La Economía Política de la Construcción del Socialismo
Figueroa Albelo y otros

 

 

TRANSICIÓN EXTRAORDINARIA DEL CAPITALISMO AL SOCIALISMO EN CUBA

 

 

“La transición de un sistema social al otro se viene haciendo desde hace más de 40 años”. Fidel[1]

 

Víctor M. Figueroa Albelo

 

La construcción del socialismo en Cuba como pequeño país periférico subdesarrollado concuerda, por su contenido y alcance, con una transición extraordinaria o periférica del capitalismo al socialismo. Este carácter genético-histórico resulta mucho más comprensible en los tiempos actuales luego del desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la antigua URSS, con la expansión de la globalización neoliberal y el reforzamiento del bloqueo económico por parte de Norteamérica.

El problema central de este tema es el surgimiento y evolución de la transición extraordinaria en Cuba desde la perspectiva de los cambios estructurales en el sistema general de relaciones de producción, incluyendo el examen de sus contradicciones estructurales.

 

UNA PROPUESTA DE PERIODIZACIÓN DE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA

El período de tránsito del capitalismo al socialismo en Cuba comenzó, estrictamente hablando, el 13 de octubre de 1960 con la nacionalización del gran capital nacional. Todo este tramo histórico hasta el presente pudiera segmentarse en períodos o fases para su estudio, tomando en cuenta fundamentalmente la evolución-transformación de la estructura económica con sus tendencias dominantes. Por supuesto, cualquier otro punto de partida o enfoque daría lugar a una clasificación diferente.

En el texto “Estructura Económica de Cuba” se establecen diferentes ciclos periódicos en estos más de 40 años desde el punto de vista de la macroeconomía, donde la base económica aparece simplemente como un referente. Su propuesta contiene 8 períodos, 1) “1959-1963: los grandes cambios; 2) 1964-1967: reanimación económica; 3) 1968-1970: la zafra de los 10 millones; 4) 1971-1975: crecimiento acelerado; 5) 1976-1985: estabilidad macroeconómica; 6) 1985-1989: desaceleración; 7) 1989-1993: crisis y asimilación del impacto externo y, finalmente, de 1994 hasta el presente: adaptación, transformación y recuperación. [2]

Carlos García en su opúsculo “El período especial: una visión desde la economía política” identifica “tres niveles o estadios en la transición: el simple o elemental, el intermedio y el período especial. En el elemental comienza la construcción del socialismo (1960-63), en el intermedio (1964-1989) avanza pero no culmina la edificación y el tránsito. Se supone que se pasa a un nivel evolutivo superior, pero lo que sobreviene es el período especial, y sobre la construcción del socialismo van a gravitar grandes presiones que la modifican y distorsionan”.[3] El enfoque de García se basa en la gradualidad del movimiento general con un punto de inflexión: la “modificación y distorsión” de los años noventa.

La transición extraordinaria al socialismo en Cuba, desde el punto de vista de la economía política debe tomar en cuenta especialmente los cambios acaecidos en la estructura económico-social en estos años, con sus mediaciones y tendencias Inter.-temporales porque es el modo de captar esa “serie de otros tránsitos”, al decir de Lenin,[4] o “fases sociales y económicas” que se suceden “antes de llegar a la organización socialista”[5] a que aludiera Engels en el caso de los países atrasados. También hay otra poderosa razón: la base económica es la partera de sistemas de contradicciones específicas y de  leyes económicas diferenciadas en que la nueva ley económica fundamental emergente aparece en calidad de tendencia dominante entre múltiples desviaciones y conflictos endógenos y exógenos. Entonces, la razón estructural es la base metodológica fundamental para subdividir este proceso histórico de más de cuarenta años desde la economía política en tres grandes etapas o períodos.

Primer período: Salto a la transición al socialismo desde el capitalismo de Estado de liberación nacional. Heterogeneidad estructural (13/10/1960 hasta finales de 1963). Este coincide con la génesis del tipo socialista con su marcada tendencia al dominio de la forma estatal socialista a partir de las particularidades de las fuerzas productivas nacionales, conservando la heterogeneidad socioeconómica con diversos tipos y formas de propiedad y de relaciones de producción que son asimiladas y absorbidas sucesivamente por la socialización estatal de la cooperativa agrícola proletaria socialista, de una parte del comercio privado y finalmente del tipo capitalista.

Segundo período: Modelo estatal globalizado de la economía de transición (1964-1989). La heterogeneidad socioeconómica se trueca definitivamente en una estructura predominantemente estatal, en términos prácticamente absolutos, mediante procesos de absorción-asimilación de la propiedad privada urbana y rural individual. Entretanto desde finales de los setenta se rectifica el camino estatal de transformación de lo pequeños productores agrícolas impulsándose el cooperativismo como forma fundamental de socialización en el campo. Un cambio estructural importante y decisivo en esta etapa es la expansión-reproducción extensiva e intensiva del sector estatal por intermedio del proceso de acumulación-industrialización.

Tercer período: Hacia un Modelo heterogéneo (mixto) de transición (1990 hasta el presente). La crisis económica y estructural interna y de su soporte externo, conducen a la reforma de la base económica del sector socializado, a una apertura a la heterogeneidad socioeconómica de la base económica y al dualismo funcional de la economía. Se trata de un proceso de adaptación y transformación creciente de la estructura interna más acorde al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y a la necesaria reinserción del país a la economía mundial globalizada.

El enfoque estructural no deja de tomar en cuenta aquellas cuestiones referidas a los factores incidentes en los cambios: político-superestructurales, mecanismo económico y visión del desempeño global de la economía; pero siempre aparecerán en calidad de complemento causal o efecto asociado a uno u otro cambio estructural.

El salto histórico a la transición socialista en Cuba, apenas 20 meses después del triunfo revolucionario, tuvo su causa inmediata y directa en la agresión virulenta del imperialismo norteamericano –que ya preparaba la invasión armada a la Isla– en su intento de aplastar el proyecto de liberación nacional con justicia social a la que se alió de pies y cabeza la gran burguesía. Las circunstancias extremas en que fue colocada la Revolución no daban lugar a otra alternativa revolucionaria que no fuese el paso al socialismo a fin de continuar por una vía más radical, expedita y completa el proceso de liberación nacional y social independiente de la nación.

La Revolución no podía detenerse so pena de autodestruirse y traicionar a las masas populares con sus anhelos y reafirmación de la democracia, libertad y justicia social recién conquistadas. Avanzar era el único camino posible, dando contragolpes decisivos: la liquidación del gran capital y la explotación del hombre por el hombre. Significaba asumir el curso socialista del desarrollo en las especialísimas condiciones de un pequeño país periférico, situado apenas a 90 millas de su enemigo principal y más poderoso país del capitalismo mundial en el mundo bipolar de la época.

El entorno externo era favorable y facilitaba la realización de este salto. Cuba recibió apoyo y ayuda de la URSS a la que se le suponía haber alcanzado la paridad militar estratégica con los EE UU; el resto del campo socialista también fue solidario. Cuba se colocó rápidamente en el vórtice del mundo bipolar, encabezado por ambas superpotencias, convertida nuevamente en equilibrio del mundo como lo afirmara Martí en su época. En ese mismo período había cobrado mucha fuerza la lucha anticolonialista en los tres continentes del llamado Tercer Mundo; una parte importante del movimiento de liberación nacional estaba fuertemente influenciado por la teoría marxista y los ideales socialistas que por aquel entonces tenían un gran prestigio e influencia política a escala universal.[6]

La falta de desarrollo de la teoría revolucionaria, especialmente de su economía política, no favorecía a los forjadores y constructores del proyecto social revolucionario en Cuba. Esta idea no significa que la teoría bastase por si misma para construir la nueva sociedad, pues el “socialismo experimental” es consustancial a la teoría general marxista del desarrollo, máxime en las condiciones de la periferia. Los revolucionarios cubanos partían de la teoría de Marx, Engels y Lenin a lo que sumaban el examen crítico de las experiencias acumuladas en el campo socialista a pesar de las serias limitaciones de información, siguiendo el buen ejemplo de Mella, Baliño y otros: el socialismo cubano: solo era y es viable como síntesis del pensamiento martiano y del marxismo, fundidos en un solo haz.

La misión histórica de la transición al socialismo en Cuba no le cabía postular la tesis leninista para la URSS, esto es, promover y alcanzar el nivel de desarrollo del capitalismo monopolista de Estado como premisa para dar cima a la transición. Tal enfoque era y sigue siendo impensable por razones obvias. En nuestro caso, la transición cumple, de modo nuevo, la tarea de salir del subdesarrollo mediante una acumulación originaria que promueva el desarrollo económico y social, que consolide la liberación nacional, escapando al predominio y lógica del gran capital, nacional y transnacional. La meta de desarrollo se sintetiza en crear aquellas condiciones de progreso y civilización, y de un sujeto histórico preparado, culto y conciente que le facilite su inserción armónica en un mundo solidario universal, liberado definitivamente del capitalismo.

I. ETAPA DEL SALTO A LA CONTRUCCIÓN SOCIALISTA 1960-1963.[7]

Luego del triunfo de la Revolución en enero de 1959 y tras una breve etapa en que predominó el modelo de capitalismo de Estado de liberación nacional, el país inicia la construcción socialista el 13 de octubre del año 1960[8] con la nacionalización del gran capital nacional, a lo que sigue inmediatamente la nacionalización del capital norteamericano restante. La ley de la plusvalía y la de acumulación capitalista son sustituidas en lo fundamental por la propiedad socialista y la acumulación socialista de base estatal predominante.

 

NACIMIENTO DE LA PROPIEDAD SOCIAL SOCIALISTA

El 13 de octubre del año 1960[9], posterior a la etapa de capitalismo de Estado de liberación nacional, se inicia la construcción socialista con la nacionalización del gran capital nacional, a lo que siguió inmediatamente la nacionalización del capital norteamericano todavía restante. La ley de la plusvalía y la de acumulación capitalista son sustituidas en lo fundamental por la propiedad socialista y la acumulación socialista de base estatal predominante.

En el preámbulo a la Ley 980 (13/10/1960) de nacionalización todavía no se enuncia abiertamente el concepto de socialismo, aunque está implícito en la afirmación de que el Programa del Moncada había concluido por lo que “se declara incompatible la realidad revolucionaria establecida en Cuba con la existencia del capitalismo en sus formas más desarrolladas, dejando solo ese margen para las empresas pequeñas y medias”.[10]

La tesis socialista se trató con sumo cuidado táctico en correspondencia con el nivel de conciencia y formación política de las masas trabajadoras. La declaración política del paso al socialismo ocurriría poco después en vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón; precisamente el 16 abril de 1961, Fidel, en su discurso en el sepelio de los caídos en el ataque mercenario a los aeropuertos de La Habana (también ocurrió en Santiago de Cuba) expresó que ahora todos los que en adelante cayeran en combate por la Revolución lo harían en nombre del socialismo. Así se inicia el largo y complejo proceso de desarrollo económico y social por la vía socialista sobre la base de la propiedad social de todo el pueblo y la concentración del excedente económico en manos del Estado Socialista en representación del pueblo. El Estado revolucionario transformó con ese acto su esencia, ahora se trataba de un Estado de obreros, campesinos y otras capas sociales aliadas, portadores del marxismo y de los ideales y metas socialistas.

El gran drama histórico que condiciona este gran salto histórico en Cuba a fines de 1960 tiene su origen inmediato en la posición que adoptó la gran burguesía nacional, entreguista y obediente a los dictados del imperio, fomentando la contrarrevolución y abandonando el país confiada en su rápido retorno al poder tras las bayonetas yanquis. “Fue esa resistencia traidora, cómplice del imperialismo, −confiesa Carlos Rafael Rodríguez−, la que obligó al Gobierno Revolucionario a apresurar una nacionalización completa”. (…) “precipitó inevitablemente las nuevas medidas de nacionalización”.[11] El gran salto fue producto de las circunstancias y no de una acción política programada, al menos para una fecha tan temprana.

Desde 1959 no habían cesado las agresiones norteamericanas y esta cadena de acontecimientos obligó al Gobierno Revolucionario, por una cuestión de principios y de soberanía nacional, a la “política de contragolpes” mediante la nacionalización creciente del gran capital norteamericano. Estas nacionalizaciones, como ya se dijo, no constituían una medida socialista sino simplemente de liberación nacional, tampoco condicionaban necesariamente el paso al socialismo.[12] La posición intransigente de la burguesía cubana, unido al plan de liquidación de la Revolución por el Imperio del Norte, dieron pie a la supresión del gran capital y de la gran burguesía como clase dominante. En consecuencia cambió sustancialmente el régimen socioeconómico, comenzó el fin de la ley de la acumulación capitalista y de la explotación del hombre por el hombre; comenzaba, ¡al fin!, el proceso de desarrollo económico y de emancipación de los proletarios y de todo el pueblo cubano.

El tipo socialista de economía en Cuba se integrará a partir de tres fuentes: Primera y determinante el gran capital nacional expropiado el 13 de octubre de 1960; segunda, la mutación dialéctica positiva al socialismo del sector estatal y cooperativo proletario de la etapa precedente de liberación nacional. Y por último, el resto de las propiedades norteamericanas existentes que fueron nacionalizadas el 14 de octubre.[13]

La mutación socialista de la propiedad estatal y cooperativa cañera, —soportes del capitalismo de estado de liberación nacional que existía antes del 13 de octubre de 1960—, se explica por el cambio de naturaleza del Estado, ahora de jure y de facto, un Estado socialista que sintetiza los intereses esenciales de liberación nacional y social del país. Esta tesis hay que subrayarla porque es poco manejada. La propiedad socialista con sus nuevas relaciones de producción correspondientes que dan a luz al nuevo tipo de economía “naciente” socialista, surge con la nacionalización del gran capital nacional, su disparador esencial, pero con este acto ocurre al unísono, al mismo tiempo, la mutación socialista de la base productiva y social del capitalismo de Estado de la etapa anterior a lo que se agrega la mutación también del capital norteamericano nacionalizado un día después, el 14 de octubre de 1960 por el cual se imbrican dos procesos: el de liberación nacional y el socialista.

Estas nacionalizaciones no implicaban la liquidación inmediata ni total del sector capitalista pequeño y medio; al contrario, su presencia resultaba necesaria y viable. Entre tanto, el sector privado individual del campo y ciudades siguió ampliándose a tenor de la acción de la ley del valor.

Visión solo aproximada de la estructura.

En virtud de todos los cambios analizados se configuró, en el plano estructural, una economía de transición al socialismo de carácter heterogéneo a finales de 1960, encabezada por el tipo socialista bajo una forma estatal dominante (Ver Gráfico 1). Aquella estructura se asemejaba a la de la NEP, pero difería por el alto nivel relativo del sector estatal socialista y en particular por la existencia y papel predominante de cooperativas proletarias socialistas en la agricultura. También se distancia de modelo nepista por la ausencia de la fórmula de capitalismo de Estado con capital extranjero y la inexistencia de formas patriarcales en la economía nacional.

El rasgo que peculiariza a esta economía de transición al socialismo a finales de 1960 —a diferencia de las experiencias de otros países de la ex comunidad socialista— consiste en el peso predominante de la propiedad estatal socialista en todas las esferas de la economía. Lo que es explicable porque la gran propiedad capitalista extranjera y de nacionales sobre los medios fundamentales de producción tenía tal grado de concentración —tómese en cuenta simplemente el peso y significación en la reproducción nacional de la agroindustria azucarera, la agricultura en gran escala, la banca, la minería, la energética, las grandes fábricas de las ramas industriales no azucareras y de la esfera de los servicios— que el resto de los sectores dominados por el capital privado (pequeño y medio) y la pequeña producción mercantil resultaban poco significativos en la reproducción ampliada nacional. Además, el gran capital disponía de un nivel organizativo, contable y financiero moderno a la altura de los monopolios norteamericanos de la época. Entonces, la conversión de aquellos medios de producción en propiedad de todo el pueblo, transformaron al Estado económico, inmediatamente, en el eje central de la economía nacional. Podría preguntarse sin una opción cooperativa de socialización hubiera sido viable. La respuesta es negativa. Por demás, el cooperativismo no había figurado como doctrina en las concepciones de los revolucionarios, con independencia del experimento original de cooperativismo agrícola promovido por la I Ley de Reforma Agraria.

El rasgo que peculiariza la economía de transición al socialismo a finales de 1960 –a diferencia de las experiencias de otros países de la ex comunidad socialista– consiste en el altísimo peso de la propiedad estatal socialista. Este fenómeno es explicable. Durante la etapa propia al capitalismo de Estado de liberación nacional el Estado había concentrado en sus manos los ejes fundamentales del patrimonio nacional. La gran propiedad capitalista extranjera y de nacionales sobre los medios fundamentales de producción tenía tal grado de concentración –tómese en cuenta simplemente el peso y significación en la reproducción nacional de la agroindustria azucarera, la agricultura en gran escala, la banca, la minería, la energética, las grandes fábricas de las ramas industriales no azucareras y de la esfera de los servicios– que el resto de los sectores dominados por el capital privado y la pequeña producción resultaban insignificantes y raquíticos. Además, el gran capital disponía de un nivel organizativo, contable y financiero moderno a la altura de los monopolios norteamericanos de la época. Entonces, la conversión de aquellos medios de producción a propiedad de todo el pueblo, convirtieron al Estado, inmediatamente, en el eje central de la economía nacional. Podría preguntarse sin una opción cooperativa de socialización hubiera sido viable; la respuesta es negativa. Por demás, el cooperativismo no había figurada como doctrina en las concepciones de los revolucionarios, con independencia del experimento original de cooperativismo agrícola promovido por la I Ley de Reforma Agraria.

La estructuración del Estado socialista cobra a partir de estos momentos una significación nueva: surgen nuevas instituciones y organizaciones políticas y de masas que sentaron los fundamentos organizativos y democráticos de participación del pueblo y la legitimación del nuevo poder político. La unidad del movimiento revolucionario (Movimiento 26 de Julio, Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular) dio a luz al embrión del partido de la revolución: las Organizaciones Revolucionarias Integradas, que en 1962 darían paso al Partido Unido de la Revolución Socialista, del que emergería el Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1965 como fuerza rectora principal de la sociedad. En este mismo espacio temporal surgen las organizaciones de masas principales como los CDR, FMC, ANAP, la Unión de Jóvenes Rebeldes que se transforma posteriormente en Unión de Jóvenes Comunista y otras. Un significado especial tuvo la creación de las milicias obreras y estudiantiles para la defensa armada del país. En este amplio sistema descansaría la legitimación del poder revolucionario de los trabajadores, campesinos e intelectuales y la democracia participativa y directa de todo el pueblo.

Los diversos tipos socioeconómicos subrayan la unidad de la economía cubana así como sus principales contradicciones.

De 1960 hasta 1962 existieron tres tipos socioeconómicos: el socialista bajo dos formas de propiedad y producción: la estatal y cooperativa (de origen proletario en el campo), el capitalista privado y la pequeña producción mercantil urbana y rural. El antagonismo entre lo tipos socialista y capitalista constituía la contradicción antagónica fundamental de este período la que penetra e intermedia a las contradicciones latentes con el tipo privado individual e influirá a su modo en la relaciones entre la forma estatal y cooperativa socialistas y marcaría el rumbo siguiente de las transformaciones.

La contradicción nación-imperialismo figuraba, por derecho propio, como el conflicto principal externo de la transición socialista, de la liberación nacional y de la independencia y soberanía del país hasta el presente. Su vigencia continuará mientras exista el imperialismo. La guerra económica de los EE.UU. contra Cuba ha sido total y completa. En este contexto de enfrentamiento al imperialismo se reveló dramáticamente el nivel real de atraso y dependencia heredados por la nación. A causa del bloqueo, aprobado formalmente en febrero de 1962 por el Gobierno Norteamericano, se paralizó gran parte del aparato productivo por falta de piezas de repuesto y materias primas, lo que se agravaría producto del estado de guerra permanente impuesta a la nación cubana: la contrarrevolución interna (bandas de alzados), la invasión de Playa Girón (abril, 1961) y la Crisis de Octubre (1962), cuando la nación cubana y el mundo se vieron amenazados por el exterminio nuclear. Realmente, la Revolución Cubana no tuvo un espacio de paz para dedicarse por entero a los problemas del desarrollo económico durante los primeros diez años de la década de los sesenta.

Cuba debía reinsertarse al mercado mundial luego de perder su mercado natural, el más cercano, forjado desde el siglo XIX. El antagonismo Socialismo-Capitalismo (Este-Oeste o EE.UU.-URSS), la guerra fría y la presión norteamericana por universalizar el bloqueo, aceleraron la inserción de Cuba en el campo socialista, sus aliados ideológicos naturales. El apoyo de la URSS es difícil sobreestimarlo; resultó decisivo para el desenvolvimiento y defensa de la Revolución.[14] La rearticulación de la economía cubana a la soviética no fue un proceso fácil sobre todo en estos primeros años, pero luego de un largo y complejo proceso, terminó ensamblándose a los patrones tecnológicos, financieros y de mercado del campo socialista.

Este complejo entramado de contradicciones tendrá sus impactos y resonancias en el curso posterior del desarrollo estructural de la construcción socialista en Cuba.

 

Salto de la cooperativa proletaria a la fórmula estatal

La existencia de un sector cooperativo socialista integrado por los ex proletarios cañeros encerraba múltiples contradicciones de tipo social, económico y organizativo. Estaba también detrás de este fenómeno un problema conceptual en relación con la construcción socialista.

Un primer costado de esta problemática radica en la escisión estructural de la clase obrera nacional bajo tres regímenes de producción: trabajador-propietario social dentro del sector estatal, trabajador-propietario colectivo en las cooperativas agrícolas y simples asalariados por el capital y los campesinos medios fundamentalmente. Otro problema: los cooperativistas se aislaron de las ventajas de pleno empleo, salarios y de otras conquistas que disfrutaban el resto de los trabajadores agrícolas estatales. Esta multiestructuralidad clasista no impidió que la dirección de la Revolución y el movimiento sindical lograran su unidad organizativa y de acción a favor del socialismo; también es cierto que la propiedad de grupo y su tendencia objetiva al desclasamiento de una parte importante del proletariado rural (los cañeros) no convenían a los intereses estratégicos de la revolución socialista. A todo lo dicho se sumaron otros factores: los impactos negativos de la crisis azucarera, los defectos e insuficiencias en la administración de estas entidades las que terminaron por ser irrentables en su gran mayoría. Por último, el INRA las fue transformando en entidades paraestatales, alejadas del ideal y carácter socioeconómico particular del cooperativismo.

En el plano conceptual tuvo una marcada influencia las tesis de la economía política del socialismo eurosoviética para la cual la propiedad cooperativa era válida exclusivamente como método de socialización de los pequeños productores y como sistema de transición particular hacia el modelo estatal socialista único. A fines del verano de 1962, el sector cooperativo se transformó finalmente, a petición de sus propios miembros, en granjas de todo el pueblo. Con este paso se unificó mayoritariamente la clase obrera como portadora de la propiedad social.

Cabe destacar que aquellas cooperativas proletarias no lograron realizarse económica ni socialmente como tales. El experimento quedó trunco.[15] En la agricultura coexistían tres formas sociales principales de propiedad y explotación: la estatal socialista (forma dominante de organización social), la capitalista privada y la campesina (productores pequeños y medios).

En resumen, la estructura heterogénea de la economía de transición vista de conjunto a nivel nacional se redujo al tipo socialista estatal único, el capitalista pequeño y medio y a la pequeña producción mercantil privada rural y urbana.

 

Tipo privado individual: nacionalización-regulación estatal

La pequeña producción mercantil privada individual formaba una capa diferenciada, numerosa y creciente numéricamente desde la etapa del capitalismo de Estado; algunos de sus estamentos se fortalecieron bajo la acción de la ley del valor y del mercado con sus efectos diferenciadores. A este grupo pertenecían los campesinos pequeños y medios, los comerciantes, intermediarios, artesanos, pequeñas industrias y servicios varios (formal, informal y autoempleo). Una parte no despreciable de ellos pertenecía a la clase media. La lucha de los brotes de socialismo contra el capitalismo enfrentaba y se medía por la capacidad de la sociedad de regular al sector capitalista y su poder de atracción político-económico sobre los pequeños productores a los fines de la construcción socialista. El imperialismo y sus lacayos intentaron ganarse a estos productores para la contrarrevolución a través de la propaganda anticomunista, las organizaciones contrarrevolucionarias y las amenazas de agresión, entre otras, pero las medidas políticas y económicas de la Revolución lograron atraerlos en masa al campo del socialismo.


 

Regulación estatal de la economía campesina

A partir de 1961 se aplicaron medidas de regulación y control de la pequeña producción. Los campesinos pequeños y medios se organizaron en asociaciones campesinas que condujeron a la formación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) como organización clasista de los pequeños productores a favor del socialismo. Entretanto se organizaron las Cooperativas de Crédito y Servicios que abarcaron progresivamente a la gran masa campesina. Al mismo tiempo se promovió con mucha cautela y despacio la cooperación productiva de los campesinos en las cooperativas, llamadas Sociedades Agropecuarias.[16] La regulación económica de la espontaneidad de la producción campesina y la lucha contra los remanentes de especuladores y garroteros se llevó a cabo con el auxilio del crédito a través de la banca estatal a bajas tasas de interés, con redes comerciales de acopio estatal (empresas comerciales especializadas), la agroindustria estatal con precios justos y estables a las materias primas y con la canalización de recursos materiales al campesinado. A todo lo anterior se añade la creación de redes de Tiendas Campesinas que frenaron a los intermediarios y contribuyeron a la elevación del consumo de la población rural. Algunos de estos instrumentos económicos y sociales de regulación del sector privado campesino se asemejaban, a nuestro juicio, a una fórmula particular de capitalismo de Estado viable en la construcción socialista aunque nunca se le teorizó de este modo.

Esfera de la circulación (comercio) y su nacionalización parcial

En 1962, el país se vio obligado a implantar el racionamiento de la canasta básica y a medidas de nacionalización que se hicieron indispensables, así como otras relativas a la regulación estatal del comercio minorista.

El racionamiento tuvo su origen en la implantación del bloqueo económico. Este impidió el acceso de Cuba a mercaderías tradicionales en el consumo popular procedentes de los EE.UU. —no hay que olvidar que Cuba era dependiente en grado superlativo de las importaciones de ese país. Los países socialistas de entonces no estaban en capacidad ni posibilidad de sustituir al mercado de EE.UU. en cantidad ni calidad, tampoco el bloqueo permitía el acceso a otros mercados del mundo capitalista. Por último, la producción nacional estaba incapacitada estructural y funcionalmente para hacer frente internamente a la demanda solvente incrementada en los años previos. La libreta o cartilla de racionamiento fue una fórmula recurrente, —diferente al racionamiento que hubiera tenido lugar mediante la liberación de precios—, para enfrentar con criterio social los posibles brotes de especulación y por otro repartir con el máximo posible de equidad y justicia social los bienes básicos indispensables de la canasta familiar en momentos en que el proceso de reestructuración y organización no podía dar respuestas productivas equivalentes al crecimiento ocurrido en los ingresos de la población.

La aplicación del racionamiento del consumo se llevó a cabo con el concurso del sector comercial minorista privado desde principios del año 1962.[17] Las grandes empresas mayoristas estatales suministraban a los comerciantes los bienes-mercancías a precios regulados; además centralmente se fijaba la norma de ganancia, la cuota racionada oficial por persona que era de obligatorio cumplimiento y la tasa tributaria. Los consumidores se empadronaron en cada tienda especializada de su lugar de residencia; mientras tanto, los comerciantes privados ejecutaban su “función comercial privada”. En esta esfera se aplicó también, según nuestro criterio, una fórmula recurrente y eficiente de Capitalismo de Estado para la regulación y el control de este segmento del sector privado en la construcción socialista.

A finales de 1962 se nacionaliza una parte del sector comercial que operaba antes del bloqueo con bienes importados de los EE.UU. —almacenes de ropa, calzado, ferreterías y otros establecimientos. El país se vio obligado a concentrar los inventarios declinantes de muchos de estos bienes indispensables a la reproducción y al consumo popular para su empleo social organizado.[18]

Esta nueva expansión del sector estatal recayó como es de suponer sobre fuerzas productivas difícilmente asimilables —vista desde la teoría— por la socialización estatal, pero la premura de los acontecimientos no daba pie a pensar en fórmulas transicionales. Inevitablemente se abrió una brecha objetiva entre la nacionalización y la capacidad real, organizacional y eficiente del Estado para apropiarse de aquellas fuerzas productivas colectivas. Esta brecha condujo necesariamente a una inflación de las plantillas administrativas y a otros fenómenos negativos.

Fin del régimen del capital en Cuba

El capitalismo privado en el agro y en las ciudades mantenía un peso y ascendiente importantes en la economía nacional. Por ejemplo, el capital agrario, además de su fortaleza intrínseca ejercía una notable influencia sobre el sector industrial, comercial y los servicios estatales y privados. Más de 11 mil burgueses rurales poseían fincas hasta 402 hectáreas (algunos hasta las 1342) con algo más del 20% de las mejores tierras del país. Mientras, en el sector urbano proliferaba la pequeña y mediana industria y servicios con un peso no despreciable en la circulación y distribución de una parte importante del producto nacional. Al poder económico que conservaban estos remanentes de la burguesía en el agro y las ciudades, habría que añadir su cultura y experiencia, precisamente de las que carecían los revolucionarios que asumieron la conducción de la economía y de la sociedad.

En teoría pura, económicamente hablando, era posible la permanencia y colaboración de estos segmentos del capital privado en la construcción socialista en Cuba durante un tiempo más o menos prolongado. Cierto es que una parte de estas industrias utilizaban tecnologías y/o materias primas de importación preferentemente del mercado norteamericano. Esta dependencia era un obstáculo objetivo para su funcionamiento incluso bajo cualquier fórmula social de explotación. Pero otra parte de la pequeña y mediana industria utilizaba in extenso los mercados locales de materias primas y tenía mayores posibilidades de supervivencia.

La ruptura de este sector con la construcción socialista se producirá justamente a partir de las posiciones políticas que asumió esta clase social frente a la Revolución. Su acercamiento creciente y alianza abierta con el imperialismo y la contrarrevolución interna, y en otros casos su emigración, anularon la posibilidad histórica de una convivencia aceptable a favor del proyecto de desarrollo de la nación.

Cuadro 1. Sistema agrario después de la II Reforma Agraria

 

Dic./ 63ª

Sector Público (Granjas del Pueblo)

5514,0

Sector Campesino

3563,0 b

Total

9077,0

a-. La agricultura socialista en Cuba. M. Gutelman. ERA, México, 1970; d- Las granjas cañeras explotaban 1089 miles de ha. b- En 1963 existían 345 “Sociedades Agropecuarias” con unas 53,6 miles de hectáreas.

Hacia finales de 1963, la contrarrevolución se había expandido peligrosamente en el mundo rural, involucrando a una buena parte de la burguesía agraria, incluido un segmento importante de la producción cañera nacional. Esta actitud ponía en peligro la producción azucarera nacional. Precisamente, la zafra de 1963 fue la más pequeña de los últimos dieciocho años; pero aun más, en este preciso momento toma cuerpo la estrategia de desarrollo agroindustrial exportador azucarero. Entonces, sobraban razones políticas y económicas para descabezar a la burguesía agraria mediante la II Ley de Reforma Agraria del 3 de octubre de 1963.[19] Su título eufemístico encerraba realmente una nacionalización socialista. Con este paso se puso fin al tipo capitalista privado en el país y a la contradicción capital/ trabajo. La explotación del hombre por el hombre cesó por primera vez en la historia de América Latina y del Hemisferio Occidental a poco más de cuatro años y nueve meses del triunfo de la Revolución y a tres años de haberse iniciado la construcción socialista.

La contradicción capitalismo-socialismo en Cuba, a pesar de la liquidación del primero, no significaba que hubiese desaparecido, sino que se revelaba en otras esferas de la vida material y espiritual, y en la conciencia de la gente. En este contexto cobraba fuerza y significación el conflicto sempiterno frente al Goliat del Norte, su nivel de desarrollo, su influencia a partir de la transferencia de ideas y de modo de vida. Por demás, estaba latente en virtud de la presencia de la pequeña producción urbana y rural que pueden derivar con mayor o menor fuerza en lógicas capitalistas.

Del autor. Visión aproximada no cuantitativa

El sector estatal socialista en el agro quedó con dos tipos básicos de organización social: la estatal socialista y la pequeña producción campesina que en una buena parte se organizó en CCS. A estas dos formas cabe adicionar un pequeñísimo sector cooperativo con productores de origen campesino en las llamadas Sociedades Agropecuarias.

El sector estatal agropecuario acumuló unas 5,5 millones de hectáreas bajo explotación, organizadas en Granjas de todo el Pueblo, a lo que ahora se agregaban miles de fincas expropiadas con menos de 402 hectáreas, desperdigadas por toda la geografía. Así se inició un complejo, largo y costoso proceso de reorganización de la agricultura nacional que debería enfrentar otros obstáculos como son: la baja disponibilidad de medios mecánicos y químicos, el bajo nivel de calificación de los cuadros y de la disciplina laboral y los altos costos de la ocupación permanente en la agricultura especializada. Las debilidades del sistema de gestión, asociado al autofinanciamiento, que apenas daba sus primeros pasos en esa fecha, añadieron nuevas y mayores dificultades a la socialización real. La tendencia a la socialización formal resultaba objetivamente inevitable en las primeras etapas.[20] La expansión extensiva y cuantitativa del sector estatal agrícola había tocado fondo; obviamente había que detectar y explotar las reservas de producción y productividad en el agro a fin de que éste contribuyera al despegue industrial del país, al aumento de las exportaciones y a la satisfacción creciente de la demanda nacional de alimentos.

HETEROGENEIDAD ECONÓMICA: BALANCE HASTA FINALES DEL 1963

A finales de 1963 la estructura socioeconómica heterogénea del modelo de transición había quedado reducida al tipo socialista casi absolutamente estatal, —aunque existiesen algunos elementos de cooperativismo en el campo—, y al tipo privado individual formado por los campesinos, la pequeña industria y servicios urbanos. En una palabra, al final de esta etapa la base económica se basaba prácticamente en una economía de tipo estatal absolutamente predominante.

El tipo socialista de economía naciente encerraba no pocas contradicciones. La contradicción fundamental de la transición en su conjunto se centraba lógicamente en la correspondiente al tipo socialista, cuya solución constituye un largo, difícil y complejo proceso orientado a alcanzar progresivamente la identificación del productor (trabajador) como propietario social de las fuerzas productivas socializadas con plena conciencia y eficiencia con la finalidad de acrecentar las fuerzas productivas, incluido por supuesto el hombre mismo, y elevar así su rendimiento y el excedente económico neto capaz de asegurar a cada uno, —a la totalidad de individuos diferenciados por su lugar y papel en la estructura económica y en la reproducción—, en proporciones crecientes la satisfacción de sus necesidades razonables en una perspectiva histórico, ética, de igualdad social y de libre desarrollo de la personalidad.

Cuadro 2. Estructura de la propiedad por sectores económicos en 1963.

Sectores

Socialista

No socialista

Sectores

Socialista

No socialista

Industria

95

5

Comercio Minorista

75

25

Agricultura

70

30

Comercio Mayorista

100

-

Construcción

98

2

Comercio Exterior

100

-

Transporte

95

5

Banca

100

-

Colectivo de autores. Lecciones de Economía Política de la Construcción del socialismo. Dirección de Marxismo-Leninismo del MES. La Habana, 1991, p. 102.

Es fácil comprender que este proceso abarca ajustes y mediaciones convenientes en la estructura económica, en sus mecanismos de funcionamiento, en las políticas económicas y estrategias de desarrollo y en las formas que adopte la superestructura política, social, educativa y cultural de la sociedad, capaces de apoyar el largo, difícil y complejo proceso de liberación del hombre de las taras objetivas y de conciencia que hereda a partir del subdesarrollo capitalista, mientras nace uno nuevo en medio de un entorno capitalista hostil, desarrollado y universal.

Entonces, la solución a la contradicción fundamental pasa primero que todo por la solución a la antinomia entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas socializadas y las formas organizativas de las relaciones socialistas de producción que aseguran la participación libre y democrática de los productores en la gestión económica y social. Esta contradicción interna al tipo socialista corresponde al sistema en su conjunto.

La contradicción principal se centra en el atraso de las fuerzas productivas socializadas aún cuando se nacionalicen solamente a los medios de producción fundamentales. Recordemos que nos referimos a las fuerzas productivas de un país neocolonial pequeño y periférico, y por lo mismo atrasadas, deformadas estructuralmente e incapaces orgánicamente de garantizar la reproducción independiente. El crecimiento autosostenido le resulta imposible.

Ahora bien, si en 1960, la propiedad socialista estatal se concentró en la gran economía, en lo sucesivo se adicionaron empresas medias y pequeñas de todas las ramas, aún más desarticuladas internamente, en respuesta a la dinámica que impuso la lucha de clases interna y externa. Esta expansión, no deseada ni prevista, representaba, estructuralmente hablando, un obstáculo objetivo al funcionamiento y dirección social de la reproducción ampliada con todos sus efectos multiplicativos negativos.

Las nuevas formas de organización del sistema económico y sus mecanismos comenzaron a instaurarse aceleradamente a partir de la experiencia socialista europea. A las imperfecciones de aquel sistema y a la imposibilidad de introducirle cambios de fondo se agrega la carencia de personal calificado, muy relevante en el caso de los economistas y agrónomos.

El problema clave de la economía de entonces consistía en simultanear la transformación radical de las fuerzas productivas materiales, liberándolas del atraso y la deformación en plazos más o menos prolongados, con la formación del capital humano (revolución cultural), el impulso a la más rápida socialización real del aparato productivo nacionalizado, la elevación de la productividad del trabajo y la producción para cubrir la brecha abierta entre la oferta y la demanda. En tal caso esta acumulación originaria exigía proporciones razonables a la tasa de acumulación y consumo que asegurasen junto a la expansión económica, la demanda creciente de consumo final bajo el consenso permanente de las masas populares. En estos campos obraban factores limitativos internos y externos.

La nueva economía impulsó aún más la necesidad de la regulación planificada del desarrollo por vía directa e indirecta. Con más razón todavía cuando el mercado no había dejado de funcionar. Ambos instrumentos debían combinarse en el mecanismo de reproducción nacional en una medida comprensible de asimilación-articulación plan-mercado en el funcionamiento global de la economía.[21] 

El enorme déficit de profesionales y técnicos seguía siendo un obstáculo colosal agravado por la sangría de profesionales y técnicos que se marcharon del país por razones políticas y económicas. Era muy fuerte la carencia de economistas y de agrónomos. La revolución cultural apenas se había puesto en marcha con la campaña de alfabetización en 1961 a la que se unió la nacionalización de la enseñanza. Antes, en 1960, se abrió, por primera vez, un plan de becas de estudios universitarios en las universidades y tecnológicos cubanos y del Campo Socialista. Del lado de las relaciones de producción aparecían lagunas y baches subjetivos que debían ser apurados en su solución para poder regular, dominar y controlar las fuerzas económicas puestas en manos del Estado Revolucionario. El atraso de las fuerzas productivas y las formas incompletas de dirección y gestión en los marcos del nuevo sistema de relaciones de propiedad y de producción reflejaban la contradicción de fondo y de más largo alcance de aquella economía que pretendía escapar del subdesarrollo por la vía socialista.

 

II. MODELO SOCIALISTA ESTATAL DE LA TRANSICIÓN (1964-1989)

 

El estrechamiento de la heterogeneidad estructural socioeconómica de la transición extraordinaria al socialismo tuvo su punto culminante en 1963-1964 con la supresión del capital privado. La tendencia a la ampliación cuantitativa del sector estatal de economía continuará de 1964 a 1989 a cuenta de la pequeña producción privada urbana y rural, y como fruto del proceso de industrialización a partir de 1976. Desde finales de los años setenta la fórmula cooperativa de socialización de la pequeña propiedad privada rural jugó un gran papel. A final se arribó a un modelo de transición socialista estatal totalmente predominante.[22]

Rasgos generales de la etapa 1967-1970

En esta etapa tuvo lugar el intento cubano de construir una nueva sociedad tomando el cielo por asalto con las armas del idealismo y el voluntarismo. A pesar de los errores en esta etapa se forjó en el pueblo una conciencia socialista, solidaria y de cooperación sin precedentes. En este contexto tiene lugar la invasión soviética a Checoslovaquia, el reforzamiento del revisionismo en Europa del Este, la agudización de la guerra en Viet Nam y de la lucha de liberación nacional en América Latina, África y Asia.

Las visiones de aquellos años de incertidumbre y profundas desviaciones en el sistema socialista mundial terminaron hiperbolizando entre nosotros las ideas originales del Che. La tesis de construir paralelamente el socialismo y el comunismo supuso violentar la lógica y la evolución de la estructura socioeconómica de la transición, acelerando los cambios estructurales y de conciencia, lo que condujo a acciones que se apartaban de las leyes económicas objetivas lo que provocaría serios trastornos al desempeño económico.

El programa para el salto resultaba sencillo a primera vista: suprimir la propiedad privada rápidamente en tanto que fuente primaria de la enajenación. El cooperativismo habría que obviarlo, porque a fin de cuentas la cooperativa constituía, según los criterios soviéticos, un sistema en transición al régimen estatal socialista. Otro paso consistía en “decretar” la inexistencia de las leyes económicas, en particular la ley del valor y las relaciones monetario-mercantiles junto a todas sus categorías; el dinero, “el amarillo Rey de los hombres” se transformaría en un simple instrumento de la aritmética económica; los salarios sustituidos por una cuota individual de trabajo y este último en un hecho de conciencia, a cambio, el trabajador recibiría una canasta de consumo a precios virtuales. En fin, la meta inmediata consistía en la naturalización de las relaciones económicas por lo que las funciones de la  contabilidad, los costos, las finanzas y otros instrumentos valorativos sobraban en tanto que el control de los gastos se basaría en unidades naturales. Esta es la fuente y origen del llamado sistema de Registro Económico que se apartaba tanto del Sistema Presupuestario como del Cálculo Económico.

La estrategia agroindustrial exportadora, cuyo punto culminante fue la producción de 10 millones de toneladas de azúcar, unido al descontrol que generó el sistema de Registro Económico y otras políticas erróneas, dieron al traste con aquel ensayo original de construcción económica a golpes de voluntad y de idealismo. La economía sufrió una contracción en su crecimiento para una tasa del 1,2% del PIB y de -0,4% per cápita.


 

1971-1974: años de rectificación

Estos años se caracterizan por la rectificación de los errores cometidos: restañar las brechas abiertas, ajustar las metas de la estrategia de desarrollo del período precedente, preparar las condiciones para asimilar un nuevo sistema de dirección y planificación, diseñar una nueva estrategia de desarrollo, rectificar la política agro campesina al tiempo que se logra la integración de Cuba al CAME. En este tramo se produce una aceleración del crecimiento a un ritmo alto del 8,5% del PIB y un 6,7% del per cápita.

Rasgos generales de la etapa 1975-1989

Los acuerdos y resoluciones del I Congreso del PCC en 1975 que sintetizaron la trayectoria histórica de la Revolución desde el triunfo revolucionario y trazaron la estrategia y la política económica para este momento histórico de la transición al socialismo.

Los cambios más destacados fueron: la introducción de un sistema de dirección y planificación de la economía (relaciones monetario-mercantiles y autofinanciamiento restringido), la estrategia de “industrialización desplegada” orientada al cambio de la matriz tecnológica y el crecimiento autosostenido, la cooperativización como forma determinante de socialización del campesinado y la aplicación consecuente de la distribución según el trabajo. Además, se institucionaliza el país: Constitución de la República de 1976, división político-administrativa, creación de los órganos del Poder Popular y reorganización del aparato central del Estado. El desempeño económico alcanzó un crecimiento sostenido.

En el plano externo: triunfo de los vietnamitas sobre el imperialismo norteamericano así como en Laos y Cambodia; un doloroso episodio: la guerra fronteriza chino-vietnamita. La República Popular China introduce una reforma económica radical en 1978. La crisis y deterioro económico en el CAME; la perestroika triunfa en la URSS y se profundiza el deterioro económico, político, ideológico y moral en Europa del Este. De nuevo la incertidumbre acerca de la construcción socialista y la urgencia de un pensamiento propio para enfrentar nuevos y enormes desafíos. El final se sabe; en 1989 cae el socialismo en Europa del Este.

 

Expansión Estatal desde la Pequeña Producción Rural y Urbana

La estatización de la economía privada individual rural y urbana y la negación del cooperativismo entroncan esencialmente con la tesis de la construcción del socialismo y el comunismo simultáneamente a finales de la década de los 60.

Estatización de los pequeños productores urbanos

En la estatización del comercio, la gastronomía y otros servicios de la pequeña producción individual urbana actuaron, además de la visión estratégica de la construcción de la nueva sociedad, otros factores coyunturales.

La estrategia de desarrollo económico-social agroindustrial exportador azucarero de 1964-1970 dio motivos a acciones que involucraban a la pequeña producción urbana. La gran meta se sintetizaba en la producción de 10 millones de toneladas de azúcar. Este proceso se estuvo preparando desde 1965. El pueblo la hizo suya. Los obstáculos que enfrentaba esta meta eran múltiples y complejos. Destaquemos uno muy significativo: la carencia de mano de obra para las labores asociadas a la caña.

La recurrencia al trabajo voluntario masivo en esta esfera absorbió masas crecientes de trabajadores del resto de la economía. Por su parte, el sector privado urbano se había expandido con la inflación bajo la presión de la escasez incrementada desde 1967, el descontrol económico y la indisciplina dentro del sistema estatal. Eran notables los síntomas de capitalización.

A principios de 1968, este conflicto se desató en la esfera de la política y la nacionalización fue su corolario. Con la llamada “Ofensiva Revolucionaria” de ese año fue nacionalizado de un plumazo a los pequeños productores urbanos (PyME): 58 mil 12 negocios privados. La actividad por cuenta propia quedó seriamente quebrantada.

En principio la nacionalización de las PyMe no se justificaba en el plano económico. La práctica lo demostró rápidamente. Aquella masa amorfa se organizó en entidades bajo un régimen de dirección y control burocráticos con miles de administradores con uno o muy pocos subordinados. El costo económico y social de esta “socialización” es incalculable. [23]

Estatización de la finca campesina

La idea de la cooperativización de los pequeños productores agrícolas había prosperado no sin tropiezos y dificultades hasta 1966. Las S. A. (cooperativas de producción) organizadas durante al principio de los sesenta languidecieron y sobreviviendo 43 en 1977. Las CCS perduraron no sin tropiezos.

La extinción de las S.A. obedeció a múltiples factores. La estrategia de desarrollo demandaba cada vez más tierras para la producción de caña y alimentos y el fondo de tierras campesinas constituía la reserva para resolverlo. En 1966 se abandona la vía cooperativa: se transita a la fórmula de la estatización campesina como método fundamental de socialización mediante compra o arriendo. Así se forman los Planes Integrales, Especializados y Dirigidos. Las nuevas condiciones de vida, de trabajo y salarios más otros beneficios debían obrar de incentivos para esta transformación masiva del campesinado. Estamos en presencia de una acumulación originaria de carácter voluntario, aunque en algunos lugares se hizo sentir una fuerte presión política.[24]

Las consecuencias más importantes de este proceso son las siguientes: 1. achicamiento absoluto y relativo del sector campesino y la aparición de un subsector campesino-usufructuario con miles de minifundios. La expansión del sector estatal socialista en la agricultura en grandes planes de desarrollo rural integral con comunidades modernas. 3- La emigración del campo a la ciudad y una creciente desruralización. La finca campesina quedó sin brazos; los jóvenes bien estudiaban o se empleaban en otros sectores. La falta de brazos afectó también a la economía estatal agropecuaria.


 

Resurgimiento del cooperativismo socialista en el agro a finales de los 70

El cooperativismo forma parte de la superación crítica positiva de los errores cometidos en la etapa precedente. Con el cooperativismo se agrega una nueva forma de economía socialista, aunque limitada al ámbito agrocampesino.

El movimiento cooperativista comenzó en términos políticos en 1974 (discurso de Fidel en La Plata del 17/mayo) y en 1975 con la Resolución Agraria del I Congreso del PCC y posterior V Congreso de la ANAP. En términos prácticos comienza en 1976-1977 con la transformación de las antiguas S. A. en Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y, segundo, con la masiva incorporación del campesinado al cooperativismo. La reanimación durante 1971-74 y el equilibrio macroeconómico crearon un ambiente favorable para el apoyo material y financiero al cooperativismo.

Cuadro 1. Evolución del sector cooperativo (CPA) de 1978 a 1996

Conceptos

1978

1980

1983

1987

1990

CPA (una)

343a

1035

1472

1418

1305

Membresía

9103

39519

82611

69604

62130

Área (m ha)

45,2

212,9

938,2

977,0b

833,7

Ha / CPA

132

206

637

689

639

Socios / CPA

27

29

56

49

48

Ha /socio

5,0

5,4

11,4

14,0

13,4

Fuentes. Informe de los sectores cooperativo y campesino. CEF, Mayo, 1993. A- En el Censo Nacional del sector campesino de 1987 aparecen 296 CPA. B. De ellas: Tierras estatales en usufructo: 89012 Ha en 1987 y 57152 en 1992. (MINAZ -8 657,2 y MINAGRI, 48 494,5).

En 1987 alrededor del 50% de las tierras campesinas estaban colectivizadas, abarcando al 33% del total de tenedores. El sector cooperativo CPA llegaría a alcanzar en 1992 unas 690,3 mil hectáreas agrícolas, equivalente al 10,2% del total nacional; el sector privado se redujo a un 14.6%, de un 30% en 1975. A partir de 1984 se fue desacelerando el movimiento. Son varias las causas actuantes. Una de ellas fue la recesión económica de los años 1986-1987. De 1987 en adelante cesa prácticamente la incorporación de campesinos a las CPA.

Los resultados productivos y económicos de las CPA se pueden catalogar de positivos. Ello les permitió sortear con éxito la crisis económica de los 90 [25] con niveles de eficiencia superiores a los del sector agropecuario estatal y campesino. El modelo CPA fue el referente de la reforma agraria de 1993.

 


 

Industrialización y expansión del sector estatal 1964-89

La industrialización en nuestro tiempo era, y sigue siendo, la fórmula para romper las deformaciones estructurales del subdesarrollo. La acumulación originaria socialista tiene esa misión. Lo problemático radica en la escogencia del tipo de industrialización, las fuentes de financiación, las tecnologías y los mercados de realización. Las limitaciones y obstáculos de los PPP para este salto son muchos y conocidos. La experiencia cubana de 1962-63 lo confirma. En este período habrá dos modelos de industrialización enlazados en la lógica del desarrollo: el agroindustrial exportador hasta principios de los 70ta y la industrialización desplegada a partir de 1975. Ambos reprodujeron en escala ampliada al sector estatal socialista.

Modelo agroindustrial exportador

Este modelo emerge a partir del acuerdo azucarero firmado con la URSS en 1963[26] que otorgaba ventajas a la especialización azucarera nacional con precios preferenciales. La nueva estrategia se basaba en el sector agroindustrial azucarero exportador como fuente de la acumulación nacional a fin de fomentar la infraestructura productiva y social, en particular el desarrollo de una base industrial capaz de integrar más orgánicamente al propio complejo agroindustrial. La meta de producir l0 millones de toneladas de azúcar en 1970 se erigió en el eje central del programa.

El camino agrícola cubano de la construcción del socialismo, como lo denominaron algunos investigadores, constituía:[27] un modelo agroindustrial cañero-azucarero exportador para impulsar el despegue económico. El modelo suponía un desarrollo industrial selectivo y la edificación de una infraestructura productiva en campos decisivos como la energética, las comunicaciones y otras, más el desarrollo acelerado de la infraestructura social.

El programa azucarero era ambicioso, colosal y presagiaba que, llegado a su punto máximo de realización, el país podía tranquilamente dedicarse a otras tareas del desarrollo. Los datos atestiguan que los excedentes por encima de los compromisos con los soviéticos y otros países socialistas, asegurarían a Cuba la recuperación de la supremacía azucarera en el mercado mundial.

Hubo resultados tangibles importantes en la expansión de la propiedad estatal.[28] El desarrollo humano: la educación, la salud, la ciencia y la cultura fueron privilegiadas con logros superiores al del resto de los países del Tercer Mundo y de América Latina.

A pesar de los esfuerzos colosales del pueblo y de los avances, esta etapa terminó con una desaceleración del crecimiento económico, con una crisis de desproporcionalidad y de subconsumo. La economía sufrió una contracción en su crecimiento (tasa media anual del 1,2% del PIB y de -0,4% del PIB per cápita). Entre la productividad y la relación consumo-bienestar-conciencia se abrió una brecha. Pero, la matriz técnico-productiva y la infraestructura ya no eran las de 1962, así como en el desarrollo humano: educación, salud, formación de cuadros profesionales y otros.

Hasta 1967 operaron dos sistemas de gestión contradictorios: financiamiento presupuestario en la industria y cálculo económico en la agricultura. A fines de 1967 se introdujo el Registro Económico basado en la naturalización de los vínculos económicos. Este último entroniza el descontrol en toda la línea, generando desproporciones intersectoriales, intrarramales y territoriales y la falta de eficiencia de las empresas. El sector servicios totalmente estatizado agregó nuevas desarticulaciones e ineficiencias en la articulación producción-consumo. El modelo económico de base idealista y voluntarista terminó por quebrarse y debía ser sustituido, como afirmara el Che, volviendo a los “caminos trillados” por el campo socialista.

MODELO DE INDUSTRIALIZACIÓN DESPLEGADA 1975-89

El tipo socialista estatal continuó expandiéndose, ahora, a cuenta de la industrialización acelerada en el período 1975-1985.[29] La industria pesada fue su eje central con lo que se harían realidad los sueños de Fidel desde el Moncada y del proyecto guevariano de 1962-65. La producción del sector industrial estaba llamada a sustituir, en un proceso paulatino de largo plazo, a la agroindustria azucarera como pivote central de la acumulación. En diez años, de industrialización se creó un sólido aparato productivo industrial de propiedad estatal socialista.

Los objetivos principales de la industrialización acelerada fueron establecidos en la Resolución Económica del I Congreso del Partido en 1975, sus ideas rectoras podrían resumirse en: Crecimiento autosostenido de la economía interna; desarrollo preferente del sector productor de bienes de capital (Grupo A); ruptura de las deformaciones estructurales técnico-productivas; formación del complejo agroindustrial nacional integrado; debilitamiento progresivo de la dependencia importadora; dinamización y diversificación de las exportaciones; saneamiento de los desequilibrios en la balanza en cuenta corriente; financiamiento de la acumulación a cuenta de la agroindustria azucarera; solución del empleo y de la seguridad alimentaria nacional.

Cuadro 5. Asignación de las inversiones de 1960 a 1985 (en %)

Direcciones

1960-74

1976-85

1960-85

Inversión bruta total

33,4

66,6

100,0

Esfera Productiva

22,2

77,8

100,0

Industria

32,4

67,6

100,0