse debido al aumento de las importaciones de productos intermedios y de bienes de capital, y empeorar el saldo de la cuenta de capital a causa de la repatriación de los beneficios y del flujo hacia el exterior de divisas por pago de intereses, patentes, etc.·
La contribución de la IED a los ingresos fiscales es posible que resulte muy inferior a la que debiera ser, debido entre otras a exenciones fiscales excesivas y a degravaciones a la inversión no justificadas.·
La IED podría conducir en determinadas circunstancias al dominio del mercado local por las empresas extranjeras e impedir por tanto el desarrollo de las empresas nacionales, lo cual anula o disminuye los beneficios de las transferencias de tecnologías, capacidad de dirección y adquisición de mercados internacionales que en principio aportan.·
El efecto de la IED sobre el desarrollo puede ser muy desigual y en muchas ocasiones refuerza las estructuras económicas duales y agrava las desigualdades de rentas ya existentes.·
La IED fomenta en ocasiones pautas de consumo inadecuadas a través de la publicidad, y al introducir tecnologías intensivas en capital agudiza más que resuelve el dramático problema del desempleo.·
Por último, la IED puede generar problemas de corrupción y desviar las políticas estatales hacia objetivos desfavorables para el desarrollo.Actualmente, en correspondencia con la política neoliberal, la discusión está sesgada y se quiere presentar que la IED sólo trae consigo efectos positivos y no hay efectos negativos. Muchos economistas aceptan los postulados neoliberales y presentan la IED como un instrumento fundamental para garantizar el desarrollo, para lo cual es necesario quitar todas las barreras que puedan limitar los flujos de IED.
Sin embargo, a pesar de todo, también una gran cantidad de economistas y políticos de países subdesarrollados consideran que para que los efectos de la IED sean beneficiosos para nuestros países, es necesario conciliar los intereses del desarrollo con los intereses de los inversionistas. El proceso actual de la IED en Cuba es un ejemplo de que es posible conciliar tales intereses.
Es a partir de mediados de los 80 que la IED pasa a ocupar un papel dominante dentro del proceso de globalización. Aunque el comercio internacional continúa siendo el mecanismo principal de unión de las economías de las diferentes naciones, la IED ha estado creciendo en los últimos años a un ritmo mayor que los índices de crecimiento que exhibe el comercio internacional. Así, entre 1986 y 1996 la tasa de crecimiento de la exportación de mercancías alcanzó un nivel medio anual del 9.4%, la de servicios comerciales un 10.9%, mientras que los flujos de IED crecieron a un ritmo medio anual del 15%.[2]
La intensidad del crecimiento de la IED, sobre todo a partir de los 90, se aceleró[3]. En el período 1985-1990 los ingresos netos de IED en los países en desarrollo constituyeron el 17.4% del total mundial, mientras que en 1996 esta proporción ascendió al 36.9%. La década de los 90 por tanto, ha traído consigo un salto espectacular de la IED en los países en desarrollo, como consecuencia del avance impetuoso del proceso de globalización.
La desaceleración del ritmo de crecimiento de los flujos de IED en el período 1994 – 1995 para los países en desarrollo se explica como un efecto de la crisis financiera que afectó primeramente a la economía mexicana y luego se propagó vertiginosamente (Efecto Tequila).
El crecimiento de los flujos de IED hacia los países en vías de desarrollo no se debe vincular automáticamente con el establecimiento de iguales oportunidades para el desarrollo en todos los países. Una tendencia en los flujos de IED es que se orientan principalmente hacia los países del Tercer Mundo con una mayor riqueza de recursos naturales y humanos y con un alto ingreso per cápita.
Una cuestión es evidente: los países subdesarrollados necesitan tener fuentes de financiamiento externo que complementen sus posibilidades de financiamiento interno y la IED es una importante vía para alcanzar ese financiamiento. Por tanto, el problema que se plantea es como aprovechar las ventajas que aporta la IED al desarrollo, manteniendo al mismo tiempo la independencia económica e ir eliminando las profundas desigualdades que caracterizan la vida de estas naciones.
LA IED EN EL ÁMBITO LATINOAMERICANO
Desde los primeros tiempos de la época del imperialismo, América Latina ha sido objeto de una enconada lucha entre los monopolios de los principales países capitalistas por la colocación ventajosa de sus capitales.
En la década de los ochenta, uno de los efectos de la crisis de la deuda fue una notable reducción de los flujos de IED hacia los países latinoamericanos. Por el contrario, en la década de los noventa, bajo el influjo de la política neoliberal, se observa una recuperación de los niveles de la IED en esta región, aunque a diferencia del período anterior a la década perdida, su participación en los ingresos netos de IED dejó de ser mayoritaria. Téngase en cuenta que sí en el período 1971-75 la región recepcionó el 63% del flujo neto mundial de IED y la región asiática solo alcanzó el 20%, entonces en el período 1991-1996 se invierten los roles: Asia asimiló el 62% de la IED mundial mientras que Latinoamérica quedó con solo el 30%.[4]
Las economías latinoamericanas no han sido ajenas a este crecimiento en el ritmo de la IED. Los flujos de IED por categorías hacia siete países seleccionados de América Latina demuestran lo anterior. (Ver Cuadro 1). No obstante, es necesario observar que en el período, las privatizaciones han aportado el 21.8% de la IED en estos siete países, constituyendo en 1993 el 41.7% del total.
Cuadro 1. América Latina: flujos de IED por categoría 1988-1993 (Millones USD)*
|
|
1988 |
1989 |
1990 |
1991 |
1992 |
1993 |
1988/93 |
|
Flujos normales de IED |
3 613 |
4 570 |
3 894 |
7 512 |
9 826 |
8 388 |
37 803 |
|
Conversión de deudas |
4 154 |
2 784 |
1 841 |
305 |
133 |
25 |
9 242 |
|
Privatizaciones |
194 |
115 |
1 216 |
3 245 |
2 312 |
6 007 |
13 089 |
|
Total |
7 961 |
7 469 |
6 951 |
11 062 |
12 271 |
14 420 |
60 134 |
Fuente: América Latina y el Caribe” Políticas para mejorar la inserción en la economía mundial”, Naciones Unidas, CEPAL, Santiago de Chile, 1995.
*Incluye sólo a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela.
En el período 1988-1997 el valor de las privatizaciones fue de 76150 millones de dólares de 1990.[5] Es cierto que algunos países de América Latina han alcanzado determinado dinamismo en el crecimiento de sus economías bajo la influencia de la IED, como son los casos de Méjico, República Dominicana y Costa Rica, el primero en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y los otros dos producto del desarrollo de sus zonas francas; pero es cierto también, que ha aumentado su grado de dependencia con respecto a la economía de Estados Unidos de América.
En el caso de México la proporción que le correspondía a EEUU en la IED creció del 44,5% en 1994 al 66% en 1996, mientras que la parte correspondiente a la Unión Europea decreció del 18,6% al 13,3%, Japón del 6,2% al 1,7%, y otros países descendieron del 29,6 % al 12,0%.[6] En relación con la República Dominicana, en 1994 el 95,8% de las exportaciones de sus zonas francas se dirigía a EEUU.
En estas condiciones de cambio en el ámbito mundial y latinoamericano, Cuba reinicia el proceso de apertura a la IED a partir de finales de la década de los ochenta, luego de estar prácticamente detenido desde las nacionalizaciones del capital extranjero ejecutadas entre 1959 y 1960.
BOSQUEJO DEL CAPITAL EXTRANJERO EN CUBA DURANTE EL PERÍODO COLONIAL Y NEOCOLONIAL
La inversión extranjera en Cuba se remonta al siglo pasado. En época tan temprana como en 1820 aparece registrada la primera inversión extranjera de capital inglés en la mina de El Cobre cerca de Santiago de Cuba. Con posterioridad, capitales ingleses se establecen y llegan a controlar la industria del tabaco y en 1876 comienza su penetración en los ferrocarriles, iniciando un proceso para controlar los ferrocarriles de servicio público, lográndolo efectivamente a inicios del siglo veinte.
Paralelamente, aunque con menor fuerza se va produciendo la penetración de capital norteamericano en nuestra economía. Se destaca el hecho de que la primera inversión en el exterior de la ESSO STANDAR OIL, fue construir una refinería de petróleo en la Puntilla a la desembocadura del Río Almendares para lo cual obtuvo la concesión del gobierno colonial español en 1882. En la industria azucarera, las inversiones norteamericanas comienzan apenas concluida la Guerra de los Diez Años (1868-1878). La empresa norteamericana E. Atkins y Cía adquirió el ingenio Soledad, ubicado en la zona de Cienfuegos, el cual fue modernizado llegando a tener para su abastecimiento más de 370 caballerías cultivadas. En 1893 un grupo de comerciantes de New York formaron la Tuinicú Sugar Cane Company, que se dedicó a la producción azucarera en la zona de Sancti Spíritus.
En la minería la inversión de capital norteamericano comienza en 1883 con la explotación de yacimientos de hierro y cromo por parte de la Juraguá Iron Company. En el propio período de 1878-1895 el capital norteamericano adquiere una mina muy rica en hierro, manganeso y níquel cerca de Daiquirí y una mina de hierro en la zona próxima a Santiago de Cuba. De esta forma en 1895 las inversiones de capital norteamericano en la economía cubana ascendían a 50 millones de dólares que constituían el 7,2% del total de las inversiones norteamericanas en el exterior.
La ocupación militar norteamericana iniciada oficialmente en 1899, aceleró el proceso de inversión de capital estadounidense en Cuba. Al inicio del siglo XX la minería cubana estaba en manos de empresas norteamericanas y en 1902, la American Tobaco Co. adquirió la Havana Comercial Co. y el 90% de las exportaciones de habanos pasaron al control de ese consorcio norteamericano. En el período de 1900 – 1914 continuó incrementando su presencia en la economía nacional, aunque todavía de forma lenta. Todavía en 1913 las inversiones inglesas superaban ligeramente en términos absolutos el monto de las norteamericanas.
No es hasta la década del 20 del presente siglo que las inversiones norteamericanas desplazan totalmente al capital inglés y otros capitales. En 1925 los centrales de propiedad norteamericana producían el 70% del azúcar del país. En 1929, año en que estalla la Gran Depresión, la inversión directa de las empresas norteamericanas en Cuba superaba los 900 millones de dólares. En esa etapa el régimen de inversiones cubano exhibía una total liberalización de los controles y ausencias de restricciones a las inversiones a pesar de lo cual a partir de 1929 la IED norteamericana en la isla comienza a disminuir, llegando a su nivel mínimo en 1946 y comenzando su recuperación sólo a partir de este año, hasta alcanzar en 1958, pese a la inestabilidad política del país su nivel superior, mayor inclusive que el alcanzado antes de 1929. (Ver Gráfico 2).
GRÁFICO 2. Inversión Directa de Empresas Norteamericanas en Cuba

Elaborado por el autor a partir de datos oficiales.
La fuerte presencia del capital yanqui en la industria azucarera trajo consigo una característica importante de nuestra economía: la formación del latifundio azucarero. Al triunfo de la Revolución 13 grandes compañías norteamericanas tenían en su poder un millón 173 015 hectáreas de las mejores tierras destinadas al cultivo de la caña de azúcar. (Ver Cuadro 2).
Cuadro 2. Principales Latifundios Azucareros Norteamericanos
|
Compañías |
Área controlada (ha) |
Compañías |
Área controlada (ha) |
|
Cuban Atlantic Sugar Co. |
284 404 |
Francisco Sugar Co. |
71 703 |
|
Cuban American Sugar Co. |
143 862 |
The Cuba Company |
68 388 |
|
American Sugar Refinery Co. |
136 750 |
Punta Alegre Sugar Co. |
46 594 |
|
United Fruit Company |
109 480 |
Cuban Trading Co. |
29 148 |
|
West Incides Sugar Co. |
109 146 |
Guantánamo Sugar Co. |
12 695 |
|
Vertientes Camagüey Sugar Co. |
106 595 |
Central Soledad |
11 998 |
|
Manatí Sugar Co |
78 252 |
Total |
1 173 015 |
Fuente: Artículo “Cuatro Años de Reforma Agraria” de Carlos Rafael Rodríguez en Cuba Socialista, Año III, mayo de 1963.
Al parecer, las empresas norteamericanas confiaban en que de ser derrocado el gobierno de Batista por el movimiento armado encabezado por el Comandante Fidel Castro, todo continuaría como antes y sólo habría un simple cambio de gobierno. Por supuesto que no demoraron en darse cuenta de su error.
Partiendo de la experiencia de casi 60 años de República Neocolonial, se puede concluir que un régimen de inversiones liberalizado y desregulado no garantiza por si solo un proceso creciente de flujos de IED y mucho menos que éste contribuya automáticamente al desarrollo de la nación receptora. En condiciones de desgobierno, corrupción, entreguismo y total dependencia, la IED solo puede conducir a profundizar la deformación estructural de las economías subdesarrolladas, la desigualdad social y la miseria de las masas trabajadoras. La experiencia cubana en el período anterior al triunfo revolucionario de enero de 1959 es un vívido ejemplo de las consecuencias negativas que trae consigo la IED en las condiciones del modelo neocolonial.
ENFOQUE SOBRE EL CAPITAL EXTRANJERO EN EL PERÍODO REVOLUCIONARIO ANTERIOR A LA REFORMA ECONÓMICA
La inversión extranjera en Cuba se detuvo prácticamente desde 1959 y hasta entrado el año 1988. El triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 trajo consigo una nueva posición de la dirección del país frente a la presencia del capital extranjero en la economía nacional. La dura experiencia del período prerrevolucionario en relación con el capital extranjero que había conllevado junto a ciertos progresos de orden tecnológico y en las fuerzas productivas, al atraso y deformación estructural de la economía con una dependencia casi absoluta de las relaciones económicas con EEUU, obraba necesariamente en la conciencia política del pueblo y de la dirección revolucionaria. Incluso, la desastrosa situación en que se encontraba la economía de la nación se achacaba en primer lugar, al dominio del capital extranjero, particularmente del capital norteamericano.
La independencia económica y el desarrollo del país dependían necesariamente de la ruptura de las ataduras y dependencias a que estaba sometido por el capital extranjero; esto era especialmente relevante en los enclaves decisivos de las fuerzas productivas nacionales cuya nacionalización constituía una condición indispensable para alcanzar la soberanía e impulsar el despegue económico. Ante esa situación era lógico que la nueva dirección política del país adoptara una posición de rechazo a todo lo que oliera a capital extranjero, viniera de donde viniera.
La idea de erradicar el capitalismo como sistema económico-social en Cuba se asociaba directamente a la erradicación del dominio del capital extranjero y cualquier posibilidad de su expansión posterior en nuestra economía. De esta forma predominó y se impuso finalmente la línea de no aceptar como una opción para impulsar el desarrollo la presencia del capital extranjero.
Por otra parte a esa posición natural se unieron como factores adicionales de gran importancia en primer lugar, la política agresiva que el gobierno de Estados Unidos desarrolló desde el inicio de la Revolución hacia nuestro país tratando de obstaculizar por todos los medios la política económica del gobierno revolucionario. Y en segundo lugar, la existencia del campo socialista, particularmente de la URSS, con la perspectiva muy atrayente de desarrollar un nuevo tipo de relaciones económicas que permitieran cambiar rápidamente el sombrío panorama económico y social que se observaba en la nación.
En consecuencia con lo anterior, el proceso de entrada del capital extranjero en Cuba no solo se detuvo, sino que se inicia un proceso rápido de nacionalización de la gran propiedad capitalista tanto nacional como extranjera. En los tres primeros años de Revolución las inversiones extranjeras existentes fueron nacionalizadas y todas, con excepción de las norteamericanas, debido a la actitud agresiva e intolerante adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, fueron compensadas mediante el establecimiento de tratados globales firmados con las naciones emisoras entre 1967 y 1986.
Durante un largo período que abarcó más de veinte años, el papel jugado por la IED en el modelo de acumulación nacional fue nulo ya que en aquellos momentos se consideraba que tal opción constituía un paso de retroceso hacia el capitalismo y por una evidente subvaloración de las ventajas que en determinadas condiciones puede aportar la IED al desarrollo de la economía nacional.
En el período de 1959 a 1989 el financiamiento externo del país se llevó a cabo fundamentalmente a través de la colaboración de la antigua Unión Soviética y del resto de los países del CAME. De esta zona fluyeron los recursos financieros principales para el desarrollo, especialmente los créditos a largo plazo y a precios blandos. Un papel menor tuvo la presencia de los créditos provenientes de los países capitalistas. El 65.7% del financiamiento externo en el período provino de los países miembros del CAME.
CUADRO 3. FINANCIAMIENTO EXTERNO (1959 – 1989)
|
Procedencia |
Millones de pesos |
En % |
|
CAME |
23450 |
65,7 |
|
Economías de Mercados desarrolladas |
10755 |
30,1 |
|
Otros |
1500 |
4,2 |
|
Total |
35705 |
100,0 |
Fuente: Artículo “La deuda externa cubana: una evaluación actual” de J. L. Rodríguez.
A inicios de la década del 80, comienza a producirse un reexamen de la política seguida hasta ese momento en relación al papel de la IED en nuestro desarrollo económico y se perfila una apertura a la IED proveniente de países capitalistas. Esos momentos coinciden con la crisis de la deuda externa y las discusiones sobre su renegociación ante el Club de París donde se planteaban una serie de condiciones particulares que lesionaban los intereses nacionales. Este factor coyuntural obligó a la reconsideración del capital extranjero y su viabilidad dentro del modelo económico de la transición socialista a un nivel determinado, con el objetivo múltiple de responder a las exigencias de los acreedores y por otro lado incorporar rápidamente tecnologías de avanzada no existentes en los antiguos países socialistas y aprovechar las ventajas comparativas para diversificar y elevar el volumen de las exportaciones e ingresos en divisas. Este nuevo enfoque de la política económica tuvo su expresión jurídica en el Decreto Ley No 50, aprobado el 15 de febrero de 1982.
Una síntesis política de la oportunidad y necesidad del capital extranjero en Cuba fue expresado por el presidente cubano, cuando afirmó que:
“Desde el año 1982, llegamos a la conclusión de que era necesaria la presencia de capital extranjero para un desarrollo más integral y más completo de nuestro país, para resolver problemas tecnológicos, adquirir experiencias, abrir mercados. Vimos con claridad que solamente con tecnologías de procedencias socialistas no podíamos desarrollarnos, por eso se hizo la ley sin que hubiera una urgencia (...)” [7]
En el Decreto Ley No 50 se establece la posibilidad de formación de empresas mixtas de capital cubano y extranjero u otra forma que no implicara la creación de una persona jurídica, con una participación extranjera que podía llegar hasta el 49%. Además, como garantía a los inversionistas extranjeros daba derecho a remesar dividendos o utilidades netas, así como su parte en la liquidación del negocio. No obstante resultar un paso de avance hacia la apertura a la IED, este decreto presentaba limitaciones en su contenido que de hecho entorpecían dicho proceso. Entre estas limitaciones podemos mencionar las siguientes:
v
En cuanto al régimen de autorización, se caracterizaba por la ausencia de procedimientos para su tramitación.v
No se precisaba la apertura sectorial.v
En el aspecto de los seguros se otorgaban los derechos de primera opción a las empresas de seguro cubano.v
No se consideraban los beneficios aduaneros.v
No se consideraba el régimen de zonas francas y parques industriales.v
Entre las garantías a los inversionistas extranjeros no se incluía la no expropiación.Estas limitaciones, más el hecho de que no existiera una real urgencia de promoción de la inversión extranjera en esos momentos condujeron al resultado de que en la práctica no es hasta 1988 que se crea la primera asociación con capital extranjero (ACE), capital español, con la cadena hotelera Sol Meliá para construir en Varadero el Hotel Sol Palmeras.
El cambio de las condiciones en que se desarrollaba nuestra economía, conduciría necesariamente a un cambio en la política económica y dentro de este cambio le tocó jugar un importante papel a la IED.
LA INVERSIÓN EXTRANJERA EN EL MODELO DE ACUMULACIÓN NACIONAL A PARTIR DE LA REFORMA ECONÓMICA
La segunda mitad de la década de los 80 trajo consigo grandes cambios para la economía cubana. Ya en ese momento comienzan a hacerse visibles los síntomas del agotamiento del modelo de acumulación nacional basado en el desarrollo extensivo y el fracaso del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), aplicado a partir de 1976. El análisis de las deficiencias vinculadas a estos problemas condujo al inicio en 1986 del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, proceso éste en el cual se hallaba inmerso el país al producirse el derrumbe del campo socialista y la desintegración de la URSS. La crisis que ya se vislumbraba sobrevino de forma abrupta y Cuba se vio privada de la noche a la mañana de parte considerable de su comercio exterior y sobre todo, de sus fuentes de financiamiento externo. La nación, ante el peligro de verse asfixiada económicamente tuvo que emprender el camino de la reforma económica, planteándose la tarea de salvar las conquistas alcanzadas hasta ese momento, adoptando para ello un amplio paquete de medidas de carácter político y económico.
Dentro de estas medidas se encuentra la apertura al capital extranjero, como una vía para la captación de fuentes de financiamiento externo que contribuyeran a detener la brusca caída de la economía y luego a su recuperación progresiva. “La inversión extranjera no nos gustaba mucho, no era de nuestro mayor agrado (...), Pero el desarrollo, mucho más en las condiciones nuestras, exigía capital, buscar capital; exigía sencillamente la utilización de capitales extranjeros y la aceptación de inversiones extranjeras”[8]
Fundamentos Económicos y Jurídicos de la Inversión de Capital Extranjero en el Proceso de Reforma Económica de los noventa
La apertura a la IED forma parte de la reforma económica general que se desarrolla desde los inicios de la década de los 90 y es un componente importante en la recuperación económica del país desde 1995. La reforma económica partió de la implantación de un grupo de medidas encaminadas a desatar las fuerzas productivas nacionales, utilizando para ello determinados mecanismos de economía de mercado, sin que esto constituya un retroceso hacia el capitalismo, como ha sucedido en la inmensa mayoría de los antiguos países socialistas.
El efecto de este conjunto de medidas ha posibilitado detener el proceso de deterioro de la economía y avanzar progresivamente en la recuperación económica, lo cual se analiza en otro apartado de este propio texto (Ver: Parte IV).
Las nuevas condiciones en que se debía efectuar el desarrollo y en particular la apertura al capital extranjero exigía además un marco jurídico apropiado. Como se vio anteriormente, ya en Cuba existía una ley que normaba el proceso inversionista, el Decreto Ley No 50 de 1982, pero a pesar de que el mismo en su momento resultó bastante avanzado ya no respondía a las exigencias planteadas ante la nueva situación económica del país, dado el derrumbe del sistema socialista mundial y la propia crisis económica que nos afecta desde inicios de la década actual, la cual tocó fondo en 1993. Se planteaba en el marco de las reformas económicas e institucionales iniciadas en los años 90 sobre todo a partir de 1993, la promulgación de una nueva ley de inversiones que lejos de frenar estimulara el proceso de IED en el país, como una de las vías para garantizar el financiamiento externo tan necesario para salir de la crisis y garantizar el desarrollo.
No obstante, antes de promulgar esa nueva ley era preciso adaptar la Constitución de la República, aprobada el 24 de febrero de 1976, a las nuevas exigencias pues tal y como estaba redactada no permitía la existencia de una legislación más avanzada en relación a la IED.
Esta adaptación se plasmó formalmente en la Ley de Reforma Constitucional, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio de 1992. Las modificaciones principales que sufrió el texto constitucional en sus fundamentos económicos fueron: una concepción más amplia de las formas de propiedad, la transformación de las funciones económicas del Estado y la eliminación del monopolio estatal en la actividad del comercio exterior. Así, en el Artículo 14 de la Ley se limita la propiedad socialista de todo el pueblo a los medios fundamentales de producción y se reconoce la actividad privada en las empresas y asociaciones económicas. En el Artículo 23 se reconoce como una nueva forma de propiedad la de las empresas mixtas, sociedades y asociaciones económicas que se constituyen con arreglo a la ley.
Un paso intermedio entre la reforma constitucional de 1992 y la aprobación de la nueva ley de inversión extranjera, lo constituyó la aprobación por el Parlamento Cubano el 21 de diciembre de 1994 de la Ley de Minas. Entre los objetivos básicos de esta ley se encuentran la incentivación a la inversión extranjera, la preservación de la soberanía nacional sobre los recursos mineros del país y la conservación del medio ambiente. La nueva Ley de Minas ha favorecido el desarrollo de la minería, propiciando la reorganización de esta actividad. La concesión de derechos de explotación y el establecimiento de un régimen tributario específico para el sector forman parte del paquete de acciones introducidas.
El punto culminante en la fundamentación jurídica del proceso de apertura al capital extranjero, resulta la aprobación de la Ley No. 77, “De La Inversión Extranjera”, el 5 de septiembre de 1995. En su texto la nueva ley, mucho más avanzada que la anterior, señala que tiene como objeto “promover e incentivar la inversión extranjera en el territorio de la República de Cuba, para lleva a cabo actividades lucrativas que contribuyan al fortalecimiento de la capacidad económica y el desarrollo sostenible del país, sobre la base del respeto a la soberanía e independencia nacionales y de protección y uso racional de los recursos naturales”.[9]
RecuadroPrincipales diferencias entre el Decreto Ley No. 50 de 1982 y la Ley No. 77 de 1995
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Decreto Ley No 50 |
Ley 77 de 1995 |
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Régimen de autorización |
Ausencia de procedimientos para su tramitación |
Rigurosos procedimientos que incluyen los documentos a presentar, plazos para autorizar o denegar un proyecto entre otros |
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Tipos de inversión |
Empresa mixta de capital cubano y extranjero u otra forma que no implicara la creación de una persona jurídica |
Empresas mixtas, contratos de asociación económica internacional y empresas de capital totalmente extranjero |
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Apertura sectorial |
No se precisa |
Todos, excepto instituciones armadas, educación y salud |
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Participación extranjera |
Hasta el 49% |
No existen restricciones |
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Seguros |
Derechos de primera opción a empresas cubanas |
Se pueden contratar seguros con cualquier compañía autorizada |
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Garantías a inversionistas foráneos |
Derechos a remesar dividendos o utilidades netas, así como su parte en la liquidación del negocio |
Se mantienen las anteriores y se adiciona: plena protección y seguridad del capital invertido así como la no expropiación |
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Régimen laboral |
Contratación mediante entidad estatal empleadora |
Se mantiene lo anterior, pero en caso de empresa mixta se puede autorizar contratación directa |
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Beneficios aduaneros |
No se consideraban |
Discrecionalmente se pueden otorgar facilidades especiales |
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Régimen de zonas francas y parques industriales |
No se considera |
Se considera |
La Ley No. 77 de 1995 consta de 58 artículos contenidos en 17 capítulos y entre los elementos fundamentales que se recogen en su texto se encuentran: las garantías a las inversiones, los sectores destinatarios y formas de la inversión extranjera, el régimen laboral, de impuestos y otros, y faculta al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros para autorizar el establecimiento de zonas francas y parques industriales. Esta última facultad reconocida por la Ley se complementa posteriormente por el Decreto Ley No. 185 de 1996, “De las Zonas Francas y Parques Industriales”, con cuya promulgación en nuestro país se crea en lo fundamental un marco jurídico para la promoción de la IED que se encuentra entre los más avanzados de la región. La no existencia de una ley de inversión extranjera adecuada a las exigencias a las del mundo actual resultó un freno nada despreciable para la IED en Cuba y en cambio, la promulgación de la ley 77 de 1995 complementada posteriormente con el decreto ley No. 165 de 1996 ha influido positivamente en el aumento de la IED en nuestro país. Como resultado de esta nueva legislación podemos ver que solo en los 15 meses posteriores a la aprobación de la ley 77 se constituyeron 80 asociaciones económicas con capital extranjero, aumentando la complejidad de las mismas así como el monto del capital aportado.
Se puede concluir del recuadro que la nueva ley es mucho más avanzada, sobresaliendo por su modernidad y flexibilidad en el contexto de la región ya que ha eliminado trabas explícitas e implícitas al flujo de capital extranjero, existentes en otras legislaciones similares del área, como por ejemplo, las restricciones a la repatriación de utilidades al exterior, así como cláusulas que reservan actividades productivas al Estado.
La apertura de IED es un proceso complejo que encierra muchos factores que la favorecen y al mismo tiempo se acumulan obstáculos que han limitado y aún limitan su desenvolvimiento. Un bosquejo de dichos factores puede ayudar a interpretar de forma global el problema que enfrenta el país en esta esfera.
1. La calidad del capital humano en Cuba resiste una comparación favorable en el campo internacional en diversos indicadores tales como:
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proporción de científicos y técnicos por mil habitantes·
tasa de alfabetización de adultos·
niveles de escolarización·
por ciento de graduados de enseñanza terciaria y universitaria con relación a la población total2. La existencia de capacidades productivas ociosas y en muchos casos con rezagos tecnológicos que se podrían corregir y hacerse eficientes con pocos aportes externos en tecnologías, mercados, materias primas y otros bienes de capital.
3. Buena infraestructura física
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14 mil kilómetros de carreteras asfaltadas·
11 mil kilómetros de vías férreas·
7 aeropuertos internacionales y 9 nacionales·
12 puertos mecanizados4. Mercado interno atractivo con creciente demanda de bienes y servicios.
5. La progresiva recuperación económica del país.
6. La falta de relaciones con Estados Unidos de América que concede ventajas comparativas a los empresarios de otros países.
7. La moderna y flexible legislación que norma el desarrollo del proceso.
FACTORES QUE OBSTACULIZAN EL PROCESO DE IED
1. El bloqueo económico y su recrudecimiento en especial a través de la ley Helms-Burton.
2. Desequilibrios macroeconómicos internos en proceso de corrección.
3. Dificultades propias de la transformación económica que se efectúa en el país
4. La inercia de muchos años de aislamiento.
5. La deuda externa acumulada y las exigencias planteadas por Club de París que son inaceptables para el país.[10]
Al hacer el balance entre estos factores el saldo es favorable a los primeros, pues en la medida que el país avanza en su recuperación económica los obstáculos se debilitan cada vez más, incluyendo el bloqueo económico que encuentra cada día una mayor oposición incluso dentro de los propios Estados Unidos, como lo evidencia el aumento de número de visitas de empresarios norteamericanos que se pronuncian por la necesidad de hacer sentir su presencia en la economía cubana.
Resulta incuestionable que el actual proceso del IED en Cuba, ha jugado un importante papel en la recuperación de nuestra economía, es decir, ha tenido un efecto económico real lo cual se traduce en:
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Empresas que se han mantenido trabajando o que han podido reiniciar sus operaciones gracias al IED. Por citar sólo dos ejemplos, tenemos a las empresas de la industria del níquel y la extracción del petróleo. Ambas industrias han logrado superar sus niveles históricos de producción.v
Creación de nuevos empleos y recuperación del contenido productivo de otros. A pesar de que en muchos casos la formación de empresas mixtas ha traído consigo una racionalización de puestos de trabajo y en otros casos se produce una reincorporación de los trabajadores a sus antiguos puestos de trabajo en empresas que reinician sus actividades, hay un saldo positivo en cuanto a la creación de nuevos empleos. Ya en 1995 la actividad de las empresas mixtas había generado más de 60 mil nuevos empleos y en la actualidad estas cifra asciende a mas de 80 mil.